Disclaimer: Harry Potter no me pertenece, sino a la creadora del increíble mundo Potterico, J.K. Rowling.

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Cásate conmigo

Ser padres no es fácil, y para los padres de una de las brujas más poderosas de su generación tampoco era muy diferente, ¿podría ser incluso más difícil aún? Y es que había que pensarlo bien, sí el novio de tu hija fuera un muggle, no habría —más— problemas fuera de lo normal. Pero cuando el susodicho resultara ser un mago, quien resultara tener el suficiente valor de levantar su varita y lanzarles un hechizo silenciador a sus suegros, ahí sí habría un grave problema.

Porque a ninguna bruja le gustaría que hechizaran a sus padres, sobre todo si esa bruja se llamaba Hermione Jane Granger. Buscando protegerlos, años atrás ella misma los había hechizado con un obliviate. Le había tomado poco más de un año encontrarlos y devolverles su memoria.

Jane Granger se levantó dispuesta a preparar el desayuno. Era sábado por la mañana y ya esperaba ansiosa la llegada de su hija Hermione. Debido a los respectivos trabajos de cada una, les era casi imposible verse tanto como quisieran. Después de que Hermione los haya encontrado en Australia luego de su ardua búsqueda que duraría alrededor de un año y medio, la bruja había tomado la decisión de estar el mayor tiempo con sus padres.

De más estaba decir que sus padres no estaban muy contentos con el actuar de su hija. No sólo había usado la magia en ellos, sino que también los había alejado de su lado. Bien entendieron que tal acción fue para protegerlos de los llamados mortifagos, pero eso no disminuyo en nada su enojo. Jane y su esposo Henry no eran distintos a otros padres, siempre vivían con la ilusión de ver a su hija vestida de blanco, frente al altar, tomada de la mano del hombre que la acompañaría por el resto de su vida. Las cosas no resultaron tal y como lo esperaron, posteriormente de que Hermione les haya devuelto su memoria también se habían enterado de que su única hija ya tenía novio, además de que vivía con él en un departamento en Londres mágico.

Su hija ya era mayor de edad y había tomado su decisión… vivir junto a Ronald Weasley. Por otro lado, Jane y Henry pensaron que sería lo mejor, aún eran muy jóvenes para casarse. Aunque la madre no podía evitar dirigir una rápida mirada al dedo anular de su hija cada vez que le visitaba.

¿Ya cuánto tiempo llevaban juntos? ¿Nueve? ¿Diez años? Y aún el pelirrojo no se animaba a proponerle matrimonio. Era finales de Junio, en un par de meses Hermione cumpliría veintinueve años. Jane recordaba muy bien la plática que había tenido con Hermione un par de semanas atrás…

—Y entonces… ¿Por qué no se lo propones tú? —le cuestionó su madre con cierta curiosidad, mirando detenidamente los movimientos de la chica.

Lo primero que vio fue que Hermione volteó a verla sorprendida, acto seguido había abierto sus ojos de par en par. Esa acción apenas duro unos segundos, la idea le llegó de lleno a su hija. La castaña se llevó una mano a la barbilla de forma pensativa… meditando los pros y contras.

—¿Mmmm? Podría ser… —murmuró la señorita Granger. Últimamente esa costumbre de pensar en voz alta había llegado para quedarse—. Ahora que las mujeres reclamamos los mismos derechos, es posible también para nosotras tomar la iniciativa. Pero generalmente los hombres son los que deciden cuando proponerle matrimonio a su novia ¿Pero cuál sería la mejor forma? —se cuestionó así misma mientras su madre solamente se limitaba a mirarla hablando sola y se llevaba una apetecible manzana a su boca—. Podría dejarle un rastro de códigos y yo lo esperaría al final del camino… No, eso no. Tal vez escribiendo "Cásate conmigo, Ronald" en la pared de nuestra habitación. Claro que no, eso ya está muy usado. Mejor "Conviérteme en la futura señora Weasley" Sí, sí, eso podría funcionar.

Jane Granger dio una nueva mordida a su fruta rojiza.

