Hola! Aca les traigo un nuevo capi. Espero que les guste! Ya se, ya se… Estoy tardando más de lo que debería… Pero es que el trabajo y la Uni me están matandooo! Tengo todo escrito en papel pero no tengo tiempo de pasarlo (es que soy escritora a la antigua... necesito escribir primero en papel, costumbre que no me puedo sacar con los años jajajajaja)
Como ya saben nada de esto me pertenece (mas que Sol ) y blablablá…..
Espero saber si les gusta con un lindo comentario que me de inspiración para actualizar pronto (nooo no es extorsión… solo parece!)
Bueno, a lo que vinimos….
Promediaba el mes de julio. El calor era pegajoso y amenazaba lluvia. El cielo estaba casi tan gris como sus pensamientos. Cada segundo de su asquerosa vida parecía durar una eternidad, aunque ¿qué importaba? En realidad no tenía nada mejor que hacer que dejar que su vida pasara hasta que llegara el momento de morir. Si, un pensamiento del todo pesimista pero cierto. Ya no tenía ganas de seguir.
Estaba sentada sobre el césped con la mirada fija en el lago. Una lágrima corría lentamente por su mejilla, aunque solo era una de las muchas que la precedieron. Se sentía sola, abandonada… pero por sobre todas las cosas, aterrorizada.
Había pasado una semana desde que saliera de ese horrible lugar y aún sentía su cuerpo dolorido. Sus facciones, si bien estaban mucho mejor, continuaban muy afectadas. Al menos ahora podía abrir su ojo derecho casi en su totalidad. Seguía sintiendo este temor irracional de que alguien se acercara por la espalda a atacarla.
Una mano se posó de repente sobre su hombro y soltó un grito agudo.
-Perdón- dijo Sirius alejándose- No pretendía asustarte
-Está bien- respondió Sol con una sonrisa que no llegaba hasta sus ojos- Solo estaba algo distraída y me sobresalté.
-No es necesario que finjas con nosotros Sol- dijo el hombre amablemente –Todos, o al menos la mayoría, sabemos por lo que has pasado esos días.
-No estoy segura de que lo entiendan, al menos ustedes sabían que era lo que estaba pasando.
-Es cierto pequeña. Pero tu no sabes nada sobre la fórmula verdad?-tanteó Sirius
Los ojos de la mujer se oscurecieron de repente, cosa que no pasó desapercibida para su interlocutor. Ella sabía más de lo que ellos creían, de eso estaba seguro.
-Una hermosa vista el lago- dijo el mago para desviar la conversación. Ella hablaría cuando estuviera lista, pero eso solo pasaría si se sentía cómoda
-Es un hermoso lugar, sin dudas.
-Ven, te mostraré al calamar gigante
-¿Calamar gigante?- respondió Sol interesada -¿Está ahí?¿En ese lago?- agregó mirándolo con desconfianza.
-¡Claro! Solo que para que salga hay que saber interesarlo- En ese momento arrojó algunas tostadas que tenía en el bolsillo desde el desayuno y el calamar hizo su asombrosa presentación.
-Lo sabe Albus. No sé si está enterada de todo el asunto, pero sabe más de lo que dice- le comentaba el animago al director en la ya conocida habitación circular.
-Es muy probable que Mark, su abuelo, le dejara algunos de sus escritos. Ese viejo zorro no dejaba nada librado al azar- comentó el anciano con una sonrisa llena de nostalgia.- Se encargó de dejar pistas de lo que estaba haciendo sin que nadie tuviera información completa.
-Y una de esas informaciones cayó en manos equivocadas- completó sirius
-Si, confió en la persona equivocada
Los ojos del joven se nublaron. Sabía lo que se sentía confiar en la persona equivocada… la idea lo torturaba cada día de su vida sin piedad.
La entrada de Snape rompió el tenso silencio
-¿Me buscabas, Albus?
-Si, necesito que me hagas un enorme favor
-Cuando no –susurró en mago más joven
-¿Cómo dices, hijo?
-Nada, nada… Dime.
-Verás, Sol necesita tu ayuda para…
-No- cortó el mago
-No entiendes, hijo. Solo tu puedes…
-¡He dicho NO!-lo volvió a interrumpir- Siempre estás haciendo lo mismo. No puedo pasarme la vida cumpliendo tus caprichos.
