CAPITULO 4
Bulma deseó que la recepcionista dejara de observarla con tanta insistencia. Desde el momento en que entró al edificio, notó las miradas curiosas que la seguían. Se preguntó cuántos la reconocerían como la ex esposa de Vegeta. La presencia de un guardia de seguridad a su lado levantó comentarios, dándole una importancia errónea.
— ¿La señora Ouji? – preguntó sorprendida la recepcionista del piso superior. Miró a Bulma de arriba abajo y observó sus botas y su abrigo de invierno, pero su atención quedó fija en su cabello suelto. Con seguridad, cuando Vegeta la recibiera, la recepcionista ya podría enumerar con precisión las pecas en la cara de Bulma. La secretaria de Vegeta llegó para mostrarle el camino. La oficina estaba como ella la recordara, moderna y con mucha luz, en fuerte contraste con su dueño. Detrás del escritorio, él se puso de pie y en su boca apareció una brillante sonrisa.
— Perdóname por hacerte esperar – murmuró Vegeta, tal vez para que lo escuchara la secretaria que se retiraba. Sintiéndose muy nerviosa, Bulma lo estudió y se ruborizó.
— ¿Ahora qué? – preguntó ella y él extendió una mano.
— Ven aquí... – le pidió con voz suave. Bulma no se movió, parecía como si estuviera pegada a la alfombra. Se estremeció al ver su mirada y una sensación de deseo y satisfacción la embargó. Temblorosa, levantó la barbilla.
— Puedes obligarme a venir aquí y a casarme contigo, pero eso es a todo lo que puedes aspirar.
— ¿Si? – preguntó Vegeta acercándose a ella. Sus largos dedos comenzaron a desabotonar el abrigo, para después deslizarlo por sus hombros hasta que cayó al suelo.
— ¡Detente... por amor de Dios... detente! – pidió Bulma. La tensión dominaba sus nervios.
— Entonces no me desafíes – respondió Vegeta. Deslizó su mano hasta su cabello y después la acarició la mejilla — ... y deja de comportarte como si me temieras. No me agrada, nuca te he lastimado. Bulma estuvo a punto de decir que a veces un golpe físico era mejor. Cuando él le quitó el abrigo, ella sospechó que pensaba seguir con el vestido. Ahora, la acercó a él, hasta que sintió el calor de su cuerpo.
— Vegeta ... no – imploró Bulma. Su cuerpo delgado estaba rígido y temía esa proximidad tan tormentosa. Algo iluminó los ojos de Vegeta, inclinó la cabeza y la besó con fiereza, obligándola a abrir los labios a la invasión de su lengua. No la besaba con paciencia o gentileza. Era un beso muy sexual y estremecedor. Vegeta colocó la mano en la espalda de Bulma y la oprimió contra sus muslos firmes. Ella sintió que una ola de calor la recorría su cuerpo. La potencia de la excitación de Vegeta no era menor a la ansiedad con la que la besó. De la boca de Bulma escapó un quejido, mientras una inesperada ansiedad se apoderaba de ella. Sintió una pasión terrible y por instinto abrió la boca y dejó caer la cabeza hacia atrás, mientras él hundía los dedos en su cabello. La otra mano se deslizaba sobre su cuerpo, le acariciaba los senos y caderas. Esa embestida violenta la sedujo, pues hacía tiempo que no sentía las caricias de Vegeta... en realidad ningún hombre la había tocado desde entonces. La dominaba el deseo que en otras ocasiones la hizo estremecerse ante él. De pronto, Vegeta dejó de besarla y levantó la cabeza.
