no tienes paciencia arthemisa! jajajajaja ahí va jajajajajjaa
capt 4Doble personalidad
Desperté; confundida. Estaba sobre la cama de mi madre; aún llevaba puesto el uniforme. Me incorporé y me puse de pie, la habitación de mi madre estaba oscura, alguien había corrido las cortinas. La habitación de mi madre tenía un tocador que ocupaba mucho espacio, un televisor de pantalla plana y un armario casi tan grande como mi cuarto, mi madre siempre ha sido fanática de vestir a la moda; cuando algo estaba pasado de modasimplemente lo guardaba y no se lo volvía a poner. Mi madre gasta mucho dinero en rompa, bolsos y perfumes. Yo nunca le decía nada, total ella se lo merecía.
Fui hasta la gran ventana tapada por las cortinas y la abrí; era de día. Me asuste ¿Cuánto habría dormido? Encima del tocador de mi madre había un reloj de pulso; lo mire eran la 1:45 pm. ¡El colegio! Pensé. Pero recordé que hoy era sábado o al menos eso creía. Miré mi triste reflejo en el espejo del tocador; era la misma chica delgada de siempre pero me veía más pálida que de costumbre; probablemente por la pérdida de sangre, tenía el saco del colegio untado de sangre al igual que el cuello de la camisa.
-¿Hell?- exclamé. Pero nadie contesto.
Salí de la habitación de mi madre; miré en el estudio pero no había nadie, fui hasta a mi cuarto y allí estaba. Parecía un muerto; acostado boca arriba con las manos sobre el pecho, con los ojos cerrados. Ya no tenía el torso desnudo; porque llevaba una camiseta de manga corta, negra estampada con el logo de Misfits que dejaba ver los músculos de sus brazos ¿Hell conocía a Misfits? Tenía un Jean desgastado negro y Vans con murciélagos rojos estampados. ¡Que gracioso! Pensé.
Sacudí a Hell para despertarlo pero no pude; parecía que estaba… No eso no. Pensé; de todas maneras él ya lo está.
Decidí irme a bañar, salí de la habitación y me metí al baño. Me bañe meticulosamente el cuello, limpiando la sangre seca. Al terminar salí del baño envuelta en una toalla. Decidí ponerme un vestido de cuello en V negro con franjas blancas. Cuando estuve vestida y peinada decidí ir a ver si Hell había despertado; pero, aún seguía inmóvil como una estatua, me acerqué a él para mirarlo de cerca. Parecía que no respiraba; ni siquiera su pecho se movía. Me aovillé en el suelo, recostando mi cabeza contra la pared.
Contemplé fijamente la inmóvil figura de Hell ¿Qué diablos estaría haciendo él? ¿Durmiendo? Pero hasta donde yo sabía los vampiros no duermen; entonces: ¿Por qué parecía dormir? ¿Tenía algo que ver el hecho de que fuera de día? No; eso era imposible, porque ayer él estuvo despierto en el colegio.
Me puse de pie y fui al tocador de madera negra que mi madre me había regalado alguna vez con la árida intención de que me maquillara. Observe mi cuello, en el lado derecho había un leve morado que casi no se veía; y, al lado izquierdo se veían unas marcas de dientes. Recordé la sensación que había sentido cuando él me mordió; no había sido dolor, sino, un agradable placer.
Volví a mirar a Hell; seguía igual, se veía tan indefenso. Contemplé su rostro, noté un tenue rubor en su cara habitualmente nívea. De repente; recordé lo que me había dicho Hell; tenía que comer, aunque la idea me causara repulsión tenía que hacerlo, porque no quería que mi madre se diera cuenta de que tenía anemia y peor ahora que Hell bebía de mí. Salí del cuarto teniendo cuidado de no hacer ruido; cerré la puerta, bajé las escaleras para ir a la amplia sala y me dejé caer en el sofá blanco, donde Hell me había hecho suya. Me abalancé sobre el teléfono y llamé a mi restaurante vegetariano favorito. Después de veinte minutos llego mi comida; la cual devoré con avidez, casi ni saboree el puré de garbanzos, cuando termine de comer subí de nuevo a mi habitación a esperar a que Hell despertara.
