Todos los personajes de Inuyasha y Ranma ½ pertenecen a Rumiko Takahashi, salvo toda su descendencia que ha nacido de nuestra imaginación.
Conquistando a la flor
por
Freya & Sakura
Hola a todos ;), aquí estamos nuevamente con el capítulo para esta semana. Esperamos que les guste :)
Capítulo 4
—¡Mamoru, muévete!... ¡No puedo ver nada! —Se quejó Shinichi apretujado en medio de su hermana mayor y su hermano gemelo de cabellos plateados. Al ser muy pequeño el espacio rápidamente quedó excluido por los intentos desesperados de los otros dos de intentar divisar algo en la oscura noche.
Se habían colocado en una de las ventanas de la sala del piso inferior para ver si podían saber que era lo que estaba sucediendo con su pequeña hermana menor.
—¡Yo veo algo! Pero están muy lejos… ¡parece que están abrazados!... ¿no los ves, Mamoru? —sonrió totalmente realizada Izayoi.
—¡¿Cómo diablos voy a ver algo si Shinichi no me deja en paz?! —protestó Mamoru forcejeando con su hermano para ocupar el lugar más cómodo—. ¡Mierda!... ¡Hanako lo está dejando! Nunca pensé ver algo así... —agregó bastante asombrado una vez que logró ubicarse mejor.
—¡Yo quiero ver! —Se quejó el pelinegro empujando a su hermano a un lado para poder observar. Sonriendo maliciosamente pudo comprobar lo que veía. "Ahora no tendrá que chantajearnos más con Ranko… definitivamente algo pasa entre ellos…" pensó el joven mientras miraba la escena. —¿Qué pasó con Hana-chan? —preguntó luego de unos segundos de reflexionar—. Desde la tarde que está actuando muy extraño… esa ropa, el maquillaje… ¿y ahora se deja abrazar?... ¿realmente no estará poseída? —murmuró bastante extrañado con la conducta de su pequeña hermana.
—No seas idiota, ya deja de creer que todo el mundo está poseído —respondió Mamoru empujando a su hermano para volver a obtener su lugar—. El que está poseído eres tú, porque no veo otra explicación para que alguien quiera ir todas las tardes sólo a estudiar con una chica.
—¡Hermanitos!... ¡Ahora se separaron y se están mirando de cerca!...¡se ven tan tiernos juntos! —sonrió la muchacha radiante con la ventana a toda su disposición mientras sus hermanos discutían.
Sin escuchar las palabras de su hermana mayor Shinichi solo pudo oír lo que su hermano le había dicho con respecto a Ranko. Un leve sonrojo se asomó en su rostro. El la ayudaba, pero… hacía un tiempo que simplemente se dedicaban a conversar, a pasar largos minutos contemplándose en silencio, comprendiéndose mutuamente. Casi no habían estudiado en esta última semana. Tratando de disimular frunció el ceño para evitar que su hermano sospechara. —¡Deja de decir tonterías!... ¡Al menos estoy enseñándole algo que le va a servir!... ¿tú qué tanto haces con Ryoko? Ni siquiera le prestas atención a oka-chan… —respondió evasivo.
—¿Qué hago con Ryo-chan? —El rostro del muchacho adquirió un notorio color carmesí. Miles de recuerdos de los cinco años que llevaban juntos se adueñaron de sus pensamientos. "Diablos...no voy a contarle sobre mi intimidad con ella... ¿por qué rayos volví a casa tan temprano?..." pensó sintiéndose cada vez más acalorado.
La mirada inquisidora de su hermano lo hizo recomponer compostura—. Ese no es tu asunto... —carraspeó intentando disimular—. ¡Y siempre le he prestado atención a oka-chan! Aunque no vivo pegado a sus faldas como otros...
Shinichi apretó los puños bastante enfadado. —¡Deja de decir idioteces!...¡Sólo respeto a nuestra madre!... ¡tú ni siquiera pasas tiempo con ella como antes!...—Se justificó haciendo énfasis con sus brazos—. ¡Ade… además… sigues siendo un traicionero! Nos abandonaste hace muchos años… ¡y ahora solo te preocupas por esa… por esa niña tonta! —concluyó mirándolo fieramente.
El ceño del muchacho de cabellos plateados se frunció por completo. —¿Cómo la llamaste? —gruñó haciendo crujir sus nudillos.
-------------------
El estruendo proveniente del piso inferior fue la gota que rebalsó el vaso. Habían soportado las risas y gritos de los muchachos, pero la batalla campal que parecía estarse desarrollando abajo acababa con cualquier ambiente romántico por mucho empeño que pusieran en mantenerlo.
Al llegar al lugar fue testigo del desastre: varios muebles estaban fuera de lugar y algunos adornos rotos habían sucumbido a la pequeña diferencia de opiniones que al parecer trataban de "solucionar" los gemelos.
"Kuso, mocosos del demonio ¿por qué rayos tenían que salir tan escandalosos?...¿no podían esperar hasta mañana para matarse" pensó el hanyou sin perder detalle de la pelea de los muchachos.
Segundos después que Inuyasha saliera del cuarto, Kagome, bastante irritada por la interrupción de sus no-adorados-bebés, en ese momento, se colocó una bata por encima de su espalda para seguirlo y calmar de una vez por todas el escándalo de sus pequeños demonios.
Al llegar a la mitad de la escalera pudo ver como sus niñitos intentaban probar quien era el más poderoso. Era cierto que eso era parte de los instintos de la familia de Inuyasha, pero a esa hora era inadmisible, y más que nada interrumpir la mejor parte de su reconciliación. Su esposo sabía como consolarla realmente.
Dejando de pensar en lo que había podido ser minutos atrás, la mujer de cabellos azabaches incentivó a su compañero para que interviniera en la pelea antes que alguno de los dos terminara cometiendo fratricidio. Aunque en ese momento, a pesar de su exagerado cariño maternal, tal vez su perversa mente vengativa especuló que no sería tan malo dejarlos un poco más como castigo por su impertinencia. Pero en fin, ante todo, la madre sobreprotectora.
—¡Inuyasha, ve a separarlos! —espetó la mujer mientras se acercaba a su hija mayor que seguía viendo por la ventana muy interesada.
