Disclaimer: Obviamente, todos los personajes –excepto unos pocos- pertenecen a Stephenie Meyer. Yo sólo echo a volar la imaginación, disfrutando con el universo que ella ha creado
A/N: Muchísimas gracias a tods ls que estáis anotando esta historia como favorita y a tods ls que me dejáis comentarios. Ya he aceptado los comentarios anónimos.
Alguien me preguntó por Renesmee y Jacob… Existen, sí. Pero aún no sé si aparecerán. Tengo que consultarlo con mi musa.
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Capítulo 4: Un extraño viaje.
Pv Bella.
El viaje en avión estaba siendo de lo más entretenido. Claudia no paraba de decirme lo emocionada que estaba de volver a Volterra para recibir el adiestramiento de la guardia Vulturi, y me contagiaba a mí su entusiasmo. Los Vulturi eran la clase reinante entre los vampiros, los más respetados y, por supuesto, temidos.
Claudia insistía una y otra vez en que era un auténtico honor ser seleccionado para entrar a formar parte de la guardia, y que no todos los vampiros que recibían el adiestramiento llegaban realmente a pertenecer a la misma. Había que demostrar que se valían para ello.
- Claudia, me hablas como si nos acabáramos de encontrar.- apunté en tono divertido.
- Bueno, Micaela, es que es así. Yo fui elegida para ir en tu busca. Aún no somos más que aspirantes. Cuando lleguemos nos asignarán aposentos y un horario y una rutina de adiestramiento.
- Ah.- contesté. Claudia me miró fijamente.
- Me dieron las instrucciones precisas para que fuera a buscarte. Están muy interesados en que hayas manifestado tu intención de pasar el proceso de selección. Tú deberías sentirte taan orgullosa.- me dijo ella.
- Claro que me siento orgullosa, Claudia, pertenecer a la guardia Vulturi es el mayor honor que puede conseguir un vampiro. Proteger a aquellos que se encargan de mantener la armonía en nuestro mundo es sin duda una tarea que muchos envidiarían.- contesté convencida.- Lo que ocurre es que están tan emocionada que me siento un poco aturdida, eso es todo. Además, está el hecho de que hay cosas que no comprendo. ¿Por qué mi pasaporte dice que me llamo: Veronicque Da Silva?- pregunté casi susurrando para que sólo ella pudiera oírme.
- Pero ¡claro, Micaela!- se rió ella.- La guardia Vulturi jamás viaja bajo sus identidades reales… ¿Ves? Yo soy Giovanna Cuinha. Somos estudiantes brasileñas pasando sus vacaciones, jijiji. Aprenderás mucho más sobre sus métodos en los cursos de adiestramiento.
- Sabes mucho sobre ellos.- volví a apuntar.
- Es que siempre quise estar al servicio de la guardia. ¡Son como mis estrellas del Pop!- bromeó ella.
- A ver, Volterra está en Italia…
- Sí, eso es.- contestó Claudia mirándome fijamente.
- ¿Qué hacemos rumbo a Lisboa?- pregunté intrigada.
- Seguir instrucciones.- contestó ella abriendo su bolso y dejándome ver un sobre.
Claro, era lógico. La guardia Vulturi parecía algo así como un cuerpo de élite, y no iban a caminar tranquilamente por la calle gritando a los cuatro vientos sus identidades, lo más normal es que estas fueran secretas. Si se presentaban en cualquier sitio donde tuvieran que llevar a cabo alguna intervención, el factor sorpresa siempre debía estar de su lado. Ir pregonando a un infractor: Cuidado, que vamos, no era una idea demasiado buena. Si acaso arriesgada, pero nunca buena.
En mi vida había hecho un viaje tan largo, o al menos no lo recordaba. Iban a ser cerca de veintidós horas de vuelo, llegando a Lisboa al día siguiente de embarcar, casi entrada la noche. Entretuvimos el trayecto leyendo revistas, viendo las diferentes películas que nos ofrecieron, escuchando música, y haciendo como que dormíamos mientras todo el pasaje lo hacía. De vez en cuando, Claudia proponía un curioso juego: desgranar los matices aromáticos de la sangre de los humanos que nos acompañaban.