Cogí mi Reloj de bolsillo de FMA y mi ipod de encima de la mesa de noche que estaba al lado de mi cama, lo mire eran las 3:00 pm; habían pasado dos horas desde que me había despertado, prendí el ipod y puse a reproducir una canción de los Rolling Stones. Mientras sonaba me senté en el piso. Al acabar la canción empezó "love like winter". Que irónico. Pensé.
…Esta hecha de azúcar y hielo…
…ella quería amor, quería probar sangre…
…ella mordió mis labios…
Era inevitable reírse; solo había que cambiar "ella" por "él" y todo encajaba ¿Quién lo hubiera pensado?
Cuando terminó la canción comenzó "vampira", pase a la siguiente "vampire heart", pasé a la siguiente "The hunger".
…nosotros somos los niños hambrientos…
…Queremos vencerla, la sangre sacia el hambre…
…la sangre sacia el hambre…
Me quité los audífonos, había olvidado que la canción hablaba de la sangre que calma el hambre ¿acaso no tenía música que no hablara de vampiros?
Apagué el ipod y lo dejé en el piso con furia. Suspiré, Hell aún seguía dormido.
No fue hasta el anochecer que Hell despertó, se levantó intempestivamente, de golpe; como si hubiera pasado poco tiempo desde que se había dormido.
Me sobresalté.
-buenas noches- saludo él alegremente con gesto despreocupado- ¿has dormido bien?
- sí, pero no tan bien como tú.
Él soltó una carcajada.
-Si creo que tienes razón
-¿de verdad has dormido?- él me miro con gesto confundido- bueno es que yo pensé que los vampiros no dormían- le pregunté sin poder contener la curiosidad.
- Normalmente no lo hacemos -respondió en tono informal- es solo cuando hemos disfrutado de una sesión de alimentación.- respondió en tono socarrón.
- ¿pero por qué la primera vez que me mordiste no te quedaste dormido?
- por que solo bebí un sorbito- hizo una pausa- pero esta vez -esbozó una sonrisa amenazadora- bebí unos 60ml de sangre.
Inconscientemente me llevé la mano al cuello.
-perdóname- se disculpo él de inmediato.- no debería hablar de esto como si fuera algo común y corriente. No es mi intención asustarte.- dijo avergonzado.
- tranquilo, es normal para ti. No te preocupes no hay problema.
Él no me miró a la cara, tenía la mirada fija en el piso. Algo llamó su atención, se inclinó a recoger algo; era mi ipod. Lo miró un rato, mientras fruncía los labios en un intento de reprimir la risa.
-¿de qué te ríes?
- Te gusta el buen punk, pero tienes música horrible aquí- dijo mientras reía con ganas.
- ¿qué música?- le pregunté con enojo, siempre me había enorgullecido de mis gustos musicales.
- AFI, HIM ¡por favor! Que música tan terrible- se moría de la risa.
- Pero es poquita; tengo mas de los ramones y de Misfits.- me excusé.
-bueno si tienes razón, pero eso no es excusa- dijo mientras trataba de dejar de reírse.
- ¿y tú con que derecho vienes a burlarte de mis gustos musicales?- le reproché.
- mira, yo vi el auge del punk; el nacimiento del metal y puedo decirte que esos grupitos aficionados de nenitas que chillan como perros no es música.- me echó en cara.
- yo no sabía que te gustaban los Misfits- le espeté mientras señalaba la camisa que llevaba puesta.
- si me gustan- admitió él- fueron originales en su época. Además- agregó con sorna- sus canciones describen bien la sed de sangre.
- ah… si fantástico y más para ti ya que te puedes identificar con ellas- le dije en tono sarcástico.
Con un movimiento ágil me tomó en sus brazos y puso sus glaciales labios sobre mi nuca.
-no deberías bromear con eso- me advirtió él con ferocidad- no sabes cuanto deseo beber hasta la ultima gota de tu sangre, y puede ocurrir mientras duermes –lamio mi nuca. Suspiré- puedo sentir tu sangre fluir debajo de tu piel; me muero de ganas por dejarla correr libre, impregnar tu lindo cuerpo, lamerlo y…- enmudeció ipso facto.
Hell me soltó tan rápido que casi me fui de bruces contra el suelo, pero logré mantener el equilibrio.
-¿he sido muy brusco? ¿Te he asustado?- preguntó él preocupado.
-no- contesté de inmediato.
Estaba estupefacta porque debería temerle a esas palabras, pero en vez de eso me habían agradado.
