Si, el final del capitulo anterior es fuerte, lo se, por eso mi fic lo he calificado con contenido M. Generalmente contesto a los reviews con DM... Pero siempre hay excepciones.
Gracias por el apoyo y darle una oportunidad, xq si estáis leyendo esto es que seguís interesados en la historia. Lo que habéis leído es lo más fuerte que le pasará a Hinata en este fic. El primer capítulo es mi razón de escribir esta historia. Ahora comienza un camino de auto descubrimiento para Hinata.
Disfruten de la lectura y Review.
Cuatro semanas habían pasado desde la llegada del Aburame y el Inuzuka a Konoha. Durante ese tiempo un equipo de Anbus se dedicó a realizar una busqueda ininterrumpida de la heredera Hyuga. Pero no obtuvieron ninguna pista, ya que la misión de rescate se vio dificultada por la falta de información de los integrantes del equipo ocho, puesto que aún permanecían inconscientes en el hospital.
Neji acababa de regresar a la aldea después de mas de dos semanas de búsqueda sin resultado alguno. Nunca se consideró un persona religiosa, pero cada noche desde la desaparición de su prima, rezaba a los Kamis. Cada día que pasaba las posibilidades de encontrar a Hinata con vida disminuían.
¿Cómo es posible que todo rastro de su chakra haya desaparecido tan rápido? Parecía cómo si se la hubiera tragado la tierra. Si al menos pudiese conseguir invocar a los Tigres Blancos, podríamos obtener la localización de Hinata... pero ningún miembro del clan ha sido capaz de conseguirlo... Hasta que no vea con mis propios ojos cada rincón del país del Hierro juro que no descansaré. Jamás me daré por vencido.
Iba sumido en mis pensamientos mientras me acercaba a la torre del Hokage. Por unos instantes soñaba con poder ser un ciudadano más, que no perteneciese a ningún clan y que mi única preocupación fuese trabajar y concentrarme en mi familia. De ese modo mi prima probablemente seguiría a mi lado y no tendríamos que preocuparnos si el día de mañana nos matarían en alguna misión. Cualquier shinobi en activo, era plenamente consciente que su trabajo como ninja y la muerte iban juntos de la mano.
Me encontraba en la puerta del despacho del Hokage, respiré profundamente y entré sabiendo que la conversación que íbamos a mantener seria difícil. Naruto se encontraba de pie observando la aldea a través de la ventana con la mirada perdida.
-Hola Neji.
-No hemos encontrado nada- Naruto suspiró mientras se daba la vuelta para enfrentarse al Hyuga.
-Se que no te va a gustar lo que vas a oír- hizo una pausa, le costaba pronunciar las siguientes palabras - hemos de suspender la búsqueda de Hinata.
-¡NO!- el cuerpo de Neji se tensó, si el rubio no fuese Hokage ahora mismo estaría dándole un puñetazo en las costillas.
-Neji...
-¡No puedes hacerle eso a Hinta-sama! Ella jamás se daría por vencida.
-Tienes que entender que probablemente esté... Muerta.
-Abandonar su búsqueda significa abandonar a Hinata- Trataba de contener las lágrimas.
-Hasta que Shino o Kiba no despierten no podremos hacer nada. No tiene sentido que la mitad de nuestros mejores shinobis estén fuera de la aldea en una búsqueda a ciegas. Es peligroso y lo sabes.
Neji no quiso pronunciar palabra dejando que continuase el Hokage.
-Los rumores de la desaparición de la heredera Hyuga se han extendido y eso pone a la aldea en peligro. Es la decisión más difícil que he tomado en mi vida, si pudiese dar mi vida por ella la daría gustosamente Neji.
-Lo se.
-No puedo arriesgar la vida de cientos de personas. En cuanto salgas de aquí ve a informar a Sasuke y durante una semana estarás libre de misiones. Te prohibo que abandones Konoha.
-No puedo prometerte eso. Al menos envíame a misiones cerca del país del hierro. Al menos por mi cuenta podría seguir con la búsqueda. No puedo estar sin hacer nada mientras se que mi prima esta sufriendo o esté...- contuvo la respiración para pronunciar la siguiente palabra- muerta.
-Si te relevo de misiones durante la próxima semana es para que te enfrentes a tu familia. También te estoy dando algo de tiempo para que puedas entrenar en esas invocaciones... Si lo consiguieras...
