Magnus y Catarina, junto con los que participaron en aquella reunión, llegaron al Gard a través de un portal que siempre permanecía abierto (para emergencias) pero no había nadie al otro lado aunque se oían gritos lejanos.

Merda!- exclamó el director del Instituto italiano mientras salía corriendo hacía allí. Todos los demás le siguieron.

Cuando llegaron todo eran gritos, caos y confusión: estaban siendo atacados. Los niños y todos aquellos que no eran capaces de luchar fueron mandados al Salón de los acuerdos (se hacía solo por precaución ya que las salvaguardas impedían el paso a los enemigos) y varios guerreros estaban saliendo fuera de la protección del campo energético en busca de los que se encontraban fuera, volviendo minutos después con los heridos. Por unos momentos los recién llegados se quedaron paralizados asimilando lo que estaba pasando. La primera en reaccionar fue Catarina que fue de inmediato al hospital donde estaban llevando a los heridos, al verla todo el mundo empezó a girarse esperanzado hacia ellos: Magnus Bane estaba allí. Pero él no se dio cuenta de nada, ni de que lo miraban ni de los comentarios de la gente, simplemente buscaba a su alrededor a una sola persona que no veía por ninguna parte. Una cosa pequeña y pelirroja abrazándole hizo que cesara en su búsqueda.

-Has venido. Sabía que lo harías- Clary se limpiaba las lágrimas de los ojos, pero Magnus ni si quiera la escuchó.

-¿Dónde está? Alec ¿Dónde está?- como respuesta la chica se encogió de hombros.

-Se fue de ruta con el grupo 2. Jace estaba con ellos. Todavía no han vuelto-.

El brujo notó como el corazón se le aceleraba y las piernas le empezaban a temblar. Miró de nuevo hacia las salvaguardas pero nadie las cruzaba, hacía más de dos minutos que nadie lo había hecho y Alexander seguía sin aparecer. Guiado por la pequeña nefilim que lo tenía cogido de la mano empezó a caminar inconscientemente dirección a las salvaguardas. Todo el mundo se apartaba a su paso. De repente notó un fuerte tirón en el brazo y la mano de Clary se le deslizó de los dedos. La chica empezó a correr hacia un grupo que acababa de cruzar las defensas y se tiró sobre un esbelto rubio, Jace. La respiración se le aceleró al ver quien entró tras él: era su ex llevando en brazos a una chica hada inconsciente, la tumbó delicadamente en el suelo y empezó hacerle la rebilitación cardiovascular pero la chica no volvía en si. Alec empezó a pedir ayuda y no entendía porque nadie acudía, pero no tardó mucho en saber el por que: cuando separó sus labios de los de la chica después de practicarle el boca a boca notó como unas fuertes, grandes y enjoyadas manos morenas se posaban en sus hombros separándolo de la hada "No te preocupes, yo lo arreglo". De inmediato supo quién era, jamás podría confundir esa voz. Levantó la vista y se encontró con unas doradas pupilas de gato. Se quedó completamente en shock, Magnus estaba allí. Desde que rompieron y el brujo se fue dejándolo solo en mitad de la noche había deseado día sí y otro también poder volver a verle y ahora que lo tenía allí no podía reaccionar. El subterráneo se dio cuenta de la reacción que había ocasionado en el joven y no pudo evitar acariciar ese rostro que tanto añoraba curando arañazos a su paso.

-Alec, pequeñín ¿Estás bien?-

Pero éste no pudo contestar: unos fuertes brazos lo cogieron por el pecho y tiraron de él hacía atrás haciendo que se apoyara en el cuerpo de un chico rubio que enterró su cabeza en el cuello del cazador de sombras. Al principio, Bane pensó que era su parabatai pero cuando esté levantó la cabeza para besar protectoramente el sedoso pelo azabache de su ex, se dio cuenta de que no era Jace. Notó como una ráfaga de ira recorría todo su cuerpo ¿Quién era ese y que clase de confianza tenía con Alec?

-Por el Ángel ¿Estas bien? ¿Dónde te habías metido? ¿Por qué no has salido con los demás?-

Pero el mayor de los Lightwood ni le contestó, seguía hipnotizado mirando a Magnus.

-¡Todavía queda gente en el otro lado!- advirtió un vampiro.- Arquero te necesitamos- dirigiéndose a Alec y ayudándole a levantar para ir al rescate de los que faltaban por cruzar. Evidentemente Víctor fue tras ellos.

A Magnus le bastó tan solo un minuto para que el hada recuperara la consciencia. Con grandes muestra de respeto, importantes miembros de la Clave al igual que los líderes de las diferentes especies del submundo, fueron a darle la bienvenida.

-Esto le pertenece-. El que hasta el momento había hecho el papel de líder de los brujos le alargó la llave de la casa reservada exclusivamente para aquel que desempañaba esa función.

-Es un honor que nos obsequie con su presencia señor Bane- le dijo un estirado nefilim mientras le estrechaba la mano.

