Notas de autora: Hola de nuevo, lamento la tardanza con este capí pero mi vida no tiene control en este momento y no tengo tiempo para escribir, además había perdido mi memoria usb donde tenía guardado el fic y no la encontraba, casi sufro un infarto de la desesperación pero por fin apareció. Nota mental: arreglar el desastre que hay en mi cuarto hehe. Bueno bueno, no los entretengo más con mis cosas y aquí les dejo el capítulo tres que espero disfruten mucho, gracias sus comentarios y nos vemos en el que sigue!
Capítulo 3: Hogar... ¿dulce hogar?
Draco se quedó de pie en aquel callejón por varios minutos, su mirada estaba fija en el espacio que Dean había ocupado antes de desaparecer, su cabeza estaba en trance y ni siquiera fue consciente en el momento en que había comenzado a nevar. Todo lo que le pertenecía estaba perdido. Dean Thomas le había robado TODO.
Sintió que aire comenzaba a faltarle, pero no podía derrumbarse, simplemente no podía.
Alguien.
SÍ. Alguien debía de ayudarle. Todo eso podía tener alguna solución rápida, ¿no?
Tal vez si iba al Ministerio de Magia y...
Pero se percató por décima vez de la ausencia de su varita y supo que no sabía llegar ni al Ministerio de Magia o siquiera al Callejón Diagón, o a ningún otro lugar mágico, sino era por la Red Flu o apareciéndose. Necesitaba su varita.
Además, como Thomas lo había dicho, nada de lo que había ahí en Londres le pertenecía, por lo que no podría siquiera comprar una nueva varita si no tenía un misero Knut en los bolsillos. Y tampoco podía ir entre muggles hasta encontrar a un mago que lo llevara al Ministerio de Magia o le ayudara en algo, sin dinero y ningún documento podría incluso ser arrestado por los muggles si lo veían acosando a toda persona... no, debía haber otra manera.
Bueno... estaba la casa de Potter
¡No!
No, todo menos eso. Prefería mil veces ser arrestado a tener que regresar a esa casa de locos... Pero no, ser arrestado no era una solución. Tenía que hacer algo inmediatamente, la temperatura comenzaba a descender de forma peligrosa y la ropa que traía puesta no lo abrigaba mucho; además temía que algún muggle lo asaltara y lo único que portaba era su vestimenta. La única solución práctica era regresar volando a la casa de Potter. Y el hecho de traer la escoba de Weasley podía acarrearle más problemas y no quería tener en esos momentos en su contra a San Potter y sus dos sombras.
Ni hablar.
Sacó la escoba del escondite donde la había dejado y se subió en ella antes de que la nieve le impidiera volar y salió de Londres hacia la casa de campo donde había despertado varias horas antes. Por suerte, el camino era muy fácil de recordar.
Debido a la nieve y la neblina que le dificultaba ver con claridad, a Draco le tomó tres horas regresar y encontrar la casa de Potter. Para cuando aterrizó cerca de la terraza, todo su cuerpo estaba helado y empapado.
Le dolía cada uno de sus músculos y comenzaba a sentir nauseas.
Maravilloso, lo que me faltaba: enfermar a morir.
Dejando la escoba bajo el techo de la terraza y preparándose para lo que venía, Draco abrió la puerta y entró a la casa. Lo primero que notó fue lo acogedor del aire caliente, la calidez fue recibida con agradecimiento por cada uno de sus huesos.
Como huido lo másdeprisa posible aquella mañana, no había observado detalladamente el interior del inmueble.
La casa era muy sencilla, pero también podía notar un aire lujoso en varios muebles, además, la decoración en las paredes no estaba nada mal. Lo que le hizo fruncir el ceño fueron los juguetes tirados por doquier.
Niños. Siempre había odiado a los niños. Tan escandalosos y siempre sucios, tan infantiles y con las energías desbordadas y mal canalizadas, además siempre querían la atención sin importar la situación... básicamente parásitos.
Lucius Malfoy le había dicho varias veces que agradecía que su primer hubiera sido un varón porque no estaba muy ansioso de llenar la casa de niñas hasta conseguir a su heredero. También había afirmado que sólo le había encontrado verdadera utilidad hasta que ya era un adolescente porque los niños no eran útiles, eran una molestia en la cual se perdía el dinero y el tiempo
Draco opinaba lo mismo que Lucius. Además, con su padre muerto, no había tenido que lidiar con sus reproches y chantaje al saber que él nunca tendría hijos, ni siquiera para heredar la empresa Malfoy. Aunque siendo homosexual no existía el riesgo de embarazar a a nadie sin querer.
