NADA DE ESTO ME PERTENECE, LOS PERSONAJES SON DE RUMIKO TAKAHASHI, SOLO ME DIVIERTO ESCRIBIENDO ESTAS HISTORIAS.
Como lo prometí, no demoré más de tres días en actualizar, pero temo que de ahora en adelante lo haga una vez por semana, dos cuando mucho, y es que ya pronto tendré más exámanes en la escuela, para variar. Muchas gracias a las personas que me dejaron comentarios y también a las que leen sin comentar ¡Me animan! Conté los votos para los POV y ganó los que querían Ranma/Akane, pero por un margen muy mínimo al POV general. Por eso, decidí que cada capítulo lo redactaré tomando en cuenta estos tres.
Será algo así como una sorpresa, nunca sabrán si ahora Akane relatará lo que siente o si en cambio el narrador explicará lo que le pasó a Kasumi. No creo salirme mucho de Ranma y Akane, es decir, no agregaré puntos de vista se secundarios. Sin más que decir ahora, disruten.
Revisión de Comentarios:
alix: lo tomaré en cuenta.
isacandy: si, es amnesia. Y gracias :)
Egypt Princess: me pareció una idea muy buena y aunque ya la tenía vislumbrada me ayudaste a concretarla. Gracias (no tenía ni idea de que también te gustaba Ranma ¡Me alegra!) ^^
S-ReikiSaotome-T: no lo hará, te lo aseguro.
Akai27: Este es mucho más largo, lamento decirte que alternaré los POV pero el general se mantendrá en algunas situaciones. Mucho depende el contenido del episodio.
Diana Tendo: me encanta cuando los lectores se emocionan con mi redacción ¡Siempre me hace sentir feliz! gracias.
Didiana Happy: gracias. Y lo tomaré en cuenta.
Capitulo 3.
Olvidado.
POV Akane.
Sentía que la cabeza iba a matarme de los constantes dolores. Mi cuerpo estaba entumido y pese mis esfuerzos no conseguía levantar ni una sola de mis manos. Todo lo que me rodeaba era negro y cualquier dejo de conocimiento que hubo en mí pareció haber desaparecido. Nadaba en un mar de confusión lleno de preguntas que no tenían respuestas.
¿Quién era?
¿Dónde estaba?
¿Qué me había pasado?
¿Qué eran esas voces alrededor mío?
Alguien tocó mi mano.
-Te pondrás bien, yo lo sé—decía un chico, con voz rota de dolor—Pero que sea pronto… te extraño… mucho… ¿sabes? Siento que… siento que… lamento no haberte dicho lo que sentía… antes… y es…
¿De qué hablaba? Su mano estaba encima de la mía, quise moverla, pero no pude ¡Algo me detenía! ¿Qué? Desesperada, era como me encontraba. La cabeza me dolía aun más y si el dolor no disminuía juro que no seré consciente de mis actos.
-Te quiero…
¿Quién era el que hablaba? Su voz sonaba dulce, pero a la vez dolida. Era un hombre, de eso no cabía duda. Ante las palabras que él menciono el corazón latió a una velocidad impresionante, y una agradable sensación de mariposas volando en mi estómago inundó todo mi ser. Pero, mi mente no entendía nada. No sabía quién me hablaba y aunque mi cuerpo parecía responder al sentimiento, por mí misma no lo hacía.
Y aún así, una parte de mi mente parecía ansiosa ante esa confesión. Una parte lejana, bastante perdida y casi enterrada, luchaba por salir y decir sepa Dios qué cosas. Era una voz dentro de mi cabeza tan tenue que no era capaz de escuchar con nitidez, susurraba demasiado. Y parecía decir algo como "…y yo a ti…" ¿Qué cosa a ti?
Comencé a desesperarme de verdad. ¡No entendía nada, la cabeza me dolía, y había un chico tierno diciéndome que me quería sin yo conocerlo! Luché más por moverme, todo era inútil. Mis manos no respondían. Pero luché más. Y más.
Al fin uno de mis dedos respondió a mi mandado y se movió. El chico jadeó de sorpresa ¿Por qué? No me importaba, no ahora. El resto de mis dedos también reaccionó y mande a mi mano cerrarse en un puño. Dolió, fue lento, pero lo hizo. Traté con el otro brazo, lo mismo: lento pero obediente.
