Hola hola!

Mil gracias por sus reviews! Me alegro que de veras les esté gustando esta traducción, y para lo que andaban preguntando, creo que alguien que estaban esperando aparecerá en esta capitulo :), que lo disfruten!


Capitulo Cuatro


Un joven con cabello corto y rubio acechaba cauteloso por los pasillos vacíos de la mansión.

Se movía con un aire de lentitud y una gracia felina que llevaba a observar su físico y su poderoso perfil. Aun con ropas casuales, un suéter vino tinto con cuello V y unos pantalones negros, tenía un aire sofisticado y elegante que llamaba la atención de los que estaban a su alrededor. El efecto se arruinaba un poco por la pistola de agua que aun goteaba a su lado y toda su espalda estaba empapada. Sus ojos grises pálido escaneaban su entorno mientras que buscaba a su presa. Un ruido detrás de él hizo que se pusiera alerta.

Lentamente se fue agachando, deslizándose para volver a ocultarse entre las sombras de las paredes, y justo a tiempo, una ráfaga de cristales de hielo aparecieron de la nada, cayendo en donde el había estado un momento antes.

Silenciosamente observo al responsable flotar desde el techo hacia el punto.

"Maldición. Estaba seguro que lo tenía—"

"Me estabas buscando?" Salto de donde se estaba escondiendo y le soltó un chorro en la cara.

La criatura flotante grito en shock y cayó en la nieve que ya se estaba derritiendo. "Maldito seas, Kris." Le grito, limpiándose la cara.

Kris aún estaba riendo y le ofreció la mano a su amigo. "Artemis," le dijo Kris. "Gane."

"Hiciste trampa." Gruño el otro mientras que se desempolvaba.

Kris pasó de ser bueno a malvado en dos segundos. "Que fue eso, Zoisite?"

Zoisite o Troy, le dio una mirada a su amigo/comandante y se estiro. "Nada, Señor."

"Eso pensaba." Kris le dio un puñetazo en el brazo a modo de juego. "Mano, estas empapado—"

(A/N: sinceramente no sabía cómo traducir DUDE jajajajaja, así que le puse una expresión que los hombres en Guatemala usan "Mano", si alguien tiene otra mejor idea me dice y así se lo cambio jajajajaja)

"Que esperabas tu musculo—"

"Caballeros, caballeros, por favor." Artemis apareció, vestido en un traje completamente blanco, con su largo cabello largo atado en una cola de caballo. A la par de él caminaba un joven que era su completo opuesto. Desde el traje negro completo hasta su cabello negro, el cual era largo y estaba peinado hacia atrás, con un pequeño mechón cayéndole sobre la frente; Una sonrisa nerviosa le iluminaba su guapo rostro, uno tan clásico que podría avergonzar a los dioses.

Una sonrisa amplia atravesó el rostro de Kris cuando vio a su medio hermano entrando junto con su mentor.

"Endy, no pensé que fueras a regresar tan pronto."

Endy también le regreso la sonrisa. "Yo tampoco, pero mi abuela se aburrió por mi falta de atención que decidió terminar con la visita lo más pronto posible. Lo cual estuvo bien para mí." Miro al joven más bajo parado a la par de Kris, antes de preguntar, "También me puedo unir?"

"No, Príncipe." Le dijo Artemis, con una pequeña sonrisa en su rostro.

La cara de Endy mostro su decepción. "Vamos Artemis. Solo un juego. Prometo portarme bien y no hacer tanta trampa."

Riendo, Artemis coloco sus manos en los hombros del joven. "Quizá después, pero por ahora Terran está esperándote en la Sala Estrella."

Endy hizo una cara. "Ahora, por qué estoy aprendiendo magia? Mike y Jamie son los hechiceros del grupo."

"Porque eres el Príncipe de Terra y Guardián del Cristal Dorado," dijo un hombre enorme y con cabello café oscuro y ojos verdes como el bosque murmuro con un acento escoces mientras que se les unía en el corredor. "Endymion, como estas, chaval?"

"Estoy bien Terran. Solo que tuve un viaje largo desde Santa Bárbara y una experiencia bastante cansada en Heathrow puesto que me hiciste llevar una espada arruinada a América." Cada palabra estaba tintada de sarcasmo. "Oh, y déjame encontrar a Jamie. Realmente tengo que agradecerle por el vino que oculto en mis maletas—"

"No importa mientras te hayas divertido, Endy." Le dijo Terran airoso. "Ahora detén tu gimoteo y encamínate a la Sala Estrella para que podamos terminar con tus lecciones. Quiero ver algo antes de la siguiente Edad de Hielo."