-Lo mismo digo- añadió Robert Lightwood. Que mal le caía ese hombre, intentando siempre aparentar con ese aire chulesco y prepotente. Cuando se destapó su relación con Alexander, él fue quien puso más trabas y pegas, haciendo que su hijo lo pasara realmente mal y eso jamás se lo perdonaría, aunque fuera el padre de su novio. Ni si quiera gastó saliva para contestarle.

-No he venido aquí para ocupar este lugar, he venido a buscar a alguien- volviendo a poner la llave en la mano del brujo. Maryse, que a diferencia de su esposo utilizaba el cerebro para pensar, supo leer entre líneas lo que Bane quería decir y los ojos le brillaron de emoción.

-Respetamos su decisión, pero debe venir a la reunión que haremos en el anfiteatro en media hora, le necesitamos allí. El hijo adoptivo de Robert dice saber como cerrar el portal-.

-Allí estaré- afirmó no muy convencido ya que sabía perfectamente porque lo querían y eso significaba sacar a la luz uno de los muchos secretos sobre su vida que había estado ocultando a su pareja durante la relación. De nuevo le invadió el sentimiento de culpabilidad: su falta de transparencia hizo que Alec acudiera a Camille en busca de respuestas y esto acabo rompiendo su relación y con ello los corazones de ambos.

El anfiteatro no era más que un antiguo teatro con un escenario y unas grandes gradas de piedra en frente. En donde en tiempo de paz se habían representado divertidas obras de teatro ahora había una mesa y tras ella seis elegantes tronos de terciopelo rojo. Magnus no recordaba haber visto nunca esas gradas tan llenas de gente, tomó asiento y como no, empezó a buscar a su ex entre la multitud. Lo vio entrar cabizbajo y sin levantar la vista del suelo ni tan siquiera para andar. Le partió el alma verle así: parecía de nuevo aquel niño tímido e inseguro que se presentó en su fiesta aquella noche. Lo acompañaban Jace y el otro chico rubio que se parecían tanto que podrían pasar por hermanos perfectamente. Se sentaron dejando al ojiazul (visiblemente abatido) en medio y no paraban de prestarle atención: su parabatai lo abrazaba y le susurraba cosas al oído, "seguro que me está criticando" pensó Bane, y el otro rubio seguramente ni sabía a que se debía el estado de animo de su amigo, pero ya le iba bien tener una excusa para no sacarle las manos de encima. "Que asco le estoy cogiendo a los rubios" volvió a pensar al ver como esos dos canallas colmaban de atenciones a SU Garbancito.

-Silencio por favor- suplicó Robert Ligthwood a la audiencia mientras se sentaba junto a otro hombre y mujer en la mesa – si son tan amables ya pueden ir tomando asiento-.

Los tronos fueron ocupados por los máximos líderes de cada clan del submundo: vampiros, hadas, licántropos, nefilims, en representación de los mundanos estaba el Papa de Roma, pero nadie ocupó el asiento de los brujos. Hubo unos momentos de silencio y finalmente fue el Papa quien habló.

-Señor Bane, creo que hablo en nombre de todos cuando digo que es usted quien debería ocupar este lugar- tocando el trono que tenía a su izquierda.

El Gran brujo se levantó y tomó su nuevo asiento. Sabía que todo el mundo lo estaba mirando pero él solo notaba como se le clavaban unos ojos en concreto. Que ironías tenía la vida: desde su nuevo lugar tenía a Alec justo delante, solo tenía que mirar recto para cruzarse con la mirada del otro, aunque claro, era complicado ver los ojos de alguien que no paraba de mirar hacia el suelo. Nadie se extrañó de que el Consejo le pidiera a Magnus ocupar ese trono, ya que seguramente era el brujo más poderoso de la sala ¿Quién mejor que él para representar a los hijos de Lilith? Alec se fijó en que todos los subterráneos hacían cara de alivio al ver al brujo de Brooklyn allí sentado.

-Puede ser que hayamos encontrado la manera de cerrar al portal- empezó el hombre sentado junto a Robert.

-Ya lo sabemos. Lo estamos viendo. Con él aquí seguro que todo se arreglará, su magia nos llevará a la victoria- varias voces apoyaron la afirmación de ese vampiro. Alec sabía que su ex brujo era poderoso, pero nunca se imaginó que lo fuera hasta el punto de que todo el mundo confiará en él para ganar. La verdad es que nunca hablaron sobre eso: Magnus nunca fardó de poderes y a él le daba absolutamente igual si los tenía o no, estaba enamorado de Bane por la persona que era, no por su magia.

-No me refiero a Magnus Bane, señor Patrick, el joven Jace afirma haber descubierto algo. Chico, por favor, baja aquí y explica lo que vistes-.

Sin ningún tipo de vergüenza el joven Herondale bajó por las gradas y se desplazó hacía el escenario al cual subió de un salto.

-El otro día investigando en territorio enemigo me fijé en que tiran alguna especie de líquido en el portal, según mi teoría es sangre de demonio que hace que se vaya abriendo-.

-¿Teoría?- interrumpió un licántropo – ¿Nos pides que vayamos allí por una simple teoría? Yo digo que mandemos a Magnus con un escuadrón de defensa y cierre el portal con sus poderes-.

