lugar oscuro

Estos personajes pertenecen a J.K. Rowling.

Siento la tardanza, hice un viaje este verano a Londres y me fue imposible actualizar. De todas formas empiezo la universidad estos días por lo que no sé cada cuánto podré subir capítulo nuevo.

Mientras caminaba por el oscuro pasillo, escoltado por dos aurores y con las manos atadas por las muñecas, Draco pensaba en todo aquello que había oído y que le habían contado acerca de aquel lugar. "Un lugar oscuro" le habían dicho, "que remueve en tu alma cosas que ni siquiera sabías que allí se encontraban". Sin embargo, desde hacía un tiempo Draco había intentado no pasear sus pensamientos demasiado en nada que tuviera algo que ver con Azkaban. Más exactamente, desde que su padre ingresó en la prisión.

No es que no quisiera a su padre, pero tenía absolutamente claro que le había perdido el respeto. En el fondo asumía que todo lo que su progenitor se había arrastrado por el Lord lo había hecho para proteger a su familia, pero lo único que Draco podía ver en los ojos de su padre era cobardía. A Lucius se le había ido de las manos el fanatismo contra los impuros de sangre, y es su locura había arrastrado a su madre y a él mismo a algo más oscuro y tenebroso de lo que él en un principio hubiera pensado.

Los aurores que le seguían se detuvieron en seco cuando llegaron a una puerta en concreto. Draco sintió cierto alivio al no haber visto a su padre a través de los barrotes que se encontraban en las pequeñas ventanas que creaban la única comunicación entre los presos y el pasillo de la cárcel. Esta sensación desapareció de un plumazo cuando uno de los aurores habló:

-Espero que te venga bien la reunión familiar, mortifago -dicho esto su compañero abrió la puerta de la celda y apoyó su mano en la espalda del joven para que entrase en la misma.

La puerta se cerró detrás de él, más rápido de lo que a él le hubiera gustado. A diferencia de lo que hubiera pensado, la celda no se encontraba completamente a oscuras. Un par de faroles colgaban de las paredes dando luz suficiente para iluminar toda la habitación, aunque dicha luz no fuera acogedora en absoluto.

Con reticencia, Draco miró hacia la cama de la celda donde su padre se encontraba sentado. Lucius no había cambiado tanto como él se había imaginado que podría haberlo hecho. Estaba más delgado y demacrado, sí; pero su ropa estaba limpia y su cabello perfectamente peinado. No se encontraba herido y tampoco parecía que estuviera enfermo. Rápidamente se levantó de la cama y avanzó hasta su hijo, dándole un torpe abrazo que sin embargo parecía sincero.

-¡Hijo! ¿Qué haces aquí? ¿Ha ocurrido algo? ¿Tu madre está bien? - la preocupación de Lucius se reflejaba en su voz mientras este se apresuraba por sacarle la información a Draco. Este se repuso un poco del abrazo de su padre y se sentó en una silla. Entrelazó los dedos despació y miró a su padre mientras este se situaba de nuevo en la cama. Le pareció irónico: su calma y la preocupación del otro, casi parecía como si él fuera el padre.

-Todo está bien, padre. Solo he tenido un pequeño incidente.

-Entonces, ¿qué haces aquí, Draco?- su padre le miro interrogante.-No mandan a alguien a Azkaban así como así.

Draco reflexionó recostándose contra el respaldo de la silla. No sabía si merecía la pena contarle a su padre lo que había ocurrido, al fin y al cabo para el día siguiente ya se encontraría fuera de aquel lugar. Finalmente se decidió por contarlo, así al menos le daría algo en lo que pensar a su padre para entretenerse mientras se encontraba en su celda.

-Fue todo culpa de aquella sangre sucia, la Granger ¿sabes? La muy estúpida debió de perderse por la nieve o algo parecido y le atacaron algunos seguidores del Lord. Muy graciosos ellos le grabaron con la varita en el brazo las palabras "sangre sucia". Y tu hijo, que por una vez en su vida decidió hacer algo a favor de la comunidad, la puso a salvo. Pero el cararrajada se las arregló para meterme aquí por un supuesto desacato a la autoridad, que si quieres mi opinión... -Draco dejó de hablar al observar la expresión de su padre.

