Disclaimer: Los personajes utilizados en esta historia no son de mi autoría, los derechos pertenecen a sus creadores. Yo sólo utilizo los personajes con fines de entretenimiento.
Capítulo 4: Infiltrado
Varrick ya no poseía lágrimas que derramar, Zhu Li se había ido, esta vez para siempre de su lado, ¿cómo habría sido?, ¿habría sufrido?, esperaba que no. Se reprendió a si mismo por dejarla en aquel momento a solas, tal vez el resultado habría sido distinto de estar él en su lugar. Sacudió su cabeza debía concentrarse en el ahora, el resto de Ciudad República podría correr una muerte similar, ¿pero que podía hacer él para evitarlo? Internándose cada vez más en las cercanías del Tercer Portal Espíritual, el inventor divisó el horrible arsenal con el que contaba Kaito, aterrado vio las decenas de meca tanques aparcados en un sector, cercano a estos algunos hombres azuzaban a las criaturas circenses, más allá diversos maestros combatían entre sí, mientras que en el sector más apartado se encontraba un armatoste relleno de todo lo necesario para crear lo que Varrick supuso sería una especie de cañón portátil.
Un hombre picaneo al inventor desde su espalda para instarlo a que se moviera, guiándose a través de aquel bien armado campamento, caminaron hacia el sector que llamo la atención Varrick. Impactado descubrió sobre la mesa los planos del meca tanque gigante que Kuvira utilizó hacia un tiempo atrás. ¿Cómo rayos los había conseguido?, la respuesta vino a su mente en un segundo
- Zaofu… - masculló incrédulo
- Suyin sigue siendo una ingenua– se vanaglorió Kaito sonriendo de manera mordaz - Aunque no es la única al parecer… - agregó mirando a Varrick, los intensos ojos celestes del domador de bestias brillaron de emoción, al descubrir la desgarrada expresión del inventor – veo que ya… conoces a Ren – indicó sarcástico
Varrick abrió los ojos sorprendido, sintiéndose traicionado ¿Ren? Aquel chico de ojos grises a quien Zhu Li solía alentar, aquel muchacho que encontraron en las calles apañándoselas para crear un refugio, aquel a quien acogieron a como uno de los suyos, a quien apoyaron, cuidaron y le enseñaron todo sobre la ingeniería, ¿Ren lo traicionaba?
Lentamente un muchacho de complexión delgada, y aspecto ágil se acercó, con sus ojos grises miro de reojo al inventor, pero este no pudo interpretar su expresión, paralizándose por un momento el joven, desvió la mirada y se dirigió a su líder, tendiéndole una especie de cañón adaptado para ser llevado de forma manual.
- El... el arma ya está lista – informó el muchacho con una voz suave aún no del todo madura
- Perfecto – sonrió Kaito
Tomando el objeto y girándolo contra sus manos, apuntó hacia una de las bestias y con un ligero toque disparo el arma, liberando un rayo de luz violácea que atravesó por completo al buitre león, los animales a su alrededor intentaron escapar repletos de miedo, los secuaces de Kaito contemplaron impávidos la escena, mientras algunos domadores de bestias mantenían a los animales en su sitio.
- Perfecto – volvió a sonreír el domador de bestias, contemplando satisfecho la escena - ¿Cuántos de estos tienes preparados? – dijo dirigiéndose al joven
- Contando el prototipo, 8 señor – contestó el muchacho un poco turbado
- No entiendo para que quieres hacer esto - Varrick, comentó estupefacto - no sé qué ganas
- No te lo tomes a mal amigo. Pero gobernar una ciudad suena mejor que manejar un circo, y ser reconocido y temido es mejor que anonimato total, ¿no creen camaradas? – alzó la voz para hacerse escuchar, la multitud a su alrededor vociferó y agito los brazos en señal de aprobación - Todos aquí son renegados, desertores o traicionados por su propia gente, todos aquí tienen deseos de venganza, contra la sociedad que los ignoró y les dio la espalda.
- Pensé que querías vengarte de mí – le encaró asqueado el inventor
- Oh, Varrick, ¿cuándo entenderás que el mundo no gira a tu alrededor? – le reprendió hablándole como si fuera un crio – Además – puntualizó acercándose – ¿No acabo de quitarte lo que más amas en este mundo? – agregó acercando su rostro al del inventor con expresión perversa.
El chico que se encontraba a su lado se estremeció al oír esto, en cuanto a Varrick reacciono intentando golpear a Kaito, sin embargo el mismo maestro tierra que lo había apresado utilizo el metal control para alejarlo de su líder elevándolo por los aires.
Estás enfermo – bramó el inventor
Una última oportunidad Varrick, únete a mí y salva tu vida o muere aquí y ahora – afirmo Kaito impávido
- Jamás, ya no tienes nada con que obligarme - admitió Varrick -Mátame, no tengo
motivos para vivir - exclamó desafiante
Sí así lo deseas – dijo con fingido pesar el domador de bestias, disparando el arma esta vez en dirección al inventor.
Un hilo de sangre brotó de la boca de Varrick, mientras el agujero de su estómago punzaba a más no poder.
Controlaré está ciudad camarada – afirmó Kaito mientras se alejaba - y todos conocerán nuestros nombres – recalcó – Encárguense de él – ordeno a alguno de sus hombres más cercanos
Varrick sintió un sudor frío recorrer su espalda, con todas sus fuerzas gritó sin esperanzas el nombre de aquel muchacho al que alguna vez apreció.
- ¡Ren no hagas esto! – el joven se detuvo, bajándolos hombros inclinándose levemente de un lado al otro, parecía devolverse, más lo miró con pesar, negando con la cabeza y retirándose tras su líder - Ren - susurró Varrick decepcionado.
Cerrando sus ojos Varrick, se entregó a su destino, en el momento en que los secuaces de Kaito avanzaron divertidos hacia el inventor, blandiendo palos de madera y metal, golpeando a más no poder al hombre de ojos azules. Varrick sólo estaba seguro de una cosa, podría ver de nuevo a su amada Zhu Li.
En ese preciso instante Mako y sus hombres buscaban por doquier rastros de algún sobreviviente, perdiendo a cada momento más la esperanza.
- Señor... no hemos encontrado nada - informo apenada una oficial
- Sigan buscando, debe haber alguien o algo - ordeno Mako, aferrándose a las pocas esperanzas que le quedaban.
El sonido de una maquinaria en movimiento, puso en sobrealerta al maestro fuego y sus hombres, todos se colocaron en posición de combate, por si hubiera que pelear. Entre los escombros emergió una figura similar a meca tanque, las luces de sus focos los encegueció, luego de breves instantes y parpadeando pudieron acostumbrase al reciente exceso de luz, divisando a lo que ahora sí podían afirmar era un meca tranque avanzando a su encuentro.
- ¡Policía, alto ahí! - ordenó Mako, quién fuera que ocupara el traje no pareció responder y continuó su camino - ¡alto ahí! - reiteró Mako, al ver que no lo obedecían utilizo su rayo control para inhabilitar la máquina, produciendo que la apertura de esta se abriera. El maestro fuego abrió los ojos de par en par al darse cuenta de quien ocupaba el meca tanque.