-Entendido.
Las palabras de Naruto me habían golpeado duramente, pero siendo realistas estaba esperando que tomase esa decisión. Ahora tenía que informar a Sasuke, que desde hacia unos meses era capitán de la fuerza Anbu y después me quedaba lo peor, enfrentar a los Hyuga.
Desde que terminó todo el conflicto con Akatsuki tanto Sasuke como yo ingresamos en Anbu. Al principio desconfiaba de él puesto que desde el momento en que abandonó la aldea fue considerado un traidor, pero con el paso del tiempo no sólo se ganó mi respeto sino también mi confianza y de ser solo un compañero ahora era uno de mis mejores amigos junto con Lee. La vida es extraña y te une con personas aún más extrañas.
-Uchiha.
-Hyuga.
-No hemos encontrado rastro alguno de Hinata-Sama. Naruto ha suspendido la búsqueda.
-Era de esperar.
-Lo se... Pero...
Sasuke apoyó los codos sobre su mesa y esperó a que continuase, era su forma de decirme que era libre para seguir hablando.
-Me siento culpable- esas tres palabras eran las que me daba pánico pronunciar.
-No tienes por qué.
-Si, fue mi afán por proteger a Hinata-sama por lo que está en esta situación. Yo junto con Hiashi-sama 'pedimos' al Hokage que evitase enviarla en misiones peligrosas.
-Hmp.
-Estaba preocupado porque la había visto durante años entrenar diariamente y siempre supe que no sería la mejor kunoichi a pesar de todos sus esfuerzos. Después de casi haberla perdido dos veces y que habíamos derrotado a Madara y a Obito, como su guardián consideré que lo mejor para ella era eso.
-Por eso aún sigue siendo un chunin y está en la academia.
-Si no hubiera hecho esa petición, quizás hoy sería lo suficientemente fuerte como para ser un Jounin, trunqué su carrera cómo ninja por miedo a perderla...
-Es irónico.
-Lo se.
-Aunque tu error fue subestimarla, después de todo es la única Hyuga que ha sido capaz de firmar un contrato con los Tigres Blancos.
-La subestimé. Nunca me lo dijo y siempre me contaba todo...
-Todos tenemos nuestros secretos. Deja de culparte a ti mismo y tampoco culpes a los demás, sólo te puede llevar a que tomes decisiones de las que luego puedas arrepentirte. Se de lo que hablo.
-Gracias Uchiha- un peso de encima desapareció sobre mis hombros.
-¿Por qué Hiashi te apoyó en pedir que retiraran del servicio activo a Hinata?- preguntó con curiosidad el Uchiha.
-Tenía miedo, no quería que la fastidiase en alguna misión y que deshonrase al clan. Tampoco el clan Hyuga podía permitirse perder a su legítima heredera, eso supondría una pérdida importante de poder respecto a otras aldeas.
-Hmp.
Había perdido la consciencia de mi misma, totalmente desorientada y con la mente nublada por el dolor de lo que acababa de suceder. El único pensamiento cuerdo que me quedaba se centraba en rezar a los Shinigamis para que se llevasen mi alma del mundo terrenal.
No me quedaban lágrimas que derramar, ni fuerzas para poder gritar. Lentamente mi sangre abandonaba mi cuerpo por las múltiples heridas, mientras la poca vida que me quedaba se consumía. Hice un esfuerzo por recordar las caras de todas las personas que me importaban, quería verlos una última vez más y decirles lo mucho que les quería.
Durante meses me quejé constantemente (a mi misma) de lo desafortunada que era mi vida. Ser un chunin y dar clases en la academia llena de pequeños monstruitos que me desquiciaban. Si tan sólo pudiera ver una vez más las sonrisa de esos niños o sus caras de enfado o las caras cuando estaban a punto de cometer una travesura. Hasta este momento no me di cuenta de lo afortunada que era, de poder vivir segura en mi aldea rodeada de la gente que me quería. Cada una de esas caras sería lo último que vería en vida. Me daba por vencida. Mi cuerpo se relajaba, mi respiración se calmaba y con un último latido de mi cansado corazón cerré los ojos.
