Ni la trama ni los personajes me pertenecen
Espero que les guste!
Capitulo 4
Bella intentó mantenerse tranquila y trabajó normalmente, animada por la conversación con Emmett, y por la posibilidad de un nuevo empleo.
Edward decidió trabajar hasta tarde, tenía que poner al día varios contratos de negocios. Se había quitado la chaqueta, la corbata y abierto el botón de la camisa para sentirse más cómodo. Bella por su parte se había quitado el blazer y se había tomado el cabello.
Estaban tan concentrados en lo que hacían que no percibieron como pasaron las horas. Cuando Edward se dio cuenta, el edificio estaba prácticamente vacío, y Bella y él, eran las únicas personas que quedaban en el piso. Paró por un instante, observándola trabajar.
Era una mujer exótica. Bonita a la vista. A pesar de ser esbelta y algo baja, Bella tenía senos firmes y todas las formas femeninas bien acentuadas. La blusa de seda que vestía permitía a Edward vislumbrar sus senos. Fijando la mirada con más atención pudo percibir la piel clara de Bella y el exacto punto en que se oscurecía formando la aureola de los erguidos pezones.
Edward hizo amago de coger uno de los papeles que estaban en las manos de Bella, con el propósito de aproximarse más a la chica.
-Estás deliciosamente seductora hoy, querida -murmuró, tan cerca que Bella pudo sentir el calor de su boca.
El cuerpo de Bella se estremeció. Era imposible ignorar las verdaderas intenciones de él.
Edward se quedó de pie e hizo que Bella se levantara. Comenzó entonces a desabotonar la blusa de seda y acariciar levemente sus senos. El toque de aquella mano fuerte y cálida la hacía siempre flaquear.
-Hace tanto tiempo -susurró en el oído de Bella.
La abrazó tiernamente y entonces le besó los labios, al principio con suavidad, después ardiente de deseo.
Mientras la besaba, le quitó la blusa, y, admirando los hermosos senos, dijo:
-Tú me hechizas, Bella.
Edward la besaba intensamente, apretándola contra sí. Le acariciaba los senos tersos, concentrándose en los erectos pezones. Después fue deslizando las manos por la curva acentuada de la cintura, recorriendo enseguida, el vientre y por último le quitó la falda y las bragas.
Bella ya no podía controlarse. Deseaba a Edward como nunca.
-Cierra la puerta con llave -dijo Bella, entre agobiantes besos.
Rápidamente Edward la atendió, fue hasta la puerta y movió la llave. Apenas conseguía desnudarse.
-Ayúdame Bella... ¡Te necesito, ahora! -exclamó Edward, excitado.
Bella le quitó la camisa, enseguida se arrodilló y fue bajando los pantalones de Edward, hasta conseguir verlo por entero.
Ambos apenas conseguían respirar y estaban completamente entregados al placer.
Cuando Edward percibió que no aguantaría más, apretó a Bella contra sí, y sus labios ansiosos buscaron los de ella. La besó en el cuello y en los senos. Bella gemía, con el cuerpo pegado al de Edward. Podía sentirlo cada vez más desesperado por poseerla.
-Mi Dios, Bella, me dejas loco... -susurró Edward.
-Edward, quiero hacer el amor contigo, ahora -imploró Bella, casi sin aliento.
Edward la acostó en el sofá, cubriéndole el vientre y el ombligo con ardientes besos, subiendo después hacia los senos con amorosa delicadeza. Sus caricias a veces se hacían salvajes. Después Bella lo obligaba a inmovilizarse, recorría su cuerpo con manos y labios febriles y ansiosos. Era como una lucha desesperada cuya regla era «torturar al adversario de placer».
Las sensaciones que envolvían a Bella eran divinas y llegaron al auge cuando sintió a Edward dentro de sí. Tenía la impresión de que eran un único ser, hechos sólo de amor y sensualidad. Y Edward se sentía preso dentro de ella, dominado por un placer que lo hacía gritar. Llevados por sensaciones tan profundas, ambos perdieron totalmente el control, abandonándose al ritmo alucinante de sus cuerpos hasta alcanzar el éxtasis absoluto.
Hicieron el amor como nunca. Bella quería que Edward recordara que ninguna mujer en el mundo sería capaz de saciarlo de aquella manera. Ni la misma modelo famosa con quien ciertamente había salido.
Los dos se quedaron acostados en el sofá fuertemente abrazados. Llevó algún tiempo que Edward consiguiera reunir fuerzas para moverse y acostarse al lado de Bella. Exhaustos, se miraron por algunos instantes. Edward le acariciaba los cabellos, apartando algunos hilos que le cubrían el rostro, mientras ella lo acariciaba, jugueteando con los vellos del musculoso pecho.
