Holaa! Aquí ando de nuevo con un nuevo capítulo de ERES MÍA, una vez más dar las gracias por los reviews y animaros a que sigáis comentado.

Os informo que este fic tiene en total 11 capítulos más un Epílogo: romance, amor, misterio, lemons, intriga, miedo, tristeza… Esta historia tiene un poco de todo, pero sobretodo hace que nos demos cuenta de que nada es imposible y de que, cuando el hielo y el fuego entran en colisión… El juego se torna a peligroso…

Espero que disfrutéis con este capítulo tanto como yo disfruté escribiéndolo ^^

_____________________________

Los días transcurrían con tanta rapidez que se convirtieron en semanas, las semanas, a su vez, en meses. Noviembre llegó con el primer copo de nieve derramado en el campus de Hogwarts.

El profesor Flitwick estaba encantado con el trabajo de Draco y Hermione, su nota fue simplemente brillante. Los dos compañeros no volvieron a hablar durante todo aquel tiempo, se limitaban a observarse cuando estaban seguros de que nadie les prestaba atención. Sus miradas estaban cargadas de odio, miedo, incertidumbre, desesperación, pasión e incluso amor.

Hermione había encontrado la persona adecuada con la que desahogarse, había estado barajando durante semanas varios nombres hasta que había decidido cuál era su mejor opción. Una noche de octubre cogió la capa invisible de Harry y recorrió los solitarios pasillos de Hogwarts hasta la cabaña de Hagrid. Se asomó a la ventana y, tras comprobar que se hallaba sólo en la casa, tocó la puerta con cierta timidez.

- ¿Quién anda ahí? – preguntó cogiendo la escopeta.

- Soy Hermione – respondió ella tras la capa invisible.

Hagrid se acercó con lentitud a la puerta y la abrió, el no ver a Hermione fuera no le sorprendió, estaba seguro de que llevaría la capa invisible de Harry. Cuando la figura de la más brillante de los alumnos de Hogwarts apareció en su pequeño hogar, Hagrid cerró la puerta con cuidado.

- ¡Qué alegría verte, Hermione! – exclamó ofreciéndole asiento -. ¿Una taza de té?

- Sí, por favor – aceptó ella con la voz apagada.

Hagrid notó aquel tono de voz y frunció el entrecejo, más tarde sacudió la cabeza y supuso que el frío que hacía fuera de la cabaña sería la causante.

- ¿A qué debo tu inesperada visita? – preguntó llenando la enorme taza con té caliente -. No me malinterpretes, me encanta que vengáis a visitarme, es sólo que… no te esperaba.

- Hay algo que quiero contarte.

- Vaya – volvió a exclamar Hagrid sorprendido –. Esto tampoco me lo esperaba. Es decir, me alegra que vengas a mí para contarme algo pero… no sé, ¿no sería tal vez más fácil contárselo a Harry o Ron?

- No puedo contárselo a nadie… nadie lo comprendería – repuso Hermione tratando de evitar en vano no derramar lágrimas.

- Eh, eh… Hermione, vamos. No llores – suplicó el gigante ofreciéndole un pañuelo del tamaño de una sábana -. Estás asustándome, ¿ha ocurrido algo malo?

- Creo… creo que me he enamorado – contestó cabizbaja.

Hagrid sonrió.

- Hermione, eso no es nada malo. Es lo más normal del mundo, no debe preocuparte. ¿Quién es el afortunado?

Hagrid se llevó la taza de té a la boca justo antes de que la muchacha suspirara.

- Draco Malfoy.

El gigante se atragantó y comenzó a toser enérgicamente. Hermione, sorprendida por la reacción de su amigo, corrió hasta él y le dio un par de palmadas en la espalda.

- Será una broma, ¿no?

- No – negó Hermione cuando volvió a su asiento, antes de dar un largo sorbo al té que contenía la taza casi más grande que su cabeza.

- ¿Cómo…? ¿Cuándo…? – trató de preguntar Hagrid.

