Advertencia: Este es un fic alternativo y contiene algunas escenas un poco fuertes (no son lemons... por si las dudas). Ya todos sabemos que los personajes son de Rumiko.
Historia de Piratas
Capítulo Cuarto: Lágrimas por un Hombre
Era difícil asimilar la situación en la que se encontraba en esos momentos. Ni ella misma se creía lo que estaba haciendo. ¿Ayudar a tus secuestradores¿¡En qué cabeza cabe semejante disparate? Ciertamente en la suya porque eso era lo estaba haciendo. Aunque no se podía culpar por querer salir un rato de aquella pocilga a la que llamaban 'galera'. Se sentía más rastrera que una víbora cualquiera. Desde que estaba con esos hombres de mala muerte solo se había podido refrescar en aquella cascada una sola vez. Todavía usaba aquel traje color rosa que le habían dejado tomar por única vez de una de las cajas que encontraron con su ropaje. ¡Ya ni siquiera estaba de rosa sino de negro al igual que su piel ex-blanca! Pareciera que en cualquier momento se rompería con tanto maltrato a su piel de porcelana, blanca como la nieve y ahora más negra que las mismas pólvoras. Hacía ya un rato que habían acabado los bombardeos y los gritos desesperados de los marinos antes de encontrarse cara a cara con la muerte y todavía ellos no se habían movido de su posición en el agua. ¿Qué estarán haciendo? Fue la pregunta que la asaltó más veces de las que pudiera o supiera contar. El silencio reinó por varios minutos hasta que escuchara al capitán gritando algo de una carta. ¿Será que habrán dejado a un mensajero para pedir su recompensa escrita en esa carta¿Le habrán cortado la lengua y ahora tenían que escribir sus peticiones de intercambio¿Aquellos incultos piratas sabían escribir?
No podía dejar de sentir una pequeña emoción al saber que tal vez la dejarían con vida para casarse con un príncipe cualquiera y así vivirían infelices para siempre, a diferencia de los cuentos que solía contarle su preciosa madre antes de dormir eternamente. Escuchaba los pasos apresurados de cubierta... ella estaba debajo de todo, casi podía sentir el agua enfríar la madera que tocaba el glacial mar de Ozean. Aquel que osara tocar esas aguas moriría congelado al instante de poner el primer pie... bueno, no tan rápido pero sí se congelaría de todos modos. Todas las pisadas se concentraban y dirigían a un solo lugar: el camarote de Imai quien, por cierto, la había mandado a llamar con Takeshi, el tímido herrero que siempre se molestaba porque Mitsuru le gastaba todos los bolines que él hacía para usarlos con sus propias pistolas. Ella estaba curiosa por saber qué planeaban hacerle, pero a la misma vez la ansiedad por salir de entre aquella maldita galera le hizo querer seguirle sin pensarlo dos veces. El herrero de estatura media y cabellos negros le liberó de las cadenas que sujetaban sus maltratadas muñecas. La condujo por las escotillas para subir al primer nivel y seguirlo por entre los cañones hasta llegar al pequeño camarote del doctor Imai.
El resto de los piratas estaban rodeando la pequeña cama de madera que había en el centro. Se detuvo a observar el lugar con detenimiento. Había una pequeña ventana que era cubierta por el capitán quien estaba sentado en una rectangular mesa hecha de maderas viejas y negras por la humedad del lugar. Al parecer estaba herido porque estaba vestido de sangre... aunque todos allí estaban igual a él. Su vista era perdida y vacía, la misma que la de los demás. ¿Qué habrá pasado para que tengan esas tristes caras? Se acercó lentamente y tratando de evitar hacer el menor ruido posible. Esos suelos le hacían difícil la tarea. Con cada paso que daba, una madera resonaba bajo sus pies. Esto llamó la atención de todos los presentes quienes voltearon a verla con sorpresa, haciendo que bajara su vista en señal de incomodidad ante ser el centro de atención, hacía mucho tiempo ya que se había desacostumbrado a esa sensación.
- Que bueno que llegó, princesa. - Imai la recibió sorprendido y con un seco tono en su ronca voz. - Necesito de su cooperación. - ¿Necesitan¿Desde cuándo estos piratas necesitan¡Con un cuchillo o una pistola en posición amenazante era más que suficiente para conseguir las cosas! Algo raro está pasando aquí. Akane miró fijamente a Imai. Se notaba decaído, con falta de espíritu y energía en su ser. Aprovechando que ya se había roto el incómodo silencio, la princesa se acercó a la estrecha cama de madera cubierta por un poco de telas sucias y llenas de tinta roja. Abrió sus marrones ojos grandemente al ver que a quien todos observaban hace un rato era al joven Tatsuki quien yacía inconciente y cubierto de pies a cabeza por sangre. Ni siquiera sus cabellos permanecieron rubios. ¿Estará muerto¡No.. no puede ser! Una lágrima solitaria nació en sus marrones ojos aguados y murió en sus finos labios. ¿Estaba llorando por un pirata¡Debería estar feliz¡Uno menos con el que se tendría que enfrentar! Pero ella no podía alegrarse cuando era precisamente ese joven el que se encontraba en aquella fría cama. Tatsuki fue el único que se preocupó por ella, por decirlo de alguna manera. Nadie más que él le brindaba un plato, bueno... un coco más bien, con alimentos y la trataba casi como a una princesa. Era todo un niño inocente y sin malicia... en cuanto al trato que le daba se refiere.