—¡Ya tengo la idea perfecta! —Jane alzó una ceja al mismo tiempo que su hija se ponía de pie y cruzando la sala se dirigía apresurada junto a ella—. Ron es fiel seguidor de los Chudley Cannons —Jane ladeó su cabeza confusa, su hija logró entenderla—. Oh, un equipo de Quidditch —Jane asintió acordándose cuando ella le habló sobre aquél deporte, que por lo que recordaba era el deporte favorito de los magos—. No conozco a nadie de ése equipo, pero no sería difícil hacerlo. Tal vez después podría pedirles de favor su ayuda—. Hermione se irguió y elevó su mentón orgullosa—. No creo que se nieguen. Siempre se ha hablado sobre nosotros, "La Pareja Dorada" —y entonces Hermione sonrió para sí misma—. Será una bomba para la comunidad mágica… ¿Me pregunto si seré la primera bruja que le pedirá matrimonio a un mago?

De ésa plática ya había pasado un mes y su hija aún no le informaba nada, sus sospechas y su sexto sentido de madre le decían que el pelirrojo no se ha atrevido a darle una respuesta ¡Por amor de dios! ¿Qué tan difícil era decirle "Sí" o "No"?

Desvió su vista hacía el gato negro que subió hasta la mesa buscando acercarse a su dueña. Galeón, así lo llamó Jane. Ella escogió ese nombre debido a los ojos del animal, amarillos como el oro. Y recordando la plática que tuvo con su hija después de que esta les devolviera su memoria, el Galeón era una de las tres monedas usadas en el mundo mágico, el Galeón era de oro y la moneda de más valor. Sin mencionar su pelaje parecido al de un león, el animal que representa a la ex casa de su hija. Era de cierta forma, tener cerca a Hermione.

Jane acercó su rostro a Galeón, éste elevó su pata delantera golpeando dulcemente la nariz de su dueña. Su independencia e inteligencia, sin olvidar su agresividad, hicieron de Galeón, una especie de guardián para la pareja muggle habitante de la casa. Era un cuarto Kneazle, una pequeña criatura perfecta para detectar cuando un invitado llegaba. Los ronroneos de Galeón no se hicieron esperar cuando la mujer comenzó a rascar detrás de su oreja, el gato negro quería toda la atención ya que se recostó permitiendo a su dueña acariciarle su pancita.

Galeón movió ligeramente sus orejas y se incorporó observando la puerta que conducía hacía el patio trasero. No despegó sus ojos hasta que se incorporó por completo para después saltar de la mesa hacía el suelo de la cocina. Ante la mirada de Jane, Galeón no paró hasta llegar y sentarse frente a la puerta, mirando con detalle la pequeña puerta para gatos, como si en su interior se llevara una lucha interna que decidiría si salir hacia afuera o no.

—¿Qué sucede Galeón? —Jane siguió de cerca al minino, el gato volteó a observarla y pareció entenderle porque al instante se encontraba moviendo la cola. Acto seguido dirigió de nuevo sus dorados ojos hacía la entrada para gatos que su amo Henry había colocado gustoso para darle un poco más de libertad.

Sólo existía una persona en el mundo con la que Galeón ansiaba siempre encontrarse. Era como si Galeón supiera cuando ella estaba cerca. Una sonrisa se dibujó en los labios de Jane… su hija estaba en casa.

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Hermione se había aparecido en el patio trasero de la casa de sus padres, localizada en un barrio medio del centro de Londres. Se dio cuenta que como siempre, los altos árboles que su padre insistió en plantar cuando era pequeña, ocultaban muy bien a los ojos de los vecinos, la llegada de una bruja ansiosa por visitar a sus padres. Y sólo por si acaso, un escudo mágico de invisibilidad se activada cuando detectaba que Hermione Granger estaba cerca de aparecerse en el lugar.

