Capitulo 4.

- Tío, me ducho yo primero.

- ¡De eso nada! ¡Que siempre gastas el agua caliente!

- No seas capullo, Sammy. Mira como me ha puesto el espíritu ese, hijo de puta. ¿Cómo crees que voy a aguantar hasta que tú termines? Tío, se me está colando esta mierda por los calzoncillos. – y tenía razón. El dichoso espíritu había sido complicadillo de exterminar. A Dean lo había pringado de arriba a abajo de ectoplasma. Totalmente repugnante. Vio como Dean aguantaba una arcada.

- Oh, está bien. Dúchate. Pero no gastes todo el agua caliente.

- Si, mama… - Sam gruño e iba a replicar, pero Dean ya estaba lanzando su camiseta bien lejos y desabrochándose los vaqueros, así que decidió salir del baño lo más rápido posible. Tal como estaban de raras las cosas últimamente, lo último que quería era ver desnudo a su hermano.

Pero cuando fue a abrir la puerta se encontró con que no podía. Extrañado, forcejeo con el pomo. Nada. Miro el pestillo, pero estaba sin echar. Trato de moverla dando un empujón con el hombro. Que no, que no se movía. Volvió a forcejear con el pomo. No había manera. Frustrado, le dio un puntapié.

- ¿Sammy? ¿Qué estás haciendo? ¿Echar la habitación abajo? – la chorreante y llena de espuma cabeza de Dean asomo por las cortinas de la ducha.

- La puerta no se abre. – replico Sam, haciendo un puchero y sentándose derrotado en el suelo. Dean parpadeo entre divertido por la actitud infantil de su hermano y confuso por la situación.

- ¿Cómo que no se abre? – Dean cogió una toalla y salió de la ducha, empapado y chorreando agua, con la toalla alrededor de su cintura. A Sam casi le da un infarto cuando, al intentar abrir la puerta, la toalla casi se le cae un par de veces. – Joder… que raro… Se habrá atascado. Bueno, yo voy a terminar de ducharme. Luego intentare abrirla otra vez. – decidió encogiéndose de hombros y volviéndose a la ducha. Sam lo miro horrorizado.

- Pe… pero… ¡Dean! ¿Cómo te vas a duchar conmigo aquí? – Dean soltó una carcajada y asomo la cabeza otra vez, sonriendo burlón.

- Vamos, Sammy, cálmate. No tengo nada que tú no tengas… más grande sí, pero lo mismo.

- ¡Tarado!

- ¡Perra!




- Te pille… Sammy…

Sam estaba boca arriba, con Dean sentado encima de su estomago sujetándole las manos por encima de la cabeza. Tal como estaban antes de que Bobby los interrumpiera tan oportunamente. Su hermano estaba ligeramente inclinado sobre él, con sus brillantes ojos verdes clavados en el. Sintió como las manos de Dean le soltaban y recorría sus brazos, hasta llegar a los hombros, el pecho. Su hermano se mordió el labio inferior y arqueo una ceja, como pensativo. Una sonrisa lobuna le adorno el rostro. Se inclino un poco más hacia Sam, sus bocas separadas por escasos centímetros. Sam casi podía saborear el dulce aliento de su hermano.

- Te pille, Sammy… - le susurro Dean, con la boca casi pegada a la de su hermano.

-¡¡AAAAAAAAAAAHHHHHHHHHHH!! – y plom otra vez mas. Sam en el suelo, aun medio dormido y trabado en las sabanas y Dean, al cual el golpe había despertado, levantando levemente la cabeza de la almohada y mirando con los ojos pegados a su hermanito.

- Tío, en serio… tienes que hacer algo con esas pesadillas que dices que tienes… o acabas rompiendo el suelo a culazos o te rompes la crisma un día de estos…

- Olvídame, Dean… - gruño el pequeño. Gruñido que se volvió más audible cuando comprobó la erección que llevaba a cuestas. La risita que oyó por encima suya le confirmo que su hermano también se había dado cuenta. – Joder… odio esto…

Varias horas más tarde… Ellen había vuelto a llamar. Tenía otro caso para ellos, algo de un polstergueist que tenia encantada una vieja casa abandonada y ya había herido a varios adolescentes. Así que los Winchester recogieron sus cosas, se montaron en su coche y se encaminaron hacia la casa abandonada. Pelearon contra el polstergueist, el les dio una soberana paliza y consiguieron destruirlo. Ya estaba atardeciendo cuando acabaron, así que buscaron un nuevo motel. El único que encontraron solo tenía una habitación y con una cama de matrimonio. Sam empezó enseguida a protestar, pero Dean, que ya estaba hecho polvo y había recibido más golpes del polstergueist de los que hubiera querido, paso de él y cogió las llaves. Sam le siguió, enfurruñado.

Cuando entraron en la habitación, Dean lanzo su bolsa y su cazadora a la cama y se metió en el baño a ducharse sin decir ni pio. Sam suspiro, dejo su bolsa en una silla y se encamino a la diminuta cocina a hacer unos sándwiches con lo que habían comprado antes de llegar. Cuando Dean salió duchado y listo para dormir, Sam le esperaba con los sándwiches preparados y unas cervezas abiertas. El menor de los Winchester solo miraba incomodo la única cama.

- Sam… no es la primera vez que dormimos en la misma cama… - soltó Dean, como si le hubiera leído el pensamiento. Sam lo miro con reproche.