- Debo limpiarle las heridas y vendarle la cabeza. - ¿Eso significa que está vivo? Sintió alivio recorrer su tensado cuerpo. ¿Para qué la llamó si ya sabía lo que tenía que hacer? - Te mandé a buscar para que limpie las heridas de Ranma mientras tanto. Tiene un bolín que debe ser removido de inmediato pero el pequeño me necesita primero y éstos no saben hacer nada. - comentó con fastidio a la vez que miraba con discreción mal disimulada a los tristes piratas. Realmente odiaba tener que dar explicaciones pero en ese caso era necesario para conseguir la colaboración de la joven sin tener que recurrir a métodos diferentes y menos delicados para una joven mimada como ella. - ¿Sabes cómo hacerlo? - ¿Qué clase de pregunta era esa¡Estaba claro que no sabía¿Qué tipo de princesa limpiaba sangre de un cuerpo sucio y sudoroso... y masculino, como el de Ranma¡Ninguna... por más que quisieran!
- Déjalo en mis manos. - afirmó con seguridad. Ella nunca había dicho que sabía por lo tanto no dijo mentira alguna. Nunca la podrían culpar por algo que no había dicho. Esta era su gran oportunidad. Sonrió maliciosamente para sus adentros. Ese infeliz le iba a pagar por todos los insultos y golpes que le había dado.
- Al lado de Ranma está el trapo y el agua que necesita, princesa. - ¿Para qué necesitaba tela y agua? Observó disimuladamente al doctor quien ya había comenzado a limpiar la cara de Tatsuki. ¡Ah¡Yo sabía que para eso era... solo era para asegurarme! Akane nunca aceptaría el hecho de que sabía hacer practicamente nada, ni siquiera en sus pensamientos lo admitiría. Por lo general todo lo tenía a la mano y nunca se preocuparon por enseñarle las pequeñas cosas que pueden ser útiles en momentos importantes. Se acercó hacia donde estaba el capitán sentado. Una mirada vacía y sin vida se adueñaba de sus profundos ojos azules. Por un momento sintió algo parecido a la lástima. Tal vez él quería a Tatsuki como a la familia... si es que tenía alguna. O quizás estaba en ese estado porque tendría que conseguir a otro cocinero que hiciera algo comestible. ¡Bastardo¡Sólo piensa en su estómago! Claro que esa meta era difícil de lograr ya que con una simple fruta, aquel joven sabía hacer algo exquisito, digno de reyes. Y conseguir a alguien igual a él era imposible. Arrojó el pedazo de tela a la cubeta de madera llena de agua que estaba al lado izquierdo de Ranma. Respiró profundo... ahora tendría que desabrochar esa mojada camisa. ¡Que asco! Sus manos temblorosas se acercaban lentamente a los harapos del capitán. ¡Por lo menos no me está viendo¿¡Por qué estoy temblando¿Soy yo o aquí está caluroso?
Comenzaría con los botones del medio... para su propia seguridad mental. Ni muy abajo donde se insinuaría una escena comprometedora y embarazosa... ni muy arriba donde él en cualquier arranque de furia hacia ella, le mordería los dedos y se los cortaría con sus dientes de bestia. Acercó más sus manos a la roja camisa, cada vez más nerviosa ante aquel pensamiento, pero antes de que pudiera siquiera tocar sus mojadas telas Ranma había capturado una de sus manos con su sangrienta mano derecha. Akane saltó del susto y lo miró fijamente a sus oceánicos ojos, como pidiendo una explicación sin tener que mencionar palabra alguna.
- Te estoy velando... no intentes nada. - ¡Maldita sea¡Ese maldito brujo hizo un hechizo para leer su mente¡Tiene poderes mágicos! Voy a tener que andarme con cuidado desde ahora. Trató de no seguir pensando para evitar que el brujo pirata siguiera leyendo su astuta mente.
- Pues en ese caso... no intentaré limpiarle como se me ha pedido. - Ella pensaba que él le rogaría para que ella le limpiara. Si no lo hacía se enfermaría sin remedio con una de esas cosas que le daban a las gentes impuras como él y además el doctor estaba ocupado con Tatsuki como para ayudarle. ¡Jajajaja¡Qué cruel soy!
- Yo no le pedí que lo hiciera. Puede regresar usted a su 'galera real'... su asquerosidad. - ¡Marrano¿¡Cómo se atrevía a burlarse de ella en su momento de necesidad? No... ella no le daría el gusto de irse. Ese bastardo, mugroso... y varonil pirata pagaría por sus humillaciones. ¡Ahora o nunca!
- Si tanto quieres que me vaya... ¡aquí me quedo! - Imai sonrió ante aquella declaración. Esos dos eran como un par de niños discutiendo. Akane tenía una mirada retante. Su plan estaba saliendo de las mil maravillas. ¡Ella haría todo lo contrario a lo que él le pidiera¡Jajajaja! Conocía los riesgos. Por más herido que estuviese, él seguía siendo el más fuerte, pero ella no se dejaría intimidar por un marrano. - Pero para que sepa... ¡preferiría estar limpiando a Tatsuki! - la miró con sorpresa. ¿Ella se preocupaba por el cocinero? Ciertamente ese niño era el mejor que la trataba y ¡hasta comida le daba! Pero por otro lado también estaba el hecho de que era uno de los piratas que la mantenían encerrada tras unos grandes barrotes en una pequeña prisión. ¡Ella está loca! Esa fue la explicación más razonable que pudo encontrar para semejante comportamiento anormal.