Inuyasha resopló con algo de fastidio, ver a sus hijos rodando por el piso mientras se golpeaban le hacía evocar ciertos momentos de la época en que apenas era unos cachorros. Una mueca parecida a una sonrisa se formó en sus labios "Siguen siendo los mismos mocosos endemoniados" pensó mientras tomaba bruscamente por uno de sus brazos a Mamoru para separarlo sin mucha delicadeza de su hermano.
—¡¿Qué demonios significa todo este escándalo?! —gritó Inuyasha mirando de forma asesina a los gemelos.
Shinichi aun en el suelo frunció el entrecejo mirando a su hermano gemelo. —¡Estábamos intentando ver que era lo que estaba pasando entre nuestra hermana y Keishii! parece que ya son novios o algo así… —comentó levantándose del suelo.
—¿NOVIOS? —exclamó totalmente sorprendida, radiante y emocionada la mujer de cabellos azabaches mientras se asomaba por la ventana para tratar de distinguir algo.
—Ya se separaron oka-chan… te perdiste la mejor parte… —suspiró resignada Izayoi.
----------------------
Hanako dio un respingo al escuchar una serie de potentes gritos y gruñidos provenientes desde su casa. Un escalofrío recorrió su espina al reconocer claramente las voces de su padre, de los gemelos y de su mamá.
—Tal vez ya deberías irte... —habló Hanako sonriendo nerviosamente temiendo que de un momento a otro toda su familia estuviera a su lado.
—¿Por qué? —preguntó el muchacho sin mucho entusiasmo con la idea de tener que irse cuando por fin conseguía reconciliarse con la chica—. ¿Crees que tu padre esté enojado porque estoy aquí? —preguntó levemente nervioso recordando que segundos atrás se habían abrazado y había una gran probabilidad de que el medio demonio los hubiese visto y comenzara a manifestar sus instintos asesinos en contra de él.
—No lo sé, creo que está discutiendo con los gemelos por algo —respondió la muchacha mirando con curiosidad hacia la casa—. De todos modos ya es algo tarde — comentó volviendo a mirar a Keishii—, puedes venir mañana...eso me gustaría mucho... —sonrió dulcemente.
Sonriendo un poco sonrojado el joven asintió rozando la mano de la chica para tomarla por algunos segundos. —De todas maneras pensaba venir a visitarte… no era necesario que lo dijeras —respondió juguetón guiñándole un ojo.
Hanako sonrió. —Siempre te ha gustado estar conmigo...lo sé... —afirmó antes de ponerse en puntillas para besar con delicadeza una de sus mejillas—. Buenas noches —susurró separándose bastante sonrojada del muchacho.
Keishii acertó a levantar la mano para despedirse y mirarla totalmente embobado. En un arrebato el joven se acercó nuevamente a la chica para devolverle el beso en otra de sus mejillas. Totalmente atolondrado caminó robotizado hacia las escaleras mientras comenzaba a descender con movimientos totalmente rígidos.
Totalmente sonrojada lo vio alejarse. Ese día las cosas habían pasado muy rápido, pero le alegraba que así fuera, después de todo, las peleas entre ellos dos nunca duraban tanto. Con una gran sonrisa caminó con dirección hacia la casa.
Toda su familia estaba reunida, los gemelos parecían impedirle el paso a su padre mientras su mamá intentaba convencerlo de algo.
—¿Todavía están despiertos? —preguntó con un dulce tono de voz mientras les dedicaba una amplia sonrisa—. Oyasumi nasai... —sonrió ampliamente comenzando a subir las escaleras.
Toda la familia se quedó mirando como la muchacha subía las escaleras sin ningún tipo de preocupación cuando esperaban que ella les contara todo lo acontecido, aunque ello fuera improbable, pero al menos una mínima protesta de la muchacha pues sus conversaciones siempre terminaban en discusiones. Ver a la joven subir totalmente feliz, con expresión dulce y relajada era considerado extraño. Quizás Shinichi se preguntó en ese momento si su hermana no fue poseída por un espíritu extraño.
------------------------
A la mañana siguiente y muy temprano Ranko entró a la habitación de su hermano. La curiosidad la estaba matando y no podía esperar a que Keishii se despertara.
Desde la entrada lo observó, el muchacho se encontraba profundamente dormido abrazado a su almohada.
—Shimatta, no voy a permitir que siga durmiendo —sonrió mientras cerraba sin mucha suavidad la puerta.
Nuevamente observó a su hermano, seguía profundamente dormido. Algo frustrada se dirigió hacia la ventana para abrir rápidamente las cortinas dejando que la luz del sol diera de lleno en el rostro del muchacho. La única respuesta que obtuvo por parte del chico fue que este se moviera en la cama dándole la espalda.
—Kuso... —refunfuñó acercándose hasta la cama—. ¡Keishii, despierta! —exclamó moviéndolo sin mucha delicadeza esperando lograr su cometido.
Quejándose por la luz del sol, pero sin despertarse aún el joven se aferró a la almohada para moverse luego un poco evitando ser tocado por su hermana. Estaba teniendo un sueño muy agradable. Sonriendo tontamente el muchacho suspiró entre sueños. —Ha… Hanako…
—¿Hanako? —repitió Ranko sin dejar de observar a su hermano. Una traviesa sonrisa se dibujo en sus labios. Suavemente se sentó al lado del muchacho—. Aquí estoy Keishii...vine porque necesitaba verte...Keishii bésame... —murmuró realizando una excelente imitación de la voz de su amiga.
En ese mismo segundo el joven despertó sobresaltado y rápidamente se sentó en la cama. —¿Qué… qué?... ¿Dónde está Hanako? —espetó nervioso—. Recién la oí… estoy seguro… ella dijo que… —No terminó de completar la frase cuando un leve rubor invadió sus mejillas. Intranquilo miró una y otra vez hacia los lados de la habitación buscando hallar a la chica.
—Supongo que está en su casa —respondió la muchacha haciendo un enorme esfuerzo por contener su risa—. Ella dijo...Keishii bésame... —agregó imitando nuevamente la voz de Hanako.
El muchacho frunció el ceño notablemente irritado, se levantó dándole la espalda a la jovencita, para tomar su camiseta que tenía en el suelo y luego colocársela, aun con la almohada entre sus brazos, de un movimiento rápido se volteó para arrojársela a su hermana por la cabeza tomándola por sorpresa. —¡No es gracioso!... ¿por qué imitas a Hanako? —preguntó mirándola inquisidoramente.
—Porque no se me ocurrió otra forma de despertarte —respondió entre risas la muchacha—. Estabas soñando con Hana-chan ¿sabías?...y hablas dormido... —agregó con picardía.
