Lectoras y lectores, quiero comentarles que me encuentro muy mal. Recien me acabo de enterar que subieron la traducción de Complete Me, y lamento mucho que pase eso porque, esa secuela explica el final de este fic. Para aquellos que no leyeron el Broken Pieces completo no lo van a entender, y no van a encontrar lo "magico" la "consistencia" de este fic.

Me da mucha bronca, pena, tristeza, impotencia, que pasé eso... Cuando me enteré me enoje, y ahroa estoy mal, hasta me puse a llorar... me hubiese gustado que leyeran primero este y vieran como es...

No se si es mi culpa por haber tardado tanto en actualizar... si es así, les pido miles de perdones... no era mi intención, prometo de ahora en más subir con más rapidez... Perdón.

Aunque ahora, creo que ni siquiera vale la pena seguir subiendo... ya que van a saber el final... lo lamento mucho, pero me siento tan mal...

Aunque así sea, confió de que haya alguna que no entiende Complete me, lea este fic. Les juro que van a ver el capitulo 24, el final de esta maravillosa historia por mi.

Solo por aquellos que puedan aguantar la curiosidad, voy a seguir subiendo. Pero les advierto, no vale de nada leer el final de una historia... se pierde la magia, se pierde todo. El argumento se va a la basura...

Muchas gracias por leer

O.o Kaoru-chan o.O


Capitulo 4: Imágenes de locura.

Dolor, confusión, tristeza

Las siento todas.

Las pesadillas me persiguen.

La sangre me abriga y cubre mi mente con su mancha.

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Kenshin saltó de su asiento al sonido del grito escalofriante, su mente caminando y su mano alcanzando su cintura, donde su espada usualmente cuelga. Encontrando ningún mango que agarrar y descubriéndose, perdidamente, atrapado en su ropa de vestir, Kenshin se relajó de su postura.

El apartamento estaba todavía en un tono oscuro Kenshin dedujo que sería las tres o cuatro de la madrugada. Miró a su alrededor, preguntándose si el grito había sido parte de su sueño.

Pero entonces otro grito emergió, quebrando el silencio.

Esta ves, era claro quien estaba gritando. Kenshin caminó hacia la puerta cerrada de su habitación y apoyó su oreja en el marco. Escuchando atentamente, una respiración errática.

¿Se había lastimado a si misma?

¿O estaba ella, como él, invadido de pesadillas?

Kenshin escuchó un repentino crujido en su colchón, señalando que probablemente ella se había sentado rápidamente en la cama. Concluyó que la chica había gritado en su sueño. Otro fuerte crujido. Se había levantado de la cama. Kenshin se preguntó que podría estar haciendo.

Entonces lo escuchó. Los suaves sollozos y su respiración ahogada. La chica estaba llorando.

Llorar significaba que estaba respirando.

Respirar significaba que estaba viva.

Estar viva significaba que realmente no tenía que abrir la puerta a investigar.

Justo cuando se retiraba de la puerta, un ahogado gemido alcanzó sus sensibles oídos. Kenshin suspiró, sus hombros bajos de resignación. Se hundió en el sueño y se sentó, piernas cruzadas con su espaldas apoyada en la puerta. Dejando su cabello escarlata caer hacia sus hombros, movió la cabeza un poco y cerró sus ojos. Racionalizando que esa posición cerca de la puerta le permitiría asegurarse que la chica no se lastime a si misma, se preparó para quedarse. No sería capaz de dormir de cualquier manera, con todos sus sollozos.

Kenshin resopló. Hace solamente unas pocas horas él había intentado matarla por las ordenes de su jefe. Ahora estaba sentado afuera de su cuarto para asegurarse que no se matara. Su vida era una olla de contratiempos irónicos.

Sabía que ella sería un problema.

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Kaoru estaba acurrucada en una esquina del suelo de la habitación, sus rodillas bajo su mentón y sus brazos envueltos a su alrededor. Peleó para controlar su respiración y las lágrimas que corrían como ríos sin control.

Kaoru se presionó a su misma, luchando para alejar la inundación de recuerdos.

La acumulación de cuerpos. El sentimiento de ser aplastada y perdida en una masa de crecientes cuerpos. Los terribles sonidos que las horribles criaturas hacían.

El experimento con ratas había sido solo unos pocos días antes y las imágenes estaban todavía molestando los sueños de Kaoru. Después de todas las observaciones que habían sido grabadas, Kaoru había pasado varias horas arrinconada en la esquina de su dormitorio, sus manos sobre sus orejas y sus ojos cerrados fuertemente. Aoshi había pasado una hora buscándola en el compuesto. Cuando finalmente la había encontrado, ella todavía estaba enroscada en la esquina. Había tomado otra hora para persuadirla salir de su escondite. Y aún cuando Aoshi había ayudado a Kaoru a pararse, sus ojos se habían precipitado nerviosamente y ella se movió con ansiedad. Finalmente, Megumi tuvo que llenarla de sedantes – los suficientes para mantenerla exhausta durante el día.