Sintió sus suaves manos sobre su sangrienta camisa. Nunca había sentido el dulce tacto de una mujer antes. Él no tuvo el privilegio de sentirse un solo minuto bajo el regazo protector de su madre o de alguna mujer. Según le había contado Genma, ella había muerto en el parto que tuvo lugar en ese mismo barco horas después de un gran y fructuoso asalto. Ella apenas viajaba con Genma y en uno de esos escasos viajes se había alterado mucho tras ver el macabro escenario... peor que otros. Por desgracia, su nacimiento se adelantó a consecuencia de esto. El niño nació bien... pero ella había muerto producto del cansancio y el gran esfuerzo. Faltaban varios días para llegar a la isla de Kaskade y ella no podría permanecer mucho en el 'Dragoner' porque su cuerpo ya comenzaba a podrirse y a emanar olores tóxicos que ya nadie soportaba. Entre todos los piratas tomaron la dura desición de arrojarla al mar. Su madre había pagado el precio de su vida y él ni siquiera se había tomado la molestia de preguntar su nombre. Ella había muerto por su culpa... nunca se lo perdonaría.
Akane le desabrochaba los ocho botones de su teñida camisa. A diferencia de hace unos minutos, lucía un semblante calmado. Esa estúpida orgullosa había cambiado mucho en las últimas lunas. Todavía le retaba siempre que tenía oportunidad, pero estaba más pasiva... como acostumbrada a su nuevo estado de vida. Al parecer ya había aceptado como 'hogar' aquella pequeña e incómoda prisión, viendo como la vida se le escapaba de las manos y ella allí..., tranquila, sin poder evitarlo. Por lo menos ya no gritaba a los cuatro vientos lo imbéciles que eran aquellos piratas por meterse con una princesa protegida por los más ricos y condenándolos a muerte cuando ella apenas respiraba en su primera luna en aquella desconocida isla. Se había convertido en una mujer sencilla. En una más del montón. En una pordiosera, vestida de mugre y mirada inexpresiva. Hasta un poco de 'afecto' les había tomado al creer que por sus escasos recursos era que hacían lo que hacían. Quería y necesitaba creer que los entendía.
Terminó de desabrochar la camisa y volteó unavez más para estudiar los movimientos del doctor, que después de varios minutos todavía se encontraba en la dura tarea de limpiar al joven Tatsuki. ¡Estaba claro que ella no sabía ni como agarrar aquel pedazo de tela mojada! Aunque obviamente nunca lo reconocería frente a alguien. Levantó y exprimió débilmente el trapo con ambas manos... imitando los movimientos de Imai, por supuesto. Ranma se tuvo que quitar la rota camisa por sí mismo porque a la boba esa se le había olvidado el pequeño detalle de que con la camisa puesta no le podría limpiar y ya había comenzado a exprimir la tela. Mostraba varios cortes en su pecho y brazos, pero la peor herida de todas era aquel maldito bolín que se enterraba y retorcía dentro de su carne. Ya se había acostumbrado al dolor gracias a los años de experiencia, pero no podía negar que todavía lo sentía fuertemente. Debía hacer un intento por no parecer más inútil de lo que en realidad era. Ella le mostraría a ese hombre lo que en realidad era capaz de hacer, o en ese caso, de aprender. Más limpio que ella misma le dejaría, eso lo podía asegurar. Apretó con exagerada fuerza el pedazo de tela, ahora húmedo, y tan pronto lo colocó en el pecho del joven Saotome comenzó a estregar con ahínco.
- ¡AAAAAAAAAAAAAAAAARGH¡¡BRUTA¡¡BESTIA¡¡MORONA¡¡NO SABES HACER NADA¿¡CÓMO SE TE OCURRE ESTREGAR TAN FUERTE? - al joven pirata se le saltaban las lágrimas mientras se retorcía un poco del indescriptible dolor que sentía. Sólo un poco... no quería mostrarle debilidad a la mocosa esa. ¡Maldita¡Seguro que lo hizo a propósito la muy bestia¡Me las va a pagar!
- ¡Ups! - se colocó una mano sobre sus rosados labios y mostró una expresión de inocencia ante el crimen cometido. Lo que Ranma no sabía era que en realidad no había sido a propósito... aunque ella disfrutaba de su error, eso no lo podía negar. Akane pensó que la mejor manera para limpiar toda aquella sangre sería usando un poco de fuerza para que quedara más limpio y con mejores resultados. Tardíamente se dio cuenta de su falta.
- ¡Que ni se te ocurra intentarlo otra vez o yo mismo te lanzo a las aguas y me reiré hasta que te mueras... por bruta! - ¡A pesar de estar casi llorando todavía le quedaba voluntad para amenazarme! Por algún motivo aparente los demás compañeros heridos decidieron que no tenían nada que hacer ahí... ellos solo estaban observando al pobre de Tatsuki pero después de escuchar esos gritos, la desición más importante de sus vidas era el salir de allí lo más rápido posible. Claro que tratando de disimular lo imposible... el miedo. Ella decidió ignorarle y lavó una vez más aquel rojo pedazo de tela. Lo exprimió calmadamente, como si nada hubiera pasado y lo dirigió hacia el pecho del joven. Ranma aguantó la respiración en señal de estar esperando el peor de los sufrimientos que el dolor corporal pudiera soportar y miraba fijamente el lento acercamiento de aquel húmedo pedazo de tela como si un guardián de la muerte se le estuviera aproximando.
- ¿Tiene miedo, capitán? - sonrió burlona al percatarse de aquel movimiento involuntario.