El joven abrió los ojos como platos y comenzó a toser bastante nervioso. Segundos después, tomó compostura y miró indiferente a su hermana pequeña. —¡Estas loca! yo no soñaba con ella… ¿qué rayos te hizo suponer que soñaba con ella?... kuso… que entrometida… —espetó fingiendo indignación.
—¡Hey! No es mi culpa que suspires y digas Hanako mientras duermes —respondió bastante complacida por el nerviosismo que provocaba el tema en Keishii—. De todos modos vine para que me contaras como te fue anoche con Hana-chan... —agregó con una mirada llena de curiosidad— Tienes que contarme o nunca más volveré a darte consejos.
—¡Estas loca! yo no dije nada cuando dormía… estas imaginando cosas… —espetó levemente sonrojado volteando para quedar a espaldas de su hermana—. Y… ayer me fue bien, hablé con ella y nos reconciliamos —respondió cortante.
Ranko espero algunos minutos, de algún modo tenía la remota esperanza de que su hermano le daría más detalles sobre el asunto. Poniéndose de pie se acercó a él. —¡Qué bueno¿Cómo fue? —preguntó tratando de obtener más información.
—Bien —respondió de la misma forma Keishii.
Ranko podía sentir perfectamente como una vena palpitaba una y otra vez en su sien. Realmente detestaba cuando Keishii se volvía tan poco comunicativo. Ella tenía todo el derecho a enterarse de lo que había pasado. —¿¡Maldita sea, no puedes ser un poco más comunicativo?! —preguntó tomando al muchacho por la camiseta, obligándolo a mirarla—. Soy tu única hermana...vamos cuéntame... —suplicó con un dulce tono de voz.
—Yo también soy tu único hermano… y tú que pretendías ser la más comunicativa… no me dijiste nada acerca de tu noviazgo con Shinichi… tuve que sorprenderlos para saberlo… porque de lo contrario no me habrías contado… —contra argumentó con el ceño levemente fruncido.
—Eso no tiene nada que ver ahora —Se excusó soltando al muchacho para luego mirar hacia otro lado—, de todos modos ya te enteraste...
El rostro del joven se coloreó suavemente. —Shimatta… tú sabes… le di la flor… le gustó mucho… yo… prometí que no iba a mentirle más… —respondió sin concluir bastante nervioso.
—¿Y luego qué pasó?... ¿Se besaron? —preguntó llena de curiosidad—. ¿Ya son novios?
El joven sufrió un colapso nervioso y dejó caer el cuaderno que tenía entre sus manos. Luego de unos segundos reaccionó y miró con fiereza a su hermana. —¡Deja de decir idioteces, kuso!... ¡me puedo enojar y decirle a nuestros padres lo que ya sabes! —exclamó irritado mientras de forma no muy amable corría a su hermana hacia la puerta para que saliera de su habitación.
—Grosero —masculló alejándose del muchacho para avanzar orgullosa hacia la puerta de la habitación—. No serías capaz de contarle algo así a papá y lo sabes. No entiendo por qué te enojas tanto, solo quiero saber si mi hermanito por fin decidió declararse a la chica de la que lleva años enamorado —comentó con una media sonrisa.
El joven le lanzó una mirada asesina y rápidamente se lanzó hacia ella para asesinarla con sus propias manos por lo que había dicho, pero la chica fue más rápida y burlonamente le sacó la lengua para luego huir a toda velocidad hacia las escaleras en dirección a la sala.
—Shimatta… ya verás después… —gruñó para sí el muchacho mientras ordenaba un poco su cuarto.
Una pequeña gatita color blanco y negro con un pequeño moño azul en el cuello lo miraba desde uno de los estantes de su repisa. El muchacho sonrió embobado y fue hacia esta para tomarla y mirarla fijamente. —Je… te pareces mucho a ella… —murmuró por lo bajo contemplando el pequeño peluche con una media sonrisa.
------------------------------
El hanyou observó una vez más la mesa, no podía crear Hanako hubiese cocinado semejante banquete. A ella nunca le había gustado dedicar su tiempo a ese tipo de cosas; debía que averiguar qué demonios había pasado la noche anterior.
Tenía claro que al mocoso de Ranma y Akane le gustaba su hija desde hacía varios años, pero realmente no se esperaba que el muchacho le demostrarse tan pronto su interés a su pequeñita. Ya tenía claro que frente a algo así no era mucho lo que podía hacer, nada había resultado con Shigeru...ahora simplemente esperaba que las cosas no ocurrieran tan rápido. No aceptaría una boda hasta dentro de varios años más.
De reojo observó a los gemelos, ambos seguían con la mirada a su hermana. Una media sonrisa se formó en el rostro de Inuyasha, estaba seguro que esos dos no descansarían hasta conocer hasta el más mínimo detalle de lo que había ocurrido en la conversación entre Hanako y Keishii.
Kagome sonrió satisfecha ante los platillos que había preparado su hija. Había sido una recompensa por lo que había sucedido la noche pasada. Pudo despertar tarde porque tenía día libre y no tuvo que cocinar para todos, los alimentos se veían con muy buen aspecto. Orgullosamente se acercó a la chica y acarició sus cabellos. —Hiciste un muy buen trabajo… y te ves muy bonita… —sonrió guiñándole un ojo. La chica se había vestido con una falda a mitad de muslos y medias hasta las rodillas, y una blusa rosa, había optado, como el día anterior, por soltar su cabello.
- Arigato... —sonrió la muchacha algo ruborizada—. Me desperté muy temprano y quise cocinar para ustedes —comentó mientras se sentaba a la mesa.
—Hermanita, te ves muy contenta —habló Mamoru mirando inquisidoramente a Hanako—, tan contenta como cuando entraste a la casa anoche...luego de hablar con Keishii...
—Tanto que subiste sin contarnos nada… parecía que ibas volando entre las nubes…—agregó guiñando un ojo Shinichi—. ¿Qué te dijo Keishii?... ¿te pidió en casamiento?
Antes que Hanako pudiese abrir la boca para contestar fue interrumpida por la violenta tos de su padre. Al parecer el hanyou había comenzado a ahogarse con algo de lo que estaba comiendo luego de escuchar la pregunta de Shinichi.
La mujer de cabellos azabaches sonrió divertida mientras le ofrecía un vaso de agua a su esposo y un pequeño beso en la mejilla para que se recuperara. —¿Es verdad lo que suponen tus hermanos? Iza-chan me contó que se estaban abrazando —comentó sonriente.