Al día siguiente, Kaoru llegó para las entrevistas del post-experimento con su usual entusiasmo y alegre actitud. Pero Megumi había notado sus sobresaltos en sus acciones. La observación había sido tal como se lo esperaba y los supervisores de Megumi habían estado muy interesados con ese hecho. Las reacciones iniciales del experimento de Kaoru no habían desaparecido simplemente. De hecho, ella todavía permanecía sobresaltada por un tiempo antes de volver a la normalidad.

Pero Megumi estuvo completamente en contra de repetir el experimento. Había discutido larga y duramente con su supervisor, reclamando que Kaoru necesitaba tiempo para recuperarse. Después de una larga y amarga discusión, el supervisor había finalmente cedido y permitido a Kaoru un día escolar y después simples entrevistas y pruebas en vez de repetir el experimento de las ratas.

Ambos, Aoshi y Megumi, habían estado aliviados. Kaoru, obviamente, había actuado alegremente.

Pero su ansiedad había sido notada.

Ahora, arropada en sus propios brazos en la oscuridad de un desconocido dormitorio, Kaoru estaba teniendo problemas en mantenerse alejada de la hiper-ventilación. El miedo que dejo su pesadilla estaba enviándole sus sentidos en la perdición. Peleó consigo misma, forcejeando para alejar las barreras de imágenes y memorias.

En su estado de extrema sensibilidad, escuchó el pequeño sonido de roce de tela contra la puerta de madera de la habitación. Su cabeza se movió con rapidez y miró a la puerta con miedo. Había algo afuera de la habitación.

Kaoru peleó por la racionalidad.

Entonces recordó. Afuera de la habitación estaba solamente el otro ocupante del apartamento. Era su atacante pelirrojo. Su corazón se sobresalto del miedo.

Pero él era humano,

Humano.

Kaoru removió sus lágrimas con el reverso de su mano y se reincorporó con dificultad. Concentrándose en el tenue brillo de luz viniendo de la grieta bajo la puerta, ella se movió lentamente.

Al menos era humano; razonó, tratando de no recordar la mirada de las personas que él había matado.

Con gran dificultad, Kaoru llegó a la puerta y alcanzó con una temblorosa mano tocar la superficie de madera con la punta de sus dedos. Respirando con dificultad, se arrodillo delante de la puerta, dejando que las puntas de sus dedos hicieran un viaje a través de la madera. Presionó su frente en contra de la puerta y escuchó.

Respirando. Despacio, pero respirando.

Kaoru inhaló despacio y después exhaló, tratando de igualar su respiración con la de él. Gradualmente, su pecho se detuvo con esfuerzo incontrolable y fue capaz de respirar a una paz normal. Kaoru volvió su espalda a la puerta incomoda y se sentó, descansando en la dura madera. Se concentró en exhalar e inhalar. Despacio, su mente se calmo y descansó su cabeza hacia atrás y se sumió en un ligero sueño.

Del otro lado, Kenshin se preguntaba que podía estar haciendo la chica. Escuchó sus débiles pasos hacia la puerta. Su errática respiración lo había agitado y había estado casi aliviado cuando escuchó recargarse contra la puerta entre ellos y se durmió.

Entonces, a las cuatro cincuenta y tres de la mañana, Kenshin y Kaoru cayeron dormidos espalda contra espalda separados solo por la puerta de madera de la habitación.

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Megumi se paró en la puerta de unos de las habitaciones del hospital, silenciosamente observando su paciente. Suspiró, moviendo su larga y oscuro cabello sobre uno de sus hombros.

Aoshi había sido llevado hacia la habitación, sangrando en cantidad de un corte en su muslo. El corte había sido profundo y el arma había apenas errado en cortar los tendones. Aun así, pasaría un buen tiempo antes de que Aoshi recuperara su habilidad a caminar. Megumi, como los superiores, habían estado confundidos por las heridas. Balas no podrían haber hecho el corte. Por la apariencia, una larga cortada de una hoja con filo había sido el arma usada. La única arma que coincidía con las heridas de Aoshi era la espada.

Megumi frunció su ceño con el mero pensamiento.

No dudaba que una espada haya hecho las heridas. Pero ella solo conocía a un hombre que podría haber usado una espada en contra de Aoshi de aquella manera. Había solo una persona.

Battousai.

El apodo le causaba un sentimiento de pánico situado en el comienzo de su estómago. Battousai era un hombre peligroso, conocido solo por los rumores el clandestino mundo de Kyoto. Megumi, a pesar de sus impecables servicios, era una muy buena conocedora de los acuerdos sucios de los criminales de Kyoto.

Su actual jefe la había reclutado antes de que la corte decida su sentencia. Le había ofrecido un trato: trabajar en un proyecto secreto y absolverse de cualquier crimen. Como la prisión no atraía a Megumi, aceptó.

