Capítulo 4 : Un poco de diversión

Después de la aparición de Kylo Ren en niebla y en mi habitación busqué nuevas formas de cerrar mi mente hacia su presencia, y a mantenerla ocupada de modo que no tuviera la oportunidad de traicionarme. Yo controlaba tanto mi mente, como mi cuerpo, y sentía la fuerza que fluía a través de él.

Las páginas de los textos Jedi me enseñaron cómo dejar mi mente en blanco y entrar a un estado de meditación profundo. Había aprendido un montón de cosas nuevas, y mi resistencia física mejoraba. Iba al claro todos los días, a encontrar la paz que no podía hallar por las noches.

En las mañanas despertaba con la sensación de que ocurrían cosas mientras dormía, de las que me estaba perdiendo, partes de mi vida que sucedían sin que yo lo advirtiera como un sueño que no era capaz de recordar.

Cuando no estaba estudiando o meditando en el claro, me pasaba la tarde con Finn. Estar con él era como un viaje de ida y vuelta a la normalidad. Me podía reír, bromear sobre los superiores y descansar mirando en cielo. Mientras estaba con él olvidaba toda la solemnidad que desde que salí de Jakku gobernaba mi vida. De cierta forma había pasado de ser nadie, a ser discípula del legendario Luke Skywalker, asesina del mandamás de la Primera Orden y portadora del legado Jedi. El conocimiento que albergaban esos textos era infinito, y sentía que cuando los leía simplemente escarbaba en la superficie de algo mucho más profundo. Me preguntaba seriamente si algún día lograría comprenderlo del todo.

¿Qué pasaba si no lo hacía? Si por más que estudiara los textos, siguiera sus pautas y entrenara con disciplina…¿Qué sucedería si no lograba aprender todo lo necesario y ser lo suficientemente buena como para enfrentarme a la oscuridad y guiar a las nuevas generaciones sensibles a la fuerza?

Cuando mi cabeza iba en esa dirección, siempre terminaba tragando saliva con esfuerzo, y se me retorcía el abdomen, como si estuviese enferma. Si bien aún todo eso era un futuro un tanto lejano, tenía miedo de no estar a la altura del legado que portaba y la responsabilidad pesaba sobre mis hombros. Y el miedo era el camino al lado oscuro…

Pero todo eso se desvanecía cuando estaba con Finn, porque él me veía como realmente era. No como un Jedi, ni como la esperanza de la resistencia. Era simplemente Rey, así como él era simplemente Finn. Sus amigos, Rose y Poe alguna veces se unían a nuestros paseos. Una tarde, Poe llegó con una botella de licor de gantha que había intercambiado con uno de los recién llegados. Trataba la botella como si fuese oro, y pronto comprendí por qué; la bebida era deliciosa.

-Nunca había probado algo así en mi vida- exclamé una vez que la burbujitas efervescentes abandonaron mi boca. El sabor de licor de gantha era dulce y suave.

-Y eso que ni siquiera has sentido el efecto aún- rió Poe. Miré con desconcierto a Finn, quien se encogió de hombros mientras bebía un trago de licor- ¡Dos tragos más y serás capaz de pilotear el Halcón con los ojos vendados!

Todos rieron.

-¿Acaso tú lo has intentado y hablas de experiencia propia? – inquirió Rose, bromista.

-En mi nave no, pero…es algo que en algún momento definitivamente tengo que hacer- Poe esbozó una sonrisa hacia la derecha. Era tan bueno y cálido estar con ellos, ahí, sentados en la hierba, sólo con nuestra botella y riéndonos de todo.

Estaba feliz…tal vez demasiado feliz. Recuerdo que esa tarde llegué tan cansada a reunirme con Finn y ahora mis energías se habían renovado. Podía salir en ese mismo instante, subir al Halcón e ir a enfrentar a la Primera Orden. Podía hacerlo yo sola, podía hacerlo incluso sin un sable de luz. ¿Kylo Ren? ¡Podía vencerlo también, aplastar toda su arrogancia y acabar con la guerra de una vez por todas!

Ben no merece eso…

La vocecita cantó de desde un rincón de mi mente e hizo eco por un rato. Era mi propia voz. Tenía razón, él no lo merecía. Pero, ¿era acaso Ben Solo una persona real? Me lo pregunté profundamente, llevándome una mano a la barbilla, para sostener mi cabeza.

¡Ni siquiera puede encarar a Kylo Ren!

A mi alrededor había menos luz, y escuchaba un ruido apagado, como si estuviese bajo el agua.

-¿Rey? – escuché en la lejanía

-Se ha ido- rió una voz femenina y musical.

-Hey, Rey- Finn me cogió del brazo y entonces me di cuenta que seguía sentada en la hierba, con Poe, Finn y Rose. Sus caras de expectación pronto me parecieron divertidas, y me eché a reír.

-¡Vamos Rey, estas ebria!- exclamó Finn, riendo también.

-Estoy bien- aseguré, con toda la seriedad que fui capaz de encontrar en mi cuerpo. Revisé de la cabeza hasta la punta de los pies.