El semblante de Lucius había cambiado por completo. Su ya de por sí blanca piel había empalidecido aún más y sus ojos se habían abierto con algo que parecía terror. Toda la preocupación que adornaba antes su cara se había convertido en algo más oscuro e inquietante. Draco lo observó pacientemente, esperando en silencio a que su padre reaccionara.

-Draco... No sabes lo que esto significa, ¿no? ¿Acaso no te acuerdas de como comenzaba aquél segundo plan que tenía el Señor Oscuro?

Draco se quedó completamente paralizado. No podía ser verdad, esto no podía estar ocurriendo otra vez. No lograba entender cómo había sido tan estúpido como para no haberse dado cuenta de algo tan obvio.

-Padre, si cuando salga de aquí mañana por la mañana descubro que ella está envenenada... ¿Qué debo hacer? Por supuesto mandaré a mamá lo más lejos posible de Inglaterra y yo intentaré hacer lo mismo en cuanto los malditos aurores me dejen salir de esa maldita casa vigilada. ¿Qué te pasará aquí, padre? ¿Crees que tú estarás a salvo?

-No lo sé, bueno es la prisión de alta seguridad del mundo mágico; me atrevería a decir que es el sitio más seguro después de Hogwarts... aunque tú conseguiste que entráramos en el colegio así que no se que decirte, hijo.

Un silencio pesado se apoderó de la habitación. Las cosas no habían salido bien al final. Posiblemente toda la pesadilla que ambos habían pasado hace un par de meses se repetiría de nuevo, pero esta vez ellos se encontrarían en tierra de nadie; ni en un bando ni en el otro. Nadie los defendería, excepto que...

-Padre, ¿qué veneno corre por las venas de Granger? Creo que tengo un plan...


Ron Weasley salió de la tienda de bromas en cuanto la cara de Harry se desvaneció de las cenizas de la chimenea. Nadie le había visto correr así en su vida mientras atravesaba a la carrera todo el callejón Diagon, demasiado obsesionado con su objetivo como para pensar en otro medio de transporte. Apenas se dio cuenta de que sus pulmones estaban a punto de estallar hasta que llego a las puertas del hospital mágico San Mungo. Harry le esperaba allí y lo condujo rápidamente hasta la habitación donde Hermione descansaba.

Algo se rompió en su interior al verla allí, tendida sobre la cama. Todo aquel distanciamiento que había podido surgir entre ambos durante los últimos meses se borró de inmediato al acercarse a su cama. Después de la batalla de Hogwarts todo se había vuelto raro entre ellos dos, quizá es que todo el tema de su enamoramiento surgió en una situación de demasiado estrés y la cosa no había seguido adelante como él habría querido. Pero al observarla de este modo todo aquellos sentimientos que tenía por ella surgieron de golpe a la luz de nuevo. Un instinto de protección que jamás había sentido en él antes se apoderó de cada célula de su cuerpo y se prometió por todo aquello que más le importaba en el mundo que si conseguía que Hermione volviera a despertar haría lo que fuera por ganarse de nuevo el corazón de su amiga.

-Harry, ¿qué puedo hacer? Dime que haga algo, por favor. No puedo quedarme aquí ni un minuto más viéndola en este estado o me volveré loco- dijo con voz ronca.

Harry posó su mano en el hombro de su amigo y apretó suavemente para infundirle ánimos a su amigo sin apartar la mirada de Hermione.

-Hemos mandado una muestra del veneno al Departamento de Pociones del Ministerio pero creo que sería bueno que llevases otra muestra al profesor Slughorn a Hogwarts. Él sabe más que nadie de pociones y venenos y así podrás ver a Ginny y explicarle más tranquilamente lo que ha ocurrido; estaba muy asustada cuando he hablado con ella antes vía chimenea.

Ron asintió con la cabeza y sin decir una palabra más salió de la habitación sin mirar atrás.