¿Acaso estaba volviéndome loca? No, yo ya estaba loca; pero loca por él.
- dispénsame; es que a veces sale a flote mi antiguo yo.- se disculpo él solemnemente.
-¿tu antiguo yo?- pregunté atónita.
El rostro de Hell se torno huraño, como si hubiera dicho más de la cuenta.
-Si; pero por ahora es mejor que dejemos así- respondió él con voz hosca.
De nuevo él con sus evasivas. Habían tantas cosas que no sabía de él, y a pesar del poco tiempo que llevábamos juntos, no podía imaginar como sería mi vida si él se fuera igual como llegó; de la nada, de improvisto. ¿Qué diablos iba a hacer yo si él me dejaba?
Empecé a llorar en silencio sintiéndome estúpida ¿por qué me sentía así? Lo necesitaba; quería que me abrazara, quería que él confiara en mí; como una garantía de que se iba a quedar a mi lado. Y si no era así; era mejor ahogarme en el éxtasis que solo él me podía proporcionar y nunca despertar.
Hell se acercó a mí y me miró, abatido.
-perdóname- dijo él mientras me levantaba el mentón con su fría mano- te he hecho llorar, no merezco que derrames tus lagrimas por mi –sus ojos eran sorprendentemente tiernos- soy muy poca cosa.
- ¡no digas eso! –protesté entre gimoteos.
Me abrazo; mientras que, con su mano recostaba gentilmente mi cabeza sobre su hombro. Nos sentamos juntos en el suelo
-cálmate, comprendo perfectamente porque lloras. No te preocupes no te voy a dejar. Pero entiende que por ahora no es prudente que sepas; o por lo menos no hasta que descubra si en realidad eres tú.
Aquí vamos de nuevo.
-¿por qué siempre que tratas de responderme algo termino más confundida? – sollocé.
- es que suelo hablar más de la cuenta- dijo él tratando de animarme.
- si vamos a estar juntos debes dejar esa maña- le reproché. Ya había empezado a calmarme.
- ¿estar juntos?- preguntó él incrédulo.
- si; ni creas que voy a dejarte escapar después de todo lo que ha pasado.
- ¿estarías dispuesta a estar a mi lado?
- si
- ¿sin importar que beba sangre?
- si
-¿te irías conmigo ahora?
-si
-¿aunque no sepas nada de mi?
- si
-¿y por qué harías tal cosa?- Hell parecía divertido con la situación.
- porque estoy enamorada de ti.
- tienes que estar loca para enamorarte de alguien que conociste hace dos días.
-¿y tú por qué dices eso?
- porque alguna vez me paso lo mismo.
-¿si? ¿Y cuando fue eso?
-hace dos días.
-¿entonces tú también estas loco?
- me temo que si - intuí que sonreía.
- y me puedes decir ¿conozco a la persona de quien te enamoraste?
- si, yo diría que si.
-¿y como es?
- es pálida, tiene el cabello castaño y largo, ojos color miel; es una chica loca, no tiene amigos y escucha una música horrorosa.
- ¿ah… si?
- además tiene una extraña fascinación por las ciencias muertas, es el fantasma de su clase y hoy parece que se ha escapado de una cárcel- rió.
- de una cárcel ¿Por qué?
- si, porque lleva un vestido negro con blanco. Aunque tengo que admitir que se le ve bien.
- ¿qué más sabes de ella?
- que ella no le agrada mucho su nombre, le gusta la historia y la filosofía, tiene una caligrafía desordenada, mala ortografía, es vegetariana, tiene una deficiencia de vitaminas, habla dormida, es muy celosa, su grupo de sanguíneo es AB positivo.
-ah… y se me olvidaba algo -agregó- ella escribe un diario que esconde en el primer cajón del lado derecho de su tocador, y debo decir que es un escondite poco original porque siempre causa curiosidad mirar hasta el fondo de un cajón y más si es donde se guarda la ropa interior.
Había olvidado la existencia de ese diario, era algo que evitaba recordar; algo que el psicólogo había ordenado que hiciera pero hace meses que no escribía en el.
- ¡has esculcado mis cosas!- lo culpé indignada. Aún estaba recostada sobre su hombro.
-¿Qué mas podría hacer mientras dormías?
- ¿lo has leído?