Harto de ver tantos juguetes en aquella casa, el rubio comenzó a subir la escalera lo más lento posible para no hacer ruido ni lastimar más sus magullados músculos, pero cuando apenas iba por el segundo escalón escuchó la voz de Potter a sus espaldas y giró con resignación, no se sentía bien para volver a huir y estaba considerando seriamente ir a San Mugo si se ponía peor...
Potter no estaba detrás de él, pero su voz se escuchaba cerca, bajó los escalones para enfrentarse a lo inevitable.
-...no, en San Mugo no saben nada, Hermione. No sé qué hacer... no creo que los del Ministerio den con él si no trae su varita. Sí, lo sé, Hermione, pero no puedo... está bien, está bien, ven por ellos y yo salgo a buscarlo...
Potter estaba saliendo de la cocina y se notaba en su voz la desesperación y preocupación. Cuando Draco terminó de bajar el último escalón, Potter se percató de su presencia y por un segundo pareció haber sido petrificado; el moreno dejó de hablar por el aparato muggle y lo dejó caer sobre una mesita para después acercarse rápidamente a él abrazarlo fuertemente.
Draco se quedó mudo... había tenido la esperanza de que Potter se encontrara en su misma situación y hubiera despertado con la persona que menos esperaba, aunque la reacción que Potter había tenido en la mañana ya le había dado la señal de que no era así, aún así había tenido la esperanza de haber estado en lo incorrecto.
Sin saber qué hacer o decir, Draco simplemente dejó que el otro lo abrazaba, no se sentía bien y no tenía fuerzas para quitárselo de encima ni discutir, además sabía que si hacía alguna de esas cosas todo empeoraría, lo que más deseaba en ese momento era recuperar su varita y desaparecer de ahí, pero tampoco se sentía con las fuerzas para hacer aquello, definitivamente no había sido una buena idea volar mientras nevaba y mucho menos sin algún hechizo que le protegiera de la nieve y el frío, o siquiera ropa más abrigadora y adecuada al clima.
Potter deshizo el abrazo y sostuvo el rostro helado de Draco en sus manos, su mirada era tan profunda e indescifrable que Draco tuvo que apartar sus ojos de esas dos esmeraldas brillantes, pero antes de poder alejar su rostro de aquellas manos, Potter lo besó... fue un beso simple, sin profundidad, casi como la simple unión de dos labios pero lo suficientemente real como para choquear tanto a Draco que no pudo evitar quitar el rostro con demasiada brusquedad, Potter lo miraba ahora no sólo con intensidad, sino que su ceño se había fruncido en un claro gesto de resentimiento.
-¿Dónde estabas, Draco?- su voz sonaba con un sentimiento que Draco se sorprendió al identificar como dolor, mucho dolor; aunque también pudo percibir un dejo de coraje. -¡¿Qué maldita sea te pasó está mañana, Draco?!
Dando un pequeño brinco de susto ante el repentino aumento del tono de voz de Potter, Draco lo miró con furia. No tenía porqué darle explicaciones a Potter, de hecho, no quería decirle nada al maldito cara-rajada. Le importaba una mierda lo que Dean Thomas le hubiera dicho antes: Potter no era su familia, aquella casa no era su hogar y definitivamente NO le daría ninguna explicación a Potter sobre absolutamente nada.
-No me grites. Yo hago lo que se me dé la gana, Potter, -otra vez esa mirada, ese dolor impregnado en todas las expresiones del moreno y una vez el rubio tuvo que apartar su propia mirada de los ojos verdes.
-¿Potter? -preguntó el otro completamente estupefacto -¿Desde cuándo soy Potter?
Draco no dijo nada, Potter dio dos pasos atrás y puso una de sus manos sobre su boca como queriendo detener un sollozo o tal vez un insulto. Draco sentía que iba a vomitar por todo lo que estaba experimentando.
Intentando alejarse del moreno y sus evidentes problemas emocionales, Draco comenzó a caminar por el vestíbulo y se detuvo frente a la mesita donde el moreno había arrojado el aparato muggle segundos antes; el rubio se quedó petrificado al ver una fotografía de él y Potter abrazándose.
La foto era de lo más simple, no tenía mucho movimiento a pesar de ser claramente una fotografía mágica, lo único que mostraba era a él y a Potter abrazados, mirándose con tanto amor que a Draco le estremeció verse a sí mismo siendo capaz de demostrar ese inútil sentimiento por alguien más... ¡por Harry Potter, maldita sea!