Pero ahora, si Battousai estaba involucrado, eso quería decir que alguien más poderoso estaba detrás de Kaoru-chan. Y ese pensamiento asustaba a Megumi.

Camino hacia la cama donde Aoshi estaba todavía inconsciente y situó una mano sobre su frente caliente. Dibujando en un profundo respiró, Megumi quería que él se despertara pronto y trajera a su Kaoru de vuelta.

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Cuando algunos rayos de sol comenzaron a calentar la habitación, Kaoru despertó de una incomoda posición para dormir. Se deshizo de su posición al lado de la puerta y trató de limpiar sus lágrimas secas.

"¿Estas despierta?"

Kaoru se sobresaltó al sonido de la voz vibrando a través de la puerta. Entonces, inmediatamente, recordó el porque de ella había estado enroscada en la puerta. Se estremeció involuntariamente.

"Si," respondió dócilmente.

Kenshin estaba sentado con las piernas cruzadas, apoyado en contra de la puerta. Se reincorporó lentamente y comenzó a sacar la llave para abrir la puerta.

Kaoru lo escuchó abrir la puerta y se apresuró a pararse – al mismo tiempo que se daba cuenta que solamente estaba usando una remera. Mientras Kenshin estaba dando vuelta la manija de la puerta, Kaoru de repente la empujo con toda su fuerza.

"¡No!"

Kenshin se detuvo. "¿Qué?"

"yo estoy," Kaoru comenzó a tartamudear, su sonrojo crecía, "Yo todavía no... Todavía no estoy-"

Escuchó un largo suspiró de la otra habitación. "Ya has estado en mi guardarropas¿no es cierto?"

Kaoru asintió. Entonces recordó que uno no puede escuchar un movimiento en la cabeza. "Uh," dijo, de alguna manera avergonzada, "¿Si?"

"Entonces," vino la replica, "Solo consigue un par de pantalones o algo."

"¿Tuyos?" exclamó incrédula.

"No tienes que hacerlo si prefieres usar tu uniforme."

Kenshin dejo la puerta abierta y se volvió hacia la cocina. Él había estado despierto desde el primer rayo de luz y ya había cocinado un pequeño desayuno. Sin necesidad de decirlo, el asesino se sentía muy extraño – con proporcionándole comida a su blanco y todo lo demás. Lo confundía hasta el fin. Se sentía como un niñero y un guardia de prisión a la vez.

Levantó el teléfono y marcó. "¿Takasugi-san?" comenzó, "Es Himura. El trabajo necesita ropas y no tengo ninguna para ella."

Una réplica enojada llegó hacia su oído.

"No, no creo que sea muy temprano para llamar, señor," Himura replicó educadamente y después hizo una pausa, escuchando. "Si, señor. A la noche."

Dejó el teléfono en su lugar y se volvió hacía la cocina. Con una cuchara, comenzó a servir la sopa de miso en dos pequeños bowls.

Unos momentos después, Kaoru emergido despacio de la habitación vistiendo una remera negra que había tomado prestada la noche la anterior y un par de pantalones con cordones ajustables – lo único que había encontrado que pudiera quedarle. Con una pequeña sonrisa, reconoció que su asaltante encontraría el desorden que ella había dejado en su guardarropa.

Kenshin la miró mientras entraba al área de la sala de estar. "Buenos días" saludó civilizadamente, aunque sin ninguna sonrisa.

Kaoru alzó su mirada a él y a la cuchara. Se preguntó como se podía transformar de un ultimátum asesino a un ama de casa en un parpadeo. "Buenos días," replicó tentativamente.

"El desayuno esta casi listo," Kenshin dijo educadamente, aunque en un frío, e inexpresivo tono.

Kaoru asintió y encontró algo que observar. También, se sentía fuera de lugar. Usando las ropas de un asesino y siendo servida el desayuno por un asesino era algo que nunca había anticipado. Caminando hacia la repisa, observó las espadas.

Ellas eran, en pocas palabras, antiguas.

Pero había algo hermoso sobre las mortales armas, lo notó. Alcanzó un indeciso dedo y recorrió, a lo largo de la vaina de la más pequeña espada. De pronto, tuvo la urgencia de agarrarla y sostenerla en sus manos.

Kenshin se volvió para preguntar si querría un huevo, con el cucharón todavía en la mano, justo cuando ella alcanzaba a agarrar la espada.

"¡No!" su voz resonó fuertemente a través de la habitación.

Kaoru, sobresaltada, se volvió, su mano helada en su lugar. Kenshin estaba mirándola con una intensidad ferocidad.

"No la toques" ordenó enojado.

Kaoru retiró su mano rápidamente, observándolo. La pasión en sus ámbares ojos la abrumó. ¿Qué podría hacerlo tan protector sobre esas desagradables espadas? En ese momento, no deseaba saberlo.

Kenshin miró cuando ella retiró, lentamente, su mano de la espada, sin tocarla con un respiro, signo de alivio en su interior. Volvió otra vez a la olla de sopa, olvidándose completamente del huevo. Revolvió la olla con el cucharón un par de veces, esperando que sus hirvientes emociones se enfriaran. Nadie tenía permitido tocar sus espadas. Nadie. Nunca.