—¡Mamá! —exclamó Hanako con las mejillas totalmente rojas—. Kei...Keishii y yo somos amigos ¡solo eso! —reiteró tratando de parecer convincente—. Y ustedes dos dejen de meterse en mis asuntos —espetó mirando con el ceño fruncido a sus hermanos.
—Entonces ¿por qué se abrazaban?... son amigos muy íntimos entonces —sonrió burlón Shinichi.
—Deja de molestar a Hana-chan, ella nos dirá cuando sea el debido tiempo…—espetó Izayoi en defensa de su hermana menor.
—¿Entonces Kei-chan no vino a declararse ayer? —preguntó bastante desilusionada la mujer de cabellos azabaches.
—¡Ya deja el misterio hermanita! —sonrió de medio lado Mamoru—. ¿Cuándo es la boda?
El ceño de Inuyasha se frunció por completo al escuchar la pregunta de su hijo. Llevaba algunos minutos debatiéndose mentalmente entre hacerlos callar o dejarlos continuar. Desde la noche anterior que la duda lo estaba matando, así que optó por dejarlos continuar; intentando relajar su expresión miró a su hija tratando de encontrar alguna respuesta en su sonrojado rostro.
La mirada inquisidora de su padre había logrado ponerla aún más nerviosa de lo que ya estaba. —No...no sé por qué piensan esas tonterías —balbuceó fijando la mirada en su comida—. So...somos a..amigos...él estaba triste y yo...yo...¡nos abrazamos! Sí...eso...
Kagome sonrió tomando las manos de su hija menor. —Lo imagino… ¿Kei-chan estaba triste por qué tú estabas enojada con él, ne?... ayer dijiste que estabas enfadada —dedujo la mujer sonriendo realizada—. Y lo abrazaste… eso significa que ya se reconciliaron… además te veo muy alegre… ¿hoy se van a ver? —adivinó como buena sacerdotisa que era.
—Oka-chan, creo que adivinaste todo lo que pasó —habló Mamoru mirando bastante divertido la expresión perpleja de su hermana menor—. Diablos eso es peligroso... —murmuró el muchacho pensando por algunos segundos que pasaría si su madre lograra adivinar lo que hacía cada vez que salía con su novia.
Shinichi tragó nervioso mirando a un costado con pánico de que su madre adivinara algo con respecto a lo suyo con Ranko.
Kagome miró curiosa a ambos muchachos. —¿Pasó algo con ustedes? —preguntó extrañada.
Hanako sintió que se libraba de un gran peso al ver como la atención de su madre se desviaba hacia los gemelos.
—¡Keh! No deberías ser tan curiosa mujer —comentó Inuyasha mirando de reojo a los gemelos—. ¿Qué podría pasar con tus bebés? —preguntó haciendo todo lo posible por no hacer contacto visual con Kagome.
—No lo sé, pero se comportan raro… ¿pasó algo mis pequeños? —preguntó aprehensiva.
—Na… nada oka-chan… no sé porque tendría que pasar algo… yo no me comporto raro… —mintió pésimamente el gemelo pelinegro.
—No...no pasa na...nada, nosotros no hemos hecho nada...etto...quise decir que no nos portamos de forma extraña ni nada parecido... —agregó Mamoru antes de comenzar a devorar su comida de forma bastante ansiosa.
—Son muy malos para mentir, hermanitos —sonrió Izayoi mientras terminaba su plato.
—¿Qué le ocultan a oka-chan? —espetó seria la mujer.
—¿Por qué tendrían que estar ocultándote algo, Kagome? —preguntó Inuyasha mirando a los ojos a su mujer—. Ellos nunca te ocultarían algo ¿no es así? —volvió a preguntar dirigiendo su mirada ahora hacia los muchachos.
Shinichi asintió tratando de parecer natural mientras terminaba su plato a toda velocidad.
Mamoru se limitó a imitar a su hermano, asintiendo una y otra vez como si con eso fuera suficiente para disipar por completo cualquier tipo de sospecha que tuviera su madre.
Con una gran sonrisa en el rostro, el hanyou, volvió a mirar a su mujer. —Te lo dije koishii, todo está bien —afirmó tratando de sonar convincente.
La mujer se tranquilizó y sirvió un poco de jugo en su vaso para luego beberlo. Algunas sospechas todavía circulaban en su mente, pero, por otro lado, la hacía enormemente feliz saber que algo estaba ocurriendo entre su hija y el hijo de su mejor amiga.
Suspirando resignada miró a ambos muchachos. —De todas formas voy a averiguar que pasa… —sonrió heladamente.
--------------------------------
Arreglado para la ocasión, el joven de ojos azules se dirigía al templo de su mejor amiga. Vestía una camisa china color celeste y un pantalón del mismo estilo color negro. Necesitaba verla, después de lo que habían hablado el día anterior… no había olvidado aquel pequeño beso, su mente viajó hacia varios años atrás, en la feria el día de Tanabata, cuando ella besó por primera vez su mejilla.
Luego de subir las escaleras del templo vio desde lejos a la chica sentada cerca de las flores armando algunos ramos. Sus cabellos como cascadas cubrían su espalda y algunos caían por sus hombros como lluvia de tinta negra, su piel pálida contrastaba, se veía realmente bonita. Sonriendo avanzó un par de metros más hasta que la chica volteó al sentir sus pasos.
—Konnichiwa —saludó el joven acercándose a la chica mientras le tendía una mano—. ¿Son para la boda de tu hermana? —preguntó.
Hanako aceptó la ayuda que le ofrecía el muchacho para ponerse de pie. —¿Para qué más podrían ser? —preguntó sonriéndole—¿quieres que te regale uno? —agregó riendo abiertamente.
El muchacho sin inmutarse sonrió para luego darle un beso leve en las mejillas. —Creo que soy yo el que debería dártelas… ¿na? —espetó dejando perpleja a la jovencita.
El leve roce de los labios de Keishii sobre su piel le provocó múltiples escalofríos por todo el cuerpo. —¿Por qué deberías darme flores? —preguntó bastante sonrojada.
Levemente sonrojado el joven la miró a los ojos. —Porque a ti te gustan mucho las flores… y… etto… a mi me gusta verte contenta —balbuceó un poco nervioso.