- ¡No hables lo que no debes¡Avanza! - demandó en una última demostración de autoridad. Por más dolor que sintiera no permitiría que una mujer se mofara de su asustada expresión. ¡Esto es el colmo! Esta vez, Akane pasó con suavidad extrema la tela sobre el pecho sangriento del joven Saotome, como si de una caricia se tratase. Su piel se erizó inevitablemente ante el dulce roce de su piel contra la mojada tela. Cerró los ojos instintivamente y relajó los músculos en señal de complacencia mientras ella volvía a lavar la tela una y otra vez, repitiendo varias veces las 'caricias'.
Era increíble como aquella joven había conseguido vivir más de lo que normalmente se le permitía a un rehén cualquiera. Por lo general los bastardos rogaban por sus miserables vidas. Pero ella no. Esa orgullosa princesa prefería morir con honor y dignidad antes que rebajarse ante un pirata rogando clemencia por una tortura menos dolorosa como lo hacían todos. Ella nunca se humilló ante él. Como decía aquel dicho de que prefería morir de pie que vivir de rodillas. Era una mujer valiente como ninguna de las que había conocido y eso fue lo que le maravilló. Pero aún y con todos sus atributos, en muchas ocasiones lograba hacerle rabiar de una manera tan fácil que hasta él mismo se sorprendía de sus reacciones ante las insitaciones de ella por pelear. No había conversación alguna que no terminara en discusión.
- ¡RANMA! - abrió los ojos estrepitosamente y vio a Imai parado frente a él con una expresión ansiosa. ¿Por qué le estaba gritando si estaba aquí frente a él? - ¡Por fin! Necesito que te recuestes en la cama. - ¿En la cama¡Pero si ahí está Tatsuki! Ranma volteó a ver por encima del hombro del médico a la cama desocupada. Al ver que el joven rubio no se encontraba en ella, le dedicó una mirada interrogante al médico pirata. - Sei se lo llevó a su hamaca, desde hace un rato. - respondió al entender la mirada. Los ojos de Ranma podían ser un libro abierto cuando él lo quería, pero también eran capaces de ocultar muchos secretos que nunca le revelaría ni a un animal muerto en la selva. ¿Cómo fue que no se dio cuenta¿Cuándo se lo llevaron?
- Al parecer la bella doncella sabe hacer algo más que limpiarte las heridas. ¿Eh, Ranma? - comentó en tono picarón al ver el despiste de Ranma. ¿Desde cuándo el viejo este habla así¿Y que quizo decir con eso? Voy a tener que evitar que el sucio de Sei le hable. Akane, que estaba al lado de Imai, observaba toda la escena en absoluto silencio. Trataba hasta de disimular sus respiraciones para hacer el menor ruido posible. Ella había cumplido con lo pedido y trataba de no comentar algo para evitar ser encerrada nuevamente entre aquellas frías maderas. Quería pasar desapercibida... aunque fuera imposible lograrlo. - Bueno ya... recuéstate que tengo que quitarte eso. - y así como lo ordenó, el joven Saotome bajó de aquella dura mesa de madera y tendió su cuerpo sobre una más incómoda 'cama'.
Imai se acomodó del lado izquierdo de la cama, casi mesa, para ver de un mejor ángulo la herida. No era muy profunda, al parecer había sido disparado desde un alcance lejano. Para tratar de no estorbar al doctor y fuera ordenada a encerrarse, Akane optó por pararse al lado derecho de Ranma para tener una buena vista de cuando el joven se retorciera del dolor. Ella lo disfrutaría como ninguna. ¡Jajajaja! Una media sonrisa adornó los rosados labios de la maliciosa princesa, pero sin notar que ese ligero gesto de su boca no pasaría desapercibido para el joven capitán. ¡A saber lo que está pensando la bruja esta¡Perra, vas a ver! Ranma notó que Imai estaba acercando unas pinzas de hierro peligrosamente a su hombro.
- ¡Hey, Imai! - éste saltó del susto. - ¿Dónde está mi madera?
- No Ranma - negó haciendo un gesto con la cabeza. - La última madera que te di, la partiste y no te pienso dar otra. ¡No sabes el trabajo que me dan tallarlas para moldearlas a tu boca! Y además, ya estás bastante grandecito para aguantar como todo un hombre... creo. - esto último lo dijo casi en un susurro pero que Ranma escuchó perfectamente. ¡Maldito Imai¿Cómo se atreve a dudar de mi¡Ya va a ver!
- ¡Claro que puedo aguantar! A mi solo me gusta morder la madera porque me aburre estar sin hacer algo. - trató de excusarse.
- ¡Jajajaja... eso lo veremos¡Tres serpientes de plata a que no puedes estar sin gritar como niña! - retó como de costumbre cada vez que se veía la oportunidad.
- ¡Que sean cuatro! - aumentó el capitán con mucha seguridad y mirando de reojo a la callada princesa. Imai percibió sus 'discretas' miradas hacia la joven y se extrañó un poco de que el joven aumentara la apuesta. ¿Qué pretendía? Ellos muy bien sabían que el capitán nunca había logrado ganarle en alguna apuesta. Y ahora esa seguridad y aquellas miradas... algo tramaba y él tendría que cortarle las sogas para asegurar su victoria. Ya tenía una idea sobre lo que estaba tramando. Ranma podía ser todo un salvaje, si eso era lo que estaba pensando.
