Cuando todo falla
Las escobas solo están para barrer el suelo. Eso es lo que había visto desde siempre. Pero ahora, hay magia. Hay hechizos y pociones. Y escobas que vuelan. Un simple palo sosteniendo el peso de una persona. Tal vez, por eso no le gusta montar en escoba, porque todavía le parece imposible. Pero al mirarle, todo es distinto. Y ese temor que tiene se convierte en fascinación. El viento hace que su pelo se alborote más de lo normal. Le brillan los ojos cuando localiza su objetivo desde el otro lado del campo. Pero, lo que más le gusta, es que aunque esté a más de 50 metros por el suelo, sigue pendiente de ella. Y gira la cabeza de vez en cuando hasta donde está sentada, disimulando buscar la snitch. Hace algún tiempo le habría molestado ser siempre su centro de atención. Pero ya no le importa. Quizás porque le gusta demasiado su sonrisa. O tal vez, son los besos que le lanza cuando le pilla mirándonle disimuladamente. Y es ahí cuando no puede evitar sonrojarse y mirar hacia otro lado, haciendo que su corazón lata con violencia. Porque, para que negarlo, estaba enamorada de aquel chico. Después de tantos años de burlas y miradas llenas de odio, ahora solo queda suspiros de una tonta enamorada. Porque cuando todas las armas que tienes caen a pique, lo más fácil, es dejarse vencer.
