III.
No prometas aquello que…
Katarina había dejado de lado sus preciadas dagas y aporreaba un saco de boxeo con tan fuerza que su balanceo parecía no tener fin. Aunque la pelirroja no participaba en ningún combate desde hacía meses, todavía mantenía un riguroso horario de entrenamiento, en parte porque debía mantenerse ocupada en algo, pero también porque aun creía que su padre, quisiera o no, podía llamarla para cumplir alguna misión. Por ello, la pelirroja se encerraba en uno de los campos y entrenaba durante casi toda la tarde, a veces, cuando tenía la cabeza llena de pensamientos pasaba de largo hasta que prácticamente llegaba a su cama a desmayarse del cansancio.
Aunque esa tarde parecía ser una de esas ocasiones, Katarina golpeo el saco un rato más y lo dejó tambaleándose mientras hacía el recorrido hasta su habitación. Su plan era ducharse y salir a buscar algo de comer antes de que la cafetería se llenase de gente, luego pensaba practicar un rato con sus dagas y quizá caminaría un poco antes de irse a la cama. Sin embargo, Katarina se topó con Valerian, su acompañante designado, en el corredor que llevaba a su habitación y la mala cara se le acentuó todavía más.
El sujeto no hablaba mucho e incluso cuando Katarina lo mandaba a volar de las formas más creativas que encontraba él no se molestaba en seguirle el juego, cumplía su trabajo como todos los demás y únicamente le dirigía la palabra cuando no había remedio. También para él era un castigo tener que lidiar con la noxiana caprichosa.
-Buenas tardes Señorita.
-¿Qué quieres?- preguntó la pelirroja siendo lo más tajante posible.
-Tengo que escoltarla hasta su plataforma…
Katarina bufó e intentó pasar de lado, pero el chico se atravesó en su camino a lo cual la pelirroja reaccionó tomando una de sus dagas para presionarla levemente contra la piel del cuello del muchacho.
-¿Es que todos son imbéciles aquí?. No voy a ir.
-Recibimos una carta de su padre, el General Marcus afirma que usted participará en la batalla programada para el día de hoy – dijo el muchacho sin dejarse intimidar por la asesina.
Valerian también era noxiano y conocía muy bien las tácticas de intimidación de la Daga Siniestra, como era conocida Katarina en su tierra natal, además no le aterraba la idea de morir. Incluso si él sabía que no podía compararse con la pelirroja, en caso de que la mujer quisiera herirlo él se defendería lo que le daría el tiempo suficiente para que otros miembros de la Liga vinieran en su rescate.
Pero no era necesario que le muchacho planeara defender su integridad de la asesina, pues ante la mención de su padre la pelirroja entendió que no tenía opción. Así que soltó al chico, guardó su arma y le hizo una señal para que la esperar allí. Luego, siguió hasta su habitación y tomó una ducha muy rápida antes de regresar. Caminaron en silencio hasta la plataforma y Katarina se colocó sobre el dispositivo intentando que se le notara todo lo posible lo mucho que le fastidiaba la situación.
Una vez apareció en el campo de batalla, Katarina reconoció a Vladimir, Riven, Darius y su hermano menor quienes ajustaban sus armas en tanto esperaban por su quinto luchador. La reacción del grupo al verla no bien pudo pasar por completo desapercibida, pues salvo Draven que emitió un silbido de incredulidad los demás apenas la miraron.
La pelirroja revisó sus armas, sacó un par de dagas grandes y se encaminó a la primera estructura que debía defender. Su idea era terminar lo más pronto posible con esa payasada, por lo que al ver quién sería su rival directo sonrió empezando a lanzar una de sus armas con despreocupación.
-La zorra joniana.
Ahri, que estaba lo suficiente cerca para escuchar a la perfección el comentario de la parciamente desaparecida noxiana sonrió y se acercó lo justo para poder responderle sin arriesgar demasiado el pellejo.
- Que desagradable sorpresa. Creí que nos habíamos liberado de ti de una vez por todas.
-Voy a disfrutar matándote – contestó Katarina sonriendo con cierta superioridad.