- si, pero no te preocupes es que escribes de una forma tan enredada que no entendí lo que decías -rio entre dientes- la única información útil que conseguí fue la talla de tu brasier, y tengo que decir que eres muy voluptuosa para ser tan delgada.
-¡¿qué?!- refunfuñe.
-es broma, es broma; no lo tomes tan enserio- se disculpó avergonzado.
Traté de levantarme; pero él no me dejó.
-¿Es qué quieres moverte? ¿Estas incomoda?-preguntó él temerosamente.
-no; no quiero moverme de aquí.
Hell acaricio mi cabeza; despeinando levemente mí cabello.
-y… ¿ahora qué?- le pregunté
- ¿qué de que?
- ¿qué vamos a hacer?
-dejar que las cosas fluyan con naturalidad.
- ¿sabes? –Agregó- recordé que cierta damisela tiene que comer porque ha perdido mucha sangre.
-¿tengo que hacerlo?
-si- me exigió él.
Me levanté y mire su rostro; él estaba sonriente, se puso de pie y me extendió la mano para ayudarme a poner de pie.
-¿qué quieres comer?- me pregunto en tono casual- pide lo que quieras yo invito. –me guiño un ojo.
-no se, escoge por mi.
- tú sabes que escogería yo, y no creo que te agrade.
-eh… pues pidamos algo a domicilio.
- no; vamos a salir, tengo ganas de sentir el aire de la noche.
Miré el reloj de bolsillo, eran las 9:00.
-¡que tarde es!- no me había dado cuenta de lo rápido que había pasado el tiempo.
-no te preocupes por eso. Ponte un abrigo, no quiero que te enfermes.
Cogí mi abrigo a regañadientes. Bajamos las escaleras y salimos de la casa. La noche estaba despejada, las estrellas y la luna se veían claramente.
-¿A dónde quieres que te lleve en tu primera cita?- preguntó él mientras me cogía de gancho.
Me sonroje, era bonito pesar que iba a tener una cita con el hombre más perfecto del mundo.
-no se por lo general nunca salgo de la casa.
- ¿pero entonces a donde vamos? Yo soy nuevo en este país y no conozco ningún lugar bonito para llevarte.
- pues no se.
-¿te parece si vamos al hotel donde me quedo a recoger mis cosas?
-si, vamos- respondí de inmediato. No había que pensarlo mucho; ya que, eso significaría que él no tendría que irse de mi casa.
Hell se quedo pensado con gesto inescrutable.
-¿qué pasa?- le pregunté
-es que estoy pensando cual es la mejor forma de ir al hotel.-dijo mientras se cogía el mentón pensativo.
-¿Cómo así?
-¿quieres llegar allá rápido?- me preguntó él expectante.
- pues si, supongo.
Él me levantó del suelo, y me sostuvo en vilo.
-¿estás cómoda?- me preguntó tiernamente.
¿Qué pretendía hacer? ¿Convertirse en animal y llevarme volando?
-si- le respondí mientras me aferraba a él.
- agárrate fuerte- dijo él
De repente Hell saltó; pero la altura que alcanzó era imposible, de un solo salto había llegado al techo de un edificio con paredes de vidrio que quedaba frente a mi casa. El viento frío de la noche soplaba con fuerza, sentí un vacío en el estomago, Grité de pavor.
-¿Que pasa? –preguntó él consternado.
- ¡no me agradan las alturas!- chillé desesperada.
Él soltó una risa suave y reconfortante.
-no te asustes, estas conmigo; no voy a soltarte.
- pero tengo miedo.
-entonces cierra los ojos; amada mía- susurró en mi oído.
Hell me besó en la mejilla. Yo, cerré los ojos con fuerza; no era tan malo si no veía el vacío que había debajo de mí. Sentía el viento acariciando gentilmente mi rostro. Parecía que Hell no estaba agitado; su respiración era acompasada y tranquila, al contrario parecía que disfrutaba el paseo.
-me encanta sentir el viento de la noche- dijo él alegremente.
-¿ya llegamos?- pregunté temerosamente con los ojos cerrados y el rostro hundido en el pecho de Hell.
-Aún hace falta un poquito, pero ahora tenemos que caminar –rio entre dientes- seria raro que me vieran saltar por los tejados de las casas.
