Notas de la Autora:

Hola, lectores les traigo después de un año y tres meses de no actualizar esta historia, les traigo el capítulo final y espero les agrade.

Nos vemos en la siguiente actualización de mis historias, hasta pronto! n_n

Capítulo IV: Almas destinadas

Pasaron los meses durante los cuales el joven monje no tuvo noticias de la castaña, incluso visito el pueblo de los exterminadores para ver si alli estaba, pero se inquieto al no verla por ninguna parte.

Arrepentido era como se sentia habia traicionado a la mujer que más amaba, pese a que ella pronto le daria lo que más deseaba en el mundo un hijo, producto del gran amor que se tenian y ahora no era raro pensar que Naraku habia tomado provecho de la situacion. Rabiando comenzo a aventar todo en su cabaña, su impotencia crecia y su corazón se llenaba de odio.

Cerrando los ojos, solo la veia a ella a su Sango, tan bella como una flor en primavera y recordaba su bella figura y los gemidos que la voz de la castaña solto recordando ese dia que ella entrego su virginidad a él.

-Por dios, Miroku- decia el hanyou – Pareces un fantasma.

-Inuyasha, soy un bastardo- suspiro el monje- La perdi para siempre.

-Aun tenemos esperanzas, monje- dijo el peliplateado.

Los ojos záfiros miraron con pesar el horizonte, sabia que la esperanza era poca pero la habia y debian de confiar que la castaña pronto apareciera.

XXX

En las tinieblas de un alejado castillo amo y sirviente mantenian una riña cotidiana al no obtener el pago por sus servicios.

-Por favor, amo Naraku- decia la pelinegra desatando su kimono- Podria tomarme de nuevo.

-Basta, Kagura- dijo el demonio- Traeme a la exterminadora.

La controladora del viento se marcho, mientras el demonio observaba con firmeza el oscuro cielo tratando de imaginar el plan que llevaria a cabo, era verdad debia pensar como terminar con el fastidioso monje asi como el hanyou y Kagome. La castaña llego al lugar, el observo su vientre que habia crecido, pues ya faltaban tan sólo meses para que su bebe naciera.

-Me llamo amo, Naraku- dijo haciendo una reverencia y su mirada aun era fria por el control del trozo de perla de Shikon.

-Sango, he pensado bien nuestra venganza con el monje-dijo el demonio.

-Digame, amo ¿acaso yo le seré util?- menciono la castaña.

-Por supuesto- sonriendo perversamente- Desnudate y colocate en el tatami.

La castaña realizo lo que él le pidio se despojo de sus ropajes quedando totalmente desnuda frente a Naraku y se recosto, el demonio imito la misma acción de la castaña quedo sin nada frente a ella y se recosto sobre ella.

-Es hora que ambos disfrutemos esto- quitando el fragmento de Shikkon.

-¿Naraku? – dijo la exterminadora que habia recobrado la conciencia- Sueltame, maldito demonio.

La castaña se asusto al sentir el miembro erecto de Naraku tocar su intimidad, solamente su amado monje habia logrado llegar a entrar en su intimidad.

-Veamos bien, Sango ¿Quién te dará más placer un demonio o tu infiel monje?- seguido de esto entro por completo en su vagina.

-Sacalo, infeliz- grito la castaña y a lo que el demonio correspondio moviendose más rapido.

Durante horas la castaña lo sintio moverse dentro de su interior, mientras los gritos y suplicas continuaban, las embestidas eran rapidas e intensas en las que el demonio trataba de hacer perder por completo la cordura de la exterminadora.

-Sango, querida- mirandola perversamente- Mientras más te resistas mayor sera el dolor que te provocare, hasta que accedas a entregarme tu alma pura.

-Sueltame, me haces daño- conteniendo su llanto "Miroku ayudanos".

Inquieta ante los gritos de su ama, Kirara comenzó a recobrar la conciencia y de forma rápida se marcho del lugar con rumbo a la aldea de la anciana Kaede.

XXX

El joven monje estaba inquieto, no podia dejar de pensar en la castaña, pero inesperadamente un sentimiento de prepcupacion parecia aflijirle el corazon presentia que algo estaba lastimando a ella y a su hijo. Se levanto de su tatami, se dirigio a la cabaña de Kaede y observo que ella hablaba con Kagome angustiada, esperaba que su presentimiento fuera un error.

-Excelencia, ¿lo ha sentido? - dijo la anciana.

-¿Sucede algo?- miro confundido a las mujeres- Digame anciana, Kaede ¿es Sango o mi hijo?

-Naraku- dijo la joven sacerdotiza- El quiere profanar el cuerpo de Sango con ello tener un desendiente.