Aunque la pelirroja llevaba más de seis meses sin participar en combates, recordaba muy bien la dinámica y no esperó apenas lo justo para empezar a acosar a Ahri con sus dagas. Si bien la vastaya era lo suficiente ágil para esquivar la mayoría de proyectiles, algunos le rozaban con la suficiente fuerza para irle abriendo heridas por todo el cuerpo. Ahri había logrado asestarle un par de hechizos, pero Katarina no parecía afectada pro ellos en lo mínimo, contrario a la reducción en agresividad y velocidad de la vastaya que la miraba algo agitada mientras intentaba mantener la distancia con los soldados que aún le quedaban con vida.
Como Katarina sabía que Ahri no regresaría a su base producto de las constantes provocaciones a las cuales la había sometido, abandonó la relativa seguridad de sus propias tropas y utilizó su shumpo para acercarse a la vastaya quien no logró conjurar su aturdimiento a tiempo y terminó con las dos enormes dagas de la noxiana clavadas en el vientre. La pelirroja sonrió cuando Ahri levantó la vista, luego desgarró la piel de la vastaya que cayó empezando a desaparecer de inmediato. Aquello borró la sonrisa del rostro de la asesina, pues en minutos la mujer que acababa de matar regresaría sin un solo rasguño. Sin embargo, aun deseaba terminar lo más pronto posible de modo que ordenó a sus tropas avanzar y empezar el asedio a la primera torre protectora que cayó antes de que Ahri regresara con refuerzos para defenderla.
Katarina siguió presionando, con la caída de la primera defensa sus soldados se fortalecieron y forzó al samurái a intentar defender la segunda torre exterior mientras la vastaya hacía su aparición. Sin embargo, Ahri tardaba ya demasiado lo cual hizo sospechar a la pelirroja quién ordenó a sus tropas mantener la posición y continuar mientras ella se adentraba en el bosque rumbo a las edificaciones inferiores. Si la zorra no pensaba volver, pues se buscaría otra cosa que matara y problema solucionado, tarde o temprano Ahri se vería forzada a enfrentarla de nuevo.
Tal como pensó, Draven y Vladimir también habían hecho un trabajo bastante eficiente y las tropas estaban ya intentando asaltar la torre, pero Val y Kai se las ingeniaban para utilizar sus propios soldados y mantener el daño estructural al mínimo. Katarina podía adivinar en el rostro de Draven como la impaciencia lo consumía. El tipo podía ser un buen guerrero, pero era todavía peor que ella para seguir órdenes y la cabeza solo le servía para sostenerle el cabello.
Contrario a lo sensato, Draven intentó herir a Kai con sus hachas, ante lo cual Val reaccionó salvando a su compañero pero la distracción fue suficiente para que ninguno notara el shumpo de Katarina a un costado de la línea. Para su fortuna, Vladimir leyó su intención a la perfección y atacó, la pelirroja esperó el intercambio de daño, y justo cuando Vladimir se retiraba volvió a brincar a espaldas de la parejita que ya no tuvo tiempo para reaccionar. Los dos hombres cayeron empezando a desaparecer en el momento que Katarina les había cortado el cuello; la noxiana utilizó su shumpo para escapar y derribó también esa torre con ayuda de las pocas tropas que les quedaban.
-Draven tenía todo bajo control – le reclamó el soldado al tiempo que empezaba a regresar a su fortificación.
Katarina ni se molestó en responder. Una vez que Draven ahbía abandonado el lugar, Vladimir se giró hacía ella y le dedicó una cortesía tan falsa que Katarina solo rió ante el gesto. Luego, también él se retiró.
La asesina deshizo el camino hacía su propia torre y comprobó con gustico como Ahri ya se encontraba allí intentando diezmar sus tropas para procurar una situación favorable. Sin emabrgo, la vastaya estaba tan concentrada en su labor que detectó a la asesina lo suficiente tarde para que una de sus dagas le abriera un corte en la pierna. Ahri intentó regresar, sabiendo muy bien que Katarina había ya obtenido una clara ventaja sobre ella, pero la noxiana fue implacable y utilizo su shumpa para seguirla mientras la provocaba diciéndole cosas nada bonitas. Al final, Ahri entendió que no podía huir, pues Yi estaba todavía muy lejos de su ubicación por lo que se giró y empezó a luchar con Katarina, quizá podía hacer el tiempo suficiente para que Yi la asesinara luego de que ella misma cayera.
Una vez Ahri desapareció, Katarina regresó a su fortificación.