-No creo que lo esté, apenas bebió- señaló Poe en mi defensa, extendiendo un brazo hacia su amigo. Había algo en la expresión de Poe distinto a lo normal. Se movía más lento.- Tenemos que acabar esta botella

De hecho, todo se movía más lento, incluso las llamas de la fogata que alguien había encendido frente a nosotros. A luz de las llamas, veía a Rose que observaba a Finn, de manera especial. Conocía esa mirada y casi podía adivinar sus pensamientos. No sé de dónde ni cuándo, pero conocía el conflicto que se libraba en su interior.

Cuando ella quedó inconsciente después de la batalla de Crait, Finn la cuidó día y noche. Tres días después de que llegamos al Hurr, Rose despertó. Él me había dicho lo especial que era para él, pero supongo que algo entre ellos simplemente no funcionó. Sin embargo al ver la mirada de ella estaba segura que las dudas y los problemas eran de mi amigo. Debía hablar con él de eso, en algún momento.

Dejamos el fuego apagado y caminamos de vuelta a la villa. Mis pasos eran pesados, y sin el apoyo de Rose probablemente hubiera caído al suelo, varias veces. Poe y Finn caminaban delante, sin problemas, iluminando y marcando el camino. Cerca de la villa, distinguí la silueta del Halcón. Mi imaginería de volar e ir a enfrentar a la Primera Orden volvió con más fuerza. Tal vez lo dije en voz alta, o quizás dije otra cosa, pero a todos les pareció que era sensato seguir mi plan, pronto el Halcón había despegado y era yo quien lo pilotaba.

-¿Estas segura de que puedes hacer esto? – preguntó Rose, cargándose en mi hombro. Por supuesto, secuencia de despegue…454…¿2? La computadora dio error, pero mi pie continuaba en acelerador. Ante nosotros se extendía el enorme territorio llano de Hurr y a los pocos minutos sobrevolamos la selva. En algún lugar allí debe estar mí claro…

Estaba piloteando como nunca. No podía abandonar la atmosfera del planeta porque no recordaba como pero luego caí en la cuenta de que eso era lo más sensato. También era prudente entrenar más y de preferencia conseguir un sable de luz antes de ir a enfrentar a Kylo Ren. ¿Pensaría él también en la manera de vencerme? ¿Pensaría en mí en lo absoluto?

-¡Rey sube!- gritó Poe y luego un grito agudo de Rose cuando el Halcón de fue de narices contra la selva. Inmediatamente maniobre para elevar la nave y continuar rumbo a la villa.

Lo siguiente que recuerdo es despertar con los gruñidos de Chewbacca desde la puerta de mi estancia. Abrí los ojos e inmediatamente sentí una cuchilla atravesando mis sienes. El estómago me pesaba y sentía escalofríos. Nunca me había dolido tanto despertar.

Chewie seguía alegando tras la puerta. Estaba furioso por los daños que tenía el Halcón en la parte delantera. Nada grave, sólo un par de abolladuras pero para Chewie eso era imperdonable. Me dijo que tendría que repararlos yo misma, que esta vez no arreglaría el desastre.

Reparar abolladuras era un trabajo sencillo pero agotador. Por suerte, Poe se ofreció para ayudarme en su hora libre. Los miembros de la resistencia cumplían tareas y horarios, pues restaurar una rebelión desde las cenizas era un trabajo arduo y requería la cooperación de todos.

-Menos mal que no te vendamos lo ojos- comentó en tono de broma mientras estaba encaramado en la cubierta, soltando un perno. Le tendí una llave, para que lo hiciera con más facilidad.

-Hubiese sido un desastre, ciertamente- admití.

-De todas formas, debo reconocer que tus habilidades de pilotaje son muy buenas, incluso en esas condiciones. Aunque casi nos estrellamos tres veces…

-¿Tres?- exclamé- ¡Apenas fue una!

Poe se echó a reír.

-Pregúntale a los demás. Fueron por lo menos tres veces.

Me ruboricé enseguida, porque sentí vergüenza. Chewie me había hecho sentir la irresponsabilidad de mis actos y le rogué que no lo comentara con nadie. Sentía que si algo así llegaba a oídos de Leia podría decepcionarla profundamente, y tenía miedo de decepcionar a cualquiera que depositara un poco de fe en mí. Así que me prometí a mí misma restarme de beber licor, y mucho menos de pilotear cualquier cosa después de beber.

Los días siguientes a ese episodio, me levantaba más temprano para trabajar en el Halcón y luego emprendía el camino hasta el claro, que había convertido en mi santuario. Cargaba conmigo el texto que estaba leyendo en un pequeño morral.

Mis sesiones de meditación eran cada vez más largas y profundas. Comenzaba sintiendo mi respiración, el aire fluyendo y luego moviéndose a través de todas las criaturas del lugar; los troncos rugosos de los árboles, el rocío sobre la hierba y las criaturas que anidaban entre los arbustos. Todo allí estaba lleno de vida. Excepto la laguna.

Cuando la percibía, simplemente era agua, tranquila y cristalina. No había vida en ella, de ningún tipo. Tenía la misma sensación que con los textos; sólo lograba percibir la superficie de algo mucho más grande. Estaba segura que a medida que practicara la meditación lograría conectar con la laguna y todo lo que había bajo ella.