-¡Doctor!—gritaban.
Y en seguida escuché un centenar de pasos acercarse a mí, rodeándome. Traté de moverme aún más. Alguien abruptamente abrió mi ojo y pasó por él una lámpara de luz cegadora, instintivamente lo cerré y gemí, pues eso había aumentado el dolor de cabeza. Me retorcí, sintiendo los entumidos músculos volver a la vida y contraerse por la sorpresa; de seguro me daría pronto un calambre.
-¡Ha despertado! De verdad lo ha hecho.—dijo alguien, con voz sorprendida. De inmediato llamó a otras personas y sentí más movimiento.
-¿Cómo te sientes, pequeña?—inquirió una voz dulce, femenina, mientras sentía que alguien tocaba mi brazo.
Suspirando, abrí mis ojos. Lo hice de manera lenta para que la luz no me deslumbrara, aún así, lo hizo y eso me hizo cerrarlos, parpadeé varias veces hasta que me acostumbré a esas lámparas fluorescentes. A mi lado estaba una mujer vestida de blanco con una cofia recogiéndole el cabello, era linda y su rostro estaba lleno de dulzura. Por sus ropas recordé que era una enfermera, esas mujeres nobles que ayudaban a los doctores.
Quise devolverle la sonrisa, pero simplemente no pude. También traté de hablar, otra cosa imposible. ¿Qué me pasaba?
-No te esfuerces mucho, niña.—dijo seria—Estabas gravísima ¡Estás viva y eso es un milagro! Descansa, vamos a hacerte unas tomografías ¿Sabes lo que son?
Una parte de mi mente parecía hacerlo, pero yo realmente recordaba poco. Sin embargo, estaba convencida que era algo relacionado con el cerebro. Por eso asentí. La enfermera me devolvió el gesto y dijo después:
-No duele ni nada, es solo para ver cómo estás ¿Bien?—asentí de nuevo—No temas nada, me llamo Sofía y te aseguro que todo saldrá bien.
Finalmente pude sonreírle un poco a Sofía, pero mis labios estaban cansados y por eso la sonrisa se vio falsa. No por eso ella dejó de mirarme con un cariño incapaz de comprender ¿Acaso me conocía? Lo dudaba. Mis párpados se pusieron pesados y me recosté de nuevo en la cama, justo cuando se llevaba la camilla
-Duerme si quieres—me susurró.
Y sentí que mi mente se iba a otra parte.
0-0-0-0-0-0-0-0
Cuando abrí de nuevo mis ojos pude estirarme mejor y al fin sentarme por completo en la cama. Me recargué en la cabecera y extendí los brazos, deleitándome con los músculos cuando se movieron. ¿Era atlética o no? No había tenido tiempo de hablar con los doctores. Me sentía asustada y perdida por no saber quién era, pero la calma siempre debía prevalecer. No recuerdo donde lo había escuchado, pero era verdad, lo sabía.
La puerta se abrió y por ella entró un doctor joven con lentes circulares y una pequeña coleta que sujetaba sus cabellos castaños claros. Me sonrió y se acercó a mí.
-Hola ¿Me recuerdas?—preguntó, sonriéndome afablemente. Estaba nerviosa y enojadísima ¡No lo recordaba! ¿Por qué? ¡Me sentía tan impotente de no saber nada!
Abrí mi boca para hablar, pero la garganta la tenía seca y por eso la voz me sonó increíblemente ronca. No por eso era menos feliz ¡Ya hablaba!
-No—respondí hosca.
Asintió tranquilamente.
-Me llamo Tofú, y he sido tu doctor desde que eres una niñita—me informó, con dejo de tristeza en su voz—¿Recuerdas tu nombre?
Negué.
-Tampoco.
-Muy mal… tienes un nombre tan bonito.
-¿Cuál es?—pregunté ansiosa. Quizá eso me ayude a recordar algo…
-Akane.
Asentí, tratando inútilmente de recordarlo. Pero eso me frustró pues no conseguí nada. Ya entonces tenía lágrimas cayendo por mis mejillas. De rabia, de coraje, de miedo.
