Capítulo 4
-¿Y bien?
Los diminutos ojos de su compañero lo observaban con cierta burla. No se sentía ofendido. De hecho, ni siquiera le molestaba. Con el tiempo había entendido que esa burla siempre permanecía en su rostro, a pesar de no tener razón alguna.
-Tenemos una nueva misión.
-¡Al fin, hombre! –Se expresó, mientras ajustaba su gran espada a su espalda. -¿De qué se trata?
-Tenemos que eliminar unos ninjas de Kirigakure en sus propias fronteras. Haremos el trabajo sucio para que Amegakure pueda actuar con más facilidad.
-Vaya, vaya, Itachi, ¡así que atacaremos mi aldea!
-Solo eliminaremos a tu camarada que resulte molesta. –Lo corrigió el Uchiha, mientras abandonaba la guarida para adentrarse en el bosque.
-Todos ellos resultan molestos. No me importaría eliminarlos a todos. ¡Seguro que se alegran de verme!
Itachi decidió no seguirle la corriente a su compañero. A pesar de eso, sabía que eso no crearía conflictos entre ellos. Pues él no era tan escandaloso como otros compañeros suyos, como Deidara o Hidan. Él sabía cuando callar.
Caminaron en silencio respirando el olor a hierba mojada. La lluvia nocturna había sentado muy bien a su gran campo de entrenamiento.
-¡Pero hombre! ¡Parece que nos han encontrado!
Sus palabras pusieron enseguida en alerta a su acompañante. Rebuscó entre los árboles algún Chakra desconocido, pero no hallaba ninguno que no resultara familiar para él.
-Ella no es una intrusa, Kisame. –Pronunció finalmente al observar el aparentemente frágil cuerpo de la Kunoichi que descansaba varios metros enfrente de ellos.
-¿Acaso es ella? –El hombre pez rió de buena gana. -¡No la han matado!
Sus reproches y regaños fueron en vano, puesto que el azulado parecía hacer caso omiso de ellos. Había puesto a su curiosidad por delante de sus obligaciones y había cambiado su rumbo. Ahora se dirigía firmemente hacia la Kunoichi.
Sintiéndose obligado, lo siguió un tanto desganado. Pues sabía que la curiosidad de Kisame simplemente atrasaría su misión. Sin embargo no podía evitar sentirla él también. Se mantuvo un tanto alejado de ellos, pero lo suficientemente cerca para observar la pelea. Sus ojos se posaron sobre el ya herido cuerpo de la Kunoichi de Suna, que al parecer temblaba un poco. Sus ojos, a pesar de eso, se encontraban alerta observando cada movimiento de su adversario.
Éste, en cambio, aparentemente aburrido simplemente se dedicaba a esquivar sus movimientos.
No muy lejos de ellos se encontraba la Kunoichi de Amegakure sentada sobre la hierba, con la mirada perdida en el gran bosque que se levantaba sobre ellos. No parecía entretenida con la situación. Más bien, parecía estar simplemente cumpliendo su obligación.
- ¡Füton: Kakeami!
Hasta ese momento el Uchiha no se había percatado del gran abanico que colgaba sobre la espalda de la rubia.
Ésta, un tanto esperanzada, lo agarró entre sus manos y creó una sorprendente ráfaga de viento en forma de red.
La espalda de la peliazul llamó su atención. Pues de ella habían crecido unas enormes alas de papel que la impulsaron lo suficiente hacía arriba para poder esquivar la gran ráfaga.
Observó como su acompañante, un tanto entusiasmado, se subió encima de un árbol y saltó lo más lejos posible del campo de batalla, quedando incluso más alejado que él, y amortiguando su caída con su Samehada.
-¡Casi me atrapa! –Logró escuchar de los labios de Kisame, que parecía haber olvidado que esa no era su pelea.
-¡Shinra Tensei!
No esperaba otra técnica por parte del adversario de Sabaku No Temari.
-Hmp.
No pudo evitar burlarse de su técnica. Pues era realmente ridículo pensar que podía afectar a Pain.
Sin embargo, un leve escozor le obligó a tocar su mejilla derecha. Llevó sus dedos hacía ésta para luego dirigirlos hacia ella.
"Perra."