La sonrisa de Potter en la fotografía era tan radiante que podía iluminar cualquier lugar y cegar hasta el más escéptico del amor... aquella imagen provocó que Draco saliera del shock en el que se había encontrado desde hace horas para entrar en uno nuevo y más terrible.
Lo que había dicho Dean Thomas era verdad.
Merlín.
Esa foto, esas miradas, esas sonrisas... ¡ese amor!
¡Esas nauseas que aumentaban al ver la mirada del rubio en la fotografía tan impregnada de sentimientos empalagosos y pestilentes!
¿Qué diablos había hecho para merecer aquel castigo por parte de Dean Thomas? Tenía que salir de todo eso antes de perder la cordura, de eso no había duda. Pero al ver esa fotografía que ahora sostenía en sus manos, comenzó a entender que la única manera de lograr su objetivo era seguir las reglas, aunque no las comprendiera del todo. Lo que sí le había quedado claro, era que debía de quedarse en ese maldito lugar y pretender, a regañadientes, que era parte de esa maldita "familia"...
Genial, maravilloso, estupendo... ¡que alguien me mate!
Resignado, volvió a mirar a Potter que ahora estaba sentado al pie de las escaleras con sus brazos apoyados en las rodillas y su rostro escondido entre las manos, sin duda alguna seguía dolido y molesto y en una batalla de sentimientos encontrados, pero ya se veía un poco más calmado a pesar de su evidente frustración.
-¿Qué sucede, Draco?-preguntó Harry con la voz medio ahogada por las manos sobre su rostro, el moreno volvió a levantar la cara para mirarlo con desesperación contenida.- ¿Por qué te fuiste así, a dónde te fuiste?
Vaya, jamás había visto a Potter así, tan lleno de emociones que Draco trataba descifrar, no sabía que el moreno pudiera ser tan... expresivo
¿Pero qué podía decir? Merlín, lo único que el rubio sentía en ese momento era furia y confusión, sentía una gran angustia de quedar atrapado en ese mundo surrealista, tenía miedo de dar un paso en falso y no recuperar su vida.
-Si te lo digo no me lo creerías, Potter.
-¡Deja de decirme así, maldita sea! -Esta vez el rostro de Potter enrojeció del coraje y se levantó de un solo tirón haciendo brincar nuevamente a Draco. -¡¿Es que quieres que ahora yo comience a decirte Malfoy?!
Haciendo el mayor esfuerzo posible por no poner los ojos en blanco, Draco intentó tranquilizarse ya que su actitud estaba desquiciando más a Potter y los dos estaban perdiendo la paciencia.
-Mira, Harry. -Pronunciar ese nombre le sabía muy extraño en sus labios, además no pudo evitar que sonara como un insulto. -Seguramente parecerá una locura, pero este no es mi hogar, yo no pertenezco aquí. Si me desaparecí de esa forma en la mañana fue porque no debía estar aquí. Yo pertenezco a Londres, ese es mi mundo.
Para su sorpresa, Potter no reaccionó como si esa declaración fuera lo más inverosímil, de hecho, la cara que puso fue la de alguien que ya había escuchado aquello más de una vez y le hartaba oírlo de nuevo. Volviendo a sentarse en los escalones y a enterrar el rostro en sus manos, el moreno suspiró fuertemente y al levantar el rostro, fijó sus ojos sobre Draco, el rubio pudo notar un rayo de entendimiento en esas facciones, pero también vio más dolor.
-No puedo creer que salgas con eso otra vez, Draco. No después de tantos años... No sé qué decirte, pensé que la última vez que hablamos de eso tú estabas conforme con lo que tenías aquí. Merlin, si hace cinco años que no te quejabas de este lugar, hasta decías que había sido lo mejor... ¿Por qué otra vez sentirte así?, ¿Qué te hizo volver a lo mismo, o es que jamás quitaste el dedo del renglón y sólo estuviste guardándote todo lo que sentías?
Para incomodidad de Draco, la voz de Potter comenzaba a quebrarse, a pesar de que su mirada no mostraba señales de lágrimas. Le noqueaba más a Draco, era la forma en que Potter se dirigía a él, esa naturalidad, esa confianza, también ese amor evidente y la demostración de preocupación que Draco no había recibido de manera genuina después de la muerte de su madre.
Por todos los magos, Potter estaba enamorado de él.