-¿Qué te pasa Akane?
-¿Por qué no recuerdo nada? ¡No sé quién soy! Doctor, ¿Qué me pasó? ¿Seguiré así para siempre?
Lloré desconsolada. Él me abrazo con ternura antes de hablar.
-Tuviste un accidente en auto Akane, te atropellaron y estuviste tres meses en coma. No sé si algún día recuerdes todo, pero confío en Dios que así será.
-¡Quiero recordar!
Tardé un tiempo pero finalmente pude calmarme.
-¿Tengo familia?
-Claro.
-¿Y dónde están?
-Dormidos, son las seis de la mañana Akane. Llegarán en como una hora, más o menos.
-¿Podré reconocerlos?
-No lo sé. Depende de ti.
Eso era verdad. Pero me sentí aterrada ¿Y si no sabía reconocer a mi propio padre, a mi madre? ¿Cómo se sentirían esas personas a las que quise y que me quieren al percatarse que no tengo idea de quiénes son? ¿Cómo será mi papá? ¿Y mi mamá? ¿Tengo hermanas, hermanos? ¿Estoy casada, o no?
Esos pensamientos me hicieron hacer otra pregunta.
-¿Qué edad tengo?
-Vas a cumplir dieciocho en dos meses.
¡Dieciocho! No, de seguro no estoy casada. Dudo que mi padre sea de esos hombres que casan a sus hijas desde los quince y mi madre quien lo consiente… ¿O no? ¿Y si tengo esposo, hijos? ¡Ay Dios! ¡Maldita sea, no sé nada de nada! Golpeé la colcha, llena de rabia.
-No te esfuerces en recordar Akane—me dijo el doctor—Eso llegará a su debido tiempo.
No dije nada, no estaba de humor para contestarle. El no me comprendía. Mi dilema, mis temores, el dolor de haber perdido una vida entera y ni siquiera estar plenamente consciente de que la perdí. Eso era espantosamente confuso.
En eso, se escuchó que alguien tocaba la puerta, el doctor… ¿Tofú? Si, Tofú. Se paró y salió, no sin antes recordarme que me relajara y no me angustiara por nada. Fácil decirlo. Cuando él salió, alguien más entró. Y de repente mi vida tuvo sentido.
Era el hombre más atractivo que jamás había visto. Fornido, con un cabello negro y sedoso amarrado en una trenza, unas facciones masculinas que le hacían ver apuesto y unos ojos azules en los que me perdí de inmediato. Mi corazón palpitó al verlo, y me sentí repentinamente aliviada, era como si con él supiera que nada jamás me pasaría. Los ojos me quisieron llorar cuando descubrí que ni siquiera sabía su nombre.
-¿Akane?—me llamó, su voz me parecía tan familiar y dulce. Como si la hubiese extrañado inconscientemente.
No pude contestarle, estaba todavía pasmada por una sensación de plenitud y afecto que no sabía cómo interpretar. Él se me acercó, con ojos vidriosos, y tomó mi mano.
-¿Estás bien?
Tenía esa pregunta por hacerle. La duda seguía presente, porque una voz interna me decía que si la formulaba le causaría daño. Pero más daño me causaba a mí misma si no lo hacía. Por eso, mirándolo fijamente a esos bellos ojos azules que me cautivaban, pregunté:
-¿Quién eres?
Noté que sus ojos se abrieron desmesuradamente y me miraron con una tristeza y desconsuelo tan grandes, que me dieron ganas de llorar, por él, no por mí. Apretó el agarre de mi mano y dijo con desesperación:
-¿No me recuerdas, Akane?
Ya entonces estaba reprimiendo un llanto, lo miré fijo.
-No.
Cerró los ojos y comprendí que se esforzaba por no llorar, bajo el rostro y apretó tanto mi mano que me hacia daño; no me quejé porque sabía que el agarre lo consolaba. Sus hombros comenzaron a temblar y eso de verdad me asustó. Fue el doctor Tofú quien reaccionó.
-Hablemos afuera Ranma, por favor—colocó una mano sobre su hombro y él asintió. Sin querer, soltó mi mano y salió sin dirigirme ni una mirada. Tofú me sonrió antes de salir.