— Podría poseerte en este momento... aquí, si lo quisiera. Con desdén apartó sus manos de ella — . Tienes el alma de una libertina, cara. Te traiciona cuando menos lo deseas, hasta conmigo, a quien dices odiar. Bulma se apartó temblorosa, sentía los pezones tensos bajo la ropa y una gran necesidad de satisfacer su pasión. Nunca se odió tanto como en ese momento, por haberse rendido ante Vegeta, cuando su única intención era demostrar su desdén. No obstante, Bulma no tenía idea de que todavía podía hacerla perder la cabeza, en contra de todo sentido común. Alguna vez Vegeta la trató como si fuera una criatura frágil y preciosa que podría romperse en sus manos. Comprendió que lo que perdió y destruyó volvía a atormentarla. Vegeta fijó los ojos en las ardientes mejillas de Bulma y en su evasiva mira y dijo: — Hice arreglos. Nos casaremos dentro de una semana. Cuando esta noche aparezcas en mi compañía, anunciaremos a los curiosos que otra vez estamos juntos. Ordené que entregaran en el apartamento una selección de ropa. Esta noche te pondrás el vestido azul. No iré a cenar, por lo que tendrás que hacerlos sola. Bulma debió adivinar que él se encargaría del problema de la ropa, pues su guardarropa ya no contenía vestidos de alta costura. Sintió amargura al comprender que en sus manos sería como una niña desvalida. Vegeta señaló la silla y le dijo:
— Siéntate. Tomé precauciones contra cualquier deseo tuyo de terminar el matrimonio. Firmarás un contrato legal en el que estarás de acuerdo en dejar a Trunks bajo mi custodia si en el futuro nos separamos.
— ¡No puedes pedirme eso! – exclamó Bulma horrorizada.
— No te estoy pidiendo, te lo exijo – dijo él, con voz suave — . Si te comportas como una mujer casada normal y como una buena madre, no tienes nada que temer de ese contrato. Bulma lo miró con sospecha.
— Estás planeando esto para quitarme a Trunks – lo acusó — . Quieres hacer mi vida tan miserable , que desearé alejarme.
— No le haría eso a mi hijo – respondió Vegeta — . Es natural que haya tormentas entre nosotros ahora, mas con el tiempo desaparecerán. Si te comportas como es debido, no tengo la menor intención de hacer que tu vida sea imposible – hizo una mueca, como si el solo hecho de seguir tal comportamiento, fuera un insulto.
— Me sentiré infeliz – murmuró Bulma. Estaba a punto de llorar.
— ¿Por qué? – preguntó Vegeta — . Tendrás una casa hermosa, a tu hijo, mucho dinero... ¿ y todo por qué precio? ¡Soy yo quien sacrifica su orgullo al aceptarte de nuevo a mi lado!
— ¡Como caen los poderosos!... — comenzó a decir Bulma.
— ¡No me provoques! – pidió Vegeta— . Firmarás ese contrato, venderás el negocio que tienes con Glenn. Empezaremos de nuevo. Si Bulma no recordara el desprecio de él el día anterior, tal vez viera con buenos ojos esa reconciliación, por el bien de Trunks.
— No puedo vender y no lo haré – aseguró ella.
— Hablaremos de eso en otra ocasión – comentó él, con impaciencia y ella respiró profundo.
— ¿En dónde piensas que vivamos?
— Todavía no lo he decidido – respondió Vegeta.
— No volveré a vivir con Athene – aseguró Bulma y en el rostro de Vegeta apareció una expresión de burla.
— ¿Por qué te llevaría a vivir allí? Ya no eres una adolescente.
— Tú se lo dijiste a ella – murmuró Bulma y bajó la cabeza.
— No se lo dije a nadie, sin embargo, tu hermana...no fue muy discreta. Hubo rumores, no confirmados, pero dañinos – al escucharlo, Bulma se negó a creer que Tights hubiera hablado, mas resultaba evidente que lo ocurrido se supo. ¡Eso debió de ser muy humillante para Vegeta! Un poderoso industrial traicionado por su esposa adolescente — . Por supuesto que volveremos a tener nuestra casa. Cuando nos casamos por primera vez, inocentemente creí que estarías mejor viviendo con mi familia, libre de responsabilidades al no tener que encargarte de una casa. No comprendí que no le agradabas a mi madre. No siempre resulta sencillo ver las faltas en alguien cercano a uno.
