Lo que ambas querían ver.

Nos situamos en un lugar oscuro, en donde no puede haber otras existencias más que solo ellas, por qué en este lugar es donde sus mentes de juntan. La razón por qué ambas son Alice. Ambas chicas se encontraban sentadas en el sillón que siempre estaba iluminado por una luz, ambas dándose la espalda con un silencio que reinaba el lugar. Aunque ambas lucían iguales había claras diferencias el color de su cabello y su forma de ser, cada una tenía pensamientos distintos. Ellas sabían que afuera nadie las podría querer, ellas mismas son una amenaza para el mundo, siempre habían escuchado eso hasta ahora. Ellas no deberían existir.

La gemela de cabello castaño tenía una mirada abajo mientras sus manos estaban hechos puños, ahora que podía recordar todo quería acomodar sus ideales ahora, con el hecho de que hacer. El hecho de que ella ya no pudiera estar más en el mundo le desagradaba la idea, como el hecho de que su sirviente la hubiera rechazado. Odiaba todo esto, estaba volviendo a pasar lo mismo que en la tragedia de Sablier, ella perdió a Oz de nuevo. Sin embargo estando a lado de la otra Alice le traía paz, pero aún así sabía que su hermana seguía queriendo a Jack. No la culpaba, gracias a él su querida hermana pudo sonreír en la soledad, pero esos deseos egoístas del rubio le causaban náuseas. No tenía que pensar mucho lo que pudo haber pasado después de que ella desapareció en la presencia de los demás. Extrañaba a todos e incluso al estúpido del payaso.

— Alice

Pronunció una voz suave detrás suyo, ella la estaba llamando.

— Dime.

Contesto ella con el mismo tono.

— ¿Habrá alguien que me quiera?

La azabache de da vuelta impresionada por la pregunta, sin embargo ella solo tenía su cabeza baja sin querer mirarla. La chica no sabía que decirle.

— Claro que sí.

— Pero todos me odian, no debía existir. Es lo que dicen todos.

Era verdad, y ella en un momento lo creyó.

— Yo te quiero Alyss, por qué tu y yo somos una. Y si nadie te quiere entonces yo seré la única que lo hará, por qué para mí eres alguien especial en mi vida. Si nadie te quiere yo buscare la forma de hacer que te quieran.

Dijo la chica de cabellera castaña mientras esboza una sonrisa, para ver qué su hermana se da vuelta y ver mejor esos ojos color amatistas.

— ¿Cómo harías eso?

Buena pregunta, ella ni lo sabía. Así que se quedó pensativa por unos minutos.

— Alice, yo sé que no eres mala. Y es algo que ellos deberán comprender. Por qué eres mi hermana y si alguien te llegará a dañar yo misma lo haría puré.

La gemela le sonrió dulcemente. Podía ser que su hermana no tuviera buena ideas, pero ella sincera con lo que decía. En su soledad no pudo conocer muchas cosas y aún así hubo alguien que se acerco para después enamorarse de él por el hecho de que no sabía nada acerca de ese hombre. Ahora ella puede sonreír por qué a pesar de que está sola aún tiene la esperanza de que él pueda venir.

Algo cruel de creer.

Ambas se voltean dándose la espalda quedando otra vez en ese silencio, ninguna tenía nada que decir, ahora sólo querían pensar muchas cosas. El hecho de que ambas hayan sido capaces de poder llegar a este lugar. Significa mucho. Ambas debían esperar ¿Pero que tenían que esperar? No lo sabían.

Una luz se hace presente a lado de donde las gemelas se encontraban, ambas miraban de reojo de donde provenía, se podía sentir a la distancia una ligera brisa. La chica de cabellera castaña se levantó del lugar para encaminarse.

— ¿Vas a ir?

Alyss observa los pasos de su hermana detenerse para escuchar sus palabras.