La sonrisa que adornaba el rostro de la muchacha creció al escuchar cada una de las palabras de Keishii. —Uhm...hai...je "¡Shimatta!... ¿Qué pasa conmigo? Kuso estoy actuando como una tonta. Lo conozco de toda la vida ¿por qué demonios no puedo hablar con él como siempre?" pensó sintiendo como sus mejillas comenzaban a arder a causa de lo sonrojada que estaba.
Al levantar la vista se encontró con la mirada llena de curiosidad de Keishii. —Me alegra que vinieras temprano, ya casi termino de hacer los ramos y no tengo nada más que hacer... —comentó intentando dejar de lado los extraños sentimientos que la invadían cuando lo tenía cerca. Se sentía inmensamente feliz cuando estaban juntos, pero al mismo tiempo el nerviosismo la invadía a tal punto que parecía bloquear sus pensamientos y retener sus palabras en su garganta dejando escapar solo algunos balbuceos tontos.
El joven sonrió mientras tomaba algunos ramos que la chica había dejado en el suelo. —¿Y tú familia? Es raro no escuchar a los gemelos… o a Inuyasha… —dijo lo último con un leve escalofrío en la espina.
—Papá y mamá fueron a buscar a mi bisabuelo y a la abuela —comentó de forma distraída mientras se agachaba para recoger un pequeño canasto donde comenzó a colocar algunos de los ramos que ya tenía listo—. Iza-chan fue a buscar su vestido, Shinichi dijo que tenía algo importante que hacer y Mamoru...bueno ya sabes como es él...nunca se sabe donde diablos está —comentó con una media sonrisa—, estamos solos... —agregó casi de forma inconsciente.
—Solos… - repitió el muchacho sin pensarlo. Un rubor repentino cubrió su rostro al notarlo. Rápidamente colocó los ramos que había tomado en la canasta que tenía la chica—. ¿Te ayudo? —espetó en un impulso para cambiar de tema.
—Ha...hai... —tartamudeó por respuesta mientras observaba de reojo el rostro de Keishii—, voy a guardar los ramos en el deposito que está cerca del templo...supongo que tú puedes llevar esto —sonrió entregándole la canasta al muchacho.
El ojiazul asintió tomando la canasta mientras seguía a la chica en dirección al depósito. No estaba acostumbrado a verla tan femenina, aquellas faldas que ella siempre criticó, la blusa bastante entallada que detestaba, y sobre todo, su cabello sin ninguna cinta que lo recogiese, cuando siempre encontró incómodo y molesto usarlo así. Sin pensarlo aceleró su paso para ir a su lado y la miró curioso. —¿Qué paso contigo Hanako?...¿por qué el cambio?
—Etto...estoy igual que siempre...demo no puedo evitar sentirme rara cuando estamos juntos...por lo de anoche...tú sabes... —respondió con timidez.
Keishii bajó la mirada bastante sonrojado. —Yo… etto… también… demo…—Se interrumpió mientras tomaba un pequeño respiro. Su corazón comenzaba a acelerar sus pulsaciones—. Yo… yo me refería a tu ropa… a tu cabello… —balbuceó nervioso.
Hanako abrió rápidamente la puerta del depósito.—¿No te gusta? —murmuró casi con un hilo de voz—, aunque te cueste creerlo también puedo ser femenina de vez en cuando, Keishii —espetó evitando la mirada del chico.
—Pero tú dijiste que odiabas esa ropa —insistió el muchacho mientras colocaba la canasta sobre una mesa.
—Es incomoda para entrenar, pero ahora no lo estoy haciendo —respondió la muchacha fulminándolo con la mirada—. ¿Qué más te da como me vista? —preguntó antes de girar sobre sus talones para salir del lugar.
Rápidamente Keishii la siguió. —¡Matte! yo… ¡solo preguntaba! —exclamó mientras pasaba por la entrada del templo donde la chica había entrado—. ¿Estas enojada? —preguntó al verla de espaldas.
—No estoy enojada... ¿Keishii, no te gusta como me veo? —preguntó sin voltear.
El muchacho se acercó a la joven y delicadamente la ayudó a voltear tomándola de los hombros. —Te ves muy bonita así… —sonrió contemplando a la chica a pesar de la escasa luz que había en el lugar.
La forma en que la miraba reafirmaba cada una de sus palabras. —Gracias —respondió con un dulce tono de voz—. Pero no creas que voy a vestirme todos los días así...aunque tal vez si lo haga si sigues mirándome de esta forma —agregó sonriendo traviesamente.
—¿Hontou ka? —sonrió el joven tomando más confianza mientras colocaba una de sus manos en la cintura de la chica para acercarla a él. "Ella me dijo que yo era el único que podía… que tenía su autorización… entonces puedo hacerlo… ¡je!" pensó el joven mientras se acercaba lentamente a ella penetrándola con sus azules ojos.
Hanako apoyó sus manos en el pecho de Keishii, la mirada azul del muchacho enviaba fuertes escalofríos a todo su cuerpo. —¿Qu...qué ha...haces? —preguntó sintiendo como su corazón comenzaba a latir cada vez con más fuerza.
—¿No me dijiste que tenía autorización?... ¿qué era el único? —preguntó mientras acomodaba algunos de los cabellos de la chica detrás de sus orejas, disfrutando con el tacto de estos, parecían madejas de seda perfumadas, un aroma a jazmín delicioso.
—Sigues teniéndola...—sonrió más relajada deslizando sus manos hasta apoyarlas sobre los hombros de Keishii—. Es solo que esto es nuevo para mi...y hasta hace algunos días tú y yo solo pensábamos en discutir y entrenar...creo que me gusta más esto... ¿crees que podamos continuar con algo que tenemos pendiente desde hace una semana?—preguntó casi en un susurro fijando su mirada en los ojos del muchacho.
El joven de la coleta acercó su rostro al de la chica, respirando su cálido aliento, con lentitud, rozó una de sus mejillas, muy cerca de sus labios. —¿Te refieres a esto? —susurró ronco alejándose nuevamente unos centímetros de su rostro.
Ella abrió lentamente los párpados, había cerrado los ojos en el instante en que Keishii se acercó a su rostro. La mirada del muchacho la invitaba a seguir con el juego de caricias. —Creo que se parecía más a esto...—suspiró dejando que sus labios se rozaran apenas un instante.
