Hola! Como prometí, aquí FrikiHimechan haciendo acto de presencia y deja el nuevo capítulo recién salido del hornito. No me tardé mucho y eso me pone contenta. El flechazo quincy de la inspiración sigue vigente, así que hay que aprovecharlo.
En fin, espero que les guste.
Recuerden la campaña "Con voz y voto" - Porque agregar a favoritos y no dejar comentarios es como manosearme la teta y salir corriendo - Y a nadie le gusta que lo manoseen... ;P
Los personajes de Naruto no me pertenecen. ¡Sorpresa!
La historia es una adaptación del hermoso manga "Watachi-tachi no shiawase na jikan"
Advertencia: Drama! AU - OoC
Les recuerdo que la historia comienza en la época actual con fecha del año pasado que fue cuando comencé a escribirlo, después se va a un recuerdo del año anterior y se divide en los POV's de Sakurita y Sasukito.
Muchas gracias a todos por sus comentarios. Creo que a todos les he respondido, pero dejo este espacio para responder a los que no tienen cuenta...
Diana: Hola, gracias por comentar, pues acabo de actualizar XD Espero que te guste este capítulo también. / Caro: Todas odiamos a Hidan! Es un bastardo, pero pronto le llegará su merecido. Sobre lo del live action... no tenía ni la menor idea, pero si es que existe... dudo que lo vea. Una porque generalmente termino enrabiada con ellos y decepcionada y segundo, porque si es bueno, tal vez no lo soporte y me muera TToTT Mejor no me arriesgo. Y el final... pues es sorpresa :P muahaha / Luz: Gracias por comentar, sé que es triste TToTT Espero que te guste este capítulo también.
Ahora sí, ¡a leer!
NUESTRO TIEMPO DE FELICIDAD
"Las diez de la mañana de cada jueves… este es el único momento en el que podemos vivir"
CUARTO ENCUENTRO: PEQUEÑAS COSAS
25 de Octubre, 2017.
No sé en qué momento me quedé dormida, ni mucho menos cómo pude despertarme por mi propia cuenta. Eso rara vez sucedía, siempre tenía que programar la alarma del despertador o de mi celular si es que no quería pasar de largo hasta el otro día. Tal vez fue la posición incómoda en la que estaba lo que me despertó, o tal vez el teléfono sonó otra vez, o simplemente mi subconsciente sabía que tenía un compromiso muy importante al que debía asistir.
Miré el reloj de la pared, ya eran las 16:25, buena hora para comenzar a alistarme.
El diario estaba en el piso, a un lado del sofá, al parecer resbaló de mi cuerpo cuando caí dormida. Lo recogí y lo examiné con cuidado, tenía una página doblada en una esquina, pero ningún otro daño más grave.
Suspiré aliviada y sacudí cualquier suciedad que pudiera haber quedado sobre las tapas de cuero. Lo dejé sobre la mesa y fui a mi habitación para preparar mi ropa y tomar una ducha. Quería seguir escribiendo, estaba poseída por una especie de espíritu escritor y todavía había mucho que quería plasmar en esas hojas blancas, pero el tiempo ya no me acompañaba. No podía faltar a la reunión de la escuela, ni mucho menos a la celebración del compromiso de mi amiga.
Le había prometido a Temari que iría y así lo haría. Era parte de mi promesa de seguir viviendo, de disfrutar de la vida y de las pequeñas cosas. Las mismas a las que comencé a prestarle atención por primera vez durante la cuarta semana de visitas.
CUARTO ENCUENTRO: PEQUEÑAS COSAS
I
Sakura
Jueves, 15 de diciembre, 2016.
09:30 hrs.
Estaba nerviosa, muy nerviosa.
Cada paso que daba me llevaba más cerca de la prisión y con eso mi frecuencia cardiaca aumentaba, podía escuchar claramente el retumbar de mi corazón acelerado.
¿Por qué rayos estaba tan nerviosa? No lo sabía exactamente.
Nadie me obligaba a ir esta vez, tampoco había sufrido algún encuentro traumático que me hiciera perder la cabeza y necesitara buscar desesperadamente alguna especie de confesionario. No, esta vez iba a la prisión por mi propia cuenta, con plena conciencia y simplemente porque quería ir. ¿Entonces por qué estaba así? El jueves pasado estaba determinada a querer regresar y hablar con total confianza con ese hombre… Sasuke. Él también dijo que podía regresar, que podría escucharme y eso me alegró, pero después de un par de días mis recurrentes inseguridades aparecieron de nuevo. ¿Qué tal si solo quiso ser condescendiente conmigo? ¿Si lo dijo solo para evitar que yo volviera a llorar frente a él? Debió ser un lamentable espectáculo. ¿Cómo podría mirarlo a la cara otra vez? ¿Y si ni siquiera le interesaba oír lo que yo tuviera que decirle? Y pensándolo bien, ¿de qué rayos iba a hablarle ahora? No tenía nada interesante que contarle. Mi vida era de lo más aburrida, iba de mi casa a la escuela y de la escuela a mi casa, nada más.