- Es que tú te mueves mucho. – replico el menor. Dean se acabo su sándwich en tres bocados, así que Sam le paso el suyo. A él el asunto de la cama le había quitado el apetito.

- Mira quien fue a hablar. El que se despierta todos los días en el suelo. Tú te mueves más que yo. – Sam se enfurruño.

- ¡Eso no es verdad! – Dean se acabo el otro sándwich y se tomo lo que le quedaba de la cerveza.

- Lo que tú digas, Sammy. – el cazador mayor se levanto y se dirigió hacia la cama. – Yo me voy a dormir. Estoy demasiado cansado para discutir.

- Pe… pero…

- Haz lo que quieras, Sam. Duerme en el suelo si tantas ganas tienes. Pero a mí no me quita nadie lo de dormir como un lirón en la cama. Tu mismo. – Sam suspiro derrotado, y fue al baño a cambiarse. Cuando volvió, su hermano estaba tumbado boca abajo, en camiseta y calzoncillos, medio despatarrado en la cama, dormido. Sam apago la luz y se tendió a su lado, lo más lejos posible de su hermano e intentando no caerse de la cama. – Por cierto… me tocas y te mato.

- Tarado…

- Perra…



Sam dormía plácidamente. Parecía que esa noche si podría descansar al fin. Hasta que noto como algo caía pesadamente sobre su estomago. "Dean" pensó el pequeño de los Winchester, "luego dirá que soy yo el que se mueve". Le pego un manotazo al brazo de su hermano y se lo quito de encima, dispuesto a volver a dormirse. Pero a los dos segundos, volvió a sentir el golpe. Intentando pasar de su hermano, Sam se dio la vuelta, dándole la espalda al otro ocupante de la cama. E iba a seguir durmiendo, con brazo de su hermano encima o no, hasta que sintió un tirón. El fuerte brazo de Dean le había aprisionado la cintura y le arrastro hasta el, pegándole a su pecho. A Sam le iba a dar un infarto en ese momento. Su hermano le estaba abrazando, dormido. Bajo la mano para tratar de librarse, pero no había manera. Le sujetaba demasiado fuerte y si lo despertaba, Dean iba a matarle.

Cada vez que trataba de moverse, el brazo de su hermano le daba un apretón, inmovilizándolo, así que Sam desistió. "Ya se moverá otra vez" pensó. De repente, la mano de Dean se movió, deslizándose bajo su camiseta y a Sam se le puso la piel de gallina. La mano le acaricio el estomago subiendo despacio hasta su pecho. "Esto no está pasando, esto no está pasando, esto no está pasando…" pensó para sus adentros un muy asustado Sam. "Tiene que estar soñando… mejor le despierto…"

- ¿Dean? – susurro. Sintió como la mano seguía acariciándole a pesar de todo. - ¿Dean? ¿Qué haces? ¡Despierta! – susurro algo más fuerte. Pero en vez de conseguir que su hermano le dejara en paz, Sam se acabo encontrando debajo de el. "¡El muy cabron estaba despierto!" pensó escandalizado y extrañamente excitado. Dean lo miro con sus ojos verdes brillando de deseo. Bajo el rostro hasta el de su hermano pequeño, tan cerca que Sam podía ver con claridad las pecas que tanto le gustaban a pesar de la penumbra.

- Sammy… - Dean acorto la escasa distancia que los separaba y lo beso. Sam no podía creérselo. ¡Su hermano lo estaba besando! ¡Y, madre mía, que beso! En su vida lo habían besado así. Dean le mordisqueo levemente los labios, antes de besarlos con fuerza, buscando entrada en la boca de su hermano. A Sam le quemaba el contacto de la piel de Dean. Gimió levemente, dejándole espacio a su hermano para que le invadiera la boca. Dean sabia a cerveza, amargo pero irresistible. Cuando el mayor dio por acabado el beso, se separo un poco, lo justo para poder verse ambos las caras. Los dos estaban sofocados, los ojos de Dean oscurecidos por el deseo.

- ¿Dean? ¿Por qué…?

-¡¡UUUAAAUUU!! – esta vez el grito no fue de espanto, sino de sentirse caer de la cama. Y esta vez, fue a duo.

Sam aun dolorido por el golpe, asomo tímidamente la cabeza por encima de la cama. Dean le devolvió la mirada sorprendido y con algo de miedo. Rápidamente, el mayor desvío la vista y se puso en pie, tironeando de la camiseta que llevaba.

- Er… ¿Dean? ¿Qué ha…

- ¡Me has tirado! – a Sam esa salida le pillo por sorpresa, tanto que lo dejo descolocado.

- ¿Qué?

- ¡Que me has tirado! ¡De la cama!

- ¿Seguro? ¿No será que te has caído? – Sam se fijo que su hermano se esforzaba en taparse con la camiseta, que de tanto tirón hacia abajo la 

estaba poniendo enorme. - ¿Seguro que ha sido eso, Dean? – su hermano le dirigió una mirada fulminante de las suyas.

- ¡Si! – y se largo todo azorado al baño. Sam soltó una risita a pesar de la incomoda situación. Primero, por poder ver a su hermano en la misma situación que él llevaba viviendo durante esa semana. Y segundo, porque Dean Winchester era capaz de sonrojarse a los veintinueve años.

Continuara…