La verdad era que veintidós horas de vuelo para un vampiro era más que un ejercicio de autocontrol, era un máster. Me pregunté si no formaba parte también del adiestramiento. Algunos de los aromas que Claudia me describía eran ciertamente tentadores, y en alguna ocasión llegué a notar que Claudia se tensaba ligeramente.
- Si no es por el taxista, alguna de las personas de este vuelo iba a servirme de suculento aperitivo antes de llegar a Volterra.- comentó de repente Claudia como quien no quiere la cosa.
- ¿Te alimentaste del taxista que nos llevó al aeropuerto?
- No podía aguantar…- contestó con un puchero.- No me gusta ir dejando cuerpos por ahí, pero ¿recuerdas todas las miserias que nos contó en el trayecto? Le he hecho un favor. Espero que si Aro se entera, no informe a mi superior. ¿Tú no tienes sed, Micaela?
No recordaba la última vez que me había alimentado, me mordí el labio tratando de calcular el tiempo que había transcurrido, y mientras ella me miraba con interés, sacudí la cabeza.
- No, no estoy sedienta.-dije, sinceramente. Mi garganta no ardía, la ponzoña no acudía a mi boca al oler a aquellos humanos. Definitivamente, no necesitaba alimentarme.
- Bueno, eso sólo quiere decir que no voy a tener que preocuparme por tu sed, sólo por la mía. Al menos hasta que lleguemos a Volterra.- me dijo mirándome de una manera un tanto extraña, acorde al tono de canguro que había utilizado.- Quizá entonces te venga bien reponer fuerzas.
Empecé a pensar que tenía razón. Al no poder asegurar cuándo era la última vez que me había alimentado, tampoco podía asegurar que no sintiera esa necesidad al llegar a nuestro lugar de destino.
Pv Claudia.
Sí, me había merendado al taxista. Pero es que mantener constantemente mi influjo sobre Bella Cullen era realmente agotador. Y el viaje en avión de veintidós horas iba a ser una prueba realmente poderosa para que Aro siguiera confiando en mí.
Mantener el engaño requería que me convirtiera en su sombra, Aro incluso me había confirmado que iba a tener que volver a recibir el adiestramiento oficial para no dejarla sola más tiempo del necesario.
Ni siquiera yo sabía cuánto tiempo tendría que transcurrir hasta que Bella Cullen realmente actuara como Micaela, siguiendo a pies juntillas cualquier instrucción que le diéramos y colaborando con la guardia como Aro esperaba que hiciera. Yo hasta el momento me había limitado a convencer a mis víctimas de pequeñas cosas. Inventar toda una vida para una vampira se salía totalmente de mis ideas. Era un arduo trabajo. Pero afortunadamente para mí, ni siquiera había tenido que luchar.
Me habían advertido de que estaba dotada de un poderoso escudo. Pero cuando entró en la librería estaba totalmente desprotegida. ¡Fue tan fácil convencerla de que me diera el móvil! Para evitar cualquier intromisión en mi trabajo, opté por olvidarlo descuidadamente allí mismo. Las instrucciones decían que no debía permitir que volviera a contactar con su familia.
Naturalmente, todas las instrucciones las recibía por escrito, de modo que yo no pudiera tomar ninguna decisión. Me insistieron mucho en ese tema, para evitar a la clarividente. Limítate a seguir las instrucciones.
Lo del taxista había sido divertido. Y no lo había decidido hasta que se bajó del coche para ir a los baños. Entonces tampoco se le podía haber llamado decisión. Mi instinto le siguió, y formaba parte de los planes escritos en el sobre.
Había estado contándonos lo cara que estaba la vida, lo difícil que lo tenía para llegar a fin de mes, y que su pareja le había dejado porque no soportaba quedarse los fines de semana encerrada en casa sólo porque había que ahorrar.