Adiós, Edward. Me despedí de ti del modo más bonito que existe, pensaba Bella para si misma, acurrucada en sus brazos.
Edward se apoyó en uno de los hombros, buscando los ojos de Bella, que estaban llenos de lágrimas.
-Hoy voy contigo a tu apartamento -dijo Edward, besándola en el rostro.
-No, Edward. Hoy no -negó Bella, sonriendo para disfrazar la tristeza.
-Sí, Bella, te necesito... en casa estaremos más a gusto y entonces... -propuso Edward, con una sonrisa traviesa en los labios.
-Edward, aún tienes trabajo que hacer -dijo Bella pasando la mano por su cabello ligeramente despeinado.
-No importa -insistió.
-No, Edward. No quiero -repitió Bella, levantándose del sofá.
Mientras Bella se vestía, Edward la miraba fríamente, observando todos sus movimientos.
-Vamos ya Edward, vístete -Bella dijo en tono juguetón.
-Bella, voy contigo -volvió a insistir Edward, aún acostado.
-Para de hacerte el terco, Edward. Hoy no.
Visiblemente mal humorado, Edward se levantó del sofá y comenzó a vestirse. No soportaba ser rechazado de ese modo.
-Te pusiste tus ropas de nuevo -jugueteó Bella, para amenizar la pesada atmósfera.
Edward fingió no haber oído la observación. Continuó vistiéndose, parándose delante del espejo del bar para hacerse el nudo de la corbata.
Se sentó entonces en su mesa, volviendo a trabajar.
Bella notó que Edward estaba muy irritado. Escribía deprisa, moviendo papeles de un lado a otro con rigidez.
Los dos estaban vestidos nuevamente. Bella también utilizó el espejo del bar para maquillarse, y pudo ver en el reflejo a Edward sentado en su mesa suscribiendo una porción de contratos. Allá estaba el frío hombre de negocios nuevamente.
-Edward, ya acabé todo por hoy. Si no me necesitas más, me voy -dijo Bella suavemente.
-Vete Bella, puedes irte ahora -respondió Edward con frialdad.
Bella cogió su bolso y, cabizbaja, se dirigió hacia la puerta.
Nuestro bebé está aquí, Edward. Yo ya lo amo tanto, pensó para si misma.
Bella se detuvo cerca de la puerta para dar un último vistazo a la oficina de Edward donde, minutos atrás, se habían amado con tanta intensidad.
-Cambiaste de idea -preguntó Edward, al verla detenerse cerca de la puerta.
-No. Buenas noches, Edward -Bella respondió con voz temblorosa.
Edward no dijo nada, ni siquiera buenas noches. Su orgullo estaba herido y no conseguía admitir que había sido rechazado. No conseguía entender como su amante tan ardiente, podía ponerse tan insensible.
Sin embargo, para Bella, aquella había sido la última vez.
Durante toda la semana, Bella evitó a Edward siempre que pudo. Durante el día se ocupaba con el trabajo, y siempre buscaba almorzar con otras personas para mantenerlo a distancia.
Al final del día, Bella salía siempre cuando Edward se encontraba en reunión. Al llegar a casa quitaba el teléfono del gancho, para no correr el riesgo de flaquear y atender. Sabía que Edward debía estar intentando llamar todas las noches.
La mañana del viernes, Bella fue a buscar a Emmett.
-¿Puedo entrar? -preguntó Bella.
-¡Claro! -respondió Emmett, contento de verla tan bien.
Bella entró a la oficina y se sentó en la silla frente a la mesa de Emmett.
-Vine a despedirme -dijo Bella, sonriendo con cierta tristeza en los ojos, y después de una pequeña pausa continuó- y a agradecerte también, ya está todo acordado, comienzo a trabajar con Jacob dentro de dos semanas.
-¿Estás segura de que es eso lo que quieres, Bella? -preguntó Emmett, mirándola a los ojos.
-Sí, Emmett. No te preocupes... Viajaré a la casa de mi madre. Le contaré todo y pasaré algunos días allá. Al volver ya estaré comenzando en mi nuevo empleo-explicó Bella, intentando mostrarse animada.
Emmett se levantó, caminó hasta la silla donde Bella estaba sentada y le besó el rostro.
-Cuídate mucho -dijo, con cariño.
-Gracias por todo, Emmett -le agradeció.
Volviendo a su oficina, Bella fue sorprendida por Edward que la aguardaba garabateando algunos papeles.
-Te estoy esperando, ¿será que puedo acompañarte hoy? -preguntó Edward en tono irónico.
-Yo preferiría que no -respondió, secamente, y comenzó a caminar-. Pretendo dormir pronto, porque voy a casa de mi madre mañana temprano.