Sentí de nuevo el vacio en el estomago, Estábamos cayendo. Después de un momento se escucho un sonido atronador; Hell había aterrizado ¿acaso caímos de tan alto que la caída sonó tan duro?
-ya puedes abrir los ojos- Dijo él con voz afable.
Abrí los ojos; estábamos en tierra. Hell me dejo suavemente en el suelo.
-ahora hay que caminar un poco.
Me incorpore rápidamente; observé la calle, estábamos en un callejón oscuro.
-¿Qué lugar es este?- le pregunté a Hell confundida.
-No creas que me quedé en un sitio para plebe; lo que pasa es que tenía que caer en un lugar donde nadie me viera; tú sabes, por eso de guardar el secreto de mi naturaleza.
- ah… si tú lo dices.
Hell tomó mi mano y me condujo a la salida del callejón. Al salir a la calle principal pude identificar el lugar. Estábamos a las afueras de la cuidad; ese era la parte mas elegante y lujosa. Aquí era donde quedaban las tiendas de diseñador que mi mamá visitaba con mucha frecuencia.
- ¿dónde queda tu hotel?-le pregunté cuando empezamos a caminar.
- unas calles mas allá- dijo mientras señalaba la esquina donde estaba la tienda de bolsos favorita de mi madre.
- ¿el "Royal Park Hotel"?
- si, así se llama ¿cómo lo supiste?- me preguntó el impresionado.
- allí es donde han habido reuniones y congresos a los que va mi madre.
-¿en qué trabaja tu madre?- preguntó él con curiosidad.
-Es gerente de marketing a nivel internacional de una empresa de textiles o algo por el estilo.
-ah… no sabía eso- dijo él desconcertado.
- ¿cómo has pagado un hotel así? Hasta dónde se es muy costoso.
Él frunció el ceño.
-¿acaso piensas que no tengo dinero?- preguntó estupefacto.
- pues…- dejé la frase inconclusa.
Soltó una sonora carcajada, todos en la calle nos voltearon a mirar.
-para tu información -sonrío con suficiencia- soy mas rico que la reina de Inglaterra.
-¿a si?- le dije incrédula.
-si no me crees igual no es mi problema- me espetó con sorna.
Cuando íbamos a pasar la calle; Hell me cogió del codo ¿acaso piensa que soy una niña pequeña?
Al llegar a la otra acera; él me soltó. Caminé en silencio el corto trayecto; me moría de la piedra cada vez que pasaba una chica que miraba a Hell como si se lo fuera a comer. Finalmente llegamos al hotel; seguía igual como lo recordaba, vestíbulo iluminado por un gran candelabro de cristal, piso de mármol blanco pulido; tapetes lujosos, muebles de terciopelo rojo y paredes de color crema decoradas con cuadros de artistas famosos. Fuimos hasta la recepción; donde una Mujer de pelo negro cogido en una cola de caballo nos atendió, y como era de esperarse ella desnudó a Hell con la mirada.
-¿A llegado alguna carta para mí?- preguntó Hell a las recepcionista con voz seductora.
- Si Joven Patrick- contestó la mujer con excesiva amabilidad, mientras me lanzaba una mirada asesina.
La mujer sacó una carta y se la entregó a Hell; Él la recibió, la observó fijamente y esbozó una sonrisa.
-Gracias- dijo Hell mientras doblaba el sobre y lo guardaba en el bolsillo del pantalón.
-vamos,- tomó mi mano- tienes que comer algo.
-Claro, mi querido – dije arrastrando las palabras.
Hell me sonrío, mientras que la recepcionista me fulminaba con la mirada. Pasamos al lado de la gran fuente que quedaba en la entrada del restaurante del hotel. El restaurante era grande, lleno de mesas con manteles blancos y centros de mesa hechos de flores vivas. Estaba medianamente lleno; Hell me jaló hasta la fila del Buffet.
-¿crees qué haya comida vegetariana?- preguntó él
-si, la otra vez que vine comí aquí con mi madre.-respondí mientras cogía un plato.
Nos formamos en la fila; Hell hizo que me echaran montañas de comida, yo no iba a poder con todo eso. Fui hasta la mesa que quedaba en la esquina más lejana, Hell que llevaba mi plato y lo puso sobre la mesa.
-voy a pagar la cuenta, espérame aquí- dijo él con voz afable.