— Quiero saber a dónde lleva —se da vuelta para extender su mano con una ligera sonrisa, demostrando en sus ojos un brillo especial que solo ella podía tener—. Vamos juntas Alyss…

Ambas de quedan mirando directamente a sus ojos, para que ella igualmente tenga la misma sonrisa tranquila para levantarse de su lugar y encaminarse a donde estaba la castaña tomando su mano. Ambas comienzan a caminar a la luz brillante, con cada paso que ambas se acercaban sentían cada vez más el aire golpearlos la cara de manera sutil, el olor a pinos se impregnaba en ellas. Justo cuando estaban a unos centímetros de cruzar se voltearon a ver ambas y asentir con seguridad de lo que estaban haciendo, si eso les sacaba de su aburrimiento sería eso y en parte ellas podían presentían algo de ellas, que las incitaba a seguir sin importar que pasara. Ambas dieron unos pasos más sintiendo una barrera que les impedía seguir y a la vez el frío del invierno golpearlos la cara.

Se podía sentir el frío, sentían mucho frío. ¿Por qué?

Ambas abren sus ojos al mismo tiempo para poder observar el lugar en que se encontraban. Un cielo azul con nubes a su alrededor, a sus costados habían muchos árboles los cuales no tenían ninguna hoja en sus ramas secas las cuales fueron remplazadas por nieve. La chica de cabello castaño se voltea para ver a su hermana y llevarse una sorpresa. Su vestimenta había cambiado ligeramente. La chica de cabello blanco siempre usaba un vestido blanco la diferencia es que este tenía pequeñas diferencias, y delante de este lleva puesto un tipo suéter color rojo que le llamaba a la mitad del vestido largo. Ella igual usaba uno igual la diferencia era el vestido.

— ¿Dónde estamos?

Pregunto la castaña mientras soltaba la mano de su hermana, para acercarse a uno de los árboles rozando sus dedos los cuales eran tapados por unos guantes blancos. A la vez su otro hermano se había arrodillado en el suelo para tomar la nieve y obsérvala.

— Es raro, pero tan hermoso el lugar —alza su mirada para ver que las nubes empiezan a acumularse en el cielo—. Esto es sentirse libre… —sin ninguna prisa se levanta tomando algo de nieve y lanzarla sobre ella observando como cae—. Es hermoso.

Sentencia la albina, a excepción de la otro chica que solo la oraba con una ligera sonrisa. Da un paso atrás para retrancarse sobre el árbol para dejarse caer y sentarse sobre la nieve, no entendía bien en donde estaba y sin embargo no iba intentar nada. Era tan cálido estar ahí. Claro que sus pensamientos fueron interrumpidos por la voz de su hermana que la llamaba.

— Alice ¡Vamos a jugar!

Abre sus ojos de golpe para observar que la chica albina tenía nieve en una de sus mano y con una sonrisa arrogante.

— ¡Juguemos!

Dijo para tomar un poco de nieve y hacerla bolita entre sus manos parándose lo más rápido que puede. Para lanzársela a su hermana la cual está esquivo su ataque con una sonrisa. Haciendo lo mismo que su hermana le lanza la bola de nieve para su suerte la castaña no pudo escapar dándole en la cara. Alice se sacude su rostro sea empezar a correr detrás de ella con más bolas de nieve en sus manos, para lo cual ambas corrieron a los lados opuestos, la castaña se colocó detrás de un árbol tanto como u hermana quién asomaba la cabeza lanzando la bola de nieve, la otra chica reaccionando hace varios bolas de nieve que gracias a los guantes que tenía no podía sentir el frio, le lanza de nuevo. Así ambas de la pasaron riendo por media hora. Jugando sin preocupaciones, gozando de la corta libertad que tenían por este corto periodo de tiempo. Por primera vez la castaña pudo ver en el rostro de Alyss felicidad. Amaba verla así.

Cuando fue la última vez que pudo sentirse feliz y sin ninguna preocupación.

Una voz se hizo sonar en el lugar deteniendo la pelea de nieve que se estaba ejecutando.

— ¿Oíste eso?

Cuestiono la castaña.