Sus amigos llegaron a llamarla paranoica cuando colocó bajo hechizos la casa Granger. Y bueno, tal vez lo estaba. Incluso sus padres, y ella misma, lo pensaron también en su momento. Es cierto que eran tiempos mejores, pero no así perfectos. Hermione luchó —y sigue luchando— por la igualdad entre magos nacidos de muggles y los sangre pura, pero aún existían aquellos con cierta aversión a los sangre sucia. Y era por aquellos que la leona había decidido proteger a sus padres, no lo sabía, pero era mejor estar prevenidos. Tal vez apareciera algún mortifago fugitivo que quisiera vengarse de ella a través de sus padres. También estaba el hecho de ser la Jefa del Departamento de Aplicación de la Ley Mágica, porque como era bien sabido, aquel puesto era muy utilizado como trampolín para el cargo de Ministro. Y que una hija de muggles llegará a semejante puesto ¡Ja!, era una broma de muy mal gusto para algunos de los sobrevivientes de la sangre limpia.

Le tomo un poco de tiempo convencer al Ministro Kingsley, pero en cuando obtuvo la autorización se puso manos a la obra. Una barrera alrededor de la propiedad Granger que evita que cualquier mago o bruja se aparezca en el terreno, a excepción de su hija por su puesto. Incluso ni los amigos más cercanos de la castaña tenían tal privilegio, ellos al igual que el resto, no tenían más opción que aparecerse a un par de calles en un solitario callejón. Una vez que ponían un pie bajo su techo, el invitado era despojado de su magia, ni su varita ni sus hechizos no verbales tenían efecto. Al ser una invitada en la casa de sus padres, Hermione se tenía que acatar a esa regla también, pero tampoco es que deseara tanto usar su magia.

¡Miau!

Hermione observó a sus pies, donde un gato negro ronroneaba gustoso entre sus piernas. Por un momento recordó a Crookshanks, hacía ya poco más de dos años que lo había enterrado. Contempló gustosa al minino que no dejaba de frotarse en sus piernas en la búsqueda incesante de una caricia. Lo tomo entre sus manos, sonrió al ver el gran parecido que Galeón tenía con Crookshanks, a excepción del color del pelaje, ése detalle le había tocado a la pequeña hermana de Galeón, quien era la viva imagen de Crookshanks. Hermione quitó su mirada del peludo animal y la dirigió a la puerta que estaba a punto de abrirse.

Como si ocurriese en cámara lenta, Jane tomo la perilla y dio vuelta, la puerta se abrió. Hermione, con sus rizos castaños, y con Galeón en brazos, se encontraba del otro lado. Jane en cuanto la vio fue capaz de descubrir su tristeza, se mordía levemente su labio inferior tratando de contener el llanto. La bruja dirigió sus ojos marrones a su madre, y dudo tan sólo unos segundos antes de acercarse. Galeón saltó de sus brazos hacía el suelo, permitiéndole a la joven bruja correr a los brazos en los que desahogarse.

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El pequeño niño de ojos verdes no despegaba la vista del reloj cucu colgado en la pared. Con sus manos sobre la mesa de cocina y su mentón colocado sobre ellas, Albus no pudo contener más su pregunta. Giró su cabeza para encontrarse con su madre, quién a aquellas horas de la mañana preparaba el desayuno para la familia.

—Mami… ¿A qué hora llega tía Mione?

Día tras día lo que Albus Severus Potter esperaba con tanta impaciencia era la llegada de los sábados, porque eso significada dar un paseo junto a sus hermanos y su tía Hermione. A veces paseaban por el callejón Diagon, ha Albus le gustaba pasear especialmente por ahí. Recordaba una vez al pasar frente a la tienda de Ollivander, donde pronto compraría su varita. Tenía seis años, pero pronto cumpliría siete, después ocho, nueve… ciertamente aún le faltaba un par de años para ir a Hogwarts.

También habían entrado a la tienda de animales mágicos. Hermione le había contado de la vez que compró a Crookshanks, y entonces Albus le pediría a su madre que le comprará un hurón cuándo entrará a Hogwarts. Ginny sin poder negarse, acepto. Albus conocía muy bien la fascinación de Hermione por los libros, así que aventurándose, le comenzó a preguntar sobre los hurones.