— Yo te lo dije – comentó Bulma.
— Sí, sé que lo hiciste, pero fue hasta que atestigüé su alegría ante la ruptura de nuestro matrimonio, cuando comprendí que no habías exagerado – era algo que Vegeta no hubiera admitido cuatro años antes y eso emocionó en cierto grado a Bulma.
— Ella...tu familia...se impactará al enterarse de que volveremos a casarnos – dijo Bulma y tragó saliva.
— Soy la cabeza de mi familia. Espero que tú y ellos se comporten como es debido cuando vuelvan a encontrarse. No doy cuenta de que mi vida privada a nadie – se inclinó, recogió el abrigo que momentos antes le quitara y se lo entregó — . Son casi las cinco, necesitarás tiempo para arreglarte para la fiesta – la ayudó a ponerse el abrigo y Bulma sintió la tentación de apoyarse contra el cuerpo fuerte y llorar por lo que hizo en el pasado y la incapacidad de Vegeta de aceptarlo.
— ¿Sabes?...aquella noche... – empezó Bulma. Hizo una pausa y se humedeció los labios — , en casa de Tights – él apoyó las manos sobre sus hombros tensos — . Ese hombre...no hicimos el amor...lo sé. No recuerdo mucho, pero eso sí sé. Vegeta permaneció un momento en silencio y después dejó escapar el aire.
— Sería mejor que no vuelvas a mencionar aquella noche – al escucharlo, Bulma se volvió. Comprendió que él no le creía, o que tuvo razón al pensar que el estar en esa situación fue suficiente para Vegeta — . El coche está esperándote. Te veré más tarde. El apartamento casi no había cambiado, todo estaba como ella lo recordaba, excepto por un par de pinturas nuevas y la decoración de la sala. Broly, el mayordomo de Vegeta, parecía haberla visto el día anterior, ya que no demostró sorpresa y la acompañó con cortesía hasta una de la habitaciones para invitados. Le abrió el guardarropa para mostrarle la ropa que allí estaba colgada. En los estantes había accesorios, y varias cajas con ropa interior estaban cerradas sobre la cama. La eficiencia de Vegeta no la sorprendió. Para él, tales gestos resultaban sencillos, sólo tenía que usar el teléfono. Bulma llamó a su hermana, quien ahora vivía en un apartamento en Chiswick.
— ¿En dónde estás? – preguntó Tights — . ¡Llevo horas tratando de ponerme en contacto contigo!
— Estoy en Londres, en el apartamento de Vegeta.
— ¿Quieres decir que es verdad? No puede ser, ¡no puedes regresar a su lado! ¡Debes de estar loca para estar allí, después de lo que te hizo!
— Tights yo...
— Iré a verte – la interrumpió Tights.
— No, no lo hagas – Bulma le explicó lo de la fiesta.
— ¡Tengo que verte! No entiendes...¡Oh, Dios!... – la respuesta casi histérica de Tights al enterarse de que regresaba al lado de Vegeta sorprendió a Bulma. Su hermana casi nunca perdía el control.
— Te veré por la mañana antes de regresar a casa – le prometió Bulma. Tights soltó una carcajada.
— Muy bien, te espero aquí. No es probable que algo devastador suceda entre hoy y mañana. Bulma dejó el teléfono y fue a examinar el vestido azul que Vegeta mencionara. Era el tipo de vestido que antes no hubiera agradado a Vegeta. Bulma lamentó al comprender que para él, ya no era una joven inocente. Cenó sola, mientras recordaba mucha otras comidas que hiciera sola mientras no dejaba de ver el reloj. No obstante, esa vez no esperaba a Vegeta con la impaciencia de una chiquilla enamorada. Estaba atemorizada por lo que sintió al estar en los brazos de Vegeta, lo cual probaba el punto de vista de él, respecto a que la dominaban sus respuestas físicas. Se mintió todo ese tiempo al decirse que lo odiaba. Se odiaba ella misma, por haberlo traicionado. Escuchó el ruido de la puerta principal mientras se arreglaba. El vestido era más encantador que cualquiera que hubiera usado. Sus senos lucían seductores bajo la hermosa tela. El color de la prenda dejaba sin aliento y contrastaba con su cabello. Tomó el bolso y la chaqueta y salió de la habitación. Vegeta entró en la sala minutos después que ella y la recorrió con la mirada.
