Nuevo capítulo, espero que sea de vuestro agrado ^^


"Que aburrimiento." Pensaba Pansy mientras miraba distraída por la ventana de la clase de Historia de la magia. Estaba sentada junto a Bulstrode, recostada sobre su pupitre y con la cabeza apoyada en la mano derecha mientras el profesor Binns hablaba y hablaba sobre no-se-qué tontería de la revuelta sangrienta de los duendes.

"¿No se supone que esto lo habíamos dado el año pasado? Este puñetero ectoplasma sólo sabe hablar de duendes, con lo aburridos que son, casi tanto como el."

La clase pasaba lenta, muy lentamente. Entre tanto aburrimiento no pudo evitar un pensamiento que estaba desechando desde que comenzara la clase, no quería pensar en ello pero no podía evitarlo. "¿Qué estará haciendo Granger ahora?" Una amplia sonrisa tonta se instaló en su rostro, pese a que hacía quince días que habían comenzado las clases y no la veía más que en los lugares comunes donde ambas se dedicaban sus mejores insultos, no podía evitar sonreír sólo de pensar en ella.

"Tengo que pensar algo, no puedo seguir así, se me escapa el tiempo." La sonrisa había desaparecido de su cara y golpeaba la madera con las uñas provocando un repiqueteo bastante irritante para cualquiera que no fuera ella.

Seguía inmersa en sus pensamientos cuando recibió un codazo en las costillas.

- ¡Aaaaaaahhhhhhh!- Berreó.- ¿Qué coño haces?- Le gritó a Bulstrode.- Casi me partes las costillas animal de pezuña.-

- Si es usted tan amable de dejar de aporrear la madera y de gritar seguiré con la clase.- La voz del profesor Binns le hizo dar un respingo y recuperar la formalidad en la mesa, aunque todavía se agarraba con fuerza a su costado izquierdo. Miró en derredor y vio a toda la clase mirándola divertidos, hacía años que nadie lograba irritar al profesor fantasma hasta el punto de que interrumpiera su tediosa lección.

Sí, profesor.- Contestó mirando con una sonrisa idiota a Bulstrode que luchaba por contener un ataque de risa.- No te rías idiota.- Le susurró a Bulstrode, sabiendo que iba a ocurrir todo lo contrario y sin poder contener ella misma la risa.

- Parkinson, Bulstrode, quedan ambas castigadas después de clase.- Dijo el profesor Binns alzando la voz para hacerlas callar ya que, obviamente, no podía golpear en la mesa. Cuando logró reprimir el ataque de risa de ambas alumnas continuó hablando sobre los duendes con su tono monocorde y aburrido.

Sonriendo y encogiéndose de hombros Pansy y Millicent acataron sus castigos y continuaron pasando del profesor mientras este aburría hasta a las piedras.

Al finalizar la clase se plantaron delante del profesor para recibir su amonestación.

- Quiero que estén esta tarde a las siete en la biblioteca, la señora Pince les pondrá su castigo.- Inmediatamente después el fantasmagórico profesor desapareció atravesando la pared.

- Increíble.- Exclamó Pansy.- Ni siquiera se molesta en castigarnos el mismo.-

- Sí.- Asintió Millicent sin entender muy bien lo que quería decir su compañera, no era la más aguda del alfiletero.

- Vaya coñazo de tarde nos espera.- Refunfuñó mientras cogía su mochila y abandonaba la clase.

Se marchó corriendo al gran comedor, para acabar de comer rápido y poder hacer los deberes de Transformaciones antes del castigo.

"Ya decía yo que tenía que haberlos empezado hace quince días." Pensó un poco agobiada, tenían que hacer un trabajo documentado de un metro sobre cómo transformar objetos inanimados en animales vivos. "Esa maldita profesora McGonagall, para que demonios tenemos que documentarlo, con que aprendamos a hacerlo debería bastar."

Engulló el primer plato con un ojo puesto en la mesa de Gryffindor atenta por si aparecía su castaña preferida pero no había rastro de ella.

"Otra comida más sin poder deleitarme con una buena vista." Maldijo para sus adentros mientras cogía un montón de galletas de postre y salía como una exhalación del comedor.

Se metió en las mazmorras y se quedó en la sala común de Slytherin mientras se esforzaba en su trabajo.

