Serie de drabbles navideños de nuestras parejas preferidas para animar las fiestas. Disfruten. ;)

Disclaimer: Ni Frozen, ni Tangled, ni ninguno de los personajes que vayan a hacer aparición me pertenecen, aunque no me molestaría que Santa me dejase a alguno debajo del árbol.


Nieve


X

Hans volvió a hundir la pala con fuerza entre la nieve y retiró otro montículo enorme de la puerta del garaje, sintiendo un leve dolor en los brazos. Era fuerte y sus músculos estaban lo suficientemente marcados bajo el grueso jersey de lana y la parca, pero aquel trabajo resultaba simplemente excesivo.

Como odiaba el invierno.

¡PLAF!

Algo helado se estrelló en su nuca y resbaló por su cuello y la gorra del anorak. Una risa melodiosa resonó a sus espaldas y el pelirrojo se volvió, temblando y con ojos furiosos.

—¡Maldición, Elsa! ¡¿Cuál es tu jodido problema?!

Elsa volvió a reír con ganas, sus mejillas de porcelana adoptando un rubor que en otras circunstancias, habría aceptado que era adorable.

—Lo siento, pero te ves muy gracioso cuando te enfadas —la muchacha colocó sus manos, enfundadas en pequeños guantes azules tras su espalda y le sonrió con expresión inocente—. No me pude resistir.

—Madura ya, ¿quieres? —le espetó Hans, antes de sacudirse la nieve del pelo y volver a darle la espalda, refunfuñando— Detesto esta época del año.

—Eres el único desadaptado al que no le gusta el invierno.

—¿Y por qué no? Cada año, todos se ponen a cantar esa mierda de villancicos y a decorar como si compitieran por ver quien tiene la casa más vulgar —afirmó él con desdén—. Luego mis estúpidos hermanos me hacen limpiar solo toda esta nieve. Y ahora para colmo, llegas tú a fastidiarme con tus jueguecitos —la barrió de arriba abajo por sobre el hombro, con sus pupilas de jade—, ¿acaso tienes cinco años?

—¿Y tú? ¿Tienes ochenta? —Elsa arqueó una de sus delicadas cejas, viéndolo rodar los ojos con hastío— ¡Relájate, principito!

—¡No me llames así! No soy ningún principito… mujerzuela de la nieve —farfulló Hans.

—Imbécil.

—Zorra.

Otro proyectil nevado fue a parar directo al trasero del pelirrojo.

—¡Bueno, ya basta! En serio, Elsa, ¡voy a ir ahí! —la amenazó él mientras ella reía de manera maliciosa, llevándose una mano a los labios, con la gracia de una reina.

—No es mi culpa que estés tan amargado por tus hermanos que no puedas soportar un poco de nieve.

Hans la fulminó con los ojos y entonces, una pérfida sonrisa se dibujó en una de las comisuras de sus labios. Si la princesita quería jugar, jugarían.

—Tú lo pediste, chiquilla.

Soltó la pala y tomó entre sus manos un grueso montículo de nevisca, que fue pasó rozando el hombro de Elsa, ahora visiblemente sorprendida.

Su risa se volvió a escuchar, cristalina e interrumpida de tanto en tanto por alguna que otra exclamación. Las bolas de nieve yendo y viniendo. Las amenazas en broma y las persecuciones. Sorprendentemente, Hans se descubrió a sí mismo pasándolo bien. De repente habían dejado de ser los rivales de siempre para convertirse en dos niños que jugaban como la primera vez que habían visto nevar.

Quizá el invierno no era tan malo después de todo.

XI

—¿Y si hacemos un muñecoooooooo? —Anna cantó estruendosamente la tonta canción con la que siempre solía enfadar a su hermana, mientras le daba los últimos toques a Olaf, el enorme muñeco de nieve que había conseguido armar en el jardín.

Sabía que era una manera estúpida de divertirse, pero ¿qué más daba? La casa de la izquierda estaba desocupada y la de la derecha solo la ocupaba ese anciano señor Weselton, el cual ya estaba medio sordo. Y no era como si los vecinos de enfrente fueran a burlarse, después de todo lo que hacían sus hijos.

En resumen, la vida era buena con diversiones tontas y geniales como aquella.

Cogió la zanahoria que acababa de robar del cajón de las verduras y la puso en medio de las dos piedrecitas que formaban los ojos del muñeco.

—¡Ya está! —exclamó, poniéndose las manos en la cintura.

Una risa masculina a sus espaldas la sobresaltó.

Se dio la vuelta. Allí estaba el rubio compañero de clases de su hermana, el que siempre le sonreía cada vez que iba a hacer sus tareas a casa y una vez, incluso le había obsequiado un par de chocolates. Desde entonces no paraba de pensar en él.

Anna se quedó lívida.

—Hola —saludó el muchacho, con una sonrisa burlona.

—Oh… je je je… hola —musitó, moviendo una mano tímidamente y sintiendo que las mejillas se le ponían del mismo color que su cabello.

—¿No está tu hermana? —preguntó Kristoff— Le traje sus apuntes de física.

—Oh… eh… ¡fue a molestar al vecino de la otra cuadra! —respondió ella sin pensar, haciendo que él arqueara una ceja— Espera… no… ¿qué?

Kristoff volvió a reír.

—Ustedes dos se ponen muy locas apenas llega el invierno, ¿eh? —comentó, permitiéndose abrir la verja y pasar al nevado jardín, donde apreció mejor a Olaf.

Anna tuvo ganas de cubrirse la cara de vergüenza.

—No está mal, pero le falta algo ¿no?

