Nota: Ningún personaje me pertenece.
Capítulo Cuatro.
Eran las seis cuarenta y cinco de la mañana, faltaban quince minutos para que las clases comenzaran y por primera vez en su vida, Kick Buttowski había llegado antes de que sonara la campana.
No había sido por voluntad propia, cabía aclarar, sus padres lo habían obligado.
Después de una llamada de la directora, Honey y Harold Buttowski estaban listos para matar a su hijo rebelde, se habían enterado de todo. No solo de la fiesta ilegal, sino de cada acrobacia, cada pelea, cada materia reprobada, incluso de cada chica con la que había salido. Todo estaba sobre la mesa ahora, al alcance de la mano de sus padres, y sabía que esta vez no se salvaría del enorme castigo que le darían.
Así que aquí estaba: sentado en la oficina de la Sra. Fitzpatrick, esperando la sentencia final.
—Sr. Buttowski, ¿cómo estuvo su fin de semana?
La directora había desarrollado un retorcido sentido del humor después de tantos años educando niños. Kick no la culpaba, pero incluso para ella, eso era cruel.
—No me quejo —contesto Kick lo más relajado posible.
—Me imagino por qué. Debió de haber sido la mejor fiesta de todo los tiempos —la Sra. Fitzpatrick se inclinó hacia adelante sobre su escritorio y cruzó las manos pulcramente—. ¿Sabe usted que en mi juventud, yo fui una de las anfitrionas de la gran fiesta ilegal de fin de curso?
—No, no lo sabía —y tampoco se lo quería imaginar.
La Sra. Fitzpatrick no había cambiado mucho de cuando les enseñaba en la primaria, excepto en su personalidad. Seguía siendo la misma mujer morena, con canas y lentes. A Kick le era imposible verla de otra forma que no fuera esa.
—Mmm-mmm. Pues así fue. Yo era la líder de las porristas de ese entonces. ¿Difícil de creer, no? —Agregó cuando vio la cara de incredularidad de Kick—. Pero como verás, también fui joven y popular, cometí muchas locuras en ese entonces y no me arrepentí de nada. Porque era adolescente.
—¿Por qué está diciéndome todo esto?
—Porque quiero que entienda porque estás aquí, Sr. Buttowski. Quiero que vea la magnitud de lo que hizo. Debe entender que usted no está en problemas por hacer una fiesta, a pesar de que sea llamada «ilegal», la fiesta que orquestó no es ilegal, ninguna lo es. No está estipulada en el calendario, lo acepto, pero es una tradición de la que los maestros hacemos oídos sordos, aunque somos conscientes de que existe. ¿Me doy a entender?
Kick solo asintió. Ya sabía a donde iban a llegar con todo esto.
—Usted está aquí por hacer una fiesta en la escuela sin autorización. Por allanar propiedad privada y orquestar actividades prohibidas y peligrosas que pusieron en peligro a varios personas, incluyendo menores de edad. ¿Logra comprender lo grave de su situación?
Kick lo hacía. Entendía perfectamente que lo que había hecho se había pasado mucho de la raya, pero aun así no tenía miedo de enfrentar las consecuencias. Si por el fuera aceptaría cualquier castigo que le pusieran, pero le había prometido a su hermana pequeña que buscaría la manera de solucionar esto. A cualquier precio.
«Lo que me hace hacer esta niña». Pensó Kick algo molesto. Pero en el fondo él sabía que haría cualquier cosa que Brianna le pidiera. Kick simplemente la adoraba.
Raro, sí. Antes los tres hermanos habían sido tan distantes y problemáticos, pero pronto todos descubrieron que se entendían entre sí más de lo que nunca imaginaron y que si actuaban unidos nada podía derrotarlos. Eran una fuerza imparable Clarence, Bradley y Brianna Buttowski.
—Comprendo muy bien lo que hice, Sra. Directora.
—Mmm-mmm. Entonces, Sr. Buttowski, entenderá que el único castigo apropiado para esto es la expulsión definitiva de esta institución —dijo la directora calmadamente, mientras se reclinaba en su asiento—. Y agradezca que nadie levantara cargos en su contra, sino procederíamos a medidas más extremas. Pero como bien todos saben, usted y algo extremo... No es una buena alternativa para un castigo, ¿no le parece?