Keishii sonrió, sus labios se habían rozado casi por pequeñas centésimas de segundo pero su esencia había quedado impregnada, aquellos labios dulces que siempre deseó tomar solo para él. Con delicadeza acarició con dos de sus dedos la boca de la chica. —Hanako… ¿recuerdas cuando me autorizaste a que te besara? —susurró por lo bajo mirándola intensamente.
Hanako asintió manteniéndole la mirada. —¿Por qué lo preguntas? —respondió mientras sus manos se deslizaban entre los cabellos del muchacho— ¿Crees que necesitas pedirme permiso otra vez?
Ciñéndola de la cintura para acercarla a su torso, el joven respiró lenta y acompasadamente. —Tú sabes… dijiste que a quien le dieras tu autorización… sería alguien que te gustase… ¿qué dices con respecto a eso? —preguntó susurrando por lo bajo roncamente.
Las palabras del muchacho le provocaron un fuerte cosquilleo en todo el cuerpo. —Tú dijiste que para besar a alguien...—Los dedos de Hanako recorrieron suavemente los cabellos de Keishii—... tenías que estar enamorado de esa persona¿qué dices con respecto a eso? —preguntó a escasos centímetros de su rostro.
Sin responder, el joven de la coleta tomó delicadamente con dos de sus dedos el rostro de la chica para acercarlo a él y besar por algunos segundos sus labios. Rozándolos, en un beso corto, pero a la vez eterno, el primero de ellos dos, el que recordarían para siempre. —¿Esto responde a tu pregunta? —murmuró por lo bajo luego de separarse lentamente de la chica.
Ella se quedó mirándolo completamente sonrojada por algunos segundos. Al sentir la leve presión de sus labios sobre los suyos fue como si el mundo se hubiese detenido. Se sentía atontada, pero inmensamente feliz y lo único que deseaba era que volviera a besarla una y otra vez, por mucho tiempo. —Entonces esto responderá a la tuya...—respondió casi en un suspiro antes de volver a unir sus labios en un corto y tímido beso.
Él correspondió el beso y acarició suavemente su mejilla. Segundos después se separaron nuevamente. —Entonces… ¿te gusto? —preguntó con una media sonrisa.
—¿Sabías que cuando sonríes de ese modo te pareces al gatito de felpa que me regalaste hace años? —preguntó conteniendo la risa.
—¡Je! yo soy mucho más apuesto que esa cosa… —respondió Keishii frunciendo levemente el ceño—. ¿Tú no crees eso? —preguntó volviendo a su sonrisa de antes mientras aprovechaba para acariciar con lentitud los largos cabellos azabaches de la muchacha.
Hanako jugueteó con los cabellos del muchacho hasta dejar caer el cordón que lo sujetaba. —Juro que voy a golpearte si te vuelves más presumido de lo que ya eres —respondió dirigiéndole una traviesa mirada—. Eres muy guapo...siempre lo he pensado... —admitió muy despacio.
Sin poder evitarlo su ego subió al máximo al escucharlo de la boca de ella. —Lo sé… soy muy apuesto…—rió divertido besando las mejillas de la jovencita—. Pero tú eres más bonita… me encanta ver tu cabello así… —sonrió embelesado con el aroma a jazmín que éstos desprendían—. Deberías usarlo siempre así… te ves muy hermosa cuando lo dejas suelto… —agregó perdiéndose en su debilidad.
—Ahora entiendo porque siempre que me veías peinada de este modo te quedabas embobado mirándome —comentó mientras una sonrisa triunfal se formaba en su rostro—, te encanta verme con el cabello suelto, se te nota en la cara... ¿es tu debilidad?
Keishii asintió sin darse cuenta de ello, embobado aún. Por la risa de la chica el joven bajó de la nube donde flotaba y aclaró su garganta. —Etto… para de hablar onna… déjame besarte… —susurró con una media sonrisa mientras hacía que la joven arqueara la espalda para luego acercarse a sus labios.
—Pensé que nunca dirías eso... —susurró cerrando los ojos esperando algo más que un pequeño roce de labios.
—¡¿Hana-chan, estas ahí?! —preguntó Mamoru entrando repentinamente al templo. En silencio contempló la escena por algunos segundos. Keishii abrazaba a su hermanita menor y estaba a punto de besarla, por su parte ella no parecía estar pasándola mal.
—Parece que llegamos en el peor momento, anata —comentó risueña la joven de cabellos castaños y vivaces ojos verdes.
—Hermanita debiste decirme que querías quedarte sola en la casa hoy, pero no se preocupen por nosotros —sonrió de medio lado Mamoru—. ¿Crees que Oka-chan se alegre cuando se entere, koishii? —preguntó mirando a su novia.
Después de varios segundos de permanecer petrificados, ambos se separaron retomando postura. El joven ojiazul trató de acomodarse los cabellos sin lograr hallar con éxito entre ellos el cordón, lo había perdido mientras se besaban. Una ola de pánico lo invadió. ¿Mamoru sería capaz de decirle todo a Inuyasha? —Shimatta… —murmuró por lo bajo lanzándole una mirada asesina al hermano de la chica.
—No es lo que estas pensando, baka —masculló la muchacha mirando de reojo a su hermano, por respuesta obtuvo una sonrisa bastante burlesca de parte de Mamoru—. Keishii y yo...bueno nosotros...—balbuceó intentando encontrar alguna excusa coherente— nosotros...etto... ¡kuso, no es tu maldito problema lo que yo haga con él! —exclamó finalmente dándose por vencida—. Y si llegas a abrir la boca, te prometo que me las vas a pagar —advirtió mirándolo de forma amenazante.
—¡Acuérdate de nuestra amistad! Hace años que nos conocemos… ¿no nos delatarías, na? —espetó Keishii un poco nervioso.
—No dirá nada, no se preocupen —sonrió divertida Ryoko—. Solo lo hace para bromear… es mejor que nos vayamos, para dejarlos en lo que estaban… —comentó guiñando un ojo.
—¿No diré nada? —preguntó Mamoru mirando con una media sonrisa a Ryoko. Luego se acercó lentamente hacia la pareja—. ¡Keh!... ¡Por supuesto que no voy a delatarlos! —rió dándole una brusca palmada en la espalda a Keishii—. Eso sería acabar con oyaji y si la noticia no acaba con él, ten por seguro que les bastará con su constante vigilancia —prosiguió guiñándole un ojo a los muchachos—. Debe ser terrible tener a alguien como oyaji de suegro...ya saben...él es capaz de darse cuenta de algunas cosas que no se pueden ver a simple vista...