Esas espadas eran, solamente, su carga.

Cuando Kenshin se volvió con dos bowls en sus manos, su expresión nuevamente sin emociones, encontró a Kaoru todavía helada en su lugar. Caminó alrededor del bar y depositó los bowls al lado de la otra comida en la pequeña mesa de comedor.

Después se paró y esperó.

Y Kaoru continuó helada y observó.

Kenshin contó mentalmente hasta 10, preguntándose como podría hacer que la chica comiera. Finalmente, encogiéndose de hombros, se sentó y comenzó a comer. Ella podría comer después de que él se haya ido ya que todo lo que le importaba era que comiera. Kenshin comió lentamente y con dignidad, masticando cada trozo completamente antes de tragar.

Kaoru miró a su atacante comer, lentamente relajándose. Sabía, instintivamente, que la otra porción de comida era para ella, pero se negaba a comer con él. Entonces, sin ninguna otra fuente de acción más que la de mirar, lo observó comer lentamente. Kaoru estaba maravillada por sus refinadas y meticulosas modales que el asesino comía. También estaba maravillada por el simple hecho que el hombre comía sin siquiera una pizca de emoción, satisfacción o desagrado evidente en sus rasgos faciales. Él simplemente comía – como si fuese un mal necesario para vivir.

Cuando el último pedazo había sido comido, Kenshin se levantó y llevó sus platos hacia el lavadero. Caminó alrededor de la habitación, deteniéndose para mirar a Kaoru quien todavía estaba parada enfrente de la chimenea.

"Come," dijo simplemente.

Entonces, Kenshin caminó por el pasillo hacia el baño. Kaoru, por segunda vez, escuchó cerrarse la puerta del baño.

Inhalando profundamente, Kaoru caminó hacia la mesa y miró la comida. Un bowl de sopa de miso, un pequeño bowl de arroz y un plato de omelette fueron ordenados en la mesa. Kaoru pensó en la comida, con desden al ser ofrecida por un rudo asesino, pero su estómago gruñó fuertemente en protesta. Suspirando, Kaoru empujó la simple silla de madera y se sentó, cuidadosamente agarrando los palillos. Comenzó a comer, masticando la comida lentamente. Sorprendida por su buen sabor, su expresión se iluminó un poco – no habiendo comido desde la tarde anterior.

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Kenshin dejo el agua caliente fluir sobre él mientras estiraba los nudos de sus tensos músculos. Terminó una rápida ducha y salió del baño, todavía envuelto en sus ropas de dormir con su cabello mojado nuevamente. Caminó hacia el área del living y lanzó una mirada hacia la chica. Le daba la espalda a él, pero vio como se tensó y su mano se congeló en media mordida cuando lo sintió emerger. Ignorando eso, entró a su habitación y cerró la puerta. Kenshin arrojó sus ropas de dormir en la cama y se volvió a buscar en su armario, ropa.

Levantó una ceja viendo el lió de ropas derramadas en el piso y su armario hecho un desastre. Ignorando el desastre, tomó una remera negra sin inscripciones y unos jeans. Sin siquiera voltear hacia la espejo, corrió sus dedos en su cabello y se hizo una coleta alta. Hábilmente aseguro su lago cabello rojo con una banda elástica y luego sacudió la maraña de su largo cabello.

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Kaoru terminó su comida y se paró, levantando sus platos. Caminó vacilante alrededor del bar y hacia la cocina. Depositó sus platos en el fregadero y el agua comenzó a correr sobre ellos. Tomando una esponja jabonosa que reposaba al lado del fregadero, comenzó ligeramente a fregar los patos, corriendo agua caliente sobre ellos y depositándolos en el escurridor de platos a secar. Brevemente, con el agua corriendo sobre sus manos, miró hacia los platos del asesino. Sin mucho que pensar, también los levantó y comenzó a limpiarlos. Enjuagó sus manos y secándolas, se volvió con un suave suspiró.

Se volvió y se encontró con la intensa mirada de su captor. Igualó su mirada, olvidando la breve urgencia de explicarse. El hombre la miró.

Entonces, se volvió abruptamente y se sentó en el sillón de cuero que estaba enfrente de la chimenea. Depositó sus brazos sobre el apoya-brazos y observó por un instante las espadas. Dejando caer su cabeza un poco, cerró los ojos y se sentó silenciosamente. Kaoru se mantuvo en su lugar detrás del bar. Después de todo, la situación era confusa. ¿Cómo se supone que uno tiene que actuar alrededor del hombre que trato de matarla, pero ahora no estaba tratando de matarla pero tampoco la dejaría irse?

"No tienes que quedarte ahí todo el día," dijo el pelirrojo tranquilamente por debajo de las sombras de las espadas.