— Posiblemente alguien más se encuentra en este lugar.

— No crees que eso afecte algo.

— Supongo.

Poco a poco se hizo más fuerte la voz hasta llegar se audible.

— ¡Alice!

La voz de una mujer eso era, y las llamaba. Haciendo que las chicas se acercarán y tomarán de la mano.

— ¡Niñas!

Si las llamaban. Pero ¿Quién?

— Su voz suena tan familiar…

Susurro la albina quien ponía atención.

Pronto de entre la blancura del lugar se hizo presente la figura de una mujer usando un vestido largo de color púrpura oscuro y usando el mismo tipo de suéter que las, algo que les llamó la atención. Lo único que no podían ver era su rostro que era cubierto por el mismo gorro del suéter. Cada vez más se hacía visible por el hecho de que se acercaba a ellas. Sin duda se dirige a ellas.

— Ahí están.

Dijo la mujer quien esbozaba una sonrisa ligera una vez enfrente de las chicas. Ambas se miraron de reojo sin saber que decir, la mujer frente. Ellas lleva una de sus manos ya que con la otra parecía cargar algo. Desliza suavemente el gorro para dejar su rostro descubierto, y dejar a las gemelas con los ojos abiertos.

Cabello negro largo caía sobre sus hombros hasta sus talones, una piel blanca como la nieve que caía en este lugar, y lo más evidente de aquella figura eran sus ojos, que parecían que las absorbía. Ojos rojos, fue lo que les había cautivado. Ella era una chica del infortunio. Pero sin duda ambas notaron otra cosa, ella se veía idéntica a ambas claro que sus facciones eran más maduras. Ellas antes la habían visto.

Su voz, y esa figura la vi una vez.

Es verdad fue en aquella ocasión.

La mujer las miraba, como si estuviera esperando una respuesta de ambas. Pero al no conseguir nada solo dejó escapar un suspiro.

— No deben alejarse mucho de mí, recuerden.

Fue lo único que dijo para darse vuelta y empezar a caminar entre la blanca nieve, vas chicas solo hicieron lo que ella dijo. La razón no la sabían con certeza. Pero ella era tan cálida. En eso la castaña pudo ver de reojo que en una de las manos de la mujer tenía un conejo negro. Aumentando su asombro alzó la voz.

— ¡Oz!

La mujer se da vuelta para extenderle el conejo frente a ella con una ligera sonrisa.

— Ahora no debes dejarlo solo. Se ha sentido muy solo sin ti.

Un maullido se escuchó proveniente de los árboles, la albino alzó la vista para toparse con un gato negro parado sobre una de las ramas, ella conocía quién era.

— ¡Cheshire!

La mujer alzó su vista para alzar sus manos al gato, el cual salto a sus brazos. En un momento le extendió al minino.

— Sin duda el también te extraño.

Hablo con una pasiva voz, para darse vuelta y seguí caminando. Mientras era seguida por aquellas gemelas que abrazaban a sus respectivos amigos. A pesar de que no tenían idea de dónde estaban, podían asegurar que ellas sabían quien era aquella mujer. Sus pensamientos fueron interrumpidos por una melodía triste, esa hora del infortunio la cantaba. No había duda. La azabache se detiene para apretar un poco al conejo de peluche entre sus manos.

— Mamá.

Su voz resonó como un eco en el lugar y a la vez de podía sentir una tristeza en esas palabras. Para ambas era difícil asimilar algo así. Ellas siempre estuvieron sola y es lo único que saben, no tuvieron la compañía de un padre o madre.

La mujer se da vuelta para sonreír de la forma más dulce que se podía para ella, en su rostro se mostraba felicidad. ¿Por qué ser?

— No estoy enojada. Pero me alegra que estén bien mis dos hijas.

Ambas se miraron por unos segundos para correr lo más posible a aquella mujer. No su nombre era Lacie y ella era su madre. A su vez está antes de poder decir algo pudo sentir los brazos de aquellas niñas rodeándola, ambas ocultaban sus rostros.