- Muy bien, cuatro serán... - Ranma sonrió ampliamente, saboreando de antemano la victoria - ...pero, no se vale morderle el brazo de la princesa. - finalizó Imai esbozando una sonrisa al ver como el rostro sonriente de Ranma cambiaba drásticamente ante una derrota segura. ¿Cómo es que lo supo¿Será brujo el desgraciado? Ahora por culpa de él, tendría que buscar otra manera de silenciar su grito seguro. Él ganaría esta vez.
Miró a la joven cubrir sus rosados y suaves labios con una mano en señal de sorpresa. ¡Le quería morder el brazo¡Salvaje! Imai mantenía un feliz sonrisa ante el descubrimiento que demostraba una vez más cuánto conocía a Ranma realmente. ¡Ya sabía yo que tramaba algo con la princesa!
- ¡Aquí voy! - advirtió cantando muy alegre y con su siniestra sonrisa adornando sus resecos labios. Esto sería su fin. ¡Gritaría sin remedio frente a ella¡Y después se burlaría todo el tiempo hasta el cansancio¡No... debía hacer algo rápido! Vio con terror como Imai iba acercando aterradoramente aquellas pinzas a su hombro y como la zorra esa sonreía ante su calvario. ¡No! Debía buscar algo para tapar su boca pero no podía morderla.
- ¡Estoy llegando! - cantó nuevamente el doctor, queriendo advertir a Ranma de que se apurara a encontrar algo si no quería perder cuatro valiosas serpientes de plata. Cada vez las pinzas estaban más y más cerca de la herida. Ella ampliaba su sonrisa cada vez con más felicidad incluída. Imai tenía una seria expresión de concentración a medida que acercaba las pinzas. A pesar de estar disfrutando de una apuesta ganada, debía mantener la concentración fija en sacar al bolín sin lastimar mucho el tejido del joven capitán. ¡Ella se estaba riendo de él! Akane se agachó un poco.
- Siéntete libre de gritar todo lo que quieras... como niña. - le susurró burlona en su oído derecho. ¡Un momento! Su brazo derecho todavía estaba bien... o por lo menos tenía fuerza y lo podría mover. Imai rozó la herida con uno de los extremos de la pinza. Estuvo a punto de gritar y quejarse ante el dolor que le provocaba el más mínimo toque, pero pudo aguantar con un esfuerzo sobrehumano. Antes de que Imai pudiera lograr hacer gritar a Ranma, éste había juntado sus labios con los de la princesa en un acto desesperado. La tenía bien sujeta con su brazo derecho por sus cortos cabellos para que no se despegara y lo dejara gritar al aire. Estaba ahogando su grito dentro de su boca.
El joven doctor introdujo completamente las pinzas para extraer el maldito bolín. Ranma la besó con pasión, casi devorando sus labios mientras que las lágrimas del dolor resbalaban por sus mejillas y se mezclaban con la sucia piel de ella. Akane correspondió con el mismo ardiente deseo. Imai removió completamente aquella diminuta bola de hierro y maldijo a Ranma. ¡Ahora tendría que pagarle cuatro serpientes de plata¡Cuatro! No querían separarse pero tampoco deseaban dejarle saber al otro que les había gustado. A escasos segundos estuvo de separarla cuando el doctor le pegó un pedazo de hierro ardiente en aquella maldita herida para cicatrizarla. Contrario a sus pensamientos, la pegó más hacia él, si es que eso era posible y ante los ojos de Imai se vieron como dos caníbales consumiendo a su presa humana después de haber pasado por semanas de hambre.
Akane no podía creer lo que estaba haciendo. ¡Ese maldito le robó su primer beso¡Ella quería que fuera en un momento especial y memorablemente romántico¡Pero no¡Su primer beso fue en un asqueroso barco pirata donde la tenían prisionera! Ciertamente se sentía maravillada con las sensaciones que se apoderaban de su cuerpo. Tampoco podía negar que él le atraía un poco... ¡pero sólo un poco, casi nada! Desde un principio estuvo dispuesta a regalarle sus virginales labios a quien su difunto padre eligiera como esposo para ella, pero no todo sale como se planea. Sintió lágrimas humedecer su rostro. ¿Estaba llorando? La besó con más pasión que antes a la vez que presionaba su cabeza en un intento de unirla más a él, si es que eso era posible.
- ¿Qué es esto¿Comiendo frente a los pobres¡Que mal educado eres, Ranma! - se separaron como ladrones atrapados en la escena del crimen. El joven capitán miró un poco frustrado a Sei quien había regresado de llevar a Tatsuki a descansar, mientras que Akane encontraba las maravillas de la madera que pisaban sus desnudos pies. Imai no volteó a ver la comprometedora escena ya que con escuchar sentía que su vida estaba más segura y además debía sumergir aquel grueso pedazo de hierro en agua fría para que perdiera el calor y evitar quemar el barco. Ranma se sentó en la cama de golpe haciendo una ligera mueca de dolor.
- ¡No seas tonto Sei¡Sólo la usé para ganarle a Imai que no quizo darme una madera! - sintió la mirada asesina y desconcertada de Akane clavarse en su rostro. ¡Él la usó¡Sólo la usó y lo decía así, tan fresco! Ranma sintió el puño, nada delicado, de la princesa en sus sonrojadas mejillas y la vio salir furiosa y dolida con pasos escandalosos como si tuviera hierro por zapatos. La joven Tendo se dirigió a su su 'galera real' y ella misma se encerró ante la mirada sorprendida de los demás piratas que estaban fuera del camarote de Imai. Se sentó en un pequeño rincón, tampoco era como si tuviera tanto espacio, abrazó sus piernas y enterró su cabeza en sus rodillas llorando amargamente. ¡Su primer beso¡Él la había llevado al cielo con su pasión! Por primera vez se había sentido querida y deseada por un hombre. Era cierto que peleaban mucho y que él la maltrataba pero ella no era muy diferente a ese pirata de bellos ojos azules. ¡Maldito! Ahora, gracias al mismo joven, ella se encontraba en el mismísimo infierno, deseando la muerte antes que aquel insoportable dolor del corazón.