Insegura, Kaoru salió por detrás del bar y se acercó hacia el sillón frente a él. Se sentó en el asiento de cuero, haciendo un mueca a los sonidos que el material hacia. Ella observó al hombre que tenía sentado delante.

Él era un misterio para ella. Un frío, violento y mortal asesino un minuto, pasional ferocidad el siguiente, y finalmente uno tranquilo, sereno y serio. Pero siempre, pensó, un sentido de fría distancia lo rodeaba.

Kaoru estudio al asesino enfrente con curiosidad. Su cabello rojo estaba otra vez en una coleta alta pero sus flequillos todavía caían sobre su cara. Sus labios colocados en una dura línea y sus rasgos estaban rígidos. Por lo apretado que tenía su mandíbula y la inmovilidad de sus parpados, Kaoru supo que no estaba durmiendo. A pesar de que su suéter tejido negro era suelto, Kaoru podía sentir su fuerte, sus delgados músculos que reposaban adentro. Por la rígida posición de sus callosos dedos, podía ver la extrema tensión que apretaba su cuerpo.

Kaoru suspiró, segura de un largo día lleno de silencio incomodo. Se inclinó hacia atrás en su asiento elegido debajo de las espadas y observó el techo.

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"Takani-san" un voz profunda resonó en la habitación.

Megumi miró rápidamente desde su asiento al lado de la cama de Aoshi. Su jefe estaba parado en la puerta. Se reincorporó.

"Todavía durmiendo¿no es así?" el alto y oscuro hombre pregunto, "¿Cuándo esperas que se levante?"

Megumi sacudió la cabeza lentamente. "No hasta otro día o dos," respondió en voz baja, "Y aunque sea así, no será capaz de pelear"

El hombre grande suspiró. "Ah chico inútil," se quejó, "Recibiendo una patada en su trasero tan rápido."

Megumi frunció el ceño a su jefe. "Fue Battousai," defendió.

"Bueno, eso es obvio," la alta figura respondió, "¿Y que?"

Megumi lo miró rudamente.

"¿Que?" el hombre dijo con una retorcida sonrisa, "¿Ninguna esperanza en nuestro ninja?"

"¡Battousai es un demonio! Es un milagro que Aoshi esté en una pieza. Si Kaoru no lo hubiese escondido-"

Fue interrumpida por una profunda sonrisa. "Ah," gruñó "Nuestra mapache hizo algo interesante¿no es cierto?"

Megumi suspiró. Obviamente la conversación no iría a ningún lado.

"En cualquier caso," reportó, "Aoshi estará fuera de acción, al menos, por una semana."

Su jefe recorrió con sus dedos a través de su largo pelo hasta su mentón. "Estúpido chiquillo" comentó secamente.

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"Takasugi Shinsaku," la secretaría anunció al teléfono, "en la línea uno para usted señor"

"¿Shinsaku?"

"Señor, Battousai tiene al proyecto en su apartamento"

¿Y?

"Quiere ropas para ella"

"Llévale"

"¿Señor?"

"Si, Shinsaku?"

"¿Esta seguro de que este es el mejor arreglo? Podríamos solo mantenerla en una de nuestras casas de seguridad."

"Hay razones para este arreglo, Shinsaku"

"Si, señor"

"Repórtame las condiciones del proyecto esta noche. Y llévale ordenes a Himura cuando hagas tu visita"

"Entendido"

"Entonces¿Deberíamos probarlo un poco esta noche?"

"Si, Katsura-san"

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Era cerca de las nueve de la noche cuando un seco golpe interrumpió el silencio del apartamento de Kenshin.

Lentamente, Kenshin se levantó de su asiento y caminó a través de la habitación hacia la entrada. Kaoru se quito el medio sueño de sus ojos y peinó sus ojos con el reverso de su mano. Kenshin abrió la puerta y un alto, larguirucho hombre entro sin apuros. El hombre tenía corto y no muy abundante pelo y una generosa porción de barba en su mentón. Obviamente un hombre que se acostaba tarde.

"Entonces," Takasugi dijo agradablemente, alargando las palabras, mirando a Kaoru, "¿Esta es la chica que trajiste a casa la ayer a la noche?"

Kaoru se puso roja y Kenshin comenzó a protestar.

Takasugi lanzó una risotada y caminó hacia Kaoru, sosteniendo una bolsa de shopping plástica. Se paró por encima de su sentada forma y golpeó suavemente su cabeza con la punta de la bolsa rosa. Kaoru se alejó de él, sus ojos precavidos y hostiles. Takasugi simplemente río.

"No seas tan fría, pequeña señorita" río con placer, "Yo soy el hombre que salvó tu lindo trasero. Sep, me debes la vida a mí"

Kaoru lo miró enojada. "No me hables tan familiarmente" siseó.

El hombre dejo el bolso rosa de plástico en su regazo con una risa. Luego se sentó en el largo sofá de cuero.

"Como una fiera¿no parece?" dijo con una tonta sonrisa, "¿Disfrutando Himura-kun?"