-Es que estoy seguro que ella confía en ti. Después de todo tu la ayudaste a escapar. Siempre serás una cara amiga en este entorno tan hostil para ella, Severus.
-¿Una cara amiga? ¡Pobre chica! –murmuró Sirius y una mirada oscura se clavó en él
-Eso lo se, Albus. –aceptó el oscuro mago, asesinando al animago con la mirada- pero no puedo comportarme en forma gentil con alguien como bien sabes. Echaré todo a perder.
-Es tu ayuda profesional lo que más necesito- El anciano sabía que con esa frase tenía la batalla ganada- Sol sabe algo sobre la fórmula pero necesitará ayuda para crearla.
-Ya Quejicus… lo que necesita es al Maestro de pociones- se burló Sirius- no al hombre. Sabemos que de eso tienes poco
Severus se levantó de su silla, varita en mano.
-Claro, perro. ¿Tu crees que llevarte a cada falda que se te cruza a la cama es de muy hombre no?- siseó molesto –Pues déjame decirte cuán equivocado estás. Un verdadero hombre respeta a las mujeres y solo se involucra con una que de verdad le interesa.
-Y a ti no te interesa ninguna, por lo visto- se burló el animago
-No me voy a molestar en explicarte algo que nunca vas a entender, chucho- respondió, mordaz- Está muy por encima de tu nivel de entendimiento.
-Bueno, ya terminen con esto- intervino Dumbledore divertido –Centrémonos en lo que nos interesa. ¿Severus, me ayudarás?¿Por favor?
-Veré que puedo hacer- y salió dando un portazo.
Sol deambulaba, solitaria, por el castillo. Tenía una profunda depresión, pero una fuerza interior la impulsaba hacia adelante. El recuerdo de su abuelo era la fuente de todas sus fuerzas.
Había sido criada por su abuelo Mark desde muy pequeña, después de que sus padres y su hermano mayor murieran en un accidente automovilístico. Desde ese momento, él y su abuela Dictha eran para ella mucho más que eso. Eran el motor para levantarse cada mañana.
De su abuelo heredó su pasión por la bioquímica. Él le mostró los secretos de su trabajo y la llevaba a su laboratorio donde le dejaba hacer algunas mezclas sencillas.
De su abuela heredó el amor por la música. Se refugiaba en ella cada vez que se sentía insegura, sola o triste. Cantó a menudo, primero, cuando su abuela fue hallada sin vida en un descampado local, sin ninguna señal de violencia y con el rostro desencajado de dolor; luego con la extraña desaparición de su abuelo. Hacía dos largos y dolorosos años que estaba completamente sola.
La soledad la abrumaba. Le gustaba estar sola, pero la aterraba la desolación en la que vivía. Siempre entregada a su trabajo, a sus 23 años, se sentía una anciana. ¿Un compañero? Había estado con un hombre un tiempo, aunque a lo que menos se parecía era a un "compañero" Siempre violento, siempre intimidatorio, siempre cruel… Después de una experiencia semejante, no le daban muchas ganas de volver a intentarlo.
Llegó sin darse cuenta a los niveles más bajos del castillo. El olor a humedad le erizó la piel. Abrumada, apoyó la espalda contra la fría pared de piedra y esta cedió, dejándole paso a una especie de depósito.
Entró solo para distraer su mente que empezaba a volar hacia sus días de cautiverio y se encontró con lo que parecía un laboratorio. Se puso a curiosear y, cuando estaba por salir de ahí, algo llamó su atención. En una pequeña botella, justo frente a sus ojos, podía leerse "Fluido del Erumpent". ¡Lo había encontrado!¿ Estarían por ahí también los otros ingredientes que desconocía de las anotaciones de su abuelo? Volvió su vista a las estanterías con mayor atención.
-¿Se puede saber qué es lo que hace usted acá?- preguntó una voz grave y aterciopelada, aunque amenazante, que conocía muy bien.
Mmmm... que pasará ahora? Yo creo que cierto profesor de voz grave y aterciopelada se va a molestar un poquito... jajajaja
¿Qué opinan? Espero comentarios! Porfis si?