-¡Sí! Lo vi con mis propios ojos. Vi como hacían un corte en el brazo de un demonio, durante unos segundos no pude ver, pero luego ponían un líquido en el portal. ¿Qué más puede ser? ¿Pidieron agua mágica a domicilio? Me he documentado y antiguamente se hacía servir sangre de ciertas personas como llave. Estoy convencido de que si ponemos sangre de ángel en el portal lo cerrará. A más ¿Qué te hace pensar que la magia de éste lo solucionará? No es para tanto, lo conozco…- . Ésta falta de respeto hacía el brujo de Brooklyn ofendió a más de uno.

-No tienes ni idea de quien es ¿Verdad?-

-¡Claro que lo sabemos!- Se puso en pie Isabelle que estaba sentada detrás de su hermano junto a Clary y Simon – él es… era… es… - no sabía que decir ¿Su ex cuñado? ¿Conocidos?- él es nuestro amigo, el Gran Brujo de Brooklyn-.

-¡¿Es amigo vuestro?!- Se giró rápidamente Víctor Aldertree preguntando a Simon, que no quería perderse detalle de lo que estaba pasando y le hizo un gesto de "luego te cuento".

-Sabemos de lo que es capaz- intervino Clary apoyando a su amiga.

-Ja ja ja ¿El Gran Brujo de Brooklyn?- continúo el hombre lobo - ¿Tan solo esto? ¿Nada más? – Los tres amigos intercambiaron miradas con Jace que también parecía consternado.

-¿Qué?- Se impacientó éste y miró a su parabatai que había levantado la cabeza del suelo para escuchar lo que decía el licántropo.

-Es más que un simple Gran Brujo, es uno de los pocos Darklight que existen, hijo de Asmodeus. Si de verdad sois sus amigos o en algún momento habéis significado algo para él lo tendríais que saber-.

Esas palabras hirieron más a Alec que cualquier de las miles de heridas de armas o garras de demonios que había recibido a lo largo de toda su vida. Notó como la "Runa de luto" se le volvía a clavar en el corazón impidiéndole estar erguido, así que apoyo los codos en las rodillas y clavó los ojos en los de Magnus, le dedicó una sonrisa de incredibilidad mientras negaba con la cabeza y volvió a esconder la cara entre sus manos, mientras gotas de sangre procedentes de la runa le manchaban la camiseta. El brujo tampoco pudo aguantar la mirada y también la bajo hacía el suelo. Su intención inicial cuando volvió del viaje era intentar recuperar a su novio y ahora, después de esa mirada, estaba convencido de que lo había perdido para siempre.

-¿Qué es esto?- Preguntaron curiosos Clary y Simon que querían saber que era aquello que había hecho tanto daño a sus amigos. Pero Issy no contestaba: iba paseando la mirada de Magnus a Alec y viceversa.

-Un Darklight- comenzó a explicar el joven Aldertree que no entendía nada de la reacción de sus compañeros- es el hijo de un arcángel caído-.

-¿Hay más de uno?- Alucinó Simon.

-Sí. Sé que en la cultura mundana solo tenéis a Lucifer, pero realmente fueron tres los arcángeles que traicionaron a Dios: Lucifer, Asmodeus y Lilith. Al abandonar "el reino de Dios" se convirtieron en demonios pero siguen teniendo sangre celestial en su interior. Sus descendientes directos, es decir sus hijos, no dejan de ser realmente hijos de arcángeles, y eso les convierte en seres realmente poderosos. Wow, pensaba que ya no quedan Darklights y resulta ser que el pervertido y fiestero brujo de Brooklyn es uno de ellos. Que desperdicio de sangre…. ¿Es amigo vuestro y no lo sabíais?-.

Clary no podía ni imaginarse como debía sentirse el mayor de los Lightwood. Miró a su alrededor y efectivamente fueron muchos los que no se sorprendieron ante tal bombazo lo que significaba que ya sabían la verdad sobre Magnus. No podía entender como le había podido ocultar eso a su pareja, ocultarle quien era él en realidad. Se puso en la piel de Alec y si Jace le hubiese hecho lo mismo, negarle su verdadera identidad cuando otra gente si que lo sabían, se hubiese sentido traicionada.

-Muchacho ¿Estas bien?- preguntó Paul alargando el brazo hacia su compañero de batallas tocándole la rodilla. Él conocía a Alec y sabía lo sensible que era aunque no lo pareciera. El nefilim prácticamente no podía ni hablar.

-Sí, es solo que… tengo que irme- se levantó como pudo y se fue. Su hermana intentó ir con él pero el chico se lo negó, todos sabían que era mejor dejarlo solo. Al verle abandonar el anfiteatro, Magnus hizo el gesto para levantarse e ir tras él, pero Jace le dijo que no con la mirada.

Magnus ya no escuchó nada más de la reunión, no podía quitarse de la cabeza la imagen de Alexander abandonado la sala completamente abatido. Una vez más, por su culpa, Alec volvía estar solo, llorando por algún rincón y con el corazón completamente destrozado.

Continuará …