Capítulo 4: Confesión

Llegaron a un restaurante bastante agradable, lo que le interesó a Tsunade era la poca gente que había y se aseguró de tomar los asientos más alejados posibles. Pidieron la cena y comenzaron una charla trivial acerca de la situación actual. Al ver que el chico comenzaba a relajarse la rubia siguió su plan ordenando una botella de sake para los dos. Sabía bien que Naruto no era afín a la bebida, pero ocasionalmente la consumía, de manera que poco tardaría en hacerle efecto, y bien sabe Tsunade que con un par de copas encima cualquier hombre revela sus secretos. No se enorgullecía de lo que pretendía, pero podría ser muy efectivo.

–No creo que debamos beber, aún es temprano, son solo las ocho de la noche –replicó Naruto mirando el reloj. Por suerte para él, la conversación que ya llevaban lo relajó y ya no se notaba nervioso.

–Vamos, no seas tan mojigato, Naruto. Solo serán un par de copas, además, estamos tu y yo solos, no hay quien pueda juzgarnos –sonrió despreocupada sirviendo dos copas.

¿Solos y juntos? ¿Nadie nos podrá juzgar? –pensó. ¿Acaso esta "cita" tenía otra connotación? ¿Tsunade trataba de decirle algo? La verdad es que no, pero Naruto pensaba que sí. Las cosas comenzaban a torcerse y malinterpretarse.

Bromas más, broma menos, copa tras copa, las cuales eran suministradas por la hokage convenciéndolo con sutileza de seguir bebiendo. Bastaba con una sonrisa de la rubia para convencer a Naruto quien empinaba la copa bebiendo cada vez más. Le gustaba porque con el efecto del alcohol se relajaba y podía suprimir su nerviosismo. Sin embargo, también lo volvía más osado y con menos miramientos a la hora de hablar.

–Sí, sí, ese sujeto era un idiota, no cabe la menor duda. Habría escupido en su tumba de haber podido –maldecía Naruto recordado a un viejo enemigo.

–Es verdad, yo también lo odiaba –secundó Tsunade. Ella posee una tolerancia mayor, de manera que las copas consumidas poco efecto le han hecho. Miraba al chico frente a ella, sabía que Naruto había bebido lo suficiente, era momento de sacarle sus secretos–. Sabes, me extraña mucho que no hayas solicitado ninguna nueva misión, Naruto. Debes seguir pensando en la última que tuviste, ¿no?

–Sí, bueno, algo así –dijo suspirando pesadamente–. La verdad fue bastante extraña esa misión, y aun no puedo entender lo que ocurrió.

–¿Lo que ocurrió? –dijo con interés ella–. ¿A qué te refieres? ¿Pasó algo que no informaste en tu reporte?

–No creo que deba hablar de esto, e-es algo personal… muy personal que no creo que deba revelar –entonces Naruto fue incapaz de mirar a Tsunade a los ojos.

La mujer sonrió, colocó su mano sobre la de él, tomándola suavemente, luego lo miró a los ojos y con una delicada voz le habló.

–Naruto, tu sabes que puedes confiar en mi para lo que sea. Yo nunca te juzgaré. Nunca voy a cuestionar tus acciones, solo quiero ayudarte –sus bellos ojos parecieron brillar al hablar.

Naruto no pudo evitar perderse en los ojos de esa hermosa mujer. ¿Cuán hermosa es Tsunade Senju? Pues él no podía responderlo. Detalló su faz, sus ojos que le miran con aprecio, su largo y lacio cabello rubio, sus labios rosas que siempre pinta con ese sublime color rojo, en esta ocasión un tanto más oscuro. El ninja tragó nervioso y llevó su mirada a la mano de ella que tomaba la suya con delicadeza. Que suave era esa delicada mano, sus elegantes uñas pintadas con el mismo tono de rojo. Naruto no pudo evitar tomarla suavemente, ante lo que Tsunade no se extrañó pues pensó que estaba entrando en confianza.

–N-no estoy seguro que deba decirlo, es algo que puede causar problemas –aún seguía un poco dudoso, pero su resistencia estaría por acabar.

–Entonces lo mantendré en secreto, nadie enterará –se acercó a él inclinándose un poco sobre la mesa–. Confía en mí, ¿sí? –le giñó el ojo.

–E-está bien –el rostro de Naruto estaba muy rojo ante la actitud, la cercanía y la insistencia de Tsunade–. Durante mi última misión en la aldea de la castada llegué a un extraño lugar, creía haberme perdido en el bosque, pero encontré un árbol gigante.