–Quítate la chaqueta, quiero verte.
— No. ¿No llegaremos tarde? – preguntó Bulma, sin aliento, pero lo obedeció para evitar que él lo hiciera. Permaneció de pie, sintiéndose como una esclava a la que están examinando. Vegeta no intentó ocultar que le agradaba.
— Has madurado – comentó él y al notar su mirada sensual, de inmediato Bulma volvió a ponerse la chaqueta. El soltó una carcajada
— . ¿Por qué tan tímida? Ya casi tienes veinticuatro años. Bulma nunca tenía citas, ni tampoco fue a la cama con otro nombre desde que se separara de Vegeta. Todo ese tiempo lo pasó controlando una parte esencial de su feminidad y suponía que por ese motivo, cuando las manos de Vegeta la acariciaron, su pasión despertó. Frustración... eso era y nada más tenía que mirarlo para recordar su cuerpo junto al suyo, su piel húmeda bajo la caricia de sus dedos. Su pulso se aceleró. En la cama nunca estuvieron distanciados, mas en los brazos de Vegeta estuvieron varias mujeres desde que la abrazara a ella. El aceptar esa cruel realidad, la hizo recobrar el control. A pesar del divorcio, Bulma nunca dejó de pensar en Vegeta como su marido. El llevó a cabo su venganza en pleno, cuando Bulma tomó por primera vez un periódico y vio su fotografía en un centro nocturno de Nueva York, acompañado de una hermosa mujer. Bulma sintió celos, mas no merecía sentir esa emoción, puesto que ya estaban divorciados. Bulma no conocía a nadie en la fiesta y Vegeta mantuvo un brazo a su alrededor todo el tiempo. Eran el centro de atención y él parecía contento por ello. Cuando una conocida columnista de sociales se acercó, sonriente, Vegeta le anunció sus planes de casamiento.
— ¿Qué ha hecho desde su divorcio? – preguntó la periodista a Bulma — . Desapareció de la escena social. Bulma tragó su champaña y sintió ganas de reír al ver que Vegeta hablaba por ella, como lo hiciera en otras ocasiones esa misma noche.
— Mi esposa estuvo viviendo en el campo – dijo Vegeta.
— Vendiendo antigüedades – añadió Bulma— . Para poder... – sus ojos se encontraron con los de Vegeta y de inmediato calló. Vegeta hizo algún comentario sobre el alocado comentario de su esposa, mientras Bulma estudiaba la alfombra y se sentía como una niña a la que acaban de castigar en un rincón.
— No vuelvas a hacer eso – le ordenó Vegeta, cuando la periodista se alejó — , y ya no tomes. Ya bebiste suficiente. Me sorprende que toques alcohol después... Bulma se estremeció y luego de un momento, él añadió:
— No debí haber dicho eso. Pido disculpas – era una disculpa glacial. Para él la infidelidad de Bulma estaba muy fresca y siempre sería igual.
— Nunca volverás a confiar en mí, ¿no es así? – musitó Bulma.
— No confió en ti – respondió él — . No me agrada decírtelo, mas como creo que... genuinamente lo lamentas...
— Quieres decir que en realidad crees eso? – preguntó Bulma. La vergüenza no ahogó a la ira — . Te hubieras sentido más feliz si me hubiera arrojado a un precipicio, Vegeta. Esa es tu idea genuina del arrepentimiento y casi conseguiste tu deseo. Si no estuviera embarazada, yo...yo... Vegeta palideció.
— No hables de esa manera – le ordenó.