"Genial, son las tres de la tarde, hasta las siete tengo cuatro horas, tres horas y media si salgo a las seis y media hacia la biblioteca. Esto está chupao." Optimista sacó su libro de Transformaciones y empezó a rebuscar entre sus páginas alguna idea sobre cómo comenzar su documentación.

"Con este truño no voy a tener bastante." Empezó a pensar una hora después, hora que había pasado hojeando el libro y sin escribir nada entre un rato contemplativo y otro. "Debería ir a la biblioteca." Pensaba mientras seguía con la mirada la hipnótica trayectoria de una mosca volando. "Pero voy a tener que pasarme un montón de horas allí y no me apetece nada perder la tarde entre ese montón de libros polvorientos."

"Tal vez si le pido a alguien que me deje copiar. Pero ¿quien? Malfoy no me va a dejar y el resto de la gente de mi curso son como un montón de troles con conmoción cerebral. A lo mejor Greengrass o Davies..."

- ¡Tracey!- Llamó esperanzada.- ¿Has hecho la redacción de Transformaciones? Es que es tan complicada y a ti se te da tan bien...- Trató de adular.

- ¿Trabajo? ¿Qué trabajo?- Le contestó con cara de despiste.

- El que mandó el primer día, seguro que como tú eres tan previsora e inteligente lo hiciste el primer día.-

- No jodas, no me había enterado de eso.- Le contestó mientras sacaba una recordadora del bolsillo.- ¡Mierda! Con razón se había puesto esto tan rojo.- Exclamó mientras echaba a correr hacia la habitación para coger sus libros.

"De puta madre" Pensó Pansy con cara de fastidio.

- Por lo menos podemos hacerlo juntas.- Le dijo cuando la chica bajó del dormitorio.

- Sí, claro. Como que yo voy a hacerlo, ahora mismo lo mando a mi casa y mi padre me lo hace.- Rió la chica mofándose de Pansy.- Búscate la forma de que te hagan los deberes Parkinson, cualquiera diría que eres una Slytherin.-

"Ahora entiendo que saque esas notazas en los trabajos y que apruebe por los pelos del ojal." Pensó con cara de incredulidad. "Bueno, yo a lo mío" Con renovadas fuerzas se inclinó sobre el pergamino en blanco y el libro inútil para sus menesteres.

Tras unos minutos de esfuerzo no tardó en dedicarse a hacer un retrato de su Gryffindor, tras una hora y tres cuartos de concentración se felicitó a sí misma.

"Ja, ni ese pintor muggle lo hace mejor que yo. Estoy hecha una Picassa" La verdad es que dibujaba realmente bien, era la única forma de expresarse y como no dejaba que nadie viera sus dibujos podía hacerlo libremente. Miró de nuevo el reloj. "Mierda, me quedan cuarenta y cinco minutos para hacer un metro de trabajo. Bueno pues esto ya es del todo imposible. Prefiero llevarme la bronca."

Cerró el libro de un golpe y salió a los jardines a disfrutar de lo poco que le quedaba de tarde libre. Paseó por los terrenos del colegio disfrutando del sol otoñal y el agradable aire fresco. Pronto llegaría el invierno, las primeras nieves estaban cercanas y había que aprovechar el sol el máximo tiempo posible.

Caminaba tranquilamente sin percatarse de que unos ojos azul pálido estaban fijos en ella.

- Ya decía yo que olía mal.- Exclamó al toparse con la comadreja de Weasley.- ¿Qué haces aquí escondido traidor de la sangre? ¿Buscas un hogar mejor que el tuyo?- Rió la Slytherin.

- Cállate Parkinson.- El pelirrojo se había puesto de una tonalidad a juego con el color de su pelo mientras escondía algo a su espalda.

- ¿Flores? ¿Se las vas a regalar a tu novio, Weasley?- Rió.- ¿Ya sabe Potter que estás enamorado de él?-

- ¡No son para Harry!- Gritó desquiciado por las provocaciones de la morena.

- ¡Oh! Vamos Weasley, lo digo por tu bien, serás mucho más feliz el día que lo asumas. No es nada malo.-

- ¡Cállate! ¡A mi no me gustan los hombres!-

- ¿Entonces para quien son ésas flores? ¿Para tu mamá?- Siguió provocándole, sabía de sobra para quien eran pero le dolía demasiado pensar que un gañán como aquél pudiese tener más posibilidades que ella.

