No recordaba mucho después del golpe, hasta pensaba que había sido uno de tantos sueños demasiado reales que tenía a veces, pero estar en una casa ajena no ayudaba con esa teoría.
Inspeccionó la habitación donde se encontraba, era lujosa. Parecía una mansión.
Se preguntó si había muerto y aquello era una prisión de los ángeles, o si Azazel interfirió por ella y ahora estaba en alguna sala VIP demoníaca.
Lanzó un quejido y pestañeó intentando incorporarse, no sabía qué decisión era más descabellada.
- Estás despierta - Evelyn miró a aquella mujer, era la misma con la que había hablado en aquella carretera y ahora estando con un estado de ánimo normal le avergonzaba un poco haber hablado con ella de esa manera.
- No te preocupes - siguió hablando, - me llamo Anna, soy un ángel como bien dijiste pero no voy a hacerte daño. -
Se acercó a ella con un vaso de agua y algo de pan. - No es mucho… me atrevería a decir que no es casi nada si lo comparas con la mansión pero estaba abandonada. - se excusó y la miró de nuevo.
Ya no la miraba indiferente sino con un toque maternal que hizo a Evelyn preguntarse si no sería una trampa antes de acordarse del incidente.
- ¿Qué paso con el coche? ¿quién me atropelló? - preguntó más preocupada que furiosa. No había tenido una sensación de familiaridad con nadie hasta que aparecía ese sujeto que se habría largado cuando vio que había hecho.
Le pareció que Anna la observó asustada unos segundos, pero cambió tan rápido el semblante que creyó habérselo imaginado.
- Eso no importa, todo a su tiempo, ¿de acuerdo? ahora deberías estar agradecida de vivir, no todos tienen esa suerte, ¿sabes? - atacó furiosa y Evelyn no sabía si hablaba por ella misma o por la preocupación que se supone que tenían los ángeles hacia los humanos.
- Quiero irme de aquí y averiguar quién diablos me atacó, ¿sabes, tú? - se defendió levantándose, y por otra de las pocas veces que lo hacía, daba gracias al virus Croatoan por ello.
Todo esto le parecía absurdo, hace nada su mayor preocupación era que le quitasen su tutela al maldito mujeriego de Dean Winchester y ahora su vida y la de su próximo bebé atrae demonios corría peligro, era la mayor locura que había pasado en su vida.
¿Sus padres habrían vivido mayor locura que eso? resultaba difícil ganar a eso… mientras que Sam el destructor no apareciera en escena.
Sam no había averiguado mucho hablando con la policía, más bien le habían dicho lo que había salido por televisión según se había enterado. Volvió a casa esperando que Dean no le preguntara demasiado, después de todo lo único que quería era descansar.
Dean se encontraba discutiendo con Castiel, pero dejó la discusión de lado cuando vio a Sam parado en frente de ellos con expresión confundida.
- ¿Has averiguado algo? - Sam negó con la cabeza a lo que Dean sólo suspiró. Castiel los miraba como si esperara algo de ellos, supuso que ese era el motivo de la disputa.
- Dean, hay que hacerlo, el tiempo corre en nuestra contra y está en peligro la vida de mucha gente. El sacrificio es por un bien mayor, no puedes dejar que te guíen tus emociones. - siguió Castiel, parecía que el tiempo de la discusión no le había afectado en lo más mínimo porque sólo tenía que ver la frustración de Dean para suponer que estaban desde hace un buen rato así y conociendo lo cabezota que era su hermano no iban a parar fácilmente.
- Es una cría, ¡joder! ¿no puedes pedirme otra cosa? y además humana Cas, vosotros nos protegéis, nos pedís que convivamos en perfecta armonía y ahora me estás pidiendo que mate a una inocente… ¡porque es una inocente! - terminó Dean haciendo que Castiel no protestara en el último segundo.
- ¿Qué es lo qué pasa? no… más bien, ¿qué cojones pasa? ¿qué es lo que quieres Cas, para que Dean sanguinario Winchester se niegue a cargarse a alguien? - dijo Sam mezclando la ironía y la curiosidad. Ellos eran diferentes, o al menos lo habían sido hace tiempo… antes de que su carácter hubiese cambiado tanto en tan poco tiempo.
- Quiere cargarse a Evelyn - Dean lanzó una mirada asesina a Castiel, de haber sido posible el ángel estaría en el cielo de nuevo.
- Quiero salvar al mundo - protestó Castiel con un tono calmado característico de él y Sam tuvo que reprimir una sonrisa al imaginarse que sonaba como el villano que al final es héroe y centrarse en la importancia de la situación.
Porque él quería a esa chica, claro que sí, pero si había un peligro con ella… debía proteger a su familia antes que nada, después de todo había perdido a su madre y a Jessica. Tenía derecho a ser un poco insensible de vez en cuando, había sufrido suficiente.
El timbre de la puerta sonó y Sam fue a abrir, sabía que de los tres era el más indicado en ese momento para visitas.
- Buenos días, ¿vengo en buen momento? - preguntó una mujer desconocida para él. Llevaba su cabello castaño recogido en un moño y tenía unas gafas que dejaban ver sus ojos del mismo color del cabello. Vestía con ropa elegante.
- Pase - se apartó de la impresión y se maldijo por haber sido tan ingenuo, si llegaba a ser alguien peligroso, ¿qué? había puesto a Dean en peligro y eso no se lo perdonaría.