—¿Cómo cuales? —preguntó sin entender el muchacho de ojos azules.
La inocencia de su padre, por lo visto, era genética.
—No entiendo qué demonios estas tratando de insinuar Mamoru —refunfuñó Hanako—. Nosotros no vamos a ocultarle nada a nuestros padres —prosiguió con total sinceridad.
—¿No?... ¿Entonces por qué no les contaste nada esta mañana? —preguntó Mamoru bastante divertido por la furiosa expresión de su hermanita—. ¿Segura que no sabes a qué me refiero? Yo solo quería advertirles —Colocando una de sus manos sobre los hombros de su hermana agregó—, recuerda que el viejo tiene muy buen olfato, el cual yo también heredé...—Continuó mientras colocaba su otra mano sobre el hombro de Keishii—, así que espero que no se les ocurra hacer cosas de adultos, porque oyaji y yo nos daríamos cuenta.
—¿Us… ustedes… saben eso?...¿pueden saberlo? —tartamudeó totalmente traumatizado Keishii imaginando a un Inuyasha furioso persiguiéndolo por toda Nerima para asesinarlo por tocar a su pequeña hija.
Con un impulso que surgió de lo más profundo de su ser, Ryoko tomó repentinamente a su novio de la camisa. —¿Eso quiere decir que tu padre sabe que… nosotros? —preguntó bastante alterada sin darse cuenta que los muchachos seguían allí escuchándolo todo.
—Ha...hai... —respondió Mamoru nervioso por la mirada asesina que su novia estaba dedicándole. Nunca le había mencionado ese pequeño detalle porque sabía que no reaccionaría con mucha calma—. Pe...pero nu..nunca ha dicho na...nada...koishii...—tartamudeó bastante nervioso.
—¿Estas seguro? —exclamó la castaña de la misma forma sin soltarlo. Realmente era muy parecida a su madre en algunas cosas.
—Claro que sí —sonrió Mamoru más relajado y olvidando por completo la presencia de los otros muchachos—. Hace años que lo sabe y apoya mi elección...—añadió rodeando con sus brazos a la chica.
—Pe… pero… ¿tú mamá estará de acuerdo?... ¿o crees que no le dijo nada aún? —preguntó aún insegura acomodándose entre los brazos de su novio.
La risa de Hanako llamó la atención de los muchachos. —Mamá no sabe nada, si lo supiera créeme que ya te hubieras dado cuenta —comentó con una media sonrisa. Lentamente avanzo hacia donde estaba Keishii—. ¿Crees que oka-chan sufra un colapso cuando sepa que su bebé estuvo haciendo cosas de adultos, onii-chan? —preguntó mirando con una ceja levemente arqueada a Mamoru.
—Yo creo que si sabe todo los obligará a que su noviazgo se reduzca a unas cuantas conversaciones en la sala… bajo su vigilancia claro —sonrió burlón Keishii.
—No… no… ella no tiene que saberlo —balbuceó pálida la jovencita de cabellos castaños.
Mamoru palideció, la sola idea de tener citas bajo el estricto control de su madre le provocaba escalofríos. —¡Keh! Ella no tiene por qué enterarse de nada —espetó con fingida calma—. De todos modos oka-chan ya casi te acepta como mi novia —agregó no muy convencido de sus palabras.
Tanto Ryoko como Keishii y Hanako miraron al joven con una pequeña gotita en su frente, realmente eso sería muy difícil de lograr. Mamoru era su Inuyasha en miniatura, sería difícil que algún día soltara a su bebé para alguna mujer ajena a ella.
Algunos pasos interrumpieron la conversación de los muchachos. Parecía que Inuyasha, Kagome y su familia habían regresado.
—¿Hay alguien por ahí? —preguntó Kagome acercándose al templo. Al no obtener respuesta se adentró al lugar para encontrar a los cuatro adolescentes. Una ligera vena apareció en su sien cuando vio a la muchacha de cabellos castaños pegada como una sanguijuela al pecho de su pequeño bebé.
—Hola mamá —sonrió dulcemente Hanako tratando de desviar la atención de su madre—. Pensé que tardarían más en volver, apenas terminé los ramos para la fiesta—comentó sin obtener mucha atención por parte de su madre—. Keishii vino a visitarnos...
Sin escuchar bien a su hija, la mujer de cabellos azabaches se acercó a su bebé y le lanzó una mirada asesina a Ryoko haciendo que esta se separara de él. Sonriendo radiante por su logro sacó de una de las bolsas que traía una gorra color rojo con algunas letras escritas en blanco. Inmediatamente besó a su hijo en una de sus mejillas para luego colocarle en la cabeza su nueva adquisición. —¿No se ve lindo así? —sonrió mirando a Hanako—. Él es mi pequeñito… solo mío… —espetó lo último con especial énfasis dirigiéndose a la castaña.
El muchacho rió, a veces era realmente divertido ver las pequeñas batallas de miradas que mantenían su madre y su novia. —Arigato oka-chan ¿cómo me queda, koishii? —sonrió mirando a los ojos a Ryoko, quien al instante abandonó la batalla visual que mantenía con su suegra para prestarle toda su atención a Mamoru.
La muchacha leyó las palabras que decían en la gorra de su novio. "Oka-chan to Mamoru". Una leve gotita apareció en su frente, pero inmediatamente cambió de expresión al observar la mirada penetrante del muchacho, sus mejillas se sonrojaron levemente evocando los momentos que estaban a solas. Rápidamente se acercó a Mamoru para abrazarlo efusivamente, olvidando por completo que a dos centímetros estaba una Kagome a punto de asesinarla.
—¿Oka-chan, escuchaste algo de lo que te dije? —preguntó Hanako comenzando a sentirte bastante ignorada por su madre.
Keishii rió divertido ante la situación.
Hanako miró al muchacho con el ceño levemente fruncido. —¿Se puede saber qué te causa tanta gracia?
—Es chistoso… ¿por qué te enfadas? —comentó divertido el chico.
—No estoy enfadada —replicó la muchacha, pero su expresión decía todo lo contrario.
Dejando de observar a su pequeño la mujer de cabellos azabaches se percató de la presencia del joven ojiazul. Olvidando por completo la presencia de aquella niña se acercó al muchacho para saludarlo sonriente. —¿Viniste a ver a mi pequeña? —preguntó guiñándole un ojo—. ¿Verdad que se ve muy bonita con este cambio?