Él se fue hasta la caja, yo observé el plato ¿como diablos me iba a comer todo eso? Cogí el tenedor y pinche un trozo de zanahoria hervida, me lo lleve a la boca, lo mastiqué y lo trague con dificultad. Iba a ser una larga noche.
Después de un rato llego Hell, con la carta que le había llegado en las manos; sonreía de oreja a oreja, probablemente serían buenas noticias. Él guardó el sobre que llevaba en las manos en el bolsillo de su pantalón. Se sentó en la mesa frente a mí.
-ya he terminado- le dije.
Él miro mi plato y frunció el ceño.
-pero no has comido nada- me recriminó.
- es que ya estoy llena- me excusé.
- no nos vamos a mover de aquí hasta que te hallas acabado todo- dijo con autoridad.
Hice un mohín del mal genio y empecé a comer con rapidez casi sin masticar; tenía que terminar rápido, no quería estar toda la noche ahí sentada. Después de un rato; que se me hizo eterno, pude acabar con la descomunal montaña de comida. Hell sonrío complacido.
-ahora sí- dijo mientras se ponía de pie- podemos irnos.
Miré a todos lados, el restaurante estaba vacío ¿me había demorado tanto?
Cuando me puse de pie Hell corrió mi silla.
-eres todo un caballero- le señalé.
-y tú pareces ser mi doncella- dijo en un susurro casi inaudible, no supe si hablaba para sí mismo.
Salimos del restaurante hacía los ascensores. Nos subimos a uno donde había una rubia peli teñida que por mucho tendría 35 años. De nuevo los encantos de Hell hicieron de las suyas, la chica empezó a mirarlo con hambre en los ojos.
-¿en qué piso esta tu habitación mi amor?- le pregunté a Hell con voz empalagosa mientras miraba por el rabillo del ojo a la chica.
Hell me miró con gesto sorprendido; parecía que se había dado cuenta de lo que yo pretendía.
-eres muy celosa – dijo Hell mientras reía de una manera encantadora.
La chica seguía sin apartar la vista de él.
-pero esta vez te voy a dar gusto- dijo mientras me jalaba hacía él.
Él aparto suavemente mi cabello y besó mi nuca; mi corazón latió de excitación. Casi podía sentir los ojos de esa chica clavados en mí.
-gracias- le dije a Hell mientras él me soltaba lentamente.
Él solamente es mío, le dije a la chica con la mirada; ella, me miró con desdén. Sonó el pitido que anunciaba que el ascensor se había detenido, se abrió la puerta en el piso diez; ahí se bajo la chica que salió del ascensor echando chispas.
-¿dime por qué es que eres tan celosa?- preguntó Hell con gesto pícaro.
-porque yo solo te quiero para mí; me fastidia que todas las mujeres te coman con los ojos- refunfuñe mientras cruzaba los brazos con enojo- la única que te puede mirar así, soy yo.
Hell me dedicó una sonrisa arrebatadora.
-pero recuerda; tú no solo me puedes comer con la mirada, también puedes hacer otras cosas conmigo- dijo Hell insinuante.
Enrojecí de goce, al pensar que él solo era mío.
Nos bajamos del ascensor en el último piso; se me revolvió el estomago de solo pensar en lo alto que estábamos. El pasillo del hotel estaba iluminado por una tenue luz; Hell me condujo a su habitación, sacó una tarjeta, la usó para abrir la puerta.
-pasa- dijo Hell en tono jovial mientras sostenía la puerta para que yo pasara.
Entré y observé con curiosidad, Hell iba detrás de mí. La habitación estaba oscura; era grande, suntuosa pero acogedora. Tenía en vez de pared unos grandes ventanales; El piso tenía una alfombra color crema, tenía una antecámara con una chimenea y muebles que parecían de diseñador. También había un Bar y cocina con mesones de mármol. Fui a la habitación; había una cama doble gigantesca, estaba perfectamente tendida con un edredón de plumas. Me senté en la cama, era más mullida de lo que parecía.
Hell, entró en el cuarto y buscó debajo de la cama, sacó una gran valija de cuero negro con una cruz grabada, idéntica a la que él tenía en la espalda; la dejó sobre la cama y fue hasta el armario de la habitación.
-¿puedo mirar lo que hay en la maleta?- Le pregunté tímidamente; tenía miedo de que él se enojara conmigo.
- si quieres- dijo tranquilamente mientras sacaba una maleta del closet.