Quedó sorprendido ante lo que la castaña le contaba. Que se pasaban la mayor parte del tiempo durmiendo, Albus no pudo evitar susurrarle a Mione "Duermen más que James", al escuchar de boca de Hermione que dormían de catorce a dieciocho horas. Le habló incluso de los juegos, y Hermione ofreció regalarle algunos juguetes de Crokshanks para el entretenimiento de su futuro hurón. Albus hizo una nota mental de pedirles a sus padres que le compraran también una jaula al saber de los peligros que podría correr el animal.

—Ya sabes la hora… —respondió la pelirroja al niño mientras señalaba el reloj con una palita de cocina, con la que recién había revuelto el huevo, llevándose con ella un poco del alimento. La señora Potter elevó una ceja al contemplar un poco del suculento manjar que se encontraba preparando ya decorando los blancos azulejos que conformaban el suelo. Ella bufó mientras volvía a su tarea de menear la comida, ya se encargaría de limpiarlo más tarde—. La manecilla pequeña en el once y la más grande en el doce —Ginny apagó la mecha, tomo el sartén y se dirigió junto con el a la mesa para después dirigirse a buscar los platos y vasos en los que la familia comerían—. ¿Ya recuerdas? —la mujer lo observó atentamente.

—Oh, sí. Ya recuerdo.

Albus se removió en su asiento a la vez que Ginny le revolvía su cabello negro. Su sonrisa se ensancho al notar su cabellera húmeda y por primera vez reparó en la ropa que traía puesta. El pantalón de mezclilla azul obscuro y la playera blanca, que en la parte de enfrente era de un azul obscuro casi llegando a parecer negro. La ropa se la había dejado preparada en su habitación una noche antes, pero aún se seguía sorprendiendo de cómo los sábados, Albus era el primero de sus hijos en deshacerse de su pijama, darse un baño y vestirse para comenzar a desayunar.

Sí, seguramente era por la visita de su madrina Hermione, el día de hoy irían a un parque muggle. Hermione llevaba preparando ése pequeño picnic desde hace semanas. Ése tiempo de calidad con la tía Mione era pequeño, pero le permitía a Harry no preocuparse mientras Ginny visitaba a sus amigas, las jugadoras de las Arpías de Holyhead.

Los niños se divertían mucho, algunas veces eran los paseos por el parque, otras iban al cine. Aún recuerda la vez que Lily llegó emocionada diciendo que había visto una película en una bola de cristal gigante. Inmediatamente el debate de hermanos había empezado ante la sorpresa de ver ése aparato muggle. James había golpeado el suelo con su pequeño zapato, algo ya emocionado por la idea de corregir a su hermana menor "No Lily, ¿Qué no viste que ni siquiera era redonda? Es obvio que es una pantalla de televisión gigante" había dicho muy seguro de sí.

O también estaba la vez que Victoire le habló a Teddy del parque de atracciones que había visitado junto a sus padres en Francia. Ésa vez sus cuatro hijos le habían rogado por conocerlo, y, Ginny y Hermione les cumplieron el capricho. Pero lo que impresiono a la pelirroja fue que el pequeño Teddy le pidiera a Hermione que le enseñara un poco de francés. Y Hermione conocía muy bien el deseo del joven por querer decláresele a Victoire en el idioma de la madre de ésta.

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El llanto no tardo en escucharse en la casa Granger, se podía contemplar como la madre abrazaba fervientemente a su hija que se escondía entre su pecho, tratando inútilmente de mitigar sus sollozos. La joven intentó hablar, aún sin levantar la vista hacía su madre.

