El concilio de la oscuridad

Hacía mucho tiempo que habían tomado aquel lugar, estableciéndolo sus dominios. Lo que antes era la base de operaciones de las bestias sagradas, agentes y Homeostasis era ahora cosa suya. Aquel asalto que habían perpetrado había supuesto un duro golpe para los que se oponían a su dominio del digimundo, aún así, la pelea no había terminado todavía pero si que habían logrado mermar el poder de las bestias, era cuestión de tiempo, tal vez meses o algunos años, todo dependía de los pasos que diesen. Eran ocho figuras las que estaban reunidas en la oscuridad del lugar, una de ellas se había establecido como señora del castillo; a cuatro ese castillo no les había interesado cuando bien podían acabar tomando el mundo entero y los otros tres no alcanzaban a tener el poder que tenía quien finalmente se quedó con el castillo, uno de ellos era de un nivel inferior aunque casi igual de astuto; los otros dos, pese a estar a su mismo nivel no le llegaban ni a la suela de las botas en cuanto a poder, además que se la pasaban casi siempre peleando entre ellos por ver quien era el mejor. Esas escenas para el resto eran infantiles y sin ningún provecho, aunque uno de los mas poderosos del lugar, quien tenía aspecto de muñeco de madera lo encontraba divertido, incluso en alguna ocasión los azuzaba.

- Los tengo, los he encontrado - Irrumpió en la reunión un Bakemon; uno de los principales sirvientes del amo de ese castillo al que habían enviado junto con otros por todo el digimundo para encontrar los objetos de poder creados por los agentes, los digiuevos y los dispositivos sagrados.

- Ahí solo están los siete emblemas - Dijo el digimon con aspecto de payaso siniestro - ¿Donde está el resto?

- No pude cogerlo, esos aparatos raros emitían una luz que no me dejaban acercarme.

- Sin los emblemas esos niños elegidos no podrán hacer nada - Se jactó un mono naranja con gafas de sol - Acabaremos con ellos de un plumazo

- ¿Donde estaban? - Inquirió el nuevo amo del castillo pasando por alto el comentario del mono

- En una isla que esta al este de este continente.

- Puedes retirarte.

- Gracias, amo Myotismon.

- Esa es la isla File - Dedujo el digimon con aspecto de payaso - Dado que es imposible dañar esos huevos habrá que pensar en otro plan. Devimon, te establecerás en la isla File; deberás eliminar a los niños elegidos.

- Dalo por hecho - Asintió con seriedad, dispuesto a cumplir ese cometido y muchos más, no se contentaría sólo con gobernar esa isla y necesitaba elaborar un plan para lograr sus objetivos.

- ¿Por qué el? es el más débil de todos los que estamos aquí.

- Mira que eres denso cara mono.

- Cierra el pico, bombilla con Patas.

- Cállate tu estrella de Rock barata.

- ¡Venga, venga! Seguid peleando - Dijo el que parecía un muñeco de madera - Parecéis un viejo matrimonio.

- Parad los dos. Etemon, Datamon; no quiero oír ni una palabra más fuera de lugar - Los regaño el digimon con aspecto de payaso - Y Puppetmon, no los alientes. Tenemos cosas más importantes en las que pensar.

- Pero si es muy entretenido, Piedmon.

- Te ríes a mi costa, chiquillo - Dijo Etemon completamente irritado mirando de mala manera a Puppetmon.

- Etemon, es evidente que Devimon tan solo es la primera barrera contra los niños. ¿De que sirve mandar a un digimon de tu poder y habilidades contra unos niños que seguro caerán frente a alguien aparentemente menos poderoso? - Dijo el amo del castillo en un frío susurro, sonriendo al decir esas palabras e intercambiando un pequeño guiño con Devimon, en su opinión pese a ser un nivel inferior, Devimon era mucho mejor que Etemon.

- Esta bien, pero yo seré la segunda - Quiso imponerse Etemon - Yo los machacaré después de que este devilucho lo eche todo a perder.

- Esta bien, trabajaras con Datamon; vuestra será la región de la costa y el desierto. Myotismon se quedará con los bosques que podrá regentar desde este mismo castillo en el que tan amablemente a permitido alojarnos para nuestra reunión - Manifestó Piedmon - Quizá así, ambos podáis a acabar llevando una relación tan cordial como la de metalseadramon y machinedramon; no comparten forma de actuar pero hacen un buen equipo y se toleran - Les indicó, estaba cansado de las constantes peleas de esos dos, y no le inspiraban mucha confianza; aprovechó el momento para separar los emblemas de las etiquetas, entregando las etiquetas a Devimon y los emblemas a Datamon - Encárgate de esconder esos emblemas donde te plazca, dentro del territorio que tu y Etemon tengáis que vigilar. Serán los perfectos caramelos para los niños. Devimon, esconde las etiquetas donde te plazca.

Myotismon se fijo en el intercambio con atención disimulada, simulando indiferencia por todo aquello. Eran todo medidas de seguridad y trampas para poder acabar con los elegidos sino de una forma, de otra. Lo sopesó unos instantes, pero decidió guardárselo para si mismo, no creía conveniente decir que había un octavo emblema, solo siete habían sido entregados al digimon para esconderlos, el octavo estaba en su poder, lo había encontrado mientras examinaba los bosques semanas atrás pero no había hallado ni rastro del digihuevo, tan solo hacía un par de días un pequeño digimon con un gran potencial que había acogido como sirviente al igual que desde hacía años había hecho con Demidevimon. Una pequeña Salamon a la que todabía tenia mucho que enseñar y que entrenar, hasta obtener su lealtad absoluta. No les diría nada de aquello, se guardaría para si su pequeño secreto, un secreto que le podía ayudar mucho para sus planes particulares.

- Bien, con todo esto organizado, nosotros cuatro nos encargaremos de dar el golpe de gracia definitivo a las bestias sagradas y el mundo sera nuestro - Aseguró Piedmon - Aunque primero tendréis que quitar de en medio a los elegidos, mientras ellos tengan parte del poder sagrado no podremos sino mantener a las bestias a raya.

- ¿Y que pasa con el muro de fuego?

- No hablaremos del muro de fuego ni lo derrumbaremos, Datamon - Aseguró Piedmon.

- Pero eso es traición, él esta esperando que lo hagamos, le debemos parte de nuestra victoria.

- Y se deshará de todos nosotros una vez le permitamos atravesarlo; no Datamon, no es algo que vayamos a permitir. Limítate a hacer tu parte.

La reunión concluyo de aquella manera, se habían organizando para gobernar el digimundo y era el momento de mover los engranajes y ponerlo todo en marcha, cada cual en sus territorios. Tenían que apresurarse para establecer su dominio completo en el digimundo antes que nadie intentara adelantarse a ellos y esta vez nadie los detendría. Lo que no habían mencionado en esa reunión ni parecía preocuparles a ninguno de ellos era el agente que había frustrado su plan inicial, la razón era muy simple, había sido el único superviviente y Piedmon había logrado implantarle una semilla que le robaba su fuerza vital. Con ello y con el poder de la oscuridad que expandirían por el mundo evitarían cualquier jugarreta de ese agente.