-Volvemos en seguida—me dijo.
Asentí y cerró la puerta. Mis pensamientos iban más rápido de lo que les podía comprender, así que me obligué a calmarme.
Su nombre era Ranma… tan varonil… tan… familiar. Lo había escuchado antes, en un recuerdo tan lejano que ni siquiera podía recordar. Más no por eso dejaba de parecerme conocido ese nombre. Las situaciones me eran desconocidas, pero sabía que lo mencioné infinidad de veces.
Curiosamente y sin saber cómo explicarlo, me sentí triste. Y ese sentimiento era ajeno a mí. Aunque no negaba la impotencia que me consumía por no recordar nada ni a nadie, fuera de eso no sufría. Mi dolor era causado por ver esos ojos suplicantes y martirizados en el rostro de Ranma. El instinto de abrazarlo y borrarle todo rastro de sufrimiento me fue difícil de contener.
Además ¿Él y yo habíamos mantenido una relación afectuosa? ¿Era mi novio o algo por el estilo? De no ser así no tendría motivos para tratarlo con afecto. Empero, el sentimiento de cariño inmenso hacia él latía dentro de mi corazón y no encontraba recuerdos que justificasen esa emoción. Me desesperaba ¿Era un amor prohibido o uno consentido? No lo sabía.
Y me cuestioné con bastante dolor si es que algún día llegaría a recordarlo. Llegaría a saber por mí misma, sin que nadie me dijera, cómo fue mi vida, las personas a las que conocí, las que quería, aquellas odiadas y amadas; cómo pensaba, cómo actuaba, qué me gustaba. Pero saberlo por mí. No porque llegara Ranma a decírmelo.
Suspiré y me recosté en la cama, cuestionándome si sería lo suficientemente fuerte como para poder soportar esta situación y aún más: recuperarme. ¿Con terapias podría sanar o no?
En eso, alguien tocó la puerta. Inmediatamente me senté y miré la madera pintada de blanco con angustia. Limpié mi garganta antes de murmuras "pase" tan bajito que de seguro no lo escucharon.
Pero sí lo hicieron y entraron inmediatamente dos mujeres jóvenes rebosantes de alegría. Las dos eran castañas, una llevaba su cabello en una coleta recogido por un moño blanco y la otra completamente suelto, corto y sobre sus hombros. Atrás, dos hombres pasaron y también una señora; rodearon mi cama mirándome asombrados y algunos con lágrimas.
Sentí una vergüenza inmensa cuando debí abrir mi boca para repetir la misma pregunta que tanto dolor le había causado a Ranma:
-¿Quiénes son?—al parecer, ellos ya se lo esperaban, porque sus rostros no mostraron casi nada de alteración. Sus sonrisas eran sinceras y aunque había tristeza en sus ojos, no aminoraba la dicha que expresaban al verme.
La mujer de coleta agarró mis dos manos y me miró con la más infinita ternura que nunca antes había visto.
-Akane Tendo—me llamó ¿Ese era mi nombre?—Tú eres Akane Tendo, y nosotros somos tu familia. Sé que pasarás por momentos difíciles mi querida Akane, pero siempre hemos estado contigo y siempre lo estaremos. ¿Confiarás en nosotros?
-Sí.—respondí sin vacilar. Me sentía a gusto entre todas estas personas, e inspiraron en mí confianza inmediata. Ella soltó mis manos y procedió a presentarse.
-Yo soy Kasumi Tendo, tu hermana mayor—me habló.
-Yo Nabiki Tendo—dijo la de cabello corto mientras me miraba con una sonrisa—También soy tu hermana mayor. Kasumi es la primogénita, sigo yo y al final tú.
Asentí, eso lo había entendido perfectamente. Siguió el hombre de largo cabello negro y con bigote.
-¡Mi pequeña! Maldita la enfermedad que hace que olvides a tu propio padre—dijo entre llanto.
-¿Eres mi papá?