Flash back

–Maldición, no puede ser, no puede ser me he perdido –decía Naruto mirando en todas las direcciones en aquel intenso y denso bosque, sin darse cuenta había perdido la vereda que lo guiaba a través de ese lugar.

Decidió seguir su instinto y comenzar a saltar entre los árboles. Al avanzar así el entorno comenzaba a despejarse, el bosque se tornaba menos denso, hasta que llegó a un pequeño rio, sin embargo, lo más sorprendente era lo que había al otro lado.

–Por todos los cielos, ese es sin dudas el árbol más grande que he visto en toda mi vida –exclamó levando la mirada para ver al gigante verde que ante él estaba. Un árbol de tamaño colosal, pues su follaje se eleva hasta donde la vista permitía y lograba cubrir al sol–. Este debe ser un lugar importante, quizás haya gente por aquí que pueda…

Divisó entonces, al otro lado del rio, justo en las grandes y extensas ramas del árbol a lo que parecía ser una persona sentada. Dio un gran salto para cruzar el agua y acercarse a ese sujeto. Efectivamente era un hombre, su cabello era completamente blanco y vestía un kimono del mismo color, su piel parecía pálida.

–Qué bueno, una persona, él seguro sabrá como salir de este lugar –se dijo así mismo corriendo hasta él. El hombre tranquilamente tocaba una flauta emitiendo una relajante y apacible melodía–. ¡Disculpe, disculpe! –llamó Naruto.

–Buenos días –saludó ese hombre tranquilamente, dejando de lado la música. Abrió los ojos revelando que eran de color rojo. Al estar más cerca se podía apreciar su juvenil apariencia–. ¿En qué puedo servirte, Naruto Uzumaki?

–Verá, me perdí en ese bosque y quería saber si usted podría… ¿Cómo sabe mi nombre? –detuvo su carrera al escuchar que ese hombre conocía su nombre.

–No, yo no sabía tu nombre, fue el Gigante Verde quien me lo susurró –señaló al árbol.

–¿El árbol le dijo mi nombre? –cuestionó extrañado el ninja.

–No me lo dijo, me lo susurró. Es muy diferente. Al parecer él te conoce muy bien, dice que salvaste al mundo y acabaste con una guerra. Impresionante –dijo ese extraño hombre sonriendo.

–Oiga, esto se pone tétrico, ¿Quién es usted y como sabe todo eso? –cuestionó con más seriedad y alerta.

–Ya te dije que yo no sé nada de ti, es el Gigante Verde quien me lo está diciendo todo. Al parecer algo te trajo hasta aquí, ¿Qué es?

–Estoy en una misión para la aldea de la cascada, estaba buscado una especie de fuente mística y terminé perdido en el bosque… –intranquilo ante lo que ese hombre parecía saber decidió hablar acerca de su misión, pero fue interrumpido.

–Naruto, no le mientas al Gigante Verde, ni a ti mismo. Sabes que eso no es lo que te trajo aquí realmente –alegó al instante.

–¿De qué hablas? ¿Tú qué sabes? –el ninja comenzó a ponerse nervioso, ¿acaso ocultaba algo? ¿Qué lo había llevado hasta allí entonces?

–Veras, este precioso árbol es un ser vivo y puede leer la mente y las emociones las personas que hasta aquí llegan. Me dice que estas muy confundido, hay algo que te inquieta emocionalmente. Al parecer sientes una atracción sentimental hacia una mujer a la que aprecias mucho, pero dudas de lo que sientes, tratas de convencerte que es algo pasajero o que no es real –decía mientras se concentraba en escuchar al árbol–. ¡Te niegas a aceptarlo! ¿Por qué, Naruto?

–Si es verdad que puede leer mi mente sabe perfectamente quien es y por qué no puede ser real –alegó desviando la mirada al sentirse descubierto.

–Naruto lo que tu sientes es real –dijo aquel hombre–. Es parte de tu destino. Toda tu vida te has preocupado de la felicidad de otros, pero no de la tuya, has luchado incasablemente para ser quien eres y hacer todo lo que has hecho. ¿Pero no lucharas por tu propia felicidad?

–¡¿Es que no lo entiendes?! –exclamó desesperado–. No sé lo que siento, no sé qué es y no que se porque lo siento, está mal, muy mal.

Aquel hombre desapareció y reapareció detrás de Naruto en un segundo, sorprendiendo al ninja.

–Los humanos temen más a la opinión a otros que a su propia miseria. Me temo que debo hacer algo para que te des cuenta que lo que siente es real y que no está mal –suspiró–. Por mucho que te niegas, por mucho que lo dudes, no hay fuerza ni periodo de tiempo que apacigüe lo que sientes, si lo ignoras solo se acrecentará y podrías perder tu única oportunidad de ser feliz –dijo aquel hombre con una voz muy suave y apacible.