- Supongo que desde principio de curso me he sentido atraída por él – confesó Hermione, feliz por poder desahogarse al fin -. Hace un par de semanas nos besamos – añadió con vergüenza.

- ¿Qué os besasteis? – repitió Hagrid con sorpresa.

- Sí… creo que, que él siente algo por mi también.

- ¿Lo habéis hablado? – preguntó Hagrid con más calma, haciéndose a la idea de que el problema de su amiga no era un chiste.

- No… no hemos coincidido – repuso ella.

Así habían permanecido como mínimo una hora, hablando de los sentimientos de Hermione, permitiendo que se desahogara, que hablara de lo que llevaba meses tratando de ocultar.

A diferencia de la muchacha, Draco no había hablado del tema con nadie. No porque no sintiera ganas de soltarlo de una vez sino porque no confiaba lo suficiente en nadie como para que fuera a guardarle el secreto. De todas maneras, sentía cierta vergüenza. "Una sangre sucia", pensaba, "por Dios, Draco, ¡vas a convertirte en Mortífago!".

Aquella idea lo agobiaba tanto que era incapaz de pensar algo con coherencia. Ya no tenía tan claro que quisiera destruir a todos los hijos de muggles, le resultaba ridículo pensar que un beso había cambiado toda su forma de pensar, pero así era. El beso de Hermione había sido el mayor gesto de amor que nadie jamás había tenido con él, Granger le había ofrecido todo su amor y cariño sin esperar nada a cambio, no obstante, Draco no había podido evitar mostrar sus sentimientos en aquel beso.

____

Las clases de cuidado de criaturas mágicas solían ser bastante aburridas, todas salvo aquella. Todos los alumnos se encontraban de pie frente a un hipogrifo, Hermione, Ron y Harry sabían que era el propio Buckbeak, aunque después de los hechos recientes era más conocido como Whiterwings.

- Como ya sabéis – decía Hagrid -, para acercarse a un hipogrifo hay que mirarlo directamente a los ojos y hacer una suave reverencia, si éste os responde, entonces podréis acercaros a él sin temor. Para que os quitéis el miedo a las criaturas mágicas, voy a pedir a dos alumnos que monten a Buc... Whiterwings y den una vuelta con él. ¿Señorita Granger?

Hermione miró con curiosidad a Hagrid y éste le sonrió. Con cuidado miró a los ojos a Buckbeak e hizo una prolongada reverencia. El hipogrifo no tardó en contestarle y ésta se acercó a él alegremente.

Draco observaba atónito el cariño con el que Hermione acariciaba al hipogrifo y, por un momento, sintió verdadera envidia. Llevaba meses queriendo acercarse a Hermione, llevaba meses queriendo volver a repetir, muy a su pesar, aquel magnífico beso.

- Así es exactamente como se hace – la felicitó Hagrid –. Veamos… ¿Malfoy?

Toda la clase, incluyendo Draco y Hermione, miraron al profesor con sorpresa. Harry hubiera echado humo por las orejas si hubiera sido posible, no comprendía cómo Hagrid había puesto de pareja a Malfoy y Hermione… él debía de agarrar las suaves caderas de su amiga y volar con ella por el terreno de Hogwarts, no aquel imbécil.

Mientras Draco hacía la reverencia y esperaba a que Buckbeak la repitiera, Hagrid miró de soslayo a Hermione y le guiñó un ojo sin que nadie lo advirtiera.

Draco se subió al hipogrifo detrás de Hermione sintiéndose intimidado por la cercanía de sus cuerpos y la cantidad de personas por los que estaban siendo observados.

- De acuerdo, dar una vuelta y volved dentro de un cuarto de hora para contarnos vuestra experiencia – ordenó Hagrid justo antes de dar una palmada en el lomo de Buckbeak y que éste echara a volar.