Su furia creció al darse cuenta que el ataque de aquella rubia llegó hacia él. Había subestimado la fuerza de aquella técnica.
-¡Todavía no he terminado!
Por un momento dirigió sus ojos hacia ella, a punto de activar su Sharingan, dándose cuenta finalmente que ella simplemente se dirigía a su adversario: Pain. Al parecer ni siquiera se había percatado de que su ataque había alcanzado al Uchiha.
Se limitó a alejarse un poco del campo de batalla, evitando ser herido de nuevo y aproximándose más a Kisame, que parecía haberse dado cuenta del pequeño incidente.
-¡Kamaitachi No Jutsu!
Volviendo a sacar su abanico, creó de nuevo una gran ventisca de aire. Esta vez la podía manipular a su antojo. Aquella ráfaga de viento solo iba dirigida hacía él.
-Tiene velocidad, ¿eh?
Haciendo caso omiso a los comentarios de Kisame, no podía disimular su asombro.
"¿R-Realmente podía haberse dado cuenta…?"
No cabía la menor duda. Había descubierto el punto débil de la técnica de Pain.
A pesar de no oír queja ni reproche por parte del pelinaranja, podía notar su desagrado. Al no verse capaz de utilizar su técnica y, por lo que podía adivinar Itachi, de tener órdenes de solamente esquivar los ataques de la rubia, se vio obligado a impulsar su cuerpo hacía arriba, posándose sobre un árbol.
"Uno, dos…" El Uchiha no pudo evitar llevar la cuenta en su mente, sabiendo que seguramente las mismas cifras estaban pasando por las mentes de Konan, Pain y Temari.
La Kunoichi, satisfecha con los movimientos de Pain, manipuló la ráfaga, impulsándola hacia arriba.
"Tres…"
Itachi advirtió que la mano derecha de Pain se posaba sobre su bolsillo, hurgando en éste y buscando algún Kunai o sello explosivo. La decepción del pelinaranja no pasó desapercibida. Pues al parecer se había acordado de su obligación: no atacar a su adversaria.
Un tanto irritado, impulsó su cuerpo hacia atrás, esquivando de nuevo la ráfaga.
"¡Mierda!" Exclamó Itachi para sus adentros, como si fuera él el que acababa de caer en la trampa de la rubia.
"Cuatro…"
En sus ojos no pasó desapercibida aquella sonrisa de triunfo que se dibujó en los labios de Temari.
Para Pain tampoco. Podía sentirla. Y podía notar la rabia que sentía éste hacia sí mismo al bajar la vista y darse cuenta que una nueva ráfaga de viento le esperaba al aterrizar en la hierba.
"… ¡Cinco!"
-¡Shinra Tensei! –Exclamó finalmente, realizando su técnica en el aire y evitando ambas ráfagas.
Finalmente dejó caer su cuerpo sobre la hierba, agachando la vista y jadeando unos instantes para tratar de calmar su respiración.
-Así que te diste cuenta. –Comentó finalmente.
-Obviamente. Su técnica es casi perfecta, Pain-sama. La única desventaja es que queda vulnerable durante un periodo de cinco segundos. –Contestó Temari, colocando su abanico en su espalda y luchando contra su cuerpo por mantenerse en pie. Todos sabían lo cansada que estaba, que si se mantenía en pie era solamente para disfrutar de su minuto de gloria. –Segundos que podrían costarle una golpiza.
-Segundos en los que podría matarte si fuera una batalla real. –La corrigió el pelinaranja, negándose a quedar mal. Pues sabía que sus compañeros estaban observándole. –Kisame, Itachi, ¡¿quién os dio vela en este entierro?!
~ X ~
"Masui Sejutsu requiere de las serpientes de Chakra para realizarse. La serpiente muerde a un objetivo paralizándolo temporalmente haciendo que las venas cercanas a la mordida se pongan de un color morado."
Apartó la vista de aquel libro de medicina y suspiró varias veces. No tenía sentido seguir con la lectura. Pues ni siquiera era capaz de concentrarse en ello. Las mismas preguntabas vagaban una y otra vez por su mente.
También aquel recuerdo, el único que le habían proporcionado hasta ahora, seguía vivo en su mente como si hubiese sucedido ayer.
