Café

La vida continúa y ella es feliz, eso es lo que verdaderamente importa.

No es una oportunidad perdida, ni si quiera la pérdida de la propia esperanza, solo un descanso.

No eres lo más importante en su camino, también tiene deseos, anhelos y sueños. Personas que también la necesitan.

Si no entiendes nada es porque lo sabes todo y no te has dado cuenta.

Aquellas eran frases fáciles de lanzar, pero imposibles de tragar cuando a quien estaban dirigidas eran a él mismo. El propio Heiji las había dicho en alguna ocasión. Pensar en ellas y observar a Kazuha al mismo tiempo eran dos cosas incompatibles, pese a que su mirada limpia y su sonrisa irradiante de expectativas le diesen la bienvenida cada mañana. Por eso mismo dejó de recogerla en la puerta de su casa todos los días antes de ir al instituto, de quedar con ella para comer y de recalcarle lo estúpida que era. Comenzó a ignorar sus insultos, el enrojecimiento repentino de sus mejillas y sus esperas tras los entrenamientos de Kendo.

E incluso se hizo, de la noche a la mañana, adicto al café.

- Heiji.

El solicitado levantó la cabeza de su humeante taza y la descubrió ante la mesa, mezclada con los aromas a bebidas calientes y reconfortantes en invierno, dulces y la calidez de la cafetería. Vestía aún, como él, el uniforme del instituto y lo miraba seriamente.

- ¿Sí?

- Vaya, parece que no te ha quedado otro remedio que admitir que existo.

- Eso parece, no eres pequeña.

- ¡Idiota!

Una semana antes el muchacho le habría contraatacado con una respuesta peor que habría conseguido subirle los colores a ella y arrancarle una colleja. Sin embargo, eso habría sido, como bien ha sido dicho, una semana antes…

- ¿Viniste a tomar algo? Te aconsejo el café vienés, aunque con poca nata… -comentó a todo ataque, examinando de manera aburrida su taza.

No había cambiado solamente Heiji, también su mirada. Se lucía apagada, pero a la vez desafiante, como si en verdad, lo que pretendiese con su descarado desinterés, fuera provocar al resto del mundo. A lo que le quedaba de Kazuha.

- ¿Qué te ocurre? –preguntó la chica aún de pie, aunque deseando con todas sus fuerzas que él la invitase a acompañarlo.

- Me siento bien aquí, nada más.

- ¡Deja ya de jugar conmigo, Heiji! –le gritó perdiendo la paciencia, consiguiendo así enmudecer, sin aquella intención, a media cafetería.

- ¿Jugar contigo? –su amigo levanto nuevamente la cabeza y le dedicó algo diferente, una expresión molesta- ¿Jugar contigo, dices? Te aseguro que tengo mejores maneras con las que perder el tiempo.

- ¿Bebiendo café¿Eso es lo mejor que tienes que hacer¡Pero si siempre lo has odiado!

- Quizás haya comenzado a odiar otras cosas –dijo fríamente, mientras soplaba antes de tomar un sorbo-. Además, tengo que ir acostumbrándome.

- Jamás pensé que te lo fueras a tomar así, Heiji…

- ¿Tomar cómo? –dejó la taza en la mesa- ¿El café?

- Aquella noticia.

- No me lo tomo de ninguna manera, no eres el ombligo del mundo, Kazuha.

De repente, y sin ninguno de los dos siquiera esperarlo, un impulso motivado por la rabia la sacudió, consiguiendo así que ella golpease la taza y tirase su contenido sobre el uniforme del chico. Sintiendo que se abrasaba vivo se puso de pie. La silla cayó tras él con un golpe seco. Ella esperó con la respiración alterada, ansió con todas sus fuerzas un insulto, un grito, una rabieta por su parte.

- Vaya, ahora tendré que ir a limpiarme esto en el baño… -masculló únicamente, examinando los daños. Fue la gota que colmó el vaso, o en aquel caso, la taza.

- ¡Para mí si eres el ombligo del mundo Heiji, y si a ti no te importa que haya conseguido esa beca para estudiar fuera de Osaka a mí si! –le chilló furiosa, mientras las lágrimas le subían por la garganta como un río salado.

Y a continuación se dio la vuelta y salió de la cafetería frenética, con largas zancadas, asiéndose a lo único que le quedaba en esos momentos: su maleta.

Él contempló su rápida figura desaparecer al otro lado del cristal del establecimiento en silencio. Amarga. Aquella despedida iba a ser aún más amarga e hirviente de lo que él llevaba deseando aquella semana. Sin fijarse demasiado dejó un par de billetes sobre la mesa y comenzó a correr hacia la puerta.

Era momento de endulzar aquel café.


Nota de la autora:
A decir verdad, parte de la sensación que llevo sintiendo desde hace unos días se ha aligerado un poco tras escribir este shot... Quizás por eso, porque en parte me sentía identificada con Heiji, lo escribí en tan poco tiempo (una hora, eso es un record XD) y con tanto gusto. Espero que les haya gustado tanto como yo al escribirlo n.n