Empecé a abrir la valija con las manos temblorosas, no sabía que iba a encontrar en ella. Miré el contenido del maletín; por dentro había una daga alojada en terciopelo rojo. La daga era en forma de cruz, perecía ser de plata; era afilada y terminaba en una punta siniestra. La daga no me causó miedo; más bien curiosidad, Intenté sacarla pero era muy pesada.
-¿Qué es esto?- le pregunté a Hell sin poder contener la curiosidad.
-una daga de plata- dijo mientras se sentaba a mi lado, sonreía amablemente.
-y… ¿para qué es?
Él empuñó la daga como si no pesara nada; y con un movimiento intempestivo la acerco a mi cuello, su expresión se volvió perversa en un abrir y cerrar de ojos; era una persona totalmente diferente al Hell compasivo y amable de siempre, supuse que el otro yo del que Hell hablaba había salido a flote. Por extraño que pareciera, no sentí miedo.
-¿tú para que crees que sea?- me preguntó con voz seductora mientras deslizaba suavemente la punta de la daga sobre mi cuello.
-supongo que… ¿para matar?
Él esbozo una sonrisa malévola, aún así se veía hermoso.
-si, has acertado- dijo mientras me miraba fijamente con sus inquisidores ojos pardos.
- ah… claro- balbuceé; atrapada en su mirada.
De repente la expresión de Hell cambió; se volvió melancólica. Él apartó la daga de mi cuello, la dejó en su lugar y cerró el maletín.
-perdóname- pidió él consternado. Sus ojos eran sorprendentemente laxos- de nuevo las viejas mañas; he estado tratando de evitarlo pero es muy arduo, perdóname por favor; es que me comporté así tanto tiempo que ahora me cuesta controlarlo.
Acaricié su helado rostro con el dorso de mi mano.
-relájate, no tienes que disculparte
-pero ¿por qué dices eso? Estuve a punto de matarte y sigues ahí como si nada.- dijo él abrumado.
-lo digo porque te amo; y no me importa arriesgar mi vida con tal de estar a tu lado.
Hell me dedicó una sonrisa afable, jaló hacía él y me abrazó. Era de nuevo el mismo Hell amable y tranquilo que yo apenas conocía.
-perdóname, no era mi intención asustarte- me susurró tiernamente al oído.
-no te disculpes, en realidad no me asustas ni en lo más mínimo. Si es tu intención asustarme tienes que esforzarte más porque no lo estas haciendo bien.
Él rió de una forma sosegada y encantadora.
-si fuera mi intención asustarte créeme que ya lo hubiera hecho -hizo una pausa- no sabes lo terrorífico que puedo llegar a ser- su voz se torno lúgubre al final.
-si vez,-agregó- de nuevo he dicho más de lo que conviene.
-tranquilo que sea lo que sea no te entendí.
Nos quedamos allí abrazados en silencio un tiempo inmensurable; pudieron ser minutos u horas.
-es muy tarde, tienes que irte a dormir - dijo él rompiendo el silencio.
-en vez de eso ¿por qué no…-hice una pausa mientras deslizaba mis manos debajo de su camiseta, acariciando la suave y fría piel de su pecho-… nos quedamos aquí y nos comportamos mal?- le susurré.
No supe de donde salieron esas palabras; no parecían mías, ya no me reconocía a mi misma, era totalmente distinta; me dominaba el deseo de estar con Hell ¿Dónde diablos había quedado la antigua yo que era tímida? Probablemente se habría ido de viaje con mi mamá.
Él me aparto suavemente; intenté resistirme a él pero no pude.
-deja de decir tonterías- me dijo él tiernamente.
De repente, me empecé a sentir adormilada, los parpados me pesaban; me recosté en la suave cama.
-¿si ves? Necesitas descansar -dijo él en tono condescendiente.
-pero yo quiero estar contigo- le dije con voz apagada.
- ¿qué clase de chica haría eso en su primera cita?- me espetó con voz jovial.
-pero… esta no…-bostecé- pero…
-shhhh… duerme- me interrumpió él- tendremos oportunidad para eso luego; pero no te precipites, todo a su tiempo.
Cerré los ojos, sentí que él me besaba en la frente.
-dulces sueños, mi doncella- dijo él con miel en la voz. Me hundí en un sueño profundo.