—Lo… Lo hice… se lo pregunte… pero nunca me dio su respuesta —Hermione tragó saliva intentando desaparecer el nudo en la garganta—. Siempre con excusas… "Estoy cansado Herms", "Ahora no Mione", "Hablemos más tarde Hermione" —y por fin levantó su vista. Jane pudo contemplar las lágrimas que recorrían sus mejillas—. Un… Un mes mamá… nunca pudo decirme "Sí" o "No" Creí que si yo era lo suficientemente valiente para hacer la pregunta… podríamos dar juntos el siguiente paso… pero él salió corriendo sin decirme nada…

Lo recordaba perfectamente. Fue un viernes por la tarde, un partido entre los Puddlemere United y los Chudley Cannons, la mayoría de los asistentes estaban ahí para apoyar al equipo del capitán Oliver Wood. Había llegado el medio tiempo, algunos jugadores se encontraban volando sobre sus escobas atreves del campo. Ron se encontraba observando embelesado los alrededores, mientras Hermione lo contemplaba de reojo a la vez que miraba el campo. Hasta que sus ojos lograron divisar el brillo dorado que se dirigía rápidamente hacía ellos sentados en las gradas.

—¿Qué rayos…? —los ojos de Ron pudieron verlo también.

La snitch dorada no tardó en llegar hasta la pareja. El pelirrojo ante el movimiento de la snitch frente a él, se vio tentado a tomarla. El movimiento de la snitch suele ser al azar, entonces ¿Por qué llegó hasta él?, lo más probable es que estuviera hechizada. Volteó velozmente hacía su novia sentada a su lado, ella asintió en respuesta "¡¿Qué rayos…?! Herms ya me hubiera golpeado la mano tan sólo al ver mis intenciones de tomarla…" Weasley dudó unos segundos más antes de sentirse completamente seguro de que podía tomarla entre su mano, y así lo hizo. Las alas de oro dejaron de moverse incesantemente y entonces el pelirrojo fue capaz de distinguir la exquisita caligrafía. Él entreabrió sus labios, los cerró nuevamente al darse cuenta que ninguna palabra le podía salir de la boca. Vio nuevamente a la joven que lo acompañaba, la observó directamente a los ojos, ella mostró una sonrisa nerviosa mientras él bajaba la mirada para soltar la snitch antes de ponerse de pie y abrirse camino entre las personas. La sonrisa de la castaña desapareció de sus labios al verlo alejarse entre la multitud. Con un chasquido de sus dedos, las palabras grabadas "Cásate conmigo Ronald" en las doradas alas con tinta negra tuvieron el mismo destino que su sonrisa. Solamente le quedó mirar como la pequeña pelota dorada se dirigía de nuevo hacía el campo, deseando en su interior que nadie se haya dado cuenta de aquello, los testigos de aquél hecho serían Ron Weasley y Hermione Granger, sin olvidar al capitán del Puddlemere United que había sido un cómplice en la sorpresa de la joven.

—Lo… Lo mejor fue terminar…

Jane sintió su blusa húmeda, ante las lágrimas que seguían surcando las mejillas de su hija. Acarició su cabeza, como tantas veces lo hacía cuando era una niña. Él no era el único hombre sobre la tierra. Más tarde que temprano aparecerá el indicado. Ella se lo diría, pero por el momento sólo dejaría a Hermione desahogarse.

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N/A: ¡Por favor! No me odien ni a mí ni a Ron. Él lo único que sabe es que no quiere casarse con Herms y yo… pues… es un Dramione ¿recuerdan? Ahora, ¿Se habían llegado a imaginar que Hermione se le había propuesto a Ron? Bueno, quería guardármela y escribir en un capítulo un poco sobre eso. Recordé el tiempo en el que Ron estuvo como miembro del equipo de Quidditch y fue en lo que me base para la propuesta de Hermione... escrito en una snitch dorada. También les dejo unas imágenes. Una es de Galeón, el gato mascota de los Granger, y la otra es de Scorpius, que aunque no aparece en este capítulo se las dejo de una vez. Otra es que no conozco el nombre del padre de Hermione, por lo que le coloque un nombre que me gusta mucho, ya sin más les dejo las direcciones de las imágenes, les recuerdo que quiten los espacios y coloquen el punto :)

¡Hasta el siguiente capítulo!

Galeón: img191 (punto) imageshack (punto) us / img191 / 4794 / galenc (punto) jpg

Scorpius: img15 (punto) imageshack (punto) us / img15 / 8839 / scorpiusmalfoy (punto) jpg