-¿Quiere decir que no nos veremos durante el fin de semana? -preguntó Edward, irritado.
-Supongo que no, Edward. Ya telefoneé a Renné y le dije que iría a verla a finales de la semana -explicó Bella previendo que él no lo aprobaría.
-No entendiendo a donde quieres llegar actuando así. Pero una cosa puedo asegurarte: no me está gustando nada esto -reveló.
-Creo que merezco algunos días de descanso, ¿no? -dijo Bella, mientras arreglaba sus cosas y cogía el bolso.
-Y yo creo que merezco algunas explicaciones, ¿o no?
Bella ya había decidido que no volvería atrás. Había arreglado las maletas y partiría en el tren aquella noche. Llegaría a casa de su madre por la mañana. No quería molestarlo, sólo salir de allí e ir a casa.
-No hay ninguna explicación, sólo voy a ver mi madre -dijo Bella, elevando la voz.
Tenía la certeza de que Edward insistiría en la discusión, así que pasó por su lado rápidamente y se dirigió a los ascensores. Edward la siguió hasta el pasillo y se quedó arrinconado en la pared observándola.
El ascensor parecía tardar una eternidad. Bella aún pudo verlo en el pasillo, parado, mientras el ascensor llegaba.
-Adiós, Edward -dijo, entrando en el ascensor, con lágrimas en los ojos.
Edward no respondió nada.
Bella no consiguió pegar ojo durante el viaje. La imagen de Edward parado en el pasillo no se le salía de la cabeza.
Cuando el tren paró en la estación, Bella inmediatamente vio a su padrastro, Phil Dwyer, que la esperaba.
Renné y Phil quedaron muy felices al saber que Bella pasaría algunos días con ellos. Echaba de menos a su madre, y no veía la hora de abrazarla, pero al mismo tiempo no sabía como contarle todo.
Mientras tanto, tendría que disfrazar todo el dolor que sentía, y aprovechar para descansar un poco. Tenía que concienciarse que Edward ahora formaba parte del pasado.
-¡Bella! Mi querida... ¿Cómo estás? -dijo Phil, al abrazarla.
-Muy bien. Me pareces estupendo, Phil -Bella lo observó, mirándolo de los pies a la cabeza.
De verdad Phil era muy guapo, alto y carismático. Con un poco más de cuarenta y cinco años, era un hombre muy activo, practicaba tenis y adoraba correr. El deporte hacía que pareciera aún más joven. Estaba siempre alegre y bromeando con las personas.
-Yo siempre estoy estupendo, querida. La verdad es que soy lo que ustedes las mujeres llaman irresistible...
-Phil, no tienes remedio. ¿Y mi madre?
-Está estupenda. Tiene dos novedades maravillosas para ti. Estoy seguro de que vas a adorarlas -habló Phil, cogiendo las maletas de Bella.
Que bien, pensó Bella, pues las novedades que traía no eran tan buenas.
-Tú no pareces estar muy bien, Bella. Yo podría haberte ido a buscar -dijo inmediatamente al percibir algo raro.
-Impresión tuya. Sólo que no consigo dormir cuando viajo en tren -intentó explicar Bella.
Phil la cogió por el brazo, y salieron andando en dirección al coche que estaba en el aparcamiento de la estación.
Cuando el coche comenzó a andar, Bella intentó hacer conversación pues ya había notado que Phil había percibido algo raro. Era una persona muy sensible y la conocía bien.
-¿Ustedes aún continúan viviendo como dos palomos en luna de miel? -preguntó Bella sonriendo.
-Claro que sí. Tú sabes que nosotros nos amamos mucho Bella.
Por un instante Bella se sorprendió al sentir celos. ¡Cómo le gustaría vivir así con Edward! Sin embargo sabía que sería imposible. Edward no era del tipo de hombre que se dedicaba a una mujer para toda la vida.
Una vez más Phil miró a Bella, como quien extraña alguna cosa. Ella entonces, tocó el asunto predilecto de él.
-¿Como va la Bolsa de Valores, Phil? -preguntó, con el fin de no hablar sobre sí misma.
-Muy bien, Bella. Aunque estoy trabajando bastante en estos últimos tiempos. No es fácil ser un corrector, lo sabes -respondió Phil, animado.
Renné los esperaba en la puerta de la casa, y, al ver el coche entrar en la esquina, corrió en dirección al portón.
Bella salió del coche y corrió al encuentro de su madre. Ambas se abrazaron bastante tiempo.
Con aquel abrazo y los cariños de Renné, Bella se sintió bien. Parecía haberse quitado un gran peso de los hombros.
Hacía sólo una semana que había ido al médico, pero para Bella parecía una eternidad. Tanta cosas habían cambiado, y muchas otras cambiarían también.