Kenshin levantó una ceja impasible.

Kaoru, mientras tanto, comenzó a sacar algunas de las ropas. Una diminuta remera sin mangas rosa, una pollera muy corta de jean, un top negro. Ella miró dentro de la bolsa incrédula.

"¡No puedo usar esto!"

Takasugi rió. "Bueno, ese es un problema. Esas son las ropas que tienes, querida. Úsalas bien – a menos que quieras usar tu uniforme del colegio. Claro," dijo Takasugi, su dedo rascando su regordete montón, pensativamente, "Eso tampoco sería tan malo." Rió fuertemente y después dijo, "¡Vamos, esas son las ropas de mi hermanita!"

Kaoru miró al hombre después buscar la ropa y entrecerró sus ojos. "¿Es tu hermana una prostituta?"

Takasugi colocó su dedo en su mentón y la miró con una sonrisa. "De echo, si. Lo es"

Kaoru agarró la bolsa y se levantó, lanzándole a Takasugi una mirada de repugnancia. Marchó hacia el baño y cerró la puerta de un golpazo.

"Como dije," Takasugi comentó, en su voz entrando un tono serio, "Como una fiera" Se volvió hacia Kenshin quien hacía su camino hacia el sillón. "¿Cómo te estas llevando con ella en el tu apartamento?"

"Llévala a una casa de seguridad," vino la glacial réplica de Kenshin.

"Katsura-san la quiere aquí."

Kenshin suspiró. "Como desee"

"De cualquier manera," Takasugi continuó, sacando un pequeño sobre negro de su bolsillo trasero y alcanzándoselo a Kenshin, "Esto es para ti. Encárgate de ello esta noche"

Kenshin agarró el sobre hábilmente y lo guardo en su boldillo. "¿Otra asignación tan pronto?"

Takasugi encogió los hombros.

"Pero¿Qué voy a hacer con ella?"

"Solo encierra aquí. Los gerentes del edificio se harán cargo que ella no se vaya.

"Bien"

"Oh," Takasugi remarcó casualmente, "Invité a algunos de nuestros colegas a un trago. Deberían estar tirando la puerta abajo en cualquier momento."

"Bien."

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Kaoru giró las canillas del grifo, cortando el flujo del agua que llenaba la bañadera. Después de encerrarse en el baño enojada, Kaoru se había preguntado la medida del baño. Era casi tan grande como la cocina. Había una ducha separada y una gran bañera y un lavado y un cuarto separado con un retrete. Muchas gruesas toallas colgadas de varios tubos de toallas, alrededor de un espacioso baño, cubierto de baldosas. Kaoru se encogió de hombros: todo lo mejor para su baño.

Lentamente se desvistió, dejando que las ropas del asesino cayeran en las baldosas del suelo. Sacó la bata de seda rosa pálido de la bolsa de plástico y la colgó de la percha cerca de la tina. Gentilmente comenzó a aliviarse dentro de la maravillosa agua caliente. Sumergiéndose hasta su mentón, dejó sus músculos se relajaran y respirando calmadamente. Perezosamente, Kaoru levantó sus empapados miembros uno por uno, gozando el sentimiento del líquido sedoso que recorría su piel desnuda.

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Justo como Takasugi lo había predicho, hombre comenzaron a llegar al apartamento de Kenshin. Cada vez, un nuevo estridente hombre llegaba, Kenshin abría la puerta educadamente, dejándolos entrar, y cerraba la puerta otra vez. Justo cuando Kaoru estaba empezando a dormirse en el baño, cerca de diez hombres llenaron el apartamento.

Algunos de los hombres eran grandes y corpulentos; otros eran delgados y con forma de serpientes; y había otros que eran altos y medio musculosos. Algunos hombres estaban en el bar, tomando en sorbos o haciendo fondo blanco con el licor de Kenshin. Los otros estaban esparcidos en varias posiciones en los sofás de cuero, riendo y bromeando fuertemente. Kenshin se sentó en silencio, escuchando, en su sillón, su cara traicionando ninguna emoción.

Kaoru, por otro lado, había sido sacudida de su ligero sueño por unos escandalosos ruidosos. Irritada, se reincorporó de la tina y se sentó en el agua que poco a poco comenzaba a enfriarse. Mechones de su largo cabello negro se aferraban a su espalda y a sus pechos. Se mojó la cara y decidió que su pequeño respiro de realidad había terminado. El agua recorrido su desnuda pierna y dio un paso para salir de la tina delicadamente.

Olvidándose sacar el tapón de la tina, se arropó con la bata rosa de seda alrededor de ella y lo aseguró firmemente a su cintura. Avanzó hacia el piso donde los espejos llegaban hasta el suelo y se miró. Se sacó la coleta de su largo cabello y dejó que su pelo cayese. Su cabello cayó hacia el centro de su espalda, negro y mojado. Se peinó el flequillo, arreglándolos, y deseo un cepillo.