Me había despertado esa mañana antes de lo normal. Se habían cumplido seis meses de la desaparición de Hinata. Todos en la aldea la daban por muerta a excepción de Kiba Shino y yo. Nos negábamos a admitir que ella había fallecido, estaba desparecida.
El clan tenía organizado para hoy un funeral en su honor, para que todos sus familiares y amigos pudieran despedirse apropiadamente, y rendirle un homenaje como heredera del clan Hyuga que era. Definitivamente tendría que despedirme hoy y dejarla marchar.
Salí del complejo Hyuga y a la entrada me estaban esperando Lee, Tenten y Sasuke. Ellos fueron mis apoyos fundamentales durante estos duros meses en los que mis cambios de temperamento fueron constantes. Hoy no me habían fallado y es algo por lo que les estaré eternamente agradecido.
La ceremonia fue sencilla, sin grandes discursos ni momentos emotivos. Los Hyuga nunca fuimos famosos por expresar nuestros sentimientos. Cuando terminó, me quedé un rato más en silencio observando todos los adornos florales que habían llevado en su memoria. Esa imagen sin duda le hubiera encantado.
-Vamos Neji- Naruto le dio una palmada en el hombro- Deberíamos ir a celebrar lo afortunados que fuimos por poder haber compartido todo este tiempo con ella.
-Por una vez el Hokage lleva razón- dijo Kiba con una sonrisa de medio lado.
No se dio cuenta que a su lado se encontraba el equipo siete, Kiba, Shino, sus compañeros y equipo de Azuma. Todos querían honrar su memoria.
-Gracias Naruto- comencé a caminar en dirección al restaurante favorito de Hinata seguido por todos mis compañeros. Si tan sólo ella pudiera ver lo mucho que la apreciaban...
En la tierra de los Tigres Blancos, Kuro y Kya, los tigres que Hinata vio nacer, no podían soportar ver a su madre humana morir. Para poder firmar un contrato con los tigres sagrados, cualquier persona debía superar una serie de pruebas para poder demostrar que eran dignos de tal privilegio. Sí las superaban, se les permitía poder convocar a los tigres blancos así como la vinculación a la primera cría recién nacida desde la firma. En el caso de la peliazul fueron dos, un hecho aislado en el mundo de los tigres blancos. En muy pocas ocasiones las tigresas daban a luz a más de un cachorro.
Lo que primero veían las crías al nacer era la imagen de su madre tigresa y su madre humana. El contrato se formalizaba encerrando parte del alma de la persona en el cachorro y una parte de la esencia de los tigres en el humano. Como muestra de ello, Hinata llevaba dos tatuajes en el interior de cada muñeca que simbolizaban su unión con Kuro y Kya.
-No podemos dejarla morir así.
-Lo se Kya. Tenemos que ir a hablar con el gran Byakko.
Byakko es uno de los cuatro monstruos divinos que representan los cuatro puntos cardinales. Se encarga de la protección del Oeste y sus elementos principales son el rayo y el aire. A partir de él surgió la raza de los Tigres Blancos Sagrados, que desde la aparición del ser humano en la Tierra con el único clan con el que se habían vinculado fueron con los Hyuga.
-¿A qué debo vuestra presencia Kuro y Kya?
-Hemos venido a haceros una petición señor- ambos tigres se postraron ante su líder en señal de respeto.
-Si queréis salvar a la humana me temo que eso es imposible.
-¿Por qué?- habló Kya soltando un rugido en desaprobación.
-Muestra más respeto, aún sois muy jóvenes. Ya deberíais saber nuestras leyes. No podemos interferir en la muerte de los humanos. No tenemos el derecho de decidir quien vive y quien muere. Si la Hyuga está destinada a morir ese es su sino.
-Daríamos lo que fuera por salvarla- esta vez fue Kuro quien se pronunció. Su voz transmitía una profunda desesperación y sufrimiento.
-Estáis muy vinculados a ella. Es muy extraño que existan vinculaciones dobles.
-Lo sabemos, pero no podemos verla morir.
-Tarde o temprano su vida terminará de todas formas, los humanos están destinados a morir.
-Lo sabemos Byakko-sama. Pero no podemos verla morir de esa forma, es demasiado doloroso.
-¿Qué estaríais dispuestos a darme si os permito ayudarla?- Byakko tenía curiosidad por sus jóvenes descendientes. Nunca había visito una vinculación tan fuerte y pura como la de ellos.