- ¿Cómo pudiste ser tan cruel Ranma? Ella es sólo una bella y frágil alma con pésimos gustos. - una mirada era más que suficiente para evitar decir más verdades al inmaduro idiota que tenía por capitán. Definitivamente en el campo de las mujeres él era todo lo contrario a lo bueno que tenía como capitán.
- Soy un pirata, Sei... cruel desde siempre. - respondió frío y sin expresar emoción alguna ante aquel pasado hecho. No podía entender por qué ella reaccionó de la manera en que lo hizo, pero menos entendía su mente revuelta y sus confusos sentimientos. Ella no le quería... él no le quería... ¿verdad?
Había permanecido sentada en aquellas arenas desde su partida ya que no podía permanecer en el puerto por órdenes reales. Los soldados del reino velaban día y noche el puerto, esperando por los navíos reales para escoltar hasta el castillo al rey y a la princesa. Apenas había probado bocado alguno y cada vez sus frágiles huesos se notaban más en su fina piel. Pero ella no se iría de allí hasta volver a ver a su hijo regresar. Ella quería verlo nuevamente a su lado, en tierra firme. Él se lo había prometido antes de partir. Los días pasaban lentos haciendo más larga su angustia y preocupación. Las eternas noches las pasaba en vela y siempre mirando hacia los mares por si alguna señal se hacía presente. Sombras negras nacían debajo de sus ojos negros dándole un enfermo aspecto a su ya torturada piel. Otra noche más la había alcanzado y aquel navío no aparecía.
Una luna pálida y grande se elevaba en el horizonte, alumbrando tenuemente lo que sus débiles rayos alcanzaran. No había estrella alguna haciéndole compañía a la solitaria luna y un manto de neblina cubría los mares y las tierras. Hacía frío pero aún así ella no se movería de aquella playa abandonada. A lo lejos vio a un poderoso navío, parecido al de su hijo. No... ese era otro truco sucio de su atormentada mente. La densa neblina dificultaba que sus esperanzas nacieran fuertes. Tal vez debió comer algo, hacía ya más de veinte y cuatro horas que no injería ni siquiera un poco de agua dulce y fresca. Lo vio nuevamente... acercándose misterioso entre el velo de neblina a la playa donde ella se encontraba sentada. Estuvo más convencida de que eso no era real. Si lo fuera, el barco tendría que ir al puerto no a una playa. En definitiva su imaginación estaba a flor de piel.
El silencio de la noche se interrumpió con el sonido del gran navío encallando en las bajas aguas saladas de la playa. No creo que esto haya sido mi imaginación. Esperó unos minutos en su lugar por si alguna persona bajaba del barco, pero al contrario de lo normal, el silenció regresó a su sitio. Con paso seguro y esperanzas renacientes comenzó a caminar hacia aquel barco fantasmal. La visibilidad era casi nula dado a la escasa luz de luna y la densa neblina en la noche. Al parecer no había gente abordo porque el silencio reinó nuevamente en el lugar. Ya estaba cerca y pudo notar que el navío estaba devastado y roto por todas partes. Al parecer navegaron con dos velas rotas y grandes.
No podía negar que tenía miedo pero la curiosidad tuvo más peso en esa ocasión. Se fue por el lado de estribor y encontró algo muy inusual. Las escaleras de Jacobo estaban colocadas. Ningún sonido salía de aquel pobre navío y adjunto a la neblina y aquella solitaria playa, el paisaje no era muy halagador que digamos. Sin pensarlo dos veces, porque si lo hacía se arrepentiría, subió por las escaleras con un poco de dificultad ya que no había ganado muchas fuerzas por su pobre alimentación en los últimos días. Después de varios minutos de esfuerzo, sus manos tocaron la cubierta para apoyarse y subir completamente. Estaban mojadas las plamas de sus huesudas manos. Las miró con detenimiento pero no había la suficiente luz como para distinguir bien. Lo más seguro es que era agua de mar. La neblina también estaba dentro del barco y la suave brisa era como cuchillas que se enterraban en su cuerpo de lo fría que estaba. Un olor muy fuerte y desagradable invadió su nariz inmediatamente. Por primera vez desde que pisó cubierta se detuvo un momento para tratar de observar a los tripulantes, si es que habían.
- ¡AAAAAAAAAAHHHHHHHHH! - gritó tan alto como pudo, alarmando a todo aquel que la escuchara.
Las puertas del trono real se abrieron de par en par asustando al rey quien se encontraba junto al príncipe heredero en medio de una amena conversación sobre su próxima boda. Por suerte el rey no se había retirado aún a sus aposentos. El hombre de bajas estaturas y vestiduras negras entró corriendo y con la respiración entrecortada. Al parecer había corrido más de lo acostumbrado y ya estaba exhausto.
- ¡Sasuke¿¡Qué maneras son esas de entrar a mi trono¿A qué se debe tu falta¡Y más te vale que sea una buena¡Habla ya! - exclamó furioso el rey quien había sido interrumpido por aquel sirviente confiansudo.