— No, no quieres oírlo. No quieres escuchar cómo te vengaste entonces. Nunca olvidaré cómo me humillaste...y tampoco te perdonaré, Vegeta. La condujo hasta el vehículo y pidió a una doncella que le llevara la chaqueta de Bulma, mientras con cortesía agradeció la hospitalidad a los anfitriones. Bulma notó que la periodista observaba su partida y se ruborizó sin poder evitarlo, lamentando su pérdida de control. Sin embargo, no podía mantener la cabeza siempre baja por el remordimiento, mientras escuchaba los comentarios de Vegeta. Ella sólo era humana y el problema era que Vegeta no lo era. A pesar de que la amaba, la castigó de una manera que todavía la hacía estremecerse.
— ¡Nunca me perdonarás! – exclamó Vegeta con burla, cuando estaban en el coche — . Arruinaste nuestro matrimonio. Te emborrachaste y te entregaste a otro hombre mientras esperabas a mi hijo. ¿Debo disculparme por no poder perdonarte? Sabía que no podría perdonarte y me mantuve lejos de ti por tu seguridad. Esperabas un hijo y podrías perderlo. Tal vez fui duro contigo... Bulma se mordió con fuerza la lengua y sintió la sangre en la boca.
— No hay tal vez... casi me destruiste. Yo te amaba.
— Si me hubieras amado, nunca hubieras permitido que otro hombre te tocara, estuvieras ebria o sobria – manifestó Vegeta — . No me hables de amor. Estabas encaprichada y una vez que la novedad terminó, quisiste recobrar tu libertad.
— Eso no es cierto... Era infeliz, mas nunca lamenté haberme casado contigo – aseguró Bulma.
— Pues créeme – dijo él con crueldad — , yo sí lamento haberme casado contigo. ¿Qué clase de relación iban a tener en el futuro? Vegeta siempre la recriminaría por el pasado que ella no podría borrar y ella lo odiaría por la poca por la poca verdad que hubiera en sus palabras. Era un círculo vicioso. Vegeta suspiró y añadió:
— No deseo hablarte de esa manera. Acepto que también cometí errores. En lugar de ceder ante el deseo que sentía por ti, debí decidir que el noviazgo fuera más largo y así adaptarnos a las diferencias que había entre nosotros. Eras demasiado joven e insegura y yo fui demasiado egoísta e intolerante. Debí comprar una casa para nosotros en Inglaterra, habrías tenido a tu familia cerca y yo no hubiera sentido la necesidad de hacer el papel de padre y amante al mismo tiempo. Esa combinación no funciona, no me gustó hacerla, mas yo me busqué el problema. Su declaración la sorprendió. Antes, Vegeta nunca admitiría que no era perfecto.
— Yo te amaba – insistió Bulma, no sabía por qué ahora era muy importante que él aceptara ese hecho. Vegeta le sonrió con cinismo.
— Por última vez, no quiero oírte hablar de amor. El amor no nos condujo a nada en el pasado. Si fue amor, fue un sentimiento poco profundo y sensiblero. Lo único que deseo de ti ahora, es que ante la gente finjas ser esposa y madre. Eso no será demasiado para tu ingenuidad – dolida, Bulma volvió la cabeza. Cuando entraron en el apartamento, Vegeta preguntó
— : ¿Quieres tomar la última copa? Ella negó con la cabeza.
— Iré a mi habitación – murmuró Bulma — . Como dicen, la función terminó.
— Por el contrario... – dijo él y la miró a los ojos desafiantes — , apenas comienza. Bulma fue a su habitación y con furia se quitó el vestido. Lo apartó de su vista. Vegeta la ajuareó como la veía ahora, una mujer que se ofrecía al mejor postor, una mujer que respondía a sus caricias con tanta alegría como respondería a las de cualquier otro hombre atractivo, una mujer fácil...fácil de seducir y de tomar. ¡Esa no era ella!