Bastante sonrojado mirando de reojo a la chica asintió. —Si, es cierto… se ve linda… —respondió Keishii un poco nervioso.
Totalmente satisfecha la joven madre se acercó a su futuro yerno y palmeó su espalda.— ¿Verdad que si?... recién vengo de la tienda y compré mucha ropa parecida a esta y más bonita para que se pruebe. ¿Tú me darás tu opinión, ne? —preguntó entusiasmada como si su hija no estuviese allí—. Hoy estuvo cocinando cosas deliciosas para el desayuno, tenías que verla… va a ser una magnífica esposa…
—¡Mamá!... ¡No hables de mí como si no estuviera presente! —protestó la muchacha con el rostro totalmente sonrojado—. Yo...yo no pienso vestirme así todos los días y sólo cocine porque tenía ganas de hacerlo y no...no exageres... —balbuceó avergonzada.
—¿Estuviste cocinando? —preguntó interesado Keishii sonriendo divertido—. ¿Hiciste algo para mi? —rió burlón sacándole la lengua.
Hanako dejó de lado su vergüenza y el enojo que sentía con su madre para dirigir una mirada fulminante hacia el muchacho. —¿Por qué tendría que haber preparado algo para ti?
—Porque eres su nov...digo su amiga —intervino Mamoru antes que Keishii pudiese responder. Tomando de la mano a Ryoko caminó hasta donde llegar al lado de su madre y hermana. —. Es lindo que tu amiga...—Una sonrisa bastante burlesca se formó en los labios del muchacho. —...se preocupe por ti... —finalizó con fingida inocencia.
Ryoko soltó una risita suave. —Yo cuido muy bien de mi Mamoru… oka-san me enseñó muy bien a cocinar… y mis okonomiyakis son igual de deliciosos que los de ella… voy a cuidar muy bien de él…—comentó colgándose del cuello del muchacho.
Como toda una dama la mujer de cabellos azabaches se limitó a lanzarle una mirada asesina a su eterna enemiga. —No es necesario, mi bebé está acostumbrado a mi comida que es mucho mejor…—respondió acariciando la cabeza del muchacho.
—No es cierto… Mamoru dice que mi comida es la mejor del mundo… ¿no es cierto anata? —sonrió mirando con los ojos vidriosos a su novio.
—Me gusta como cocinan las dos —respondió el muchacho con total sinceridad dejando perplejas a las dos mujeres.
—¡Oe, Kagome!... ¿Por que tardas tanto? —preguntó Inuyasha entrando en el templo. Un escalofrío recorrió su espina al sentir el aura de batalla que emanaba de su mujer.
Lo mismo sintió el muchacho de ojos azules al sentir la presencia del padre de la chica. Ahora no sabría como estar junto a Hanako, quizás ya estaba sospechando.
—No es nada koishii… solo estaba conversando con mi querida Ryo-chan… ¿ne, preciosa? — sonrió falsamente la mujer acercándose a su esposo.
—Es cierto… estábamos conversando muy a gusto… Kagome-san es la mejor… —respondió de la misma forma la jovencita de ojos claros mientras se aferraba al cuerpo de su novio sonriendo complacida.
Inuyasha dejó de observar por un minuto la batalla visual que mantenía su mujer con Ryoko para observar a fijamente Keishii.
—Yo...yo le pedí que viniera a hacerme compañía...pa...papá... —tartamudeó una nerviosa Hanako.
—Es verdad, vine a ayudarle… además que es muy peligroso dejar a una mujer sola… na? so… so… soy su mejor amigo… te… tengo el deber de protegerla… —agregó tartamudeando Keishii bastante asustado por la reacción que tendría a posterior el hanyou.
Dándose cuenta de la situación, Kagome utilizó su mejor sonrisa. —Es mejor que vayamos a casa a terminar de ordenar las cosas… chicos… los invito a cenar… voy a preparar la comida preferida de mis bebés… — comentó mirando de reojo a la jovencita de cabellos castaños.
Inuyasha observó detenidamente a los muchachos. Mientras salían del templo Hanako y Keishii hicieron lo posible por mantenerse totalmente alejados el uno del otro. Una media sonrisa se formó en el rostro del hanyou, tenía bastante claro lo que pasaba entre su pequeñita y el hijo de Ranma y Akane. No le molestaba, los conocía a ambos y sabía que sería bastante fácil mantenerlos controlados...al menos hasta que él estuviese preparado para soportar otra boda.
Continuará
Notas de las autoras:
Creo que Inuyasha debería meditar en la frase que dice "en la confianza está el peligro" xp , aunque de todas formas creo que luego de la constante batalla que tuvo con Shigeru por Iza-chan terminó por acostumbrarse a que quiera o no algún día sus princesitas se irán de su lado y lo dejarán sólo con su amada Kagome. Hablando de Kagome ¡qué mujer más celosa! Con una suegra así...yo me llevaría a mi novio hasta el otro extremo del planeta solo para no soportarla xp.
Sobre la "amenaza" de Mamoru...(Shinichi no heredó esa cualidad de su papi xp, nuestra genética aleatoria lo decidió así xp) pobre Keishii... y no sólo por eso, sino por como los han interrumpido xp... cuando por fin se decide a darle un beso de verdad a Hanako... tsk llega Mamoru xp (comienzo a pensar que de aquí al final esta historia Keishii estará muy "nervioso" xp)
Esperamos que les haya gustado este episodio y que nos dejen sus comentarios ;)
Hasta la próxima semana (o hasta el Viernes para los que leen "Besos...")
Besos
Freya
Palabras en japonés
Kuso: Mierda
Oyasumi nasai: Buenas noches
Shimatta: Maldita sea, Maldición, demonios, rayos xp
Ne-Na: Pregunta que requiere siempre de una respuesta afirmativa, por ejemplo ¿no?... ¿Cierto? . Las chicas usan el ne y los chicos el na
Etto: interjección de duda ¿Eh?...¿Uhm?...¿Ah?
Koshii: Mi amor, amada.
Konnichiwa: Hola
Hai: Sí
Demo: Pero
Matte: Espera
¿Hontou ka¿De verdad?...¿En serio?
Onna: Mujer
Anata: significa tú, pero también es una forma cariñosa de llamar a tu pareja "querido"
Oyaji: Forma poco respetuosa de decir papá, pueden considerarlo como "viejo"
onii-chan: Hermanito
Arigato: Gracias
Oe: Hey , Oye