Para el moreno, Draco era su pareja, tal vez su esposo; la intimidad de dos personas que han estado juntas por años se sentía en sus palabras, en su mirada... y lo único que Draco podía sentir en ese momento era temor. Para él, Potter no era más que el maldito niño-que-vivió, aquel némesis de sus años en Hogwarts y el chico que, para su disgusto, le había salvado la vida en la guerra. Pero ni todo aquello se comparaba con lo que Potter ahora sentía; Draco simplemente no podía estar en el mismo nivel que él porque todo su ser seguía en el pasado. No sabía cómo iba lograr sobrevivir en ese mundo. Pero tenía que intentarlo.
-No se trata de que sí guardé algo o no, Po-Harry. Las personas a veces dejan sus sueños atrás, pero no por eso los olvidan, creo que... creo que eso es lo que pasa conmigo. No puedo olvidarlo. -Vaya, podía ser actor si me lo planteara seriamente, pensó Draco. Había distorsionado un poco las cosas, pero básicamente acababa de decir lo que sentía sin alterar más al dañado Potter, tampoco era como si estuviera dispuesto o listo para a besarlo y decirle palabras de amor, esperaba que eso fuera suficiente, y por el suspiró y el ligero cambio de mirada de Potter, pareció que sí había funcionado.
-Bien, lo entiendo, en verdad lo comprendo, Draco. Yo también dejé varios sueños atrás cuando nos mudamos aquí y tal vez jamás los llegue a cumplir. Pero estoy feliz con lo que tengo... con lo que tenemos. No sé si tú lo estés, y sinceramente, en este momento no quiero saberlo... no quiero volver a las discusiones de hace años, no después de lo de esta mañana. -Levantándose de las escaleras, Potter se dirigió hacia la sala pero antes de desaparecer de su vista, regresó con Draco y volvió a hablar. -Te perdiste la navidad. Sé que no es un día muy importante para ti, pero sabes que a los niños a mí nos encanta. -Había mucho rencor en su voz, Draco tragó en seco sintiéndose culpable y odiándose por eso, él no tenía la culpa de nada. Él era la víctima. -Espero que tengas más ánimo mañana, pero ahora deberías tomar un baño si no quieres enfermarte el resto de las vacaciones. Hermione y Ron tuvieron que irse por la red flu después de que te llevaste su escoba, pero dijeron que nos veían para después. Me iré con los niños a casa de Andromeda, recuerda que prometimos visitarla, pero le diré que no te sentías muy dispuesto... a menos que quieras ir.
Evitando hacer alguna mueca de fastidio ante la mención de su tía con la que no tenía ningún contacto, o al menos no en su vida "real", Draco trató de hablar de la forma más natural posible, sin sonar frío y molesto.
-No, prefiero quedarme aquí. No me siento muy bien y creo que si duermo podré evitar enfermarme.
-Está bien. Te veo en la noche. -Potter ya se alejaba cuando Draco recordó algo y le habló un tanto fastidiado por no poder dirigirse al moreno como él quisiera.
-Oye, P-Harry ¿Sabes dónde dejé mi varita? Es que me siento perdido sin ella.
Esa fue primera sonrisa que mostró Potter; el moreno se acercó a la mesita de la fotografía y extrajo la varita de Draco de un cajón oculto. Ante la mirada curiosa del rubio su sonrisa se amplió un poco más.
-La guardé anoche porque sabía que intentarías desenvolver el regalo de Scorpius con magia ya que no soportas que desgarre el papel... en fin, de nada sirvió ya que no estuviste para los regalos. Ten, aquí tienes.
Sin saber qué más decir, Draco tomó su varita y subió por las escaleras hacia el dormitorio donde había despertado aquella mañana, estaba casi seguro de haber visto la puerta de lo que parecía ser un baño en su desesperado intento de librarse de aquellos niños y lo que más deseaba en ese momento era tomarse un baño. También pensando con curiosidad en el nombre de "Scorpius", el rubio fue subiendo los escalones con lentitud, pero al llegar al último peldaño se encontró con figura de una niña no mayor de ocho años que sonrió al verlo llegar.
-¡Papi, regresaste!
¿Papi? No, no, no de nuevo.
Ya tenía suficiente con haber tenido que soportar el melodrama de Potter y ahora esto. Sin esperar respuesta de su "padre" la niñase lanzó a los brazos de Draco que tuvo que sostenerla para no perder el poco equilibrio que su cuerpo conservaba.
