¡Ya estoy de vuelta! Me alegra que os vaya gustando la historia, de momento estoy inspirada y a la espera de que la inspiración vuelva a mí para mi otro fic (La profesora). Si queréis aportar ideas o sugerencias sobre lo que os gusta o lo que no os gusta estoy abierta a aplicarlas en la medida de lo que me sea posible.
Y ahora… ya podéis empezar con el cuarto capitulo
CAPITULO 4
Emma miraba el techo del calabozo sobre aquel mugroso colchón al que llamaban cama, ahí metida el tiempo pasaba más lento de lo que ya le pasaba habitualmente. Llevaba ahí unas dos horas, tal vez más o tal vez algo menos. Había estado gritando agarrada a aquellos barrotes oxidados hasta que su cuello dijo basta. Había contado los barrotes de las celdas hasta que sus ojos juntaron los barrotes más lejanos de aquel largo pasillo de la comisaria.
- Eh rubia, si tú la nueva del pasillo – dijo el preso de delante de su celda - ¿Cómo has acabado a este lado?
- Montar un escándalo público, creo…
- ¿Crees?
- ¿Un ataque de pánico cuenta como tal no?
- No creo que cuente como delito rubia – dijo el hombre sentado en su celda apoyado contra la pared.
- ¿Tú qué has hecho? – le preguntó Emma.
- Estuve a punto de matar a un tío por acostarse con mi chica – él se encogió de hombros -. Se lo merecía.
- ¿A qué venía tu ataque de pánico en medio de la calle rubia?
- No te he dicho que fuese en mitad de la calle, y me llamo Emma – bufó.
- No hace falta que me lo digas, no creo que la policía te detenga por una escena en medio del salón de tu casa – rió el hombre -. Neal.
- No había oído nunca ese nombre, eres mi primer Neal.
- Genial pero no me des largas y cuéntame el motivo que esto está muy muerto.
Emma esperó a que Neal acabase de reírse, ella no veía la gracia por ningún lado, pero por lo visto su amigo de prisiones sí.
- Has de saber elegir mejor rubia – hasta la propia Emma lo sabía -. Y hasta quizá buscarte un loquero.
- Cierra el pico Neal.
Alguien bajaba por las escaleras, y quien lo hiciese pisaba fuerte, si era alguien de la secreta seguro que le pillaban a los dos segundos.
- Emma Swan queda liberada, esperamos que haya recapacitado sobre qué se debe hacer y que no se debe hacer en medio de la calle, un lugar público.
- Pues al final sí que iba a ser un escándalo público – murmuró Neal.
- Entendido señor agente – dijo rubia haciendo un saludo militar.
- No se burle señorita Swan o la volveré a meter en el calabozo sin un tiempo definido – la avisó aquel policía-. Y será mejor que vaya a hablar con alguien, no puede ir teniendo ataques y atacando a la gente como si fuese lago normal.
- Me preguntó dónde habré oído esto – volvió a murmurar Neal.
- Cállate Neal – se despidió la rubia siguiendo al policía de nuevo hacía la libertad.
La mujer del otro día había vuelto y había vuelto a pedir a la misma Domina que la vez anterior, a Mills. Esperaba desnuda sentada en la pequeña cama de tortura a que aquella morena llegase, quería que fuese ella la que la torturase, ella y solo ella.
- Veo que ya estas lista querida – saludó la Domina entrando con su habitual traje y su habitual fusta bien agarrada en ambas manos -. Ya sabes donde tumbarte – le ordenó con menos fuerza de lo habitual, había sentido alguna especie de afinidad con aquella mujer desde que la vio, le caía bien o algo así.
- ¡¿Cómo que te han metido en la cárcel?! – le chilló Ariel desde el otro lado del teléfono -. No, no me mandes callar Emma, ¿qué te pasa? dime qué leches te pasa Emma, soy tu hermana, sabes que te quiero, que me preocupo por ti. - le recordó la pelirroja -. Esta detención tiene algo que ver con lo del otro día, ¿cierto? – adivinó -. No Emma no, escúchame tú, tienes que dejar que te ayude, tienes que abrirte a mí, como cuando éramos pequeñas y lo compartíamos todo, ¿recuerdas? Déjame ayudarte o déjame que te busqué ayuda. Que no Emma que no, que no hay nada más que hablar – dicho eso colgó.
Aquella mujer aguantaba todas las fustigaciones, disfrutaba con ellas, animaba a la Domina Mills a seguir, a ir más allá, a subir más el nivel de dolor. Se mordió el labio y arqueó la espalda subiendo las caderas cuando la gran empuñadura de la fusta negra de la Domina penetraba en su vagina con una fuerza que destrozara a cualquiera, menos a ella, no a aquella mujer.
- Eres una zorra – dijo la Domina bajó petición de la mujer a penetrarla. Quería sentirse como tal, quería ser tratada como tal.
Las manos libres de aquella mujer se dirigieron a sus pechos desnudos estrujándolos mirando fijamente hacia la morena mientras esta se la introducía.
La música sonaba en aquel bar de camioneros, las chicas rondaban a todos aquellos que iban más ebrios intentando conseguir algo de dinero por uno de sus servicios. Al fin y al cabo todos aquellos que iban a aquel bar iban a por lo mismo, por las chicas, por sus cuerpos.
- ¿Me invitas a una copa guapo? - le preguntó una rubia mostrándole el escote sin pudor alguno.
- Te invito a una si yo gano algo muñeca – el hombre le guiño el ojo y llamó al camarero.
Hook se levantó de su asiento y se acercó hasta la muchacha quedando pegado a ella. "Que buenas vistas hay desde aquí arriba nena" le dijo Hook bebiendo su cerveza directamente de la botella. Se la acabó en dos sorbos. "¿Nos vamos…?"
- Ashley – la chica se frotó en Hook.
- Vámonos – le apremió él.
El despertador acababa de sonar en la habitación de Emma Swan, eran las siete y media de la mañana y la rubia estaba muy cansada, seguía sin poder dormir más de unas pocas horas seguidas. Apagó la alarma y vio que tenía un mensaje, lo tomó en sus manos y volvió a echarse sobre la cama, lo abrió, bufó y dejó el teléfono sobre el colchón. Le daba tanta pereza hacer lo que los demás querían, dejar que se metiesen en su vida, dejar que la guiaran.
Quien le había escrito era Ariel.
"Espero que tengas la mañana libre, tienes la primera cita con el psicólogo a las 10am. No falles. Mejor paso a buscarte yo. Nos vemos debajo de tu casa a las 9:30am. Tu hermanita."
¿Qué os ha parecido? Espero vuestros comentarios.