Si, definitivamente la directora era una sádica del humor negro.
Kick no pudo evitar sonreír ante el comentario.
—Estoy totalmente de acuerdo.
—Me alegra que lo esté tomando tan bien. Entonces procederemos con el papeleo...
—En lo último.
—¿Mmm? ¿Disculpe?
—Me refiero a que si tomara "medidas extremas", no sería un castigo, sino un premio para mí.
—Sí, eso lo...
—Porque sería todo un reto ver cómo me escabulliría del castigo —la volvió a interrumpir Kick—. ¿No le parece, Sra. Directora?
—Sería toda una hazaña —comentó la Sra. Fitzpatrick entrecerrando los ojos—. ¿Puedo saber a dónde quiere llegar con todo esto, Sr. Buttowski?
Kick se inclinó hacia el escritorio y miro a la directora directamente a los ojos con su hipnótica mirada que volvía locas a las chicas, intimidaba a los chicos y retaba a los adultos. Era una mirada manipuladora. Siempre la usaba cuando quería conseguir algo. Y nunca fallaba.
Brianna se la había enseñado.
—Usted y yo sabemos que esta expulsión está sobrevalorada. Me echa de la escuela ¿y qué? Siempre puedo volver las veces que quiera y crear caos en sus pasillos, es la naturaleza de un doble de riesgo: ser incontrolable. Y usted quiere controlarme, o sino controlarme por lo menos enseñarme modales, respeto. ¿No es así, Sra. Fitzpatrick?
La directora no contesto, solo observó a Kick de una manera calculadora y fría.
Él sabía lo que estaba pensando: ¿cómo este "niño malcriado" se atrevía a hablarle así? ¿A su superior?
Pero esa era la intención de Kick: retarla. «Manipula la situación para tu beneficio. Usa las emociones de las personas en su contra, así es como podrás tener a todos a tus pies, Kick. Créeme, lograrás zafarte de muchos problemas». Le había dicho Brianna hace cuatro años, y había sido verdad.
—Por favor, contésteme, Sra. Fitzpatrick, ¿usted no quiere disciplinarme?
—Por supuesto que quiero, jovencito maleducado —contesto con molestia.
—Entonces, ¿qué propone que hagamos? —pregunto Kick reclinándose en su asiento, sonriendo—. Estoy abierto a sugerencias.
Antes de que la directora pudiera contestar el teléfono de la oficina sonó.
La Sra. Firzpatrick le dio a Kick una mirada de advertencia antes de contestar.
Kick solo se mantuvo ahí sonriente escuchando la conversación solo de una parte.
—¿Qué pasó, Natalie? —una pausa—. ¿Quién es? —Otra pausa—.¡Ah, sí! Si, la esperaba —otra pausa—. Natalie, por favor dile que espere tantito, estoy arreglando un asunto aquí con un alumno... —otra pausa—. Sí, es el Sr. Buttowski con el que estoy y yo... —la directora de repente se quedó callada y observo más atentamente a Kick, tomando nota de todo sobre él y pensando, analizando, para luego sonreír. Por primera vez desde que Kick entró a su oficina vio en la directora una sonrisa de pura satisfacción, era... Perturbador—. ¿Cuánto falta para que toque la campana? —Pausa—. Terminare para entonces, Natalie. Informárselo, por favor.
Después de eso la directora colgó. En ningún momento dejo de mirar a Kick con esa sonrisa.
—¿En qué nos quedamos, Sr. Buttowski?
—En que mi expulsión está sobrevalorada.
—¡Ah, sí! —La Sra. Fitzpatrick volvió a inclinarse hacia adelante y cruzó las manos sobre el escritorio—. ¿En verdad quiere jugar este juego, Sr. Buttowski?
—Me gustan los retos —contesto encogiéndose de hombros.
—Mmm-Mmm, muy bien. Le propongo un trato: no voy a expulsarlo de esta escuela ni ponerle una sanción, como sacarlo del equipo de futbol o prohibirle ir al baile de fin de curso, nada de eso. Usted va a ser libre de ir y venir a esta escuela con libertad.
—¿Cuál es el truco? —preguntó Kick cauteloso. Por un momento, solo por un pequeño momento, la sensación de que esto había ido terriblemente mal, lo lleno. Pero rápidamente se le pasó cuando escucho lo siguiente:
—El truco es que usted estará bajo responsabilidad de un tutor.
