Tontín y Pansy


Capítulo 4: Un hermoso accidente


Cuando Tontín y Pansy se reencontraron fue por casualidad, un accidente los llevó a estar en el mismo lugar. Pansy había salido a recoger flores cerca de la aldea de los pitufos pero no planeaba ingresar en esos territorios, ni siquiera sabía lo cerca que se encontraba. Tontín había salido en una excursión al Río Pitufo, no tenían ningún motivo en especial, solo querían divertirse.

No tuvieron problemas con Gargamel. Ni él ni su gato se acercaron a la aldea o al Río Pitufo, tampoco tuvieron problemas con algún cazador o se vieron en la necesidad de correr para mantenerse seguros pero no por ello tuvieron un día tranquilo. Aquel día comenzó como cualquier otro pero terminó convirtiéndose en uno que Tontín no podría olvidar.

—Deberíamos jugar al pitufiball —sugirió Fortachón mientras hacía girar la bola sobre su dedo.

Tontín fue el primero en ofrecerse pero el último en ser elegido. Los que se apuntaron a participar era la cantidad necesaria para formar los dos equipos que hacían falta por lo que no le preocupó no ser elegido a pesar de su torpeza. La mayoría de los pitufos prefirió nadar, los otros comer, jugar con Bebé Pitufo o simplemente sentarse bajo la sombra de un árbol y leer un libro, esto último solo lo hizo Filósofo.

Los primeros minutos transcurrieron con mucha tranquilidad. Fortachón anotó la mayoría de los puntos y aunque Tontín no logró alcanzar la mayoría de los tiros no se había tropezado y eso era todo un logro para él. La primera vez que perdió la bola nadie lo notó. Había anotado un punto y todos estaban ocupados celebrando su logro. De todos ellos el más feliz era Tontín, no siempre lograba hacerlo. Cuando quisieron continuar notaron que faltaba lo más importante y la alegría que los embargaba desapareció.

—Genial —se quejó Fortachón —, ya no podremos seguir jugando.

Varias miradas se posaran sobre Tontín. Todos e incluso él mismo sabían que era el responsable de que hubieran perdido el juguete que necesitaban para seguir divirtiéndose. Ninguno le reclamó pero el pitufo propenso a los accidentes sintió la necesidad de disculparse y ofrecerse para buscar el objeto perdido. No fue necesario.

—Deberían tener más cuidado —les regañó Filósofo mientras les mostraba la bola perdida, no se veía especialmente contento —. En especial cuando pueden tirar libros. Me pitufe un spoiler cuando buscaba la página en la que iba.

—Lo siento, Filo —se disculpó Tontín, realmente le apenaba el que una de sus torpezas afectaran a su mejor amigo.

—Solo no vuelvas a hacerlo —Filósofo le entregó la bola y se retiró. Su tono de voz llegó a lastimar a Tontín, entendía que estuviera molesto, lo conocía desde que eran muy pequeños y sabía lo mucho que le disgustaba el ser interrumpido cuando leía. Esperaba que el spoiler que se hizo no fuera muy importante, no quería que pasara mucho tiempo antes de que lo perdonara.

Continuaron jugando pero tomándose más en serio el juego. Genio y Fortachón no estaban dispuestos a perder, estando en equipos contrarios eso aumentaba la competitividad al juego. No había un premio al ganador pero eso a ninguno de los dos parecía importarle, más que ganar lo que parecía importarles a Genio y a Fortachón era vencer al otro.

La segunda vez que Tontín perdió la bola no hubo una anotación ni nada que los distrajera como para no notar la pérdida del juguete. Cayó al río por lo que Tontín se ofreció a recuperarla. Quería continuar el partido pero también quería también quería hacer algo por sus amigos, no quería ser el responsable de que el juego terminara.

Salió corriendo en dirección a la bola. Varias veces estuvo a punto de atraparla pero cada vez que eso ocurría tropezaba, con sus piernas o con alguna piedra. En una de esas ocasiones se lanzó al agua, logró atrapar la bola pero la corriente se lo llevó. Lo último que vio antes de perder la consciencia fue una mano extendida en su dirección. Lo primero que vio fue la sonrisa aliviada de Pansy al descubrirlo con vida. Tosió varias veces tratando de conseguir algo de aire.