De modo que leí el sobre y rezaba: Asegúrate de que Bella deja toda su documentación atrás, y proporciónate un aperitivo, el viaje será largo. Quitarle el bolso a Bella fue tan fácil como lo había sido dejarla sin móvil. Sólo dejarlo caer en el suelo del coche y decirle una frase: "Hemos llegado. Salgamos. Ya lo llevamos todo".
Entonces el muy estúpido se bajó del coche para ir a los baños, y la ponzoña llenó mi boca con la anticipación.
- Nosotras también nos acercaremos.- le dije a Bella cogiéndola convincentemente del brazo.
No rechistó. Simplemente tuve que pedirle que me esperara unos minutos en el interior de los baños, me colé detrás del taxista y lo golpeé en la cabeza para aturdirlo y evitar que gritara. Le hubiera hincado el diente en el cuello, claro, pero no quería dejar demasiadas evidencias sobrenaturales. Los humanos ya tendrán suficiente con que el cadáver no tenga ni una gota de sangre. En los tobillos y las muñecas la sangre también fluye con suficiente fuerza como para drenarlo en unos pocos minutos, así que escogí el tobillo, la zona más escondida de las dos, y cuando hube terminado mi tentempié, lamí la mordedura para que la ponzoña cerrara la herida, es un truquito que se aprende en la guardia Vulturi, muy práctico si no se quiere llamar la atención sobre los cadáveres.
Y durante el vuelo, la ristra interminable de preguntas de la Sra. Cullen: agradezco enormemente el hecho de que mi don funcione de la manera en que lo hace. De otro modo, tejer toda esta maraña de mentiras en la mente de Bella sería un trabajito mucho menos disimulado. He de tener mucho, mucho cuidado para no darla un momento de reposo. Y alimentarme con mucha más frecuencia que habitualmente si quiero cumplir exitosamente con la misión que se me ha encomendado. Su mente ha de ser mía en pocos días.
Alice Pv
¿Por qué aún no se movía?
Edward se había movido como un autómata hasta el coche, siguiéndonos a Jasper y a mí, pero había permanecido como una estatua desde entonces, mientras Jasper y yo organizábamos los vídeos de las cámaras de seguridad para no tener que visionarlos absolutamente todos.
Lo primero había sido eliminar las horas anteriores a la desaparición de Bella, excepto en la cámara que mostraba la entrada al aeropuerto. Yo tenía la intuición de que la vampira había llegado en el mismo día, aunque esa idea no me tranquilizaba en lo más mínimo. Si descubríamos a qué hora había llegado, quizá ese podía ser el primer paso para saber de dónde había venido.
Noté el aliento de Jasper en mi cuello, y sus labios dejaron un cálido beso en mi mejilla.
- ¿Estás bien?- me preguntó muy suavemente, mientras me abrazaba.
- Todo lo bien que puedo estar en esta situación, supongo.- contesté con dulzura.- Me preocupa él, no yo.
- Él está, digamos que… meditando. Le abordan una gran cantidad de emociones encontradas. Unas negativas, otras positivas, y todas se centran en Bella.- me respondió mi pareja sin aflojar su abrazo.- Yo le entiendo.
- ¿Qué quieres decir?- pregunté, acariciando su brazo.
- Si tú desaparecieras, sin prácticamente dejar rastro alguno, y lo único que supiera es que alguien de nuestra especie está contigo, y que no lo conocemos de nada… Bueno, yo… creo que me volvería loco.- me confesó prácticamente entre susurros, y reafirmando sus inquietudes con otro beso más intenso en mi mejilla.
Pausé las imágenes en la pantalla y me giré para devolverle uno en sus labios, intenso y dulce, pero breve, tan breve que dolía. Acaricié su rostro y le sonreí tímidamente. Ansié su compañía, pero sabía que no tendríamos ese momento hasta que esta locura se resolviese.