–¿De qué hablas? ¿Qué es lo que harás? –alegó Naruto nervioso, pero a la vez sorprendido por lo que decía.

El sujeto se acercó a Naruto intentando tocarlo en el pecho. El ninja reaccionó saltando ágilmente hasta subir a una rama del árbol.

–Este sujeto es muy extraño, no entiendo cómo puede saber tanto de mí, como sabe lo que siento por ella –se dijo así mismo Naruto mirando en todas direcciones, pero el hombre había desaparecido.

–No escondas tus sentimientos por creer que son incorrecto, el amor de verdad nunca se equivoca –se escuchó a ese hombre detrás de él. Naruto trató de atacarlo, pero antes que lo hiciera el hombre colocó su mano en el pecho de Naruto paralizándolo al instante–. Este sello te condenará a la muerte si ella no expresa su cariño por ti en una semana. Si sobrevives no dudes que ella puede llegar a sentir los mismo por ti. Este es el regalo del Gigante verde para el chico que salvó al mundo –sonriendo le giñó el ojo.

Lo último que pudo recordar Naruto es caer del árbol viendo a ese hombre a los ojos, luego todo se volvió oscuro y cuando despertó, estaba en las afueras de la aldea de la cascada. Al mirar su pecho no tenía nada, pero un gran dolor lo invadía. Días después volvió a Konoha y fue ingresado al hospital de emergencia.

Fin del flashback

En el presente, Naruto le había contado todo esto a Tsunade. El ninja estaba completamente sonrojado, pero agachó la mirada para que ella no lo notara, su nerviosismo era más que obvio, incluso llegó a arrepentirse de haberle dicho hasta el ultimo detalle.

–P-pues, eso fue lo que pasó en mí, en mi última misión –dijo sonriendo nervioso y avergonzado. La rubia le miraba fijamente, ella aun no comprendía ni asimilaba todo lo que le dijo. No obstante la mirada fija de la rubia solo ponía más nervioso al joven, quien dio un gran trago a su copa para relajarse–. N-no era mi intención preocuparte, l-lo siento.

–N-no perdona, es que, es que lo que me dices es muy increíble. Jamás había escuchado nada de lo que me dijiste –ella también dio un trago a su copa de sake, aunque lo hizo sonriendo, por suerte su temor se había acabado pues ahora estaba segura que el futuro hokage no era gay. Sin embargo, una nueva duda le surgió, ¿Quién era la mujer de la que estaba enamorado?

–¿Estas molesta, o solo no me crees? –cuestionó él.

–No, ninguna. Claro que no estoy molesta –dijo sonriendo y tomando un poco más firme la mano del chico. La cual, sin darse cuenta, sostuvo durante todo el relato–. Claro que te creo, Naruto. Solo que es difícil de imaginar.

Naruto suspiró más aliviado, en parte porque no lo había descubierto del todo. Entonces Tsunade arremetió con la pregunta principal.

–Naruto, ¿Quién es la mujer de la que estás enamorado? –preguntó ella con curiosidad, pero tratado de sonar menos interesada.

El rubio se paralizó y al instante soltó la mano de la hokage. La miró a los ojos sonrojándose más que antes, la miró a los ojos y comenzó a dudar. Era el alcohol lo que lo hacía permanecer allí, si estuviera sobrio habría salido corriendo ya.

–Tranquilo. Nadie lo sabrá, te prometo que mantendré el secreto. Pero si me dices de quien se trata podría ayudarte incluso –sonrió ella y rio un poco pues le parecía muy linda la reacción del chico.

–E-en verdad, no, no creo que deba decirlo –negó con la cabeza y agachó la mirada.

–Vamos, Naruto. Solo a mí. Te prometo que guardaré el secreto, y, si tú quieres, no se volverá a hablar más del tema después de esta noche –insistió acercándose mas, inclinándose sobre la mesa.

–Si no es ahora, no será nunca. Tu puedes Naruto, di la verdad –musitó el ninja para sí mismo.

Tragó saliva y suspiró. Levantó la mirada y encaró a esa hermosa mujer, que le miraba sonriendo. La verdad ya no podía más, tenía que confesarlo o no podría vivir con eso, justo como aquel hombre se lo advirtió.

–Bien, t-te lo diré –los ojos de la hokage se abrieron más y no pudo evitar emocionarse, pues sabría de quien estaba enamorado el próximo hokage–. La mujer que me gusta…no, la mujer de la que estoy enamorado… eres tú.

Silenció, eso fue lo que siguió después de esa última oración. Tsunade simplemente se quedó muda y paralizada.