— Esa no soy yo – murmuró Bulma, mirándose al espejo. Si ella fuera así, hubiera tenido a su lado a muchos hombres desde el divorcio. Sintió náuseas al pensar en Vegeta poseyéndola otra vez, pero con desdén y un fuerte deseo de humillarla. No podía permitir que eso sucediera. Regresaría a su lado, viviría con él, aceptaría lo que le dijera, pero nunca permitiría que utilizara su cuerpo. A pesar de lo que hizo, todavía era una persona con derecho a tomar decisiones. Se metió en la cama, Vegeta no era un violador y no la forzaría a aceptar sus demandas sexuales. ¿Cómo podía desearla todavía? Ella le dijo con claridad lo que sentía y en ese campo, Vegeta era un hombre muy latino, por lo que, aunque no la deseara, haría cualquier cosa, si ella intentaba alejarlo de su dormitorio. Bulma se dijo que tendría que ser más sutil. La puerta se abrió y Bulma se sentó en la cama. Sus ojos azules se abrieron mucho a la luz de la lámpara. Vegeta volvió a cerrar la puerta. Vestía una bata corta.
— ¿Por qué debo esperar por lo que deseo? – preguntó él, sin perturbarse ante la fuerte impresión que ella recibiera al verlo.
— No puedes...no estamos casados – dijo Bulma. Desconcertada por sus intenciones, lo estudió incrédula. Vegeta se acercó a la cama. Sus dedos desataron el cinturón de la bata.
— Lo estaremos – manifestó él.
— Ese no es el punto – aseguró Bulma.— ¡No quiero esto! ¡No puedes hacerlo!
— La palabra "no" no está en mi vocabulario – aseguró él y se quitó la bata — . Cuando tu cuerpo vuelva a ser mío, borraré otros recuerdos con el mío...¿Capisci, cara? Para Vegeta, la liberación femenina no existía. Todavía tenía los instintos bucaneros de sus antepasados y la dominante fuerza de un hombre que está seguro de su superioridad sobre el sexo femenino. Esa frialdad exterior y ese fuego interno fueron lo que primero la atrajo. Con la boca seca y paralizada, Bulma estudió su desnudez. Bulma siempre tuvo una cierta modestia que en el pasado divertía a Vegeta, mas algo le decía que esa noche él no haría concesiones.
— No puedes...— murmuró Bulma.— No sería correcto.
— ¿Correcto? – apartó las sábanas y se acostó a su lado, soltando una carcajada. Bulma sintió la piel ardiente cuando él la tomó en sus brazos sin ocultar su excitación — . Esto no es malo – aseguró él con arrogancia — . No será sencillo hasta que te vuelva a conocer como antes. Bulma sintió ira al comprender que él planeó todo con anticipación, y en su inocencia, ella aceptó pasar la noche en su casa, sin sospechar que estaba decidido a quitarle el poco respeto de sí que le quedaba.
— ¡No! – exclamó Bulma. La mano de Vegeta se cerró sobre la parte superior de su camisón de algodón y lo rasgó, en un gesto no de violencia, sino de resolución.
— O te sometes o te vas – aseguró Vegeta con rudeza — . Te expliqué los términos antes que vinieras a mí hoy, todavía eres libre para cambiar de opinión. Las manos temblorosas de Bulma se cerraron sobre la prenda desgarrada y volvió la cara angustiada y desesperada. Vegeta había cambiado y no era sólo amor lo que perdió en esos años, también perdió la ternura y la compasión.
— ¿Y te contentarías con mi sumisión, sabiendo que me estás humillando, que no tengo alternativa? – murmuró Bulma.
— Sí – respondió él y sus ojos brillaron de forma tormentosa al mirar la curva de sus senos — . Te deseo. ¡Que Dios me perdone!, pero te deseo de cualquier manera. Sería un tonto si me negara lo que puedes darle a un extraño. Bulma comprendió que él sería quien dominara en esa relación, la tomaría para probar que ya no era sensible ante su infidelidad. Sin embargo, Bulma se juró que él recibiría poca satisfacción al hacerlo.
— Apaga la luz – musitó Bulma.
— No... ¿sabes cuántas mujeres han tomado tu lugar en la oscuridad durante los años? – preguntó Vegeta — . Ya no eres especial para mí. Esta noche sentiré satisfacción al probarlo.