-Lo que queremos decir - dijo la sacerdotiza mayor- Naraku quiere renacer en el cuerpo de tu hijo, tomará a Sango hasta que ella entrege su alma y la matará.

-¿ Por qué, Sango?- dijo molesto- ¡Maldición!

-Su excelencia, debe mantener su fe y sino el demonio ganara la batalla.

-No puedo estar aquí sin hacer nada - apretando su puño- Sabiendo que el maldito de Naraku, quiere destruir lo que más amo.

El monje salio de la cabaña furioso, observo a lo lejos a Inuyasha esperandolo con su espada y le agradecio con una mirada. En estos meses ambos habian buscado con ansias el lugar donde se ocultaba el demonio Naraku, pero no habian logrado encontrarlo.

-Llegas tarde- dijo secamente.

-Lo sé, Inuyasha- suspiro- ¿Parece que tu lo sientes también?

-Miroku, debes de estar preparado no sabemos que le ha hecho Naraku a Sango en estos meses y debes controlar tus emociones humanas.

-Vamos- hizo una pausa al observar al recien llegado- ¿Kirara?

Los dos hombres se acercaron al youkai nekomata que se encontraba cerca de ellos, lucia lastimada e inquieta, tal vez no solo Sango y el bebe habian sido lastimados. Ambos se montaron en su lomo, dejandose guiar hacia el lugar donde se encontraba el castillo del demonio pasaron campos, praderas y chozas, hasta llegar a un risco lejano cerca de alli habia un castilo abandonado no era un lugar muy concurrido.

Al bajar de la mononoke el monje detecto la energia del demonio y la exterminadora, ambas estaban muy cercanas podria decirse casi unidas. Los puños del monje comenzaron a rabiar, luego de usar unos pergaminos lograron pasar la barrera, fueron atacados por los insectos que derrotaron con facilidad y continuaron su camino hasta las habitaciones donde sentian las energias. Fueron abordados por una tranquila Kanna y una furiosa Kagura.

-Kagura- dijo rabiando el monje.

-Vaya monje, no pense que nos veriamos de nuevo- susurrando coquetamente- ¿Te gustaria repetirlo?

-Maldita, infeliz- dijo el hanyou- ¿Dinos donde esta Sango?

-Mmm, la exterminadora – pensando- Esta ocupada con Naraku.

-No mientas- dijo el ojiazul.

-Kanna muestrales- dijo ajitando el abanico.

El espejo comenzó a mostrar: dos figuras en un tatami, la exterminadora estaba desnuda bajo el cuerpo del demonio, lucia un vientre abultado, unas heridas en todo su cuerpo y mientras soportaba las fuertes embestidas del dotado miembro, mientrás el reia disfutado el dolor que provocaba al profanar su interior soltando una gran cantidad de esperma dentro.

-Ni creas, Sango que tendré compasión por tu embarazo.

-Detente, Naraku- dijo la exterminadora apretando el rostro al sentir el dolor..

-¡Maldito, infeliz!- expreso el monje.

Rabioso y sin reaccionar el ojiazul quito su rosario, luego de un movimiento libero su agujero negro absorbiendo con el a Kagura y Kanna. Seguido ambos continuaron su camino hacia los aposentos de Naraku donde derribaron la puerta, los gemidos habian cesado y observaron la figura de la exterminadora tirada en el suelo de la habitación con los ojos en blanco bañada en la esencia del demonio y ¿sangre?

Ambos se acercaron a la castaña permanecia inmovil algo la hacia perder la sangre de su cuerpo, el ojiazul intentaba hacer que ella recobrara la conciencia y pero algo le decia que el parto se adelantaria.

- Pronto dará a luz, ayudame- dijo el hanyou.

-Por favor, Sango... no mueras- abrazandola y sus ojos comenzaron a soltar lágrimas.

El dolor comenzo a hacerse presente en el cuerpo de la chica haciendo que recobrara la conciencia, poco a poco los dos ayudaron a acomodarla en el tatemi, las contracciones se hicieron presentes y el hanyou lo noto el bebe deseaba nacer.

-Inuyasha, ve con Sango a la cabaña de la anciana Kaede- dijo serio.

-Miroku, debes de conservar la calma- dijo el peliplata mientras cumplia la orden de su compañero.

Antes de partir al lugar se acerco a su amada y le dio un beso en los labios susurrando un "perdoname, Sanguito". Se alejo rumbo al lugar donde estaba el demonio, lo encontro en el centro de la habitación mirandolo con sus ojos rojos.

-¡Qué sorpresa, monje!- dijo el demonio- Pense que te marcharias tras de Inuyasha y Sango.

- Desgraciado, ¿qué ganas con lastimar a Sango?

-Su corazón, monje- hizo una pausa- Ahora lo obtendré cuando tu mueras.