Desde que pudo ver por primera vez aquella rostros no pudo evitar darles todo lo que ella una vez quiso. Amaba a sus hijas. Por lo que rodea a las dos con sus brazos.

— Vamos a casa antes de que anochezca.

Menciono para tomar ambas manos de ellas para empezar a guiar.

Las chicas se miraron de reojo, finalmente podían comprender una cosa y es que todo era real, ella sin duda era su madre como a la vez este no era su mundo. Pero ellas deseaban que lo fuera. En sus ojos de podían observar pequeñas rostros de lágrimas. Y es que ambas no podían creer aún así lo que estaba pasando. Ni en sus más locos sueños pudieron haberse imaginado una escena así, encontrar a la persona que les dio la vida y más cuando ella se debía suponer que debería estar muerta. En vez de eso ella estaba ahí.

Pronto las volvió a sacar de ambos pensamientos, puesto que les había indicado que ya habían llegado a su destino. Las chicas observaron una cabaña no tan grande y menos chica, era de un tamaño mediano el cual estaba rodeado de árboles.

— Estamos en caso vamos pasen no quiero que se enfermen.

Lo dijo con tanta dulzura que hizo que las niñas obedecieran.

Al entrar pudieron ver que todo parecía tan hogareño, había pocas cosas del lugar, dando pasos hasta llegar al medio de la habitación sonrieron entre sí, está era su casa y era de ellas. Esto era tan irreal. Pero ellas no entendían que había pasado aquí, se supone que este era una dimensión alterna ¿no?

— Vamos a comer.

Dijo Lacie quien se había quitado ese suéter y encaminarse a otra parte de la habitación, al oír eso la azabache salió corriendo detrás dejando a su hermana sola con una leve risa. Por lo cual ella se puso en marcha de igual manera, una vez en la cocina ambas toman asiento en la mesa que se encontraba en medio. Observando como la mujer dejaba platos de comida frente a ellas tanto como para ella y de igual manera sentarse, con una ligera sonrisa. Por la forma en que la niña castaña se tragaba todo a su paso, dejando al impresionada a la albina.

— ¿Qué?

Pregunta de reojo la azabache al notar que solo la miraban.

— Parece que no has comido en días.

Se hecho a reír por otra parte su madre.

Ambas miraron observan, esa sonrisa. Hubo un tiempo en que les hubiera gustado obsérvala así, ambas sabían que este no era su mundo y no pertenecían a el. Y aún así ellas querían que lo fuera. En todo el camino ninguna soltó a sus fieles amigos. Alice tenía a Oz entre sus piernas y Alyss tenía a Cheshire debajo de la mesa durmiendo. De ellas nacían un sentimiento que no creían tener. ¿Esto era tener familia?

Un sentimiento pude encontrar en ese momento y no por qué ella estuviera solo ahí. Lacie demostraba felicidad al estar con nosotras y eso me bastaba más que nada.

— Niñas dense prisa, acaso ya no quieren ir al lago que está congelado.

Puso una mirada retadora mientras reía, algo típico de la chica de ojos rojos.

— ¡Si!

Gritaron al unísono para empezar a comer más rápido, bueno es no fue problema para la castaña quien terminó su plato sin problema, pero Alyss se tomaba su tiempo, el hecho de pasar tanto tiempo sola en la oscuridad le hacía imposible creer que se encontraba rodeada de personas que la querían. Si finalmente. Por lo cual unas cuantas lágrimas salieron de sus ojos llamando la atención de la mujer. Lleva una de sus manos para acariciar el cabello de la chica albina llamando su atención.

— Tranquila…

Ella solo sonrió como siempre.

Las tres de encontraban ya en las orillas de un río que se suponía que estaba congelada, a su alrededor había gotas congeladas en las ramas de los árboles. Debido a que hoy el cielo tensión algo de nubes le taba un toque misterioso al lugar. Ambas habían traído a Oz y Cheshire para que también observarán el lugar.