-Nuestras vidas- ambos tigres hablaron al unísono y con determinación.
-Qué así sea.
En medio de una celda oscura se encontraba el cuerpo sin vida de Hyuga Hinata. En sus muñecas, los tatuajes que representaban la unión con Kuro y Kya empezaron a emanar chakra y a envolver el cuerpo de la peliazul, devolviéndolo de nuevo a la vida.
-Hinata... es hora de despertarse- Kuro y Kya se acercaron hasta el cuerpo desnudo de su madre que yacía en el suelo. Comenzaron a lamerle las heridas para sellarlas con su saliva y detener la hemorragia.
Parpadeé, hubiera jurado que estaba muerta. Sintió todo su cuerpo entumecido por el dolor y varios escalofríos recorriéndola.
-Es hora de regresar a casa Hinata.
Escuchó sus voces, eran sus tigres. Habían venido hasta el más allá a salvarla. Me forcé a abrir los ojos.
-Estáis aquí- esas dos palabras hicieron que toda mi garganta ardiese de dolor.
-Nunca te dejaríamos y prometiste que nos volveríamos a ver- dijo Kya.
-Es hora de que salgamos de aquí- Kuro colocó a Hinata sobre su lomo y ambos tigres desaparecieron de la celda para después encontrarse corriendo por los bosques en dirección a Konoha.
Neji pasó a recogerme por el complejo Uchiha al atardecer, después de mi entrenamiento con Naruto, que a pesar de haberse convertido en Hokage nunca desaprovechaba la oportunidad de pelear contra mi. Utilizábamos esas sesiones como medio para descargar nuestra ira. Los últimos meses, no habían sido fáciles ni para Naruto ni para Neji, puesto que habían perdido a una persona importante en sus vidas. Aunque nunca tuve una relación cercana con Hyuga Hinata me frustraba el hecho de que, como capitán de Anbu fui incapaz de encontrarla viva o muerta.
A Neji y a mi nos tocaba hacer las rondas nocturnas de vigilancia. Usualmente, realizábamos una cada media hora hasta el amanecer. Eran las dos de la mañana y todo estaba tranquilo en la adea. Decidimos tomar un descanso y subir a la montaña de los Hokages. Desde allí divisábamos toda la aldea y parte de bosques. Quedaban pocos días para la luna llena y al estar el cielo despejado de nubes, las vistas desde el punto en el que nos encontrábamos eran impresionantes.
En el momento en que nos disponíamos a continuar con nuestro deber, sentimos dos fuentes inmensas de chakra en las proximidades de la puerta principal de Konoha. Salimos corriendo hasta allí, a mitad de trayecto comenzamos a oír dos rugidos que hacían eco por las calles de la ciudad. Nunca hubiéramos imaginado de que se trataba.
Neji se quedó paralizado ante la visión de los dos tigres blancos que trajeron una vez en el pasado al Aburame y al Inuzuka, pero según la descripción que me dio de ellos, parecían mucho más grandes y más poderosos de lo que me había imaginado, teniendo la altura aproximada de un caballo.
A simple vista no me di cuenta, pero después de varios minutos observándolos, uno de ellos llevaba algo a sus espaldas.
Pronto apareció Naruto junto a otros muchos shinobis que debieron de haberse alertado ante los fuertes rugidos.
-Teme ¿qué ocurre?- Naruto estaba tan paralizado como Neji ante la asombrosa imagen de las dos bestias.
Me acerqué despacio hasta ellos, su mirada estaba fija en la mía. No parecían una amenaza, más bien trataban de decirnos algo. Nadie más se atrevió a moverse o a pronunciar palabra. Cuando estuve a medio metro de distancia de ellos, el que llevaba algo a sus lomos se agachó para dejarme ver que es lo que traía a Konoha.
-Naruto, avisa a Tsunade. Traen a Hyuga Hinata.
Conitnuará...
Nota aclaratoria: La violación de Hinata pasa justo los dos últimos días antes de la huida a Konoha. Todos los hechos que relato que suceden en Konoha, son relativos al tiempo en que estuvieron torturando a Hinata y volviéndola a curar, por sí acaso a alguien le crea confusión los saltos temporales.