Kenshin agarró la bolsa de plástico rosa que llevaba las ropas indecentes y abrió la puerta. Empujó la puerta un poco más y el ruido de los alborotados hombres la saludó. Esperando algo desagradable, caminó silenciosamente por el pasillo.

Abucheos y silbidos explotaron de los hombres de pronto. Takasugi y Kenshin se voltearon para ver a la chica emerger del pasillo oscuro, su largo cabello negro cayendo por su espalda y su cuerpo a penas ocultado por una pequeña bata rosa. Ella se paró, los pies separados y su mentón levantado, y miró a cada uno de los hombres desafiante. Kenshin paró de suspirar. Ese mimo desafió rápidamente gano otra ronda de fuertes abucheos y gritos obscenos de sus colegas. La chica encabezó hacia la habitación y dio un portazo detrás de si.

"¡Himura¿Qué hay con la pollita?"

"¿Finalmente estas indagando en algunos placeres?"

"Y una estudiante de secundaria después de todo!"

Kenshin les dio a los hombres una mirada oscura y ellos instintivamente dieron un paso atrás,

"No es particularmente sabio probar a Battousai sobre algo tan delicado," Takasugi rió.

"si," un musculoso hombre con largo cabello atado de la misma forma que Kenshin comentó, "Pero ella es todo el placer¿no es cierto?"

Kenshin resistió el impulso de rodar sus ojos y, en cambio, miró al hombre. "No es mi prostituta"

"¿De quien es, entonces?"

"Genji-san" dijo Kenshin antipáticamente, "¿No puedes ser nunca serio?"

El hombre llamado Genji rió, frotando los músculos de sus brazos y empujando aún más hacia arriba las mangas de su apretada remera blanca. "¿No puedes apreciar a una hermosa mujer, Himura-kun?"

Kenshin arqueó una ceja. "¿Quieres decir adolescente?"

"Mucho mejor," dijo Genji arrastrando las palabras. Un malicioso resplandor en sus ojos, "Es mucho más divertido cuando son jóvenes y tiernas."

Kenshin se alejó, dejando ver un poco de su disgusto en su esculpida facción. Genji solo rió, golpeando sus azules jeans ajustados. Takasugi miró la interacción con una ligera sonrisa en su cara. Los dos hacían el mismo trabajo para su jefe y aún así eran totalmente diferentes. Genji era emocionalmente incontrolable, usualmente usando su fuerza para tomar cualquier cosa que quisiese. Kenshin era frío y siempre distante. La interacción entre los dos había sido fácil de predecir.

"bueno" Genji rió mientras se paraba, "Necesito un trago"

Kenshin ni siquiera dio por reconocerlo. En cambio se volvió hacia Takasugi. "¿Por qué lo invitaste?"

Takasugi se encogió de hombros y sonrió abiertamente.

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Kaoru había encontrado un cepillo. Se sentó sobre la cama y lentamente comenzó a peinarse, tratando de ignorar el ruido de afuera. Depositando el cepillo abajo, movió la cabeza a ambos lados y se encogió de hombros un par de veces, tratando de disipar la tensión que había construido rápidamente sus músculos.

De pronto se sobresalto y miró.

La puerta se abrió silenciosamente y una alta figura dio un paso adentrándose a la habitación rápidamente, cerrando la puerta detrás de él. Kaoru se paró en guardia, repentinamente muy nerviosa.

"Hola," el extraño la saludó gentilmente, "¿Cómo estas?"

Kaoru miró fijamente las dagas del hombre, rápidamente midiendo al hombre.

"Soy Genji, " el hombre dijo dulcemente, avanzando una paso adelante, "¿Y vos sos?"

Kaoru se mantuvo en silencio, buscando mentalmente en la habitación un arma. Genji era alto, un hombre musculoso usando una remera blanca ajustada y unos jeans azules. Su largo cabello estaba amarrado en una coleta alta. Continuó mirando al hombre, retrocediendo lentamente cuando él avanzaba un paso hacia ella.

"Entonces," Genji gruñó, el tono dulce saliendo de su voz profunda, "No vas a ser fácil¿no es así?" entonces, sonrió, mandando un escalofrío por toda la espalda de Kaoru. "Más diversión para mi"

Ni un momento antes, Kaoru se movió rápidamente del camino cuando Genji saltó a atacarla. Corrió poniendo la cama entre ellos.

"Cariño," Genji intento persuadir a Kaoru con falsa dulzura, "No te hagas la difícil"

Sin darle alguna oportunidad a reaccionar, saltó sobre la cama y la agarró. Kaoru evadió sus brazos pero él la agarró desde el borde de su bata. Apretó los dientes y lanzó feroz ataque a su cabeza, mientras intentaba mantener su bata cerrada. Genji se movió fuera del camino pero perdió el agarre de su ropa.

"Pequeña perra," gruñó enojado, "No voy a hacerlo fácil para ti ahora."