—Gracias, Pansy —le dijo Tontín con dificultad.

—No fue nada —respondió Pansy mientras lo abrazaba con fuerza, feliz de verlo seguro.

Cuando se separaron Tonín fue el primero en ponerse de pie. Había tanto de lo que quería hablar con Pansy, había pasado mucho tiempo desde la últimas vez que se vieron. No logró hacerlo, resbaló y cayó sobre Pansy. Su rostro enrojeció al darse cuenta de la incómoda situación en la que se encontraba.

Murmuró varias disculpas antes de intentar ponerse nuevamente de pie. Pansy lo tomó de las manos en un intento por imitarlo, no se tardaron demasiado en tropezar y caer. Ambos se rieron, acostumbrados a ese tipo de situaciones. Se tomaron de las manos tratando de levantarse. Contaron hasta tres en un intento por coordinar sus movimientos, incluso lograron ponerse de pie pero no duraron mucho tiempo en esa posición. Pansy tropezó y cayó sobre Tontín, muy cerca de su rostro y de sus labios.

Ambos se quedaron en esa posición durante varios minutos, incapaces de hacer algún movimiento. Solo la llegada de los otros pitufos logró sacarlos del estado en el que se encontraban. Las risas de todos ellos los hicieron sentir muy nerviosos, ninguno tenía una respuesta para la situación en la que se encontraban.

—Es bueno verte a salvo —le dijo Filósofo con expresión divertida pero antes de irse agregó —Te dejo con tu novia, pórtense bien.

La bola quedó olvidada, si otro pitufo la había tomado en ese momento no le interesaba. Tontín y Pansy no hablaron hasta después de unos minutos, cuando se sintieron más tranquilos y cuando lo hicieron ninguno de los dos calló, había pasado tanto desde la última vez que se vieron, había tanto por contar.

—Ven a la aldea —le dijo de pronto Tontín —. Estaré muy feliz de mostrarte mi colección de rocas.

—Eso sería hermoso —le dijo Pansy con expresión soñadora.

Ambos se dirigieron a la aldea de los pitufos. Lo primero que hizo Tontín fue mostrarle su colección de piedras, uno de sus tesoros más grandes, tal y cómo había dicho que haría. Ver los ojos ilusionados de Pansy le hicieron pensar que valía la pena haber perdido la bola y que fue un hermoso accidente.

—Es muy bella —susurró Pansy sorprendida.

—Te regalo esta —Tontín le extendió una de las piedras, no era la más grande ni la más pequeña, era una piedra hermosa, la que él más quería.

Pansy la tomó con mucho cuidado, como si fuera el tesoro más valioso y la rodeó entre sus brazos. Para ella no había nada más hermoso ni especial. No había planeado volver a ver a Tontín pero sin duda fue lo mejor que pudo pasarle. Nunca se había sentido tan feliz de ser propensa a los accidentes.

—¿Te casarías conmigo? —le preguntó Tontín ligeramente sonrojada —. Filósofo dice que el matrimonio es la forma en que dos enamorados pueden unir sus vidas para siempre, no quiero perderte otra vez.

—Sería un honor —le dijo Pansy con lágrimas de felicidad, nunca esperó que Tontín le hiciera esa pregunta —. ¿Qué deberíamos hacer ahora?

—No estoy seguro —respondió Tontín inseguro, tratando de pensar quéharíasu mejor amigoen una situación como esa —. Quizás un beso, Filósofo dice que esa es la forma en que se sella una promesa de amor.

Tontín se acercó con mucha lentitud a Pansy, temeroso de cómo debería proceder. Sentía su corazón latir con fuerza y un deseo por acortar la distancia que los separaba pero temiendo que pudiera asustar a Pansy. Todo eso era tan nuevo para él. Sus narices chocaron pero a ninguno de los dos le pareció incómodo. Fue doloroso para ambos el impacto pero estaban felices de poder descubrir juntos lo que era el amor, equivocarse y volver a intentarlo hasta que pudieran hacerlo bien.

Sus labios se unieron después de varios intentos y fue un momento mágico para ambos. Sus corazones latieron al mismo ritmo y aunque ninguno sabía lo que hacía sería un momento que ninguno olvidaría. Solo fue un breve roce de labios, un instante pero fue el inicio de una vida que compartirían.