El resto de la batalla fue para la pelirroja como un entrenamiento con novatos, destrozó a cada guerrero Jonio que se le cruzó e inclusive se bastó para asesinar a los cinco representantes Jonios mientras sus aliados marchaban junto a los cañones de asedio par aun último asalto. En realidad, Katarina pensó que fue una batalla muy aburrida y ni siquiera als creativas formas que fue encontrando para asesinar a sus oponentes terminaron por divertirla lo suficiente. Por ello, cuando el combate terminó y estuvieron de regreso en la Liga, la pelirroja desapareció antes de que una furiosa vastaya pudiera siquiera tener la oportunidad de meterse con ella en persona.
Katarina fue hasta la cafetería, comió y se marchó a su habitación. Una vez allí, se quitó las botas y se dejó caer en la cama quedándose dormida a los pocos minutos. La pelirroja se despertó poco antes de la media noche, volvió a calzarse y salió por la ventana rumbo al bosque. Esa noche, tenía el deseo de practicar la técnica ancestral de su familia.
Era su décimo shumpo consecutivo cuando se topó con la rubia de antes, al verla distraída con un montón de ramas en el suelo la asesina lanzó una daga hacia la chica y se trasportó atrás de ella. De inmediato, Katarina posicionó ambos brazos para rodearla con la clara intención de someterla, más la rubia interpuso su propio antebrazo en la trayectoria de su antebrazo y terminó zafándose sin problemas para luego de rodar por el suelo.
Katarina quedó de pie, aun manteniendo su postura y mirando a la chica con una sonrisa medio burlona. Estaba verdaderamente sorprendida, no esperó que la chiquilla fuere capaz de romper su agarre incluso antes de que pudiera terminar de aplicarlo, quizá no era tan inútil después de todo. Solo débil de estómago.
-¿Siguiendo insectos de nuevo? – preguntó Katarina mientras recuperaba una postura normal.
-No he tenido suerte estos días, no he encontrado ningún rastro lo suficiente bueno para seguir. Solo un par de ardillas a medio comer.
-Vomitaste de nuevo – se burló la pelirroja mientras brincaba al árbol más cercano.
Una sonrisa llena de satisfacción se pintó en su rostro al ver las mejillas coloradas de la chica, no sabía si era vergüenza o ira, pero igual le divertía.
-No. He visto animales muertos antes.
Lux observó a la pelirroja brincar a un árbol y acomodarse entre las ramas mientras sacaba algo de su chaqueta y empezaba a comer. Siguiendo el ejemplo, la rubia se acomodó al tronco de uno cercano y comió las bayas que había traído, también tomó un par de tragos de su alforja y se levantó para regresar a su habitación. Ya estaba cansada, tanto física como mentalmente, Ahri no había dejado de quejarse toda la cena e incluso continuó durante la hora y media de juego. De hecho, la vastaya parecía tan afectada por lo acontecido en su batalla que había perdido todas las partidas de la noche. Quizá, si Luxanna no hubiera tenido la cabeza en las garrapatas gigantes se hubiera enterado exactamente cuál era la causa para la molestia de la mujer.
En cualquier caso, el resultado no se afectaba y lo único que le apetecía de allí en más era meterse en cama y dormir. Si no pudo encontrar ningún rastro en tres noches, ¿Qué posibilidad había que vagando otra hora por el bosque diera con uno?. Entonces, Luxanna se levantó y miró una vez más hacía el árbol dónde descansaba la pelirroja, quién en ese momento tenía los ojos cerrados y una sonrisita mientras tarareaba alguna melodía desconocida para ella.
Insegura de que hacer, Lux se aclaró la garganta logrando que la pelirroja fijara la vista en ella y, por muy imposible que pareciera, su sonrisa no se borró sino que continuó adorando su rostro mientras esperaba que la rubia hablara.
-Está de buen humor hoy.
-Hump. Solo hoy – respondió Katarina volviendo la vista al cielo.
Luxanna la observó durante varios segundos, no parecía que a su otrora espectro de la cicatriz le molestara pero de verdad que estaba cansada y, además, no se le ocurría nada para decir. Así que, se acomodó la capucha por tener algo que hacer con sus manos mientras buscaba una forma de despedirse que no implicara solo marcharse sin más.
-Ya lárgate- escuchó decir a la asesina.
Ante esa respuesta, la rubia se marchó lanzándole una última miraba furiosa.
Esa noche, Lux se prometió que no hablaría más con la antipática pelirroja. Se concentraría en sus garrapatas horribles, seguiría buscando pistas lo más lejos posible de esa mujer y no la pensaría un solo minuto más de su vida.