De pronto quise tirarme el cabello por pura desesperación.
Y entonces me di cuenta que ya estaba frente a la prisión. Mi corazón volvió a acelerarse y sentí que en cualquier momento me desmayaría.
Era ridículo, pensaba, pero no podía tranquilizarme.
Respiré profundo para poder calmarme y ajusté la bufanda que envolvía mi cuello. El frío cada vez era más intenso, pero no parecía que fuera a llover.
El guardia del horrible corte de pelo estaba en la entrada, controlando el ingreso de los visitantes. Apenas me vio me dedicó una sonrisa tan grande que no pude evitar sonreírle de vuelta, tenía que admitir que era un poco contagiosa. Me dio la bienvenida de una manera muy enérgica y murmuró varias cosas que no entendí del todo. Después del control de rutina, me indicó que podía pasar, ya faltaba poco para las diez de la mañana.
- o -
Inhala, exhala… una y otra vez.
Al parecer los ejercicios de respiración iban surgiendo efecto, de cierto modo sentía que mi corazón ya comenzaba a calmarse. Las personas que caminaban junto a mi me miraban de reojo, seguramente preguntándose qué rayos me pasaba.
Claro que al momento en que divisé el pasillo que conducía a las salas de visita, mi ansiedad regresó aumentada por diez. Maldije entre dientes, ¡sabía que respirar como idiota no serviría de nada!
Fruncí el ceño y apreté los puños, molesta conmigo misma. No podía ser que estuviera tan nerviosa. ¿Qué cosa tan terrible podría ocurrir ahí dentro? Ambos ya habíamos sido lo suficientemente desagradables el uno con el otro como para temerle a eso. Sin mencionar que los monstruos de nuestros pasados ya eran conocidos por los dos; el mío por mi propia decisión de desahogarme después de años de silencio y el suyo —aunque no fuera él mismo quien me lo contara—ya era conocido para mí, estaba al tanto de su vida y de los crímenes de su pasado.
Sin apurarme demasiado, llegué finalmente a la sala número siete, la misma que hemos usado desde la primera vez. Kakashi me esperaba fuera, recargado contra la pared. Apenas me vio se despegó de ella para acercarse y saludarme y yo al fin pude sentir una especie de familiaridad que logró tranquilizarme un poco.
—Buenos días, Sakura. Gracias por venir. —me dedicó una sonrisa que le cerraba los ojos, al parecer se veía contento.
Mis nervios se calmaron un poco más.
—Buenos días, Kakashi-san. —incliné levemente la cabeza.
—¿Cómo estás? —al mirarlo a la cara pude notar una pizca de preocupación en sus ojos. ¿Se preocupaba por mi? ¿Por qué? Tal vez por haberle contado todo lo que les conté, tal vez estaba asustado de que volviera a ponerme inestable y esta vez no contara con quien desahogarme. Por alguna razón eso me hizo sentir aun mejor. No podía explicarlo, pero Kakashi emitía un aura de tranquilidad que me relajaba, me recordaba un poco a mis hermanos. Era agradable estar en su presencia, tal vez por eso había logrado acercado tanto a Sasuke.
—Estoy bien. —le respondí, tratando de sonar calmada.
Kakashi asintió y abrió la puerta, indicándome a que entrara.
—Iré por Sasuke. Vuelvo enseguida.
Fue mi turno para asentir.
Una vez sola, caminé hasta la mesita y me senté en la silla de siempre. Era un poco extraño el cómo todo a mi alrededor me resultaba tan familiar.
- o -
Cuando la puerta se abrió, mi corazón dio un pequeño brinco y toda la tranquilidad y preparación mental que había reunido en esos minutos salió volando por la ventana.
La imponente figura de Sasuke apareció en el umbral, entrando junto a Kakashi quien apenas cerró la puerta se dedicó a quitarle las cadenas que unían las esposas de sus manos y pies.
Con un vistazo superficial podría decir que se veía igual que siempre; expresión seria, cabello negro un poco largo y despeinado, ojeras bajo sus ojos y esa especie de oscuridad que parecía brotar de su cuerpo. Sin embargo, mirándolo con más detalle, podía ver que no era nada parecido a la primera vez que lo vi hace tres semanas atrás, cuando su mera presencia absorbía toda la luz y el calor de la habitación y sus ojos parecían dos pozos negros sin principio ni final. Su postura corporal se veía más relajada y su mirada un poco más suave y menos desconfiada.