- Disculpe... mi... impertinencia..., mi señor. - se arrodilló como de costumbre, solo que esa vez pareció más para descansar que para reverenciar a su rey. Mantuvo un minuto de silencio en lo que recuperaba el aliento, desesperando más al espectante rey y al príncipe que no hacía más que mirarlo con su típica cara aborrecida. - Traigo noticias alarmantes de nuestro navío mensajero. - ante estas palabras el rey se acomodó mejor en su asiento aterciopelado en espera de la noticia.
- ¡Hable ya! - ordenó desesperado por la calma del siriviente.
- Llegó a nuestras tierras, esta noche. Han sido atacados... se rumora que todos están muertos. - dijo con pesar.
- ¡Cómo van a estar muertos¿Quién atacó... o fue una tormenta? - preguntó con temor y preocupación. Si su navío había sido atacado lo más probable es que el de la princesa y el rey Soun también hayan sucumbido al ataque o la tormenta cualquiera que fuera.
- Todavía no tengo esas noticias, su alteza. Me enteré por la sirvienta que había salido a comprar comestibles.
- ¡Y a qué esperas para buscarlas? - preguntó angustiado por el hecho de no saber.
- Disculpe mi ineptitud, su alteza real. Ahora mismo voy a buscarle las nuevas.
- ¡Maldito viejo mandón¡Claro, como no era él el que tenía que correr tanto! Sasuke no se inmutó en reverenciar al viejo decrépito como de costumbre, cosa que le molestó grandemente, y salió corriendo a toda prisa de aquel lúgubre trono. Por desgracia un sirivente, por más alto que fuese su rango dentro del castillo, no podía hacer uso de las carretas. Sin duda llegaría más rápido en una de esas cosas pero no podía. La gente pobre y plebeya como él debían hacer uso exclusivo de sus piernas para poder transportarse. Atravesó las grandes puertas de madera que daban a la entrada principal del castillo. Se detuvo en seco para tomar un ligero descanso. El castillo de por sí era del tamaño de una villa y él ahora tenía que correr hacia la playa. Sus cortas piernas le hacían doble la tarea de llegar lo más pronto posible a donde le habían informado que estaba el navío.
Atravesó todo el pueblo que al parecer ya se habían enterado porque el lugar estaba completamente desierto. No había una sola alma rondando por las pedrosas calles del pueblo. Sasuke agradeció más de una vez que la mayoría del camino era en bajada porque ya estaba cansado. El problema sería regresar al castillo que estaba en lo alto de una colina. El gentío que estaba reunido en la playa le hizo más difícil la tarea de llegar al barco. Todos miraban y murmuraban entre sí sobre aquel navío. La bandera Jolly Roger con huesuda trenza ondeaba al son que la brisa le dictaba. Era tan maldita y temerosa como su dueño. Según algunos de los comentarios que escuchó se destacaba aquel de que "el barco llegó por una brujería" o "está maldecido por el mismo hijo del demonio". Se acercó a un soldado que mantenía a la gente a una distancia considerable del navío.
- ¡Soldado! - el alto joven miró hacia todas partes pero no vio a alguien. Tal vez estaban llamando a otro de sus compañeros que le ayudaba. Sasuke maldijo por centésima vez su baja estatura que le hacía perder respeto entre la gente. - ¡Soldado... aquí abajo! - añadió pesadamente. El joven bajó la vista y allí lo vio. El lame botas, mejor conocido como sirviente real. Lo más seguro es que venía en busca de noticias para el rey... y para él. - ¿Dónde está el teniente Sanzenín?
- ¡En cubierta! - contestó firmemente y sin perder la vista de la gente que trataba de empujar para estar más cerca del gran barco y averiguar con detalles. Sasuke se dirigió hacia el barco y vio a escasos metros del navío a la madre de Tsuzuki sentada en la arena con su vista perdida entre sus manos. Él personalmente hablaba con ella, incluso la llegaba a considerar como una amiga. No despegaba la vista horrorizada de las manos que tenía a la altura de su cara. ¿Qué le pasará¿Habrá visto a Tsuzuki? Como si de una respuesta divina se tratase recordó que aquel era el navío mensajero. ¡Donde él viajaba! Su cara expresó horror y preocupación ante la obvia conclusión. Corrió hacia el barco y vio al teniente descendiendo del mismo.
- ¡Teniente Sanzenín! - llamó con autoridad. Por más sirviente que fuera todos sabían que Sasuke no era más que el perrito faldero del rey y le debían respeto. El teniente de alta estatura y vestiduras militares color verde oscuro saludó militarmente al sirviente con una mano en su frente.
- ¿Qué se le ofrece? - la respuesta era más que obvia pero por más estúpida que le pareciese formularla debía hacerlo para iniciar la conversación... o mejor dicho, la sesión de chismes.
- Por órdenes del rey... - Aquí viene este, averigua para él pero lo cubre con eso de "por órdenes del rey". Sanzenín disimuló su cara de fastidio ante el comienzo de la respuesta del sirviente. - ...exijo un informe completo para mantener informado a nuestro señor. - Si claro, sobre todo para mantener informado al rey y no a él mismo. Sasuke estaba disfrutando su pequeño momento de autoridad.
- Este es el navío mensajero que envió nuestro rey. Como puedes ver... - señaló la negra bandera - ...ha sido atacado y robado por los piratas dirigidos por la mano negra de Ranma Saotome. - hizo una breve pausa para mantener la espectación del sirviente y disfrutar de que él tenía la información antes que ese chismoso. - Todos, sin exepción de persona, han sido brutalmente asesinados. De la mano que le quedaba al capitán, encontramos esto. - le ofreció el pequeño papel maltrecho y lleno de sangre. Apenas y se podían distinguir las letras. - Piden recompensa por la princesa, Akane Tendo. En unos minutos quemaremos todo. Existe la posibilidad de que el barco esté embrujado. - Sasuke abrió los ojos ante esa última afirmación.