— ¡Te odiaré por ello hasta el día que me muera! – siseó Bulma— . ¡Eres un bárbaro!
— Tú me hiciste así! – dijo Vegeta. Su cuerpo bloqueaba la luz y daba sombra al rostro sonrojado de Bulma — . ¿Por qué no debes saborear el fruto de tu propio esfuerzo? – preguntó con amargura — . Te daré placer, aunque sólo sea un placer vacío. Eso debe satisfacerte. Me pregunto cuántos hombres más te habrán dado ese placer...
— ¡Ninguno, tú me alejaste de los hombres para toda la vida!
— No puedo creerlo – dijo Vegeta e hizo una mueca.
— ¡No me importa lo que creas, eres un salvaje! La fuerza de la boca de Vegeta la hizo apoyar la cabeza contra las almohadas y el poder de su ansiedad la dominó. Se quedó muy quieta, sentía una gran debilidad. El no usaría su fuerza superior en su contra. Sabía que si luchaba, él no la forzaría; sin embargo no movió ni un músculo. Una sensación de placer la dominó al sentir que la mano de Vegeta se deslizaba de manera experta sobre su seno y apartaba el camisón desgarrado. El murmuró algo en italiano y Bulma se estremeció contra su cuerpo. En una letanía que cada vez perdía más su significado, ella se repetía que no debía responder. El le acarició el pezón y lo acercó a su boca, atormentándola con la lengua y dientes, mientras con la otra, le acariciaba el otro seno. Bulma sentía cómo su sangre excitada le recorría las venas y el placer la dejaba sin aliento. Nunca sintió una pasión tan intensa y poderosa. Le acarició el cabello al tiempo que perdía el control.
— Me deseas...mucho... – murmuró Vegeta con los ojos brillantes por el triunfo — , mucho. Bulma no podía negarlo, puesto que su necesidad era compulsiva y dominaba su cuerpo. Mientras la acariciaba con intimidad, la besó la boca con urgencia e impaciencia. Bulma sintió todo su peso cuando se deslizó sobre ella dominado por la pasión. Hubo un momento incómodo, seguido por un éxtasis intolerable. La hizo suya y controló el breve momento cuando ella quiso apartarse. Pronto Bulma se aferró a él, extasiada. Vegeta la llevó al clímax y gimió satisfecho. A medida que la pasión se calmó, Bulma se sintió muy mal por haberse rendido, nunca había perdido el control de esa manera, ni Vegeta le hizo el amor con esa combinación de salvajismo e impaciencia volcánica. Sintió vergüenza y desolación ante su abandono. El haberse entregado a un hombre que la despreciaba, era el nivel más bajo al que podía caer una mujer. Los ojos se le llenaron de lágrimas. Vegeta murmuró sin sentimientos:
— Todavía me perteneces.
— ¡Eres un malvado!...¡espero estés satisfecho! – dijo ella con voz temblorosa, apartándose de él.
— Todavía no estoy satisfecho, cara – aseguró Vegeta con voz sedosa y le acarició la espalda desnuda — . Eso fue por necesidad...un exorcismo si quieres. Esta vez será por placer.
— No hagas que te odie – murmuró ella con voz ahogada.
— El odio puede ser muy reanimante – comentó él y se acercó de nuevo a ella — . Y tú tienes una capacidad sin fin para el placer. ¿Por qué no aceptas lo inevitable? Siempre juego para ganar y tú estás en el lugar del perdedor. Los dos conocemos lo peor del otro. Al menos no habrá sorpresas desagradables en el futuro. Le besó la boca. Bulma estaba demasiado débil para poner resistencia. Una pequeña parte de ella parecía pensar que se merecía ese trato al igual que Vegeta lo creía. Cerró los ojos. Segundos después, comenzó a sentir placer y pensó que después de todo, era Vegeta quien estaba a su lado, por lo que volvió a entregarse al éxtasis.