La semana había pasado lento. No que se estuviera quejando o algo por el estilo, había disfrutado mucho, siendo libre ahora que las sombras y las mentiras que la habían estado rodeando estaban lejos de su alma.

Serena se despertó el siguiente lunes antes que su alarma y se alisto para su primer día de regreso al Colegio. Escucho a su madre tropezarse con algo y quejarse acerca de haber perdido los zapatos y las llaves. La asistente de Ilene había llegado la noche anterior para ayudar a su madre a preparar su reunión con los editores y había dejado listo un atuendo antes de irse a casa.

Todos estaban buscando por un nuevo best-seller, le había dicho Ilene la noche anterior cuando habían salido a cenar. Todos querían lo mejor y lo exigían de todos.

"Serena," le dijo su madre desde el primer nivel. "Estas despierta?"

Ella quería reírse, pero se contuvo. "Si Mama. Ahorita bajo."

"Si te apresuras quizá podamos comer algo en el camino." Ilene buscaba alrededor por su teléfono celular. "Cariño, has visto mi teléfono?"

"Esta en el carro," Serena bajo, vestida en su uniforme de Secundaria. Su largo cabello estaba agarrado en una trenza algo floja, igual a la de su madre, queriendo cambiar un poco de su usual estilo de cabello.

"Te miras preciosa, cheri," le sonrió Ilene mientras que la abrazaba. "Hoy no te preocupes de nada." Le dijo. "Esta es tu vida y puedes vivirla como quieras."

"Lo se Mama, lo hare." Le aseguro Serena. "No podría hacer esto sin ti."

Pararon en un pequeño café cerca del Colegio. La mayoría de los profesores y miembros del staff estaban mezclados con algunos estudiantes, apresurándose.

Después de un rápido desayuno de cuatro sándwiches en forma de corazón, jugo de naranja y chocolate caliente, madre e hija partieron cada quien por su lado. Serena corrió hacia el Colegio, saludando a todos los que la veían, inconscientemente buscando por dos de sus antiguas camaradas.

No vio a Ami hasta que entro al salón de clases, pero se dio la vuelta antes de que le pudiera decir o hacer algo; Molly rápidamente fue hacia ella, llevándola por todo el lugar, hablando de fiestas, chicos lindos y siendo una chicha normal de quince años.

A Serena no le importó, puesto que lo que más quería era reconectarse con todos sus amigos.

Desde su asiento cerca de la ventana, Ami veía como su mejor amiga revoloteaba por toda el Colegio, feliz, como que si no le preocupara nada en el mundo, algo que por supuesto era cierto ya que las había dejado a todas para que se murieran en una batalla o por sus propias manos.

Serena había dejado de ser Sailor Moon. Había dejado de pelar y las había dejado solas para defenderse en este asqueroso hoyo de terrores que solo deberían haber existido en la peores pesadillas.

Sueños.

Ella una vez tuvo sueños. Había soñado con ser una doctora, salvando vidas y ayudando a otros. Pero como todas las cosas creadas de la neblina, una vez que el sol salió, el sueño se desvaneció, dejándole únicamente la cruda realidad.

La noche anterior habían peleado otra difícil batalla, una que casi las mata a todas. Rei había intentando desesperadamente de comunicarse con Serena, pero ella nunca contesto. Ami no podía creer que Serena las estuviera haciendo pelear si su fuerza y llevarse de su vida esa confortable presencia que su luz les dejaba en sus oscuras existencias. En todo sentido, Serena las había abandonado.

Lita entro al colegio, Ami le había dicho que Serena estaba allí. Lita la encontró fácilmente. Lucia diferente, más feliz, casi como una persona diferente.

Lita negó con la cabeza. No, ella tenía su misión e iba a completarla.