—¿Una niñera? —Preguntó alzando una ceja.
Kick sonrió internamente. Se había deshecho de incontables niñeras en su niñez, esto no sería ningún problema ahora.
—No, no es una niñera. Es un maestro personal, con el que tendrá que convivir en el almuerzo, dos horas después de clase y cualquier hora libre que pueda tener.
—¿Por qué? —Kick frunció el ceño al escuchar eso. ¿Dos horas y media con una niñera? ¿En serio?
—Ya le dije, es un maestro, ¿y qué hacen los maestros? Enseñan. Y usted tiene mucho que aprender, porque si quiere graduarse de esta institución tiene que aprobar todos los exámenes finales con por lo menos una B.
Esto estaba empezando a complicarse cada vez más.
Cosa que emocionaba a Kick, esto era un reto de verdad, pero necesitaba conocer todas las cartas sobre la mesa.
—¿Y si no lo hago?
—Si no entra a las dos horas con su tutor, o lo evita, o no pasa los exámenes finales con la calificación que le estipulé, no podrá graduarse, quedará expulsado definitivamente y presentaremos cargos contra usted. Es un reto de todo o nada, Sr. Buttowski —la sonrisa de la directora se ensanchó más, si es que eso era posible, y luego extendió la mano hacia Kick— ¿Qué es lo que dice? ¿Acepta? ¿Mmm?
En efecto, era un gran reto, uno que definiría su futuro entero, pero Kick no tenía miedo, estaba extasiado por él subidon de adrenalina que le llego.
Sería un mes muy interesante.
Pronto idearía un plan para lidiar con su tutor, para pasar los exámenes, para caminar sobre la línea y los vacíos del trato. Había tantas posibilidades que solo él era capaz de ver.
Kick ganaría. No tenía la menor duda de eso.
—Trato —dijo mientras estrechaba la mano de la Sra. Fitzpatrick.
Justo a tiempo la campana sonó para dar inicio a las clases.
—Vaya a clases, Sr. Buttowski, o no, como quiera. Su vida puede seguir como lo era antes, excepto por el almuerzo, las horas libres y las dos horas después de clase. Pero debido a que aún no confirmamos a su tutor, por hoy en el almuerzo también es libre.
—¿Cuándo empezare con el tutor?
—Venga a verme hoy después de clases y le informaré —la directora suspiro contentamente—. Tal vez para esa hora ya tenga una respuesta. No se preocupe, ya tengo a alguien pensado para usted.
—¿Quién es? —preguntó Kick curioso. Curioso de verdad.
La Sra. Fitzpatrick no contesto por un momento, solo miro a Kick diabólicamente, o bueno, a él le pareció diabólico.
—Un digno oponente, Sr. Buttowski, un digno oponente. Ahora sí me disculpa, tengo una cita muy importante y no quiero seguirla haciendo esperar. Ya conoce la puerta, Sr. Buttowski.
Kick salió de la dirección con aire de satisfacción. No importaba lo que le había dicho la directora, él estaba seguro de sí mismo.
No perdería esta apuesta, había demasiado en juego: su vida, su carrera, su futuro.
Porque a pesar de que Kick actuaba tan despreocupadamente frente a los adultos, él no era indiferente de su futuro.
Estaba seguro como el infierno que no quería reprobar el año, ni ser expulsado, ni ir a presión. Ya había renegociado su castigo, le pareció justo y lo había acepado. Para él su deuda ya estaba saldada, cualquier cosa que viniera después ya era injusta.
Por supuesto, eso no quería decir que seguiría al pie de la letra el castigo. Era un doble de riesgo, salir de esas cosas era su profesión. Y no había ningún oponente digno de él.
Nadie.
Nota del Autor: Hola a todos. Aquí les traigo otro capítulo, en lo personal fue difícil escribir esto porque… no sé. Primero siento que me falta algo y luego quedo satisfecha… ¡Soy todo un revoltijo de pensamiento!
Bueno, esto es todo lo que pude hacer conmigo y mi desorganizada cabeza. Aun así, espero que les guste.
Por favor, no olviden decirme que opinan en los reviews.
Gracias por leer y nos actualizamos luego.
Sorceri.