— Es hermoso…

Dijo Alyss para arrodillarse en la orilla y tocar el hielo.

— Lo es ¿No? Qué tal si vamos a patinar.

Hablo la mujer para tomar de ambas manos a las chicas entrando al hielo con algo de dificultad, ya que las gemelas no sabían que haces. Sentían que se caían puestos sus pies se deslizaban por el hielo gracias a que no se caigan debido a que Lacie las sostenía de sus manos.

— C-creo que mejor me regreso…

Hablo temerosa la castaña, no quería caerse y puesto que estaba abrazando con al conejo negro el cual parecía estar muriendo. En vez de eso la chica de ojos rojos solo la agarró más fuerte para caminar al centro del lago.

— ¿Acaso tienes miedo Alice?

Su voz sonaba algo egocéntrica, si eso era. La estaba regando a ella. Esa mujer.

— ¡N-no!

Temerosa y a la vez con una mirada retadora reía, otra vez su orgullo se interponía. Mientras tanto que la albina reía por esa escena. Si finalmente podía reír. Y era lo que más estaba disfrutando.

— ¡Sigamos!

Grito la albina para jalar de la mano a Lacie quien fue seguida de la castaña quuien se asustó al momento para abrazar a la mayor temerosa de caer. La mujer de cabellos negros solo sonrió para seguirle el paso y a la vez asegurándose que la otra gemela no se separara. Patinaban con algo de dificultad ya que solo habían entrado con zapatos. Pero era algo que lo hacía más divertido. A pesar de que la albina no sabía lo que hacía le daba gracias a su madre, si su madre. Que estaba para guiarla de igual manera. Todo lo hacían en forma de zic Zac causándole más miedo a la castaña quien sólo seguía abraza a la mujer de cabellos negros.

Tuvieron que parar puesto que la castaña ya no soportaba estar ahí, se había mareado demasiado por las vueltas que dieron. Una vez en la orilla esta se hecho al suelo cayendo baca abajo. Mientras tanto las otras dos solo podían reír.

Sin embargo no duró para siempre varias siluetas se hicieran presentes saliendo de aquellos árboles de lo cual se dieron cuenta por lo que se pusieron algo serías. A su vez la mayor solo tenía una risa egocéntrica. Ella sabía que era lo que querían.

— Tu solo causas desgracia a donde quiera que vas. Es por eso que tú destino debe ser la muerte.

Acuso una de las figuras con espada en mano, alertando a las dos gemelas.

— Tú nunca debiste de haber nacido.

Hablo otro hombre, el decía las mismas palabras que fueron una vez dirigidas a las gemelas ya que estás solo temblaban no por miedo sino por qué esas palabras eran como golpes de lo que todos decían de ellas. A pesar de que solo fueran tres hombres no los serían ya que se acercaban a las tres cada uno empuñando un arma. Era obvio que las matarían. Sin previo aviso uno de ellos se acerca a Alice quien se encontraba sumergida en sus pensamientos, este pone una daga en el cuello de ella causándole un ligero corte del cual brota sangre. La castaña solo puede quedarse quieta sin saber que hacer. Tanto como Alyss la observa.

— Tienen el coraje de venir aquí. Acepto todo lo que me digan ustedes, pero el hecho de que lastimen a una de mis hijas, es imperdonable.

Lo último lo dijo con un tono sepulcro mientras que su mirada se volvió algo oscuro. Pronto detrás de las cadenas salieron en la dirección de aquel que tenía la daga, no pudo decir otra cosa puesto la cadena empezaba a atravesar su cuerpo para hacerlo añicos, lo último que se escuchó fueron varios gritos de los dos provenientes. Alyss miraba impresionada la forma en que las cadenas partían en pedazos a los hombres del los cuales empezó a caer sangre, las cadenas habían alzado sus cuerpos algo alto causando que de los tres cayera sangre y pedazos de carne, órganos.