"Mi poder no se puede comparar a los suyos…" Pensó, mientras en su mente aparecían los dueños de aquellos Düjutsus tan poderosos. "… en ese caso, ¿por qué me han aceptado en esta organización?"
Sentía que habían pisoteado su orgullo. Se creía tan débil comparada a ellos.
Un escalofrío recorrió todo su cuerpo. Disgustada, se levantó de su cama y se dirigió hacia la ventana, cerrándola.
No pudo evitar observar aquel paisaje. Apoyó su cabeza sobre el vidrio de la ventana y contempló el paisaje que tenía ante sí. Era simplemente un enorme bosque que no parecía tener fin. Como una selva que no le daba ninguna pista para saber donde se encontraba; en qué punto del mundo estaba. Pero aún así le resultaba hermoso. Aquel misterio que transmitía se volvía realmente hechicero para ella.
No cabía duda. Este era su lugar. Y lo confirmaba cada vez que recordaba su bandana rayada y sus ojos tan inexpresivos.
"Mis ojos son iguales a los suyos…" Pensó, recordando la mirada de Konan, Pain e Itachi Uchiha. "Sin embargo… mis habilidades no."
Unos rudos pero tranquilos toqueteos en la puerta la sacaron de sus pensamientos. Apretó su albornoz de seda sobre su cuerpo mientras sentía como éste se tensaba. Pues era su primera noche fuera de aquella habitación en la que había permanecido durante semanas, rodeada de esos experimentos y la oscuridad agobiante. Ahora cualquier ruido la ponía en alerta.
-¿Quién es?
El aludido no respondió; simplemente abrió la puerta.
-Tranquila, Temari, soy yo.
La rubia, que se había puesto a la defensiva al no obtener respuesta alguna, sintió como sus músculos se aliviaban al encontrarse con aquella máscara naranja.
No es que su presencia le produjera paz, ¡al contrario! Pero se había terminado acostumbrando a sus visitas diarias.
-Quería saber si te encontrabas bien. –Pronunció finalmente el enmascarado, aún sin atreverse a adentrarse en el interior.
-¿Acaso no debería? –Preguntó, girándose y observando de nuevo el paisaje. –Esta es la habitación que vi en el recuerdo de Itachi Uchiha. Este es mi sitio. Me siento bien.
"Por supuesto que lo es, Temari." Pensó el enmascarado, satisfecho por el trabajo de su subordinado. "Todas nuestras habitaciones lo son."
-Te noto tensa. ¿No quedaste satisfecha con tu entrenamiento?
Deseaba decir que sí, poner su orgullo por delante y disfrazar lo que realmente sentía. Pero no lo lograba.
-¿Cómo voy a estarlo? Sé que Pain-sama solo pretendía esquivar mis ataques. Pero con un golpe suyo yo podría estar al borde de la muerte. Lo mismo pasa con Itachi Uchiha. ¡Sus ojos podrían matarme! De hecho, tuvo la oportunidad cuando caí en su Genjutsu. –Suspiró, apartando finalmente la mirada de la ventana y dirigiéndola hacia él. –También me fijé en las habilidades de Konan. Aparte de poseer grandes conocimientos sobre medicina, tiene una habilidad un tanto rara. Controla bien el Origami. Y yo, ¿acaso puedo compararme a ellos?
-Por supuesto que sí. –Admitió, sabiendo que no mentía del todo. –Eres una de las más inteligentes de aquí, y por lo que me contaron ya lo demostraste en el entrenamiento, ¿verdad? Conseguiste acorralar a Pain.
-Él tenía la oportunidad de matarme.
-Pero pronto no la tendrá, Temari. Es normal que te sientas débil ahora, recién estás retomando tu entrenamiento. –Contestó, tratando de ser paciente. –Y ahora será mejor que descanses. Mañana tendrás una misión.
La nombrada no demostró interés. Se limitó a obedecer y, tras correr las cortinas, se dirigió hacia su cama y se sentó en ella.
-¿Cómo te llamas?
El enmascarado pareció pensar varios segundos su respuesta.
-Tobi. –Se limitó a decir mientras salía de la habitación.
-Yo recuerdo que Itachi Uchiha te mencionó por otro nombre. –Exclamó a decir Temari antes de que cerrara la puerta tras de sí. –Madara, creo. Sí. Fue Madara.