-¡Si, mi niña!—se acercó y repentinamente me abrazó con bastante fuerza. Eso me dejó paralizada, no recordaba para nada a este señor y aunque sentía empatía por él, no por eso le hubiese permitido abrazarme. Sin embargo, para que dijera ser mi padre era porque de verdad lo era, así que no hice nada y lo dejé llorar sobre mi hombro hasta que me soltó.
-Mi nombre es Genma Saotome—me habló otro que llevaba un atuendo blanco… ¿cómo se llamaba?... ¡Ah, si, Gi! Lo usaban para entrenar artes marciales, si mal no recuerdo—Soy amigo de tu padre y algo así como un tío para ti Akane. De hecho, siempre me llamabas Tío Genma.
-Tío Genma.—repetí para estar más segura.
La última que quedaba de presentarse era la señora. Por la felicidad en sus ojos pensé que sería mi madre. El dolor y tristeza me abrumaron cuando descubrí que no era ni para recordar a la propia mujer que me dio la vida; pero a los dos sentimientos los sustituyeron la sorpresa cuando se presentó.
-Mi nombre es Nodoka Saotome, soy la esposa de Genma. Usualmente me dices tía también.
Pero eso me causó una duda que no vacilé en exteriorizar.
-¿Y dónde está mamá?
Mis hermanas y padre miraron asustados, pero después la comprensión cubrió sus semblantes cuando me contestaron.
-Mamá murió hace mucho tiempo Akane, cuando eras una niña—respondió Kasumi.—Tendrías creo que seis años.
Aquello me hizo sentí la peor de todas las mujeres en el mundo ¡Mi mamá muerta y yo ni en cuenta! ¡Maldición, odio esta amnesia, la odio! Mis manos se hicieron dos puños que apretujaron sin misericordia las sábanas. Kasumi colocó una mano sobre ellas para calmarle y lo consiguió tras varios minutos.
-Cálmate, no podrías recordarlo. Es normal, estás aún enferma Akane—trató de consolarme, pero ciertamente no me sentía del todo consolada.
En eso, alguien más abrió la puerta. Vi pasar al doctor Tofú con Ranma, él tenía marcas de lágrimas en sus ojos, pero me miraba tan indiferente… eso, sin explicación, me dolió bastante.
-Creo que me falta presentarme a mí.—mencionó con su voz varonil—Me llamo Ranma Saotome, ellos son mis padres.
Se colocó al lado de ellos, tío Genma y tía Nodoka lo miraron preocupados. Ranma metió las manos en los bolsillos de sus pantalones y miró al suelo sin decir nada más. Así, que fui yo la que empecé a hablar.
-¿Y… eres mi amigo, cierto?
Esa pregunta lo tomó desprevenido, lo supe porque me miró extrañado. Asintió.
-Se podría decir que eres mi amiga.
-¡Ranma!—lo reprendió su madre.
-Lo que Ranma quiere decir es que es tu prometido—declaró Genma con solemnidad, a lo que Ranma lo miró con una furia que me hizo temblar.
-Papá…—dijo entre dientes.
No comprendía realmente esa situación. Solo tenía una cosa clara: Ranma era mi prometido, y por cómo actuaba, eso no le gustaba para nada.
Primero que nada debo aclarar que puse el POV de Akane para poder explicar el sufrimiento que imagino debe pasar una persona que pierde la memoria de esa manera. La confusión, el dolor, desesperación, todo eso. Además, tomando en cuenta que el capítulo iba enfocado en el despertar del coma de Akane ¿Quién mejor para contarlo que ella misma? Desde su perspectiva, claro está. Lo digo porque muchos me pidieron preferencias al POV de Ranma y aunque no descarto muchos episodios con su punto de vista, el drama no lo sería si no vemos también lo que piensa la chica Tendo.
Para no confundir demasiado, no haré POV´s de los personajes secundarios (dígase Kasumi, Nabiki, Soun, Genma...) para detallar sus emociones y además el panorama psicológico en general usaré el POV normal, como narrador. Al principio de cada capítulo aparecerá el estilo de POV que usé para redactar, aunque dudo que no se note en los sentimientos. Aclaro para que no haya confusiones al leer y espero les agrade cómo vaya llevando el fic.
Me despido sin poder encontrar qué mas decir, salvo gracias por leer y más gracias les doy si comentan.
chao!