Lo miré fijamente por un momento y esta vez él no volteó el rostro. Nos mantuvimos en silencio por un buen rato, tal vez esperando que fuera el otro quien diera el primer paso. Como siempre.
—Eehh... ¿no te sientas? —comencé, no supe que más decir y ya no aguantaba el silencio por más tiempo.
Él asintió sin decir nada y movió la silla para sentarse frente a mi. Kakashi tenía su propia silla en una esquina y nos observaba con interés.
—Am…¿cómo estás?
Me sentía una estúpida, ni siquiera sabía cómo hablarle. ¿Por qué ahora que realmente quería hablar con alguien y entablar una conversación sincera, no podía hacerlo? Él dijo que estaba dispuesto a escucharme, pero cómo podría hacerlo si yo permanecía en silencio como una idiota.
Mis manos comenzaron a sudar. Si seguía así, seguro que él se iría en cualquier momento.
"¡Inventa algo, lo que sea!"
—Ehh… yo…
Nerviosa, mis ojos comenzaron a recorrer toda la habitación hasta que me encontré con la mirada divertida de Kakashi. Él me sonrió y levantó un pulgar. ¿Qué rayos significaba eso? Entrecerré los ojos hacia él, no sabía si me estaba dando ánimos o si solo se estaba burlando de mí.
Respiré profundo otra vez y me armé de valor para regresar a mirar al hombre de pelo negro sentado a un metro de distancia y que seguía observándome en silencio.
—Am… ¿s-sabías que?... —sacudí la cabeza. —Mmm…
Él cerró los ojos y suspiró profundamente. Cuando los abrió de nuevo lo hizo muy lentamente.
—Estás forzándote demasiado.
—¿Eh? ¿Q-qué?
—No tienes que hacerlo.
Apreté los puños por debajo de la mesa y bajé la vista. Genial, había logrado arruinarlo todo otra vez. Seguramente él se levantaría para irse y me diría que no regresara nunca más. Me sentí totalmente desanimada. ¿Sería cierto entonces que solo fue condescendiente conmigo? Eso me hizo sentir peor, lo que menos quería era forzarlo a hacer algo que no quisiera. Respiré profundo y quise disculparme por venir a molestarlo, por casi imponerle mi presencia y aun así no ser capaz de entablar una conversación con él.
—Puedes decir lo que sea. —agregó entonces. Eso me hizo levantar la vista, él me miraba fijamente. —Cualquier cosa que puedas contarme será algo nuevo para mi.
Sus palabras eran de ánimo hacia mí, pero a su vez cubría sus ojos con algo parecido a la tristeza. Me sentí triste yo también, no podía dejar de pensar en todas las privaciones que vivió cuando niño y en lo terrible de su infancia. La imagen de ese pequeño niño de pelo negro, solo y asustado, vagando por las calles de la ciudad y siendo ignorado por los adultos que pasaban a su lado seguía apareciendo en mi mente.
Sacudí mi cabeza para alejar esas imágenes y me animé a seguir sus indicaciones. Si él decía que podía hablarle de cualquier cosa, supongo que así debía ser. Claro que era más fácil pensarlo que hacerlo.
—Pues… —titubeé. ¿Qué era esa "cualquier cosa"? ¿De qué podía hablarle? ¿De mi trabajo? ¿Del clima? Eso se me hacía un poco ridículo. ¿Acaso no podía ofrecerle nada más interesante que no fuera una angustiosa confesión de un pasado doloroso? Quise abofetearme a mi misma. —Amm…hace mucho frío afuera. —me aventuré. —El pequeño jardín que tenía en mi casa murió congelado hace dos días. —decir que estaba avergonzada por decirle cosas tan estúpidas era poco, pero era eso o quedar en silencio otra vez. No podía permitirlo, aunque no esperaba que respondiera.
—¿Tienes jardín?
—Bueno, en realidad solo algunas plantas en macetas. Vivo en un departamento así que solo puedo tener unas pocas en el balcón. O… podía tenerlas.
—Ya veo.
Silencio por otro rato.
—¿Has visto como va cambiando el color de las hojas de los árboles?
Lo miré extrañada.
—Eh, pues sí, al final de cada estación, ¿no? Son muy verdes en primavera y en invierno son…
—No. —me interrumpió. —Cambian de color todos los días.
Me sorprendí por unos segundos. ¿Cómo podía ser eso verdad? Las hojas cambian de color, es cierto, pero lo hacían cada tres meses, generalmente durante la primera semana de las estaciones. Mi completa incredulidad debió reflejarse en mi cara porque él frunció un poco el ceño. Vi como su espalda se enderezaba y su rostro mostraba tensión, parecía estar debatiendo si contarme algo o no.