- ¿No sobrevivió alguien? - miró unos segundos a la Sra. Asato. Todavía estaba congelada, observando con el mismo horror de antes, sus manos. ¿Sabrá que ese es el navío? No pudo más que sentir lástima y desconsuelo por ella y tristeza por la muerte de aquel joven rebelde que disfrutaba terminar con su poca paciencia.
- No. - respondió secamente - Si me disculpa debo retirarme y usted debe informar al rey que debe estar esperando ansioso.
- Si, claro. - el teniente se alejó en dirección al navío mientras que el pequeño sirviente caminó hacia la pobre señora. Se sentó a su lado y al parecer no se dio cuenta de su presencia ya que permaneció en su petrificado estado.
- Lo siento por Tsuzuki, Sra. Asato. - su voz triste y apagada sacaron a la flaca señora de su estado. Ella lo miró con una expresión de incertidumbre ante lo que Sasuke le acababa de comentar.
- ¿Qué pasó con mi hijo¿Por qué dice usted que lo siente? - ¿Acaso ella no sabía que navío era ese? Según el teniente todos habían muerto a manos de Saotome y sus piratas. ¿Ella no había visto muerto a Tsuzuki¿Ella no sabía que su hijo ya dejó de serlo?
- ¿No lo sabe usted? - ella lo veía directamente a los ojos, reflejando en ellos todas las dudas que aquellos comentarios sin sentido le hacían nacer en su ya atormentada cabeza. - Todos los tripulantes que en ese navío viajaban han muerto y entre ellos está... - ¿Cómo decirlo¿Cómo podía ser tan cruel? Su obligación estaba en decirle... pero no lo deseaba. - ...Tsuzuki. - finalizó con todo el pesar del mundo. Las angustias no se hicieron esperar en su ya horrorizado rostro. Se quedó unos minutos en total silencio mientras que las lágrimas caían sin parar por sus mejillas. Volteó su mirada hacia el desecho navío con la intención de correr hacia él para buscar a su hijo. Tan pronto se levantó sobre sus dos piernas lista para emprender la carrera, una gran hoguera nacía de las maderas del barco. La luz que provenía del incendio hacía que la noche perdiera su nombre. Miró una vez más a sus manos bañadas en sangre y comenzó a correr como podía en dirección contraria al mar. Empujó a la gente que se atravesaba en su camino mientras cientos de imágenes aparecían en su mente.
Ella lo había visto todo. Subió a cubierta y miró sus mojadas manos, pero la luz no le permitía divisarlas bien por lo que pensó que lógicamente se trataba de agua. Después se detuvo a observar la escena detenidamente. Cientos de cuerpos inertes de marinos yacían en el suelo. Algunos sin cabeza, piernas o manos. No pudo apartar su vista del cuerpo del capitán quien estaba de pie, pero no vivo, estaba clavado al mástil por una larga espada y con los ojos abiertos en dirección a ella. Si no fuera porque estaba muerto pensaría que la estaba viendo directamente por su intromisión al barco. Entonces gritó... sin poder hacer algo por evitarlo. No se detendría hasta llegar a su pequeño hogar.
Su hijo y su esposo estaban muertos. Ahora sí estaba sola en este mundo. Nunca más sería feliz... ya nada valía la pena. Su vida era inservible si no estaba con aquellos a quien amaba. No se lo pensó dos veces para romper un largo pedazo de tela que cubría su incómoda cama. Colocó un pequeño banquito de madera justo debajo de una viga de maderas viejas que sostenía su techo. Lanzó el largo pedazo de tela al otro lado de la viga. Hizo un nudo fuerte y pasó parte de la tela por su pequeña cabeza y nuevamente amarró la tela alrededor de su flaco cuello. Quería estar con su esposo y su hijo nuevamente. Lo deseaba fervientemente. Ella anhelaba con todo su ser estar reunida con las personas que la mantenían viva otra vez. Un suspiro de resignación escapó de sus finos y pálidos labios. Empujó el banquito con la punta de sus pies y colgó su vida. Pronto el aire dejó de llegar a sus pulmones y su alma emprendió el viaje fuera de su frío cuerpo.
Fin del Capítulo 4
Artemisa: Y aquí termina otro capítulo más de esta historia. Ya se está poniendo un poco triste con tanta tragedia que estoy escribiendo pero... esas cosas tienen que pasar en una historia de piratas porque la vida no era color de rosa y los piratas no eran Robin Hood. Como siempre, gracias a mi padre que me enseñó una y mil maneras de matar a la pobre madre de Tsuzuki U También a Ayame que siempre me alienta a continuar escribiendo esta historia que para serles sinceros... no pensaba terminar. Y a todos ustedes por leer hasta aquí .
Comentarios o lo que quieran (todo menos un virus): Términos:
Para ayudar un poco en la comprensión de la lectura aquí le pongo unas palabras por si tenían dudas.
escaleras de Jacobo - es una traducción literaria de Jacob stairs (o algo así --U realmente no recuerdo)
Jolly Roger - es la típica bandera de los piratas ( la negra con la caravela) lo único que la de Ranma se caracteriza por tener una trenza de hueso al igual que la caravela. (no podía dejar su trenza fuera ¿o sí? )