—Ah… eh… esto es algo que hice para los vecinos y… eh… je je je… —Anna balbuceó.

El blondo no le prestó atención. Dejó el morral que cargaba en el suelo y se quitó la gruesa bufanda que portaba para colocársela al hombre de nieve.

—¡Kristoff, no! ¡Te vas a enfermar!

—Nah, está bien. Mamá me hace ponerme esa cosa cada vez que salgo de casa, pero creo que se le ve mejor a este amigo —le dio una palmada al muñeco.

—Se llama Olaf, ¡le gustan los abrazos! —Anna inmediatamente quiso abofetearse a sí misma por soltar esa estupidez.

Cuando estaba junto al joven, no pensaba. Literalmente.

—Bueno, Olaf y yo tenemos eso en común —dijo Kristoff, mirándola con ojos brillantes.

Anna sonrió y le rodeó el torso con los brazos cuando él se inclinó para envolverla con los suyos.

XII

—¿Estás lista, preciosa? —Eugene aferró el trineo que había cargado calle arriba.

La pendiente estaba inclinada y no había un solo coche circulando a causa de la nieve, por lo que aquel era el lugar ideal para montar en trineo. Era sorprendente que ningún niño estuviera allí.

"Demasiado ocupados con sus videojuegos, supongo", pensó para sí mismo.

—¡Estoy lista, Eugene! ¡Hagámoslo! —la voz entusiasmada de Rapunzel lo devolvió a la realidad y le hizo asentir con la cabeza, para enseguida tomar impulso y alcanzar a meterse en el trineo, que descendió a toda velocidad.

El grito lleno de adrenalina que soltó la muchacha hizo latir con fuerza a su corazón.

En menos de un minuto habían llegado hasta la base de la pendiente, donde el trineo se incrustó con fuerza en un banco de nieve haciendo que salieran disparados hacia afuera.

—¡Ough! —Eugene dio un alarido al caer sobre el suelo nevado y sentir algo helado por todo su rostro. Al menos no había ido a darse con la acera o el tubo de escape de algún coche.

Entumido, se incorporó lo mejor que pudo y se sacó la nevisca del rostro.

—¡Rapunzel! —alarmado, se puso de pie y corrió hasta la chica, que yacía tendida boca abajo en medio de la calle.

Rápidamente la tomó por los hombros para darle la vuelta e incorporarla, respirando aliviado cuando la escuchó reír.

—¡Ja ja ja ja ja ja! —Rapunzel permitió que la sentara en el piso y se quitó el gorrito de lana morado que llevaba en la cabeza, sacudiéndolo de nieve. Las alborotadas puntas de su corto pelo castaño, también estaban húmedas y frías, pero el rubor de su cara y su buen humor indicaban que no se había hecho daño.

No podía dejar de reír.

—¿Estás bien? ¿Te duele algo? —Eugene la revisó con la mirada, intentando encontrar algún rasguño o magulladura.

—Estoy bien —lo tranquilizó ella—, ¡eso fue increíble! No me había divertido tanto desde que Anna y yo intentamos patinar sobre hielo. Nos caímos tratando de imitar a su hermana.

—Nadie puede ganarle a Elsa sobre el hielo, florecita —Eugene la tomó de las manos y la ayudó a ponerse en pie—, ni siquiera yo. Y mira que soy bueno, ¿eh? —la morena levantó una ceja— Ok, soy muy malo —admitió, soltándole una mano para llevársela a la nuca—, pero en trineo no nos ha ido tan mal, ¿verdad?

—¡Vamos a hacerlo de nuevo!

—Ah… eh… —Eugene dudó. De haber sabido que la colina estaba tan empinada, tal vez no habría sugerido probar el trineo en primer lugar.

No quería darse otro golpe en su precioso cuerpo, ¡qué tal si esta vez le tocaba en el rostro!

Rapunzel le dio una mirada suplicante con sus ojos verdes y supo que estaba perdido.

—Vamos —le sonrió, tomando de nuevo el trineo y dirigiéndose calle arriba.

Cualquier cosa por ella.


Nota de autor:

¡Por fin pude leer sus reviews! Odio cuando Fanfiction se pone sus moños. xD

¿Cómo están hoy? :D Yo con más dulzura Helsa y agregados, ya saben como me gusta consentirlos. Y en esta ocasión, tuvimos tres bellos encuentros en la nieve, ¿verdad que son increíbles las parejitas?

VoodooHappy: Presentía que eras tú. xD Jajajaja, te pasas con Anna, mujer, no es la más brillante pero al menos... ¡al menos lo intenta! x3 Y sí, yo creo que todas por aquí fantaseamos con besar a Hans, tan malo y sexy. 7u7 Lo sé, el fandom ha andado súper vacío, pero aún sigue estando en el Top 10 de la página, así que hay esperanzas. :D Sí, yo también creo que después de que se estrene la segunda parte va a estar a full. Probablemente también de shippers Helsa despechadas que quieran encerrarse en su burbuja de nuevo, like me, jajajaja. No, yo no creo que hagan gay a Elsa, Disney todavía no puede arriesgarse tanto. No es que tenga nada en contra de una princesa lesbiana, de hecho pienso que sería fantástico, solo no quiero que sea ella, sería muy forzado. D: Me halaga todo tu cariño, jajaja, aún tengo ideas Helsa así que don't worry for now. ;) Tomaré en cuenta tu sugerencia. Por cierto, soy de México, ¡la maravillosa tierra de los tacos! Tú eres de Chile, ¿no?

¡Nos leemos mañana! :3