- Son para Hermione bocazas.- Le espetó.

- ¡Oh! ¡Qué bonito! Creo que voy a emocionarme... aunque... no, la verdad es que no. De hecho me da bastante asco sólo pensar en dos gatos sarnosos felices y contentos.- La rabia la estaba consumiendo por dentro pero su rostro no reflejaba el más mínimo sentimiento, lo único que se atisbaba era ironía e incluso diversión.

- Ya te encargas tú de que todo el mundo esté tan amargado como tú.-

- ¿Tú no sabes lo que es la redundancia verdad?- Ron se le quedó mirando con cara de estúpido.- No, ya veo que no lo sabes. Bueno, dile a tu "novia" (Merlín cómo dolía pronunciar esa palabra) que te lo enseñe, por lo menos uno de los dos es inteligente.-

Se giró airada y se marchó, le escocían los ojos pero no podía permitirse el lujo de romper a llorar. Caminó relajando su respiración, desde lejos todavía escuchaba los improperios que le expelía el pelirrojo iracundo.

"No dejes que te afecto lo que diga esa mofeta apestosa." Trataba de animarse. "Que vaya a regalarle flores no significa que estén juntos, tan sólo que él lo va a intentar." Andaba como una autómata, giraba en los pasillos sin pensar su camino pero sus pies la llevaban inconscientemente hacia la biblioteca para que llegara puntual a su castigo. "Y si ese idiota redomado, cobarde, idiota, insensible, idiota, traidor de la sangre... ¿había dicho ya idiota? se iba a atrever a declararse ella no podía ser menos."

Cruzó la puerta de la biblioteca casi sin darse cuenta, había llegado antes de la hora pero se acercó a la mesa de la bibliotecaria para que le dijera lo que iba a tener que hacer aquella tarde.

- Señorita Parkinson, usted va a ordenar alfabéticamente por autor y al modo muggle toda esa hilera de estanterías.- La señora Pince señalaba la mitad de la biblioteca.

- Sí, señora.- De haberse encontrado en mejor forma habría protestado hasta que la bibliotecaria hubiese deseado que se le cayesen las orejas, pero se encontraba ensimismada y no era consciente de la imposibilidad de la tarea que le habían mandado.

"Pero él se puede atrever." Seguía con lo suyo mientras se acercaba a la primera de las librerías y empezaba a hacer cómo que ojeaba los libros. "Él puede hablar con ella sin insultarla, puede verla casi a todas horas. En cambio yo tengo que guardar las apariencias, además de que no me resulta fácil exponer mis sentimientos abiertamente. Ella nunca me ha entendido, piensa que para querer a alguien hace falta demostrárselo. ¡Pero eso no es cierto! ¡Somos mucha gente que no sabemos demostrar nuestros sentimientos! ¡Joder, pero los tenemos! Que no sepa decir que te quiero no significa que no lo sienta. Además, las palabras se las lleva el viento. Lo que realmente cuenta son los actos."

- Señorita Parkinson.- La llamó la bibliotecaria.

- ¿Eh?.- Se giró sobre una escalera, estaba tirando de un volumen muy pesado sin pensar cuando sintió una lluvia de libros sobre su cabeza y su espalda y se cayó de culo dolorida.

- Eso.- Terminó la señora Pince con resignación, aquellos alumnos iban a destrozar sus preciosos libros.

- ¿Estás bien?- Le preguntó alguien a su derecha, alzó la mirada.

"Aquí esté ella con un resplandor angelical a su alrededor... ¡Ah, no que está delante de un ventanal! Bueno da igual, está preciosa."

- Sí, estoy bien.- Dijo desde el suelo frotándose la parte posterior de la cabeza.

- Vamos.- Le estaba tendiendo la mano, sin pensarlo la aceptó. Con fuerza dio un tirón y la ayudó a incorporarse.- Ten cuidado.- Le advirtió.- Hay libros con dobles cubiertas que se enganchan con otros.- Le señaló el estante con la cabeza, se giró y fue a sentarse en una de las mesas. De hecho se había sentado en la mesa más próxima a la estantería en la que trabajaba Pansy.

"Sólo es casualidad." Se dijo y continuó con su castigo entre divagaciones y miradas furtivas a la mesa contigua.