- Vengo por la tutela de Evelyn Anderson - comentó para sorpresa de los dos hermanos. - Estudié su caso y en definitiva no ha sido usted un buen tutor señor Winchester, nos llamaron desde la escuela de Evelyn para avisarnos sobre la vida que lleva. -
- Un momento, ¿a qué se refiere? ¿qué vida lleva? no es una yonki ni una puta. - añadió lo último entre dientes visiblemente alterado, por lo que su hermano mayor intentó calmarlo, no podían permitirse dar esa impresión delante de la mujer que daría el visto bueno.
La mujer les dedicó una mirada altiva y se sentó en uno de los sillones de la sala para molestia de Dean, ya que nadie le había dicho que podía hacerlo.
- Viendo su comportamiento señor Winchester, me temo que tendré que tomar medidas al respecto - empezó. Sam tuvo que frenar con un gesto a Dean para que no se lanzara encima de ella para posteriormente cargársela.
Se sentó en el sofá con Sam a su lado mientras la mujer seguía hablando. - Pero quiero comunicarle que deseo ver el ambiente en el que la chica vive. ¿Esta es su casa? - preguntó mientras había tomado un bolígrafo y se disponía a hacer alguna anotación.
- Es temporal - se adelantó Sam, y para su sorpresa Dean seguía con sus ojos fijos en la mujer.
- ¿Así que viajan mucho? - volvió a preguntar y el menor de los hermanos sabía que cualquier respuesta empeoraría la situación.
- Bueno… nosotros… - suspiró y supuso que sería mejor decir la verdad sería lo mejor, aunque eran expertos mentirosos con extraños podía haber un momento en el que bajaran la guardia y se descubriría la verdad.
- Si viajamos, por motivos de negocios más que nada. - intervino el mayor de los Winchester, estaba decidido a terminar el interrogatorio exhaustivo como lo denominaba él.
- ¿Y Evelyn está satisfecha con esos viajes? he observado su rendimiento escolar y ha bajado últimamente. - comentó mirando papeles que Dean estaba seguro aunque los observara con lupa, no los entendería. Él no nació para eso.
- Es una adolescente, ya sabe… hormonas y todo eso - respondió Dean con una sonrisa fría dedicada especialmente a ella. Una que exteriorizaba su odio por la mujer y sus ganas de estar finalmente a solas con su hermano.
- Entiendo - dijo finalizando de una vez la entrevista, ya que hizo su última anotación y se dispuso a recoger los papeles. - Volveré otro día y me gustaría tener tiempo a solas con ustedes tres, especialmente con la chica… por cierto, ¿dónde está? - comentó cuando parecía que se había percatado de ello en ese momento.
- En casa de una amiga, fiesta de pijamas. - dijo Sam con la misma pregunta en su cabeza.
- Buenas noches. - se despidió dándoles la espalda para salir de la casa, mientras el hermano mayor se controlara para no echarla él mismo a patadas.
- Una cosa si está clara… - empezó Sam y Dean le miró confundido. - Hay que encontrarla antes que miss Úrsula ataque de nuevo. -
- ¿Úrsula? - preguntó sin haber entendido el por qué del apodo.
- La bruja de La sirenita. - respondió como si fuese algo obvio. - ¿Qué? - se quejó cuando Dean le lanzó una mirada incrédula. - Me gustaba, ¿vale? -
Anna caminaba ajena a todo, había elegido un lugar lejos de la mansión y de la multitud para darle tiempo a pensar. No podía creer que el pasado hubiera vuelto… porque sí, el pasado siempre volvía a atormentarte por muy enterrado que estuviera, pero no creía que precisamente habría vuelto así…
En cada paso demostraba su inseguridad por la decisión que tenía que tomar, después de todo no es algo que pasara todos los días.
Castiel la observó unos minutos antes que ella se diera cuenta de su presencia, le sorprendió que estuviera tan sumida en sus pensamientos que no tuviera sus poderes de ángel presentes ante cualquiera presencia, incluido él.
- No podrás huir eternamente de esto, Anna. No hay tiempo para hundirse, debes hacer un último esfuerzo y luchar. - aconsejó, o al menos lo intentó ya que Anna no cambió su semblante.
- Dios, todo esto es tan… creo que no habría una palabra que lo definiera. - se quejó, dejaba que las lagrimas empañaran su rostro y Castiel no hacía nada para detenerlas, debía desahogarse.
Hubo un silencio. Los dos ángeles sabían que por mucho que dijeran en ese momento no cambiarían la opinión del asunto que tenía el otro.
Porque debían seguir luchando, olvidando, haciendo sacrificios para un bien mayor… y no podían tener un momento de debilidad como aquel en el que sólo una decisión arruinaría todo.
- Castiel… ¿qué clase de madre soy? - preguntó Anna con su voz entrecortada por todas las emociones que sentía, - ¿qué clase de madre soy… cuando me estoy preguntando si debo hacerte caso? si debo de verdad sacrificar a mi hija en este proceso…
Notas de autora: Bien, no quiero ofender a nadie con lo último, y gracias para los que han continuado leyendo.
Este tiene su duración del capítulo normal, no me gusta como ha quedado el tercero, creo que me dejé llevar por actualizar pronto. Este quedó mejor según mi opinión.
Saludos!