Draco se agarró con fuerza a la cadera de Hermione sorprendido por el brusco despegue que había tenido la criatura y no se soltó de allí, no por miedo sino por puro placer. Sentir sus cuerpos cerca era mucho más placentero que el asombroso paisaje nevado que se abría paso ante ellos, el cielo era el límite.

El hipogrifo voló alegre durante un par de minutos, ofreciéndoles a Hermione y Draco un sinnúmero de vistas espectaculares para grabar en su memoria.

- ¡Cuidado! – gritó Draco agachándose y bajando la cabeza de su compañera para que no se golpeara con una rama.

- ¡Ah! – chilló ella sintiendo un fuerte dolor en el brazo.

- Déjame ver.

Habían salido del terreno boscoso pero ello no significaba que hubieran dejado de volar, el batir de las alas de Buckbeak impedía que Malfoy pudiera comprobar el estado de la brecha que Hermione tenía en el brazo. El abrigo que llevaba la muchacha dada la estación del año en la que estaban no ayudaba demasiado.

Con cuidado la sujetó de los hombros para que pudiera darse media vuelta sobre el hipogrifo y quedar de cara a él. La sangre se escapaba por la herida llenando el abrigo de un rojo charco de sangre, pero el encontrarse el uno frente al otro a tan escasa distancia con aquel hermoso paisaje alrededor los distrajo.

Una punzada de dolor provocó que Hermione volviera a la realidad.

- Será mejor que nos bajemos – apuntó Draco observando con cuidado la herida.

Buckbeak los dejó en un pequeño descampado y corrió tras un hurón que usaría como comida. Hermione se sentó en el suelo y Draco se situó frente a ella, remangándola y tratando de usar pequeños hechizos de curación.

- No servirá de nada, la brecha es bastante grande – aseguró Hermione.

Draco la fulminó con la mirada, él trataba de ayudarla y así se lo agradecía.

- Hay un par de vendas en mi bolsa, coge una, por favor – pidió la muchacha.

La sorpresa de Draco ante aquella frase borró todo su enfado.

- Veo que vas preparada – comentó al abrir su bolsa y contemplar su gran botiquín.

- Hago prácticas con la señora Promfrey – explicó.

El Slytherin se acercó al brazo de Hermione y lo rodeó con las vendas con exquisito cuidado. Ambos estaban más pendientes de la proximidad entre ellos que de la propia herida, Draco maldecía en sus pensamientos, ansiaba con desesperación volver a besarla… quería simplemente abrazarla aunque fuera una auténtica locura.

- Ya está – repuso cuando terminó.

Cuando el muchacho levantó la vista se encontró con los ojos de Hermione apuntándolo directamente, lo cual le hizo estremecer. Draco esperó hasta que ella se acercara como la última vez pero nada sucedió, Hermione quería comprobar si Malfoy sentía algo por ella, si quería besarla, él sería el que debía acercarse.

Draco continuó esperando, negándose a ser él quien diera el primer paso, una vez más Hermione bajó la mirada (aquella vez decepcionada, no avergonzada) y él acercó su mano a la mejilla de ésta con una lentitud que lo sorprendió a él mismo. Cuando sus dedos rozaron el pómulo de la muchacha volvió a sentirse vivo, al igual que ella, que había vuelto a clavar sus marrones ojos en los grises de Malfoy.

La mano de Draco continuó acariciando el rostro de Hermione con una naturalidad fuera de lo normal, con ella a su lado aquellos detalles dulces y emotivos le salían solos, cosa que jamás hubiera llegado a imaginar. De todas formas, le gustaba sentirse como Hermione la hacía sentir: tranquilo, en paz consigo mismo, alejado de los problemas y angustias… acababa de advertir que una hija de muggles había conseguido sacar de él lo que nunca nadie, ni siquiera un sangre limpia, había logrado sacar.

Contento y agradecido por la cantidad de sensaciones nuevas y gratificantes que estaba viviendo, se acercó a Hermione y posó sus labios en los de la muchacha con los ojos cerrados. Ella respiró aliviada y rodeó en cuello de Draco con sus brazos con tanta desesperación que ambos cayeron al frío césped.