— Observen… —dijo Lacie quien recibió la tención de las gemelas, está se encontraba con sus manos en dirección al cielo, la sangre caía sobre su rostro y vestido. Para lo cual a ella no le daba importancia solo disfrutaba—. Es una lluvia de sangre.

Alyss la mira incrédula era posible que. Si lo era.

La albina formo una sonrisa siniestra en su rostro para dar unas vueltas a su alrededor para sentir igual la sangre caer sobre ella, no lo negaría ella amaba hacer esto.

A diferencia de la castaña que solo miro sin saber que hacer, pero de igual forma no pudo evitar poner una sonrisa para agarrar su estómago y reír, para acercarse y sentir igual la sangre caer.

— ¡Sangre!

Grito la castaña para disfrutar ese momento. No podía negarlo ella siempre podía emocionarse por cualquier cosa y ella igual sentía una atracción por la muerte de manera leve. Solo que al ver a Lacie y Alyss reír y disfrutar una lluvia de sangre antes sus pies. Lo vio divertido. Una vez parado todo las tres se mueven puesto tenían sangre en sus ropas, y a ninguna le importaba solo adoraban la forma de divertirse.

— Vamos a casa niñas.

Hablo Lacie para caminar siendo seguidas de ambas niñas quienes tenían una sonrisa egocéntrica, sin duda era para cual. Pero antes de que una de ellas pudiera dar otro paso más sintieron un frío detrás de ellas, las gemelas voltearon para observar la misma luz que las trajo a este lugar, eso significaba que debían irse. Se volvieron a ver por unos momentos para ver que Lacie seguía caminando con una sonrisa y de sus manos tenía al conejo negro como a su costado Cheshire la seguía. Era verdad ellas no pertenecían a este lugar y nunca lo harían.

En la realidad ellas eran una amenaza para todos, Lacie estaba muerta. Y nunca serían libres como lo son en este lugar. Esa era la verdad, cada una estaba destinada a la soledad por ahora. Sonrieron ambas para miran como se alejaba la mujer de cabellos negros con una sonrisa tranquila.

— Adiós madre.

Dijeron al unísono ambas para sonreír de manera nostálgica dándose vuelta y volver a entras a esa luz que de un lugar a otro las cubrió.

Abren los ojos para encontrarse con el escenario negro que las rodea, como el sillón que seguía en el mismo lugar. Ambas se encaminan con tranquilidad para tomar asiento nuevamente en el vacío. Sin embargo en sus rostros se adornaban una sonrisa.

— Alyss

— ¿Si?

— Aunque todos nos odien hay personas que nos quieren está Oz y Cheshire.

— Es verdad y también está ella.

— Es cierto.

— Quieres volver.

Hablo con afirmación la albina puesto sabía que ambas odiaban la soledad de este lugar.

— Si, pero este es el mundo a que pertenecemos y si te das cuenta ese es otro mundo en el cual podemos ser felices.

— Ese era un mundo alterno al nuestro.

— Y aún así ella está viva ahí —sollozo la castaña un poco llamando la atención de su hermana—. Soy feliz por eso.

— Igual yo lo soy Alice.

Ambas no tenían más que decir así que solo se quedaron en silencio, por qué no había más que podían decir, este era su realidad había mucho que tenía que pasar para quedaba pudieran ser felices.

No sabían acerca mucho de aquella mujer, sin embargo era algo cálido estar a su lado. Aunque fuera por unos breves momentos. Algo que se atesora y se guarda para no ser olvidado.

Si ellas las pudo querer en es mundo, nadie puede negar que en este mundo fue lo mismo.

Así es como la corta aventura termina de las gemelas para seguir sumergiéndose en la oscuridad y la soledad.

¿Este es el fin?


Tamago to gohan-aru: gracias por el comentario, quería darle un poco de protagonismo a Lacie, sentía que la estaba haciendo un poco de lado. Sin duda tus comentarios me alientan a seguir con estas pequeñas historias. Por lo que de igual manera espero que te guste esta historia.

Gracias :3