Con su cara retorcida en una malévola expresión, saltó hacia ella repentinamente y la empujó contra la pared, sus grandes manos sobre sus hombros. Kaoru golpeó la pared con fuerza y su cabeza se golpeó dolorosamente. Intentó un rodillazo en la ingle pero él anticipó el movimiento y empujó su cuerpo contra el suyo rudamente, previniendo cualquier cosa menos una pisada en los pies – cosa que, por supuesto, ella hizo en venganza.

Genji maldijo y puso una de sus manos en su cuello. Empujó su cuello con dureza y ella forcejeó enojada mientras el bajaba su cara a la de ella.

"Ahora," murmuró cruelmente, su caliente respiración sobre su cara, "No seas impaciente. Lo tendrás – no te preocupes."

Kaoru sintió crecer su enojo en su garganta aún cuando luchaba por aire. Su agarre en su garganta la apretaba dolorosamente y puntos comenzaron a danzar ante sus ojos. Aún así, estaba dolorosamente consciente que su mano había dejado su hombre y había comenzado a serpentearse entre el pliegue de su bata.

Su mente gritaba pero su cuerpo no podía hacerlo. Sintió que la desesperación tomaba control.

Tendría que hacerlo.

No había otra opción.

Kaoru forcejeó para levantar su brazo. Desde que Genji sabía que ella no podría, ahora, poner fuerza en cualquier tipo de ataque, él la ignoró mientras ella alcanzaba su cara con la punta de sus dedos.

Kaoru inhaló profundamente, preparándose.

No tenía opción.

Él iba a...

Alentándose a si misma, cerró sus ojos con fuerza.

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De pronto un desgarradores y salvajes gritos interrumpieron toda bebida, risa, pensamiento. Todos los ojos estaban en la puerta de la habitación. Algunos rieron a sabiendas, viendo que Genji había 'desaparecido'. Los gritos continuaron – ganando intensidad y volumen.

Kenshin saltó sobre sus pies y caminó hacia la habitación con rapidez. Abrió la puerta de golpe y Takasugi espiaba sobre su hombro dentro del la semi-oscura habitación.

Lo que vieron los sorprendió.

Kaoru estaba agachada sobre el piso en el centro de la habitación, aullando sangriento asesino y tirando su largo cabello. Un salvaje, y loca mirada había en sus vidriosos ojos.

Genji estaba estampado contra la pared; ligeramente pálido y tenía una de sus manos en su cabeza, como si fuera de dolor. Miró hacia Kenshin y Takasugi.

"¿Qué demonios?"

Kenshin lo observó fríamente. Takasugi levantó una ceja. Después los tres se volvieron a Kaoru.

"¿Qué demonios tiene ese chica?" Genji preguntó, molestia y desconcierto en su voz, "Hazla cerrar la maldita boca! Tengo un maldito dolor de cabeza."

Genji fue ignorado. Kenshin avanzó un paso hacia Kaoru quien no paraba de chillar locamente.

Kaoru se levantó sobre sus pies pero se mantuvo inclinada, con ojos salvajes. Tiraba de su cabello locamente y lágrimas comenzaron a bajar por su cara.

La sangre. Sentía la sangre llenarla, cubrirla, ahogarla. Escuchó los gritos, las súplicas, el dolor. Llevó sus manos hacia su garganta y después hacía su pecho, como si algo la estuviera comiendo. Sentía el mal dentro de ella. La arañaba en sus adentros, provocándola con imágenes de hombres muertos, llorosas chicas. Tembló ante las sensaciones que se arrastraban por debajo de su piel – dolor causado por sus manos, miedo a su presencia y a la sangre. Oh el hedor de la sangre la estaba volviendo loca!

Kenshin avanzó lentamente, como uno se acercaría a un animal acorralado.

Kaoru lo miró a través de su salvaje, y angustiados ojos.

"Battousai," gruñó amenazadoramente, "Aléjate, Battousai"

Kenshin se detuvo abruptamente, sorpresa escrita en su cara. ¿Cómo lo había sabido? Por su conocimiento, ella nunca había sido conocedora de su sobrenombre.

Kaoru lo miró enojada, sus ojos cansados y rodando hacia atrás su cabeza. Comenzó a gritar de nuevo y a tirarse del cabello violentamente. Kenshin hizo lo único que podía pensar. Marchó hacia ella tan rápido como pudo, alzó la mano y la abofeteó.

La mano de Kaoru fue a su mejilla caliente automáticamente y se encogió contra la pared, alejada de él. El agudo dolor de su mano callosa contra su cara la impresionó a un silencio temeroso.

"Bueno, eso fue interesante," Takasugi comentó, cepillando su mentón con sus dedos.

"No creo que haya terminado todavía," Kenshin replicó, mirando a Kaoru gimotear, lágrimas todavía corriendo por su cara y sus ojos vidriosos y perdidos.

"¿Quien mierda es esa chica, maldición?" Genji demandó enojado.

Kenshin y Takasugi se volvieron a mirar a Genji, Kenshin frunció el ceño, confundido.

"¿Qué demonios?"