-¿Por qué estás tan mojado, papi? -preguntó la niña esa cuando se dignó a soltarlo y mirarlo con tanto afecto que estremeció a Draco.- ¡¿Ya viste qué recibí de navidad?! ¡Una escoba de verdad!… bueno, mi tía Hermione dijo que no era como las otras, que volaba más bajito, ¡Pero es una escoba, papi! ¡Una escoba!
Diablos, aquella niña tenía un talento único para alcanzar niveles muy agudos con su voz, y ni qué decir de su evidente manía de mover las manos como loca… extrañamente aquel continuo movimiento le recordó al Potter de Hogwarts. Siempre inquieto y enfadoso. Y de hecho… viéndola bien, Draco notó que la niña tenía un aspecto muy parecido a Potter y, para su desgracia, tenía los ojos iguales a…
"Ay no, que alguien ahora sí me mate por favor, esa cosa tiene mis propios ojos"
Draco se sentía a punto de desmayarse. No podía, bueno, sí podía, pero no quería imaginarse cómo es que aquella niña poseía rasgos físicos de él mismo y del maldito Potter. Había que admitirlo, la niñata esa, que ahora insistía en fueran al jardín a volar en su nueva escoba, tenía un aspecto lindo. Claro, teniendo los mismos ojos de Draco y aquella inigualable nariz respingada propia los Malfoy, era suficiente para convertir a cualquiera en alguien atractivo.
Harto y más mareado que antes, Draco estaba a nada de quitarse a la fuerza a esa niña y gritarle para lograr calmarla, pero por primera vez en aquel apocalíptico día, agradeció la presencia de Potter que, al haber escuchado los emocionados gritos de su hija, había ido a buscarla para ponerle un suéter y una bufanda.
-Lily, deja a tu padre en paz, no se siente bien. Anda, bájate de sus brazos que te vas a mojar y no quiero que pesques un resfriado.
"¿Tu padre? ¡Tu padre!" Ah no, no, no, no, de esa no se libraba el maldito de Potter. Sólo a un imbécil sentimental como al moreno se le ocurría decirle así ¡A Draco Malfoy, por Merlín!
Dean Thomas que tenía un terrible sentido del humor y una mente muy retorcida.
-¡No, papi! ¡No quiero suéter, no voy a poder volar! -Se quejó la niña poniendo una cara de chantaje emocional muy parecida a la que Draco hacía a esa edad, aunque no era algo que le enorgullecía, le alegró ver que Potter caía tan fácil ante a esos gestos; el moreno había suspirado y dejado ir a la sala sin suéter.
Draco se quedó varios segundos mirando la nada sumergido en el delirio que todas esas escenas le estaban causando hasta que Potter lo sacó de sus "sueños" dirigiéndose a él con brusquedad.
-Si no te das un baño ahora, tú serás el que pesque un resfriado.
Draco pudo ver en sus dos esmeraldas el enojo y resentimiento. ¿Qué quería Potter que le dijera? Por más lazo familiar que tuvieran, a Draco le valía lo que Potter podía sentir y no se iba a disculpar por nada, mucho menos iba a hablarle con cariñitos; y que se fuera sentando si esperaba a que asumiera cualquier papel paterno con aquellos dos niños escandalosos. Para nada.
Media hora después, Draco se encontraba aún bajo el agua caliente que caía de la regadera.
Sí, una maldita regadera.
Al parecer, la vida de ensueño que tanto le quería vender Dean Thomas no incluía una tina… ¡por Merlín, ni siquiera incluía un baño decente!
Luego de haber superado el shock al ver el desastre en el que se encontraba el diminuto baño ubicado en la habitación de Potter y de él, Draco se las había tenido que ingeniar con la poca energía que le quedaba para recordar y ejecutar un mediocre hechizo de limpieza sobre cada superficie del azulejo, y aún así, seguía considerando que era un lugar desagradable. Lo mismo pensaba del resto de la casa.
Cuando salió de la ducha, Draco se sentía peor que nunca y aunque huir de ese lugar era lo que más deseaba, no creía poder dar un paso sin caer; aparecerse estaba más que descartado. Ya no quería pensar en todo lo que había sucedido en ese día, no quería ver más ese cuarto tan desordenado y repleto de cosas de mal gusto, mucho menos quería acostarse en esa cama vieja y que mostraba señas de que dos personas dormían ahí cada noche... pero fue lo que hizo. Se acostó en la cama sin siquiera vestirse o quitarse la toalla de la cintura y al medio minuto ya estaba dormido.
