Personajes de Mizuki e Igarashi
Los hombres exasperados llamaban al Patriarca:
― ¡William, William!
―No nos movamos―, expresó Candy en voz baja tapándole los labios con su dedo índice Albert, se deleitó con el suave perfume a rosas silvestres que emanaba su delicado dedo ―si se dan cuenta nuevamente nos encarcelarán. Hagamos silencio, por favor― suplicó con la mirada. Albert se sometió a su mandato en sí le agradaba estar junto a ella.
― Chicos sigamos buscando, no deben estar lejos. ¡Guille, ten cuidado con la escopeta…!― le reprendió el guardabosque de los Ardlay.
― Señor pensé, que era el tigre que escapó del zoológico está mañana; me pareció que las ramas se agitaron―. El hombre inspeccionó el área con la mirada; al notar todo en silencio decidió avanzar.
― ¡Continuemos!
Candy y Albert estaban inmóviles, con sumo cuidado trataron de pasarse a otro árbol cubierto de nieve blanca, Candy sin querer se resbaló, pero Albert ágilmente la atrapó, sus miradas se cruzaron perdiéndose en ellos:
― ¿Estás bien, princesa?
―Sí…
A lo lejos escucharon voces:
― ¡Chicos rodeen el área, revisen todo!
―Candy bajaremos con cuidado, ¿de acuerdo?― indicó Albert. Candy asintió con la mirada.
― ¡Señor algo rojo se mueve entre los árboles!
― ¡Son ellos, pronto tráiganlos hasta aquí!
― ¿Albert qué hacemos? ¡Ya se dieron cuenta, volveremos a la prisión!
― ¡Conozco un atajo!― Los rubios se movían entre la espesa nieve.
― ¡Ay, caí en un hueco, mi pie, me hundo, ayúdame, está helada!
― ¡Toma mi mano!
― ¡No puedo!
― ¡Claro que sí!
― ¡Listo, corramos hacia la izquierda!
― ¿Qué hacemos? ¡El río nos impedirá huir!―hablaba Candy agitada.
― ¡Subámonos al bote!
Albert, remó lo más rápido que pudo; uno de los hombres les logró dar alcance, deteniéndoles el bote, pero Candy lo golpeó con el remo:
― ¡Mi cabeza, mi cabeza, me duele!― se quejaba sin cesar aquel hombre.
―Sí, que eres ruda ja, ja, ja― expresó Albert― Candy saltaba de alegría al saber que al fin estarían libres ― ¡Cuidado nos podemos caer ja, ja, ja!
― Lo siento ―dijo la ojiverde haciendo un mohín. Luego de lograr cruzar el río caminaron por un largo tiempo tomándose de las manos, ayudándose mutuamente; la blancura de la nieve impedía la visión del día, Candy repentinamente preguntó:
― ¿Ya tienes hambre?
―No, no tengo hambre, ¿por qué lo dices?
―No te hagas ja, ja, ja, por el rugir de tu estomago.
― ¿Estomago? Te puedo garantizar que ese sonido no provino de mi cuerpo.
― Entonces si no fuiste tú, ¿quién fue? ¡Oh, por Dios un tigre de bengala!― a Candy se le brotaron los ojos de los nervios; Albert trató de calmarla:
―Despacio camina hacia atrás, nos colocaremos detrás del árbol para resguardarnos; evitaremos llamar su atención.
Candy hizo caso a las indicaciones de Albert; sin querer tropezó atrayendo la atención del felino, quien sin dudarlo se abalanzó sobre ella; Albert se interpuso.
― ¡William!
Continuará.
Gracias por leer y dejar sus comentarios. El capítulo puede ser corto je, je, je o largo depende del tamaño y número de comentarios. En fin el que sigue es el final. Dios nos bendiga.