"Caballeros," dijo Artemis mientras que los cincuenta y siete jóvenes voltearon a ver al frente del salón. Todos estaban vestidos con tuxedos negros de cola y corbatas blancas. Cada uno esperando, mientras contenían la respiración, que su director continuara, "El tiempo para el cual hemos estado entrenando en los últimos mil años se acerca. Cuando Terra y la Luna se unan y venzan al grandioso enemigo. El día en que la Princesa de la Luna y Guardián del Imperial Cristal de Plata se levante en contra del terror de Metallia y junto con nuestro Príncipe, libere a este mundo y traiga paz y prosperidad a nuestro Reino. Larga vida a Elysium. Larga vida al Príncipe Endymion!"

Kris se agacho un poco sobre su asiento y susurro. "Buen discurso. Un poco regañon, pero bueno."

Endy lo volteo a ver. "Cállate." Pero alguien más le susurro.

"Vamos Endy, que comportamiento del hombre que será nuestro salvador y Rey."

Endy apretó los dientes enojado. Kris realmente lo estaba llevando al borde. "Te pateare en las pelotas en la primera oportunidad que tenga." Le advirtió Endy.

"Me gustaría ver que lo intentaras hermanito." Se escuchó un fuerte ruido y Kris se sobaba la parte de atrás de su cabeza, mirando a su ofensor.

"Ambos tienen doble turno en la sala de entrenamiento mañana en la mañana." Gruño Terran.

Endy abrió su boca pero la cerro firmemente dándole a su hermano otra mirada matadora. Genial, agregar esto a su increíble estado irritado por un desastre ecológico en el hemisferio sureste, Endy estaba a punto de explotar y Kris sería la persona que estaría recibiendo sus golpes en los próximos días.


Aun no era tarde, solamente las ocho y media y Serena caminaba por su vecindario. Su madre no estaba en casa, tenía una cena de negocios que atender, dejando a su hija sola por la noche.

Mientras que cruzaba la esquina hacia su casa, se encontró con la vista más exuberante que nunca fallaba en darle alegría.

La luna llena estaba arriba de Juuban, bañándolo con su luz y prodigándole su amor a la una vez Campeona de la Justicia y Princesa perdida.

Sin pensarlo, Serena cerro los ojos y levanto las manos hacia el cielo, no sabiendo porque lo hacía, pero como siempre, se había dejado llevar. Y comenzó a brillar suavemente.


Ilene estaba parada casi en medio de la arboleda del parque, y sin saberlo estaba imitando los gestos de su hija, pero al contrario, ella si sabía porque lo hacía y que estaba pasando.

La insignia de luna creciente brillaba mientras que ella recibía el amor y los nutrientes de la brillante orbe en el cielo de la tierra. Cuando estaba saliendo del trance escucho a alguien gritar detrás de ella. Escaneo el área a su alrededor, esperando que algo pasara, pero solo escucho el silencio. Aun así había un aura negativa oprimiendo su alrededor.

Lentamente se arrodilló en la suave grama y con su mente mantuvo sus sentidos internos atentos a todo lo demás, luego se movió del lugar y un segundo no muy tarde para la que alguna vez fue la Reina del Milenio del Plata un youma metálico la ataco.

Con reflejos de gato, Ilene se quitó nuevamente del camino de la furia youma. Se volvió a agachar y convoco a su Cetro Lunar, atravesando a la bestia con la parte de abajo del arma, pateando rápidamente la cabeza metálica del youma y agradeciéndole a su diosa protectora el estar sobreviviendo la batalla. No podía recordar la última vez que había peleado sin usar su cristal.

Hábilmente Ilene esquivo las garras del youma y con un movimiento de su muñeca lo atrapo dándole una vuelta antes de aterrizar con sus tacones altos. La criatura grito de dolor golpeando a la Reina en la espalda, luego dolorosamente se levantó, sangre color negro le salía de las heridas que Ilene le había causado.

Ilene no se quedó en el suelo por mucho tiempo, rodo un poco hasta levantarse esperando a que la cosa se levantara y la atacara. Usando su cedro se lanzó contra la bestia, Ilene estaba preparada para terminar con él, pero para su horror el youma la contraataco, agarrándola de las piernas y dándole vueltas como una muñeca de trapo antes de tirarla contra el césped.

El youma rugió y se lanzó para matarla.

Ilene estaba en el suelo, desorientada.

A lo lejos pensó que había escuchado a Serena llamándola. Se movió para levantarse pero el youma la tomo del cuello y la levanto. Trato luchar. Sus ojos azules cambiaron a plateados mientras que intentaba llamar al poder de la luna, cuando escucho algo que nunca pensó que escucharía en esta vida.