El calor que emanaba un cuerpo junto al otro en la hierba compensaba la baja temperatura de la atmósfera. Hermione sujetaba el rostro de Draco entre sus manos con cariño mientras él acariciaba su espalda con movimientos lentos y suaves.

Pasaron así unos diez minutos. Fue Hermione la que advirtió la cantidad de tiempo que llevaban allí, con dulzura apartó a regañadientes el rostro de Draco del suyo y lo miró por un momento a los ojos manteniendo sus frentes aún unidas.

- Debemos irnos – anunció ella con tristeza.

- No – se le escapó un gruñido Draco para sorpresa de ambos.

- Yo tampoco quiero irme – sonrió Hermione para alivio del muchacho ante aquella muestra de sentimientos.

- Entonces quédate.

Hermione sonrió una vez más, Hagrid le había brindado la oportunidad de hablar con Malfoy a solas y ella había descubierto lo que quería: Draco también estaba interesado en ella.

- Si no aparecemos pronto, sospecharán – apuntó Hermione.

- Tienes razón – reconoció Draco con rabia mientras se incorporaba.

Los dos se pusieron en pie y se sacudieron la nieve que poblaba sus cabellos y túnicas. Buckbeak apareció tras el silbido de Hermione y ambos vacilaron antes de subirse a él, aquellos minutos habían sido perfectos como para dejarlos en el olvido tras subir al hipogrifo. Ninguno de los dos tenía la menor idea de cuándo se podría repetir aquel maravilloso momento.

Draco suspiró y se acercó a Hermione casi con ansiedad pero respetando la dulzura y ternura con la que siempre se besaban. Aquel último beso fue corto pero intenso, ambos se montaron en Buckbeak con la esperanza de que no fuera un beso de despedida.

El viaje de vuelta fue silencioso pero al mismo tiempo afectivo, Hermione apoyó su espalda en el fuerte pecho Draco mientras éste acariciaba con ternura sus caderas en el trayecto. Cuando sobrevolaron la gran fila de alumnos se separaron automáticamente, el aterrizaje fue mucho más pausado que el despegue.

- ¿Qué ha ocurrido? – inquirió Hagrid examinando con cuidado el brazo lastimado de Hermione.

- Pasamos por un tramo de bosque y una rama… - comenzó a explicar ella.

Draco bajó de Buckbeak ajeno a la clase, su mente estaba en aquel pequeño descampado, junto a Hermione. No obstante, el rostro enfurecido de Harry lo devolvió a la realidad y se acercó a la muchacha, sirviéndose de excusa el cada vez mayor enfado de su rival. Draco le sonrió con malicia, a lo que Harry tuvo que hacer grandes esfuerzos para no adelantarse y golpear violentamente el rostro enrojecido por el frío de Malfoy.

Aquella misma noche Harry visitó a Hagrid ocultado en la capa invisible, al igual que cuando lo había visitado Hermione, Hagrid preguntó quién era armándose con la escopeta, la voz de su amigo Harry lo tranquilizó y abrió la puerta para permitir que pasara.

Le sorprendía la cantidad de visitas nocturnas por parte de sus amigos aquellos meses.

- ¿Una taza de té? – ofreció Hagrid sentándose.

- Claro, gracias – agradeció cuando cogió la enorme taza humeante, aun trataba de mostrarse enfadado con su amigo, pero no podía.

- ¿Ocurre algo?

- ¿Cómo se te ocurre poner a Hermione con Malfoy como pareja de vuelo? – recriminó Harry dejando la taza de té en la mesa.

- ¿Por qué no iba a hacerlo? – inquirió Hagrid con confusión -. Son dos alumnos más de mi clase…

- ¡Sabes que se odian! – lo interrumpió Harry al borde de la rabia - ¡Podía haberle pasado a Hermione cualquier cosa!