El demonio se avalanzo a pelear con él, ambos tenian sus motivos para ganar. El monje recordaba lo que la sacerdotiza le dijo " Jamás pierdas tu fé" con ayuda de sus pergaminos sagrados y su poder espiritual logro debilitarlo. Debia vengar el honor que su amada habia perdido, no soportaba que ella o su hijo hubieran sido lastimados por solo venganza y preparo su agujero negro para atacar al infeliz que habia maldecido a su familia.

-Monje, si me absorbes por mi miasma alcanzaras tu limite- dijo el demonio preocupado.

-Lo haré, infeliz- dijo cerrando los ojos hizo una ultima oración y dirigio su kazanna al demonio.

Entonces el cuerpo de Naraku fue poco a poco consumido por el vortice de su mano derecha, con dolor Miroku soporto la cantidad de miasma que emania del cuerpo de su enemigo intentando lastimarlo para que fallara y pero su fé como su amor por la bella castaña lograron que su peor enemigo fuera absorbido. Por fin su abuelo, su padre y él tenian la venganza que deseaban, pese al dolor que sentia y que su agujero negro estaba a punto de rasgarse, se sintio satisfecho esperando la muerte como un dulce ángel que lo calmaria. Luego de unos minutos, el viento que provenia de su mano, lo absorbio junto al castillo de Naraku.

XXX

Inuyasha observo a lo lejos como el castillo desaparecio, por fin el monje habia conseguido terminar con el demonio que lastimo a todos y abrazo la castaña con sumo cuidado mientras volaban sobre Kirara rumbo a la choza de Kaede.

Susurro al viento "Gracias, Miroku... Te prometo que los cuidaremos".

Luego de unos minutos aterrizaron cerca del lugar, llevo a la exterminadora entre sus brazos y las sacerdotizas se encargaron de purificarla antes de comenzar el parto. Poco a poco Sango recobro el conocimiento, sintiendo las contracciones que provenian de su vientre y resistio con fortaleza el parto trayendo a la vida a un hermoso niño de cabello castaño y ojos azules a quien llamo Kimori.

Al dia siguiente la castaña y sus amigos visitaron el templo del maestro del monje, donde hicieron una ceremonia pidiendo por el descanso de Miroku y de su hermano Kohaku que murieron dentro del castillo. Ella abrazó a su hijo con firmeza, mientrás observaba sus ojos azules y con una dijo con meláncolia:

"Excelencia, Miroku gracias te doy - susurro al viento- Por salvarme, prometo que me volveré fuerte por nuestro hijo y espero que en la otra vida nos volvamos a encontrar".

La exterminadora prometio que nunca se casaria, así lo hizo, se dedicó a vivir intensamente por su hijo y recordo con cada mirada a su amado monje y su hermano que fallecieron en el castillo.

XXX

Quinientos años después en la cuidad de Tokio, una chica de dieciseis años de largos cabellos castaños corria por las calles de la cuidad rumbo al instituto, vestia su uniforme escolar y su mochila.

-Espero no llegar tarde - dijo ella mientrás corria.

Al llegar al plantel se dirigio al aula que estaba asignada para ella, sin fijarse que un chico pelinegro de diecinueve años que venia de frente a ella y ambos chocaron. El le ayudo a recojer sus cosas, poco a poco ambos levantaron la vista, los ojos azules se unieron a los castaños y sus corazones se reconocieron.

-Hola, soy Sango Taijinya – dijo ella timidamente- ¿Te conozco?

-Encantado, Miroku Houshi- sonriendo- Aún no, pero me gustaria conocerte.

-Nunca te habia visto por aquí, ¿eres nueva?

-Mi familia y yo nos mudamos hace un par de semanas- sonriendole.

-Dime, Sango ¿no te gustaria tener un hijo conmigo?

-Que gracioso eres, Miroku.- riendose y él respondio con una sonrisa.

-Bueno mejor te invito al cine, ¿aceptas?

-Por supuesto.

-Sabias Sanguito, que hace muchos años vivian por estos terrenos vivia una pareja de enamorados, él era un joven monje y una bella exterminadora que luchaban por vencer a un malvado demonio.

-¿En serio?- hizo una pausa- ¿Qué sucedio con ellos?

-El malvado demonio les puso una trampa probando su amor, él cayo preso de ese engaño y salvo a ella de morir a cambio de su vida, ahora deben esperar a que Buda decida que sus almas reencarnen.

-Que bella leyenda de amor- dijo emocionada.

Ambos sonrieron sin saber que el destino, habia logrado unir sus almas después de tantos años de haberse separado por la maldad de un demonio. El amor que tenia Miroku prometio vivir para su Sango y viceversa, asi ambos sonrieron dentro de sus corazones porque estaban seguros que ni la maldad o la muerte los podria separar.

FIN