- Hermione es lo suficientemente inteligente como para defenderse ella sola, de cualquier forma no ha pasado nada – repuso el guardabosques con el mismo tono de voz que su amigo mago.

Harry trató de serenarse. Hagrid tenía razón, Hermione había vuelto sana y salva, aunque sospechaba que la historia de la rama no justificaba su herida en el brazo, el rostro sonriente que había mostrado al bajar de Buckbeak le daba la certeza de que nada malo había ocurrido.

- Lo siento es que… bueno… hay algo que me gustaría contarte – dijo Harry al cabo de un breve silencio.

- ¿Por qué será que últimamente todos venís a contarme algo? – balbuceó Hagrid para sí.

- ¿Qué?

- Nada, nada. ¿Qué pasa?

- Es que… bueno, estoy enamorado de Hermione – confesó Harry.

Hagrid volvió a atragantarse con el té que había tomado, aquello era un auténtico quebradero de cabezas para él… Harry enamorado de Hermione, Hermione de Draco y Draco… Hagrid sonrió ante la idea de que Draco se presentara en su cabaña para confesarle su amor por alguien.

- ¿Qué es lo que te hace gracia? – inquirió Harry con curiosidad.

- Nada – se apresuró a responder -. Es sólo que… es raro.

- Sí, puede que sí. ¿Crees que debería decírselo?

- ¿A Hermione? – Harry asintió -. No, no lo creo. Es decir, yo preferiría conformarme con su amistad…

De pronto tocaron la puerta. El Gryffindor se colocó la capa invisible por encima mientras Hagrid abría la puerta. Hermione esperaba al otro lado de la puerta con un paquete entre las manos.

- Hola – saludó alegremente mientras penetraba en la habitación –. Venía a darte las gracias por lo de la clase de…

- ¿La clase extraordinaria que te di el otro día sobre los centauros? – trató de disimular Hagrid, apurado –. De nada, fue un placer.

Hermione lo miró frunciendo el ceño, la mirada desesperada del guardabosques y las dos tazas de té sobre la mesa le hizo comprender que tal vez estuviera acompañado, tal vez Harry se encontraba con la capa invisible.

- Oh… bueno, te había traído unas pastas en agradecimiento a aquella fabulosa clase sobre los…

- Centauros – se apresuró a decir Hagrid.

- Centauros – repitió Hermione -. Pero, vendré otro día a tomar el té… acabo de recordar que tengo que hacer un trabajo de… runas antiguas. Nos vemos, Hagrid.

- Hasta otra, Hermione – se despidió.

Tan pronto como la muchacha se hubo marchado, Harry se quitó la capa invisible y miró a Hagrid con ojos interrogantes.

- No hay nada que me estés ocultando, ¿verdad Hagrid? – inquirió.

- Por supuesto que no – aseguró él nervioso.

- ¿Seguro?

- Claro que no.

Harry pareció convencido ante aquella respuesta y finalizó el interrogatorio, con lo cual Hagrid respiró tranquilo por fin. Le daba pena no poder contarle a Harry que estar enamorado de Hermione era una pérdida de tiempo porque ella había a su vez estaba enamorada de otra persona, no obstante, no quería traicionar la confianza de su amiga contándole el más preciado de sus secretos a Harry. El guardabosques suspiró y rellenó otra taza de té para su amigo y él.

Aquella noche se presentaba larga.

______________________

Bueno, espero que os haya gustado el cap.

Hagrid atormentado con tantas confesiones; Harry furioso porque su amigo no le haya dado la oportunidad de montar en Buckbeak con Hermione; Draco y ella esperanzados por encontrarse en más ocasiones.

Pero… ¿Qué ocurrirá cuando encuentren la manera de poder estar juntos? ¿Será todo tan bonito como hasta ahora?

Saltarán chispas :)

Os dejo un poquitín con la mosca para el siguiente capítulo, espero poder subirlo dentro de un par de horas, sino, tendréis que esperar a mañana ^^

Un besoo!