—Cuando…—hizo una breve pausa y temí por un momento que decidiera no continuar. —Cuando era niño y vivía con mi hermano en la calle, siempre dormíamos bajo el mismo árbol en un parque. Era de tronco ancho y tenía un amplio follaje.
Asentí para darle a entender que tenía mi completa atención.
—Cuando eres niño y no tienes nada, hay que buscar la forma de entretenerse con lo que sea. —continuó. —Para mí, era observar las hojas de aquel árbol. Notaba como cada día cambiaban, como mostraban cientos de tonos de verde, colores imperceptibles para los demás.
—¿De verdad? —me atreví a cuestionar.
El asintió otra vez.
—Compruébalo, observa algún árbol que tengas cerca. —propuso. —Te tomará un par de años para compararlo, pero lo notarás.
"¿Años?" me encogí un poco al escuchar eso. Años viviendo solos en la calle, durmiendo bajo un árbol. El malestar en mi pecho apareció otra vez.
—Para ese momento es probable que yo ya esté muerto, pero al menos sabrás que no mentí.
Un escalofrío recorrió mi espalda, la tranquilidad con la que podía hablar de su muerte me desconcertaba. No supe que contestarle, así que solo asentí. Noté como Kakashi se removía incómodo en su asiento en la esquina.
—Incluso el sonido que hacen al caer va cambiando día a día. —continuó.
—¿Qué cosa? ¿Las hojas?
Él asintió.
—Todo tiene su propio sonido. La lluvia de invierno no suena igual que la de verano,
Jamás en mi vida había prestado atención a eso. Para mí la lluvia solo era lluvia; agua que caía desde las nubes y mojaba la ropa. Y nunca me dediqué a escucharla porque cuando niña no tenía permitido salir mientras llovía. Siempre tenía que quedarme dentro de la casa y verla a través de una ventana.
—Nunca pude jugar bajo la lluvia. —confesé. Él me miró extrañado, pero siguió en silencio, probablemente esperando a que yo continuara. —Mi madre no me dejaba salir cuando llovía, a mis hermanos tampoco. Claro que ellos muchas veces se escapaban y me invitaban a acompañarlos, pero yo prefería quedarme en casa. A Mebuki no le gustaba que nos ensuciáramos y sabía que si me enfermaba ella se molestaría aun más conmigo y no se molestaría en cuidarme.
Sin darme cuenta había fruncido el ceño, siempre que Mebuki salía en alguna conversación terminaba sumamente furiosa o deprimida. Ya no quería hablar de ella, ni siquiera quería recordarla.
Permanecí en silencio por unos minutos hasta que él lo interrumpió.
—¿Qué hacías entonces?
—¿Yo? —no entendí muy bien su pregunta y él no se molestó en aclararla. —¿Te refieres a …cuándo era niña? ¿A lo que hacía para entretenerme?
Un movimiento afirmativo de cabeza fue todo lo que obtuve, pero su expresión mostraba una genuina curiosidad brillando en sus ojos. Suspiré resignada, no podía negarme a responderle y menos al ver esa expresión de niño curioso en su cara.
—Mmm…pues, desde pequeña solo me dediqué al piano. —traté de mantener los malos recuerdos atrapados en un rincón de mi mente. —Practicaba casi todo el día, no tenía más pasatiempos, ni tampoco amigos de mi edad cerca de mi casa. Solo jugaba con mis hermanos o mi primo, pero Mebuki no lo permitía por mucho tiempo. Como te dije, no le gustaba vernos sucios ni que hiciéramos mucho ruido. Cada uno tenía que cumplir con sus obligaciones. —bufé. —Las únicas ocasiones en las que podía jugar libremente y ser una niña de mi edad era cuando íbamos a casa de mis tíos o cuando nevaba. Era realmente divertido.
Vi algo cambiar en sus ojos al mencionar la nieve, pero no supe identificarlo y no me atreví a preguntarle. No creía que fuera a responderme de todos modos.
—Ya veo.
Mi vista entonces se fijó en las esposas que cubrían sus muñecas. No fue hasta que él retiró las manos que me di cuenta que estuve a punto de tocarlo.
—¡Ah! ¡Lo siento! —sentí un calor recorrer mi cara y mis orejas. ¿En qué diablos estaba pensando? —¡Lo siento! Yo… es solo…
—No estás acostumbrada a ver esposas.
—No es por eso. —negué con la cabeza. —Se ven muy apretadas. ¿Te lastiman? —le pregunté.
—No. —suspiró. —Están bien así.
Permanecimos en silencio por un momento y yo comencé a jugar con mis dedos nerviosamente. Parecía que íbamos en un sube y baja, cada cierto tiempo alguien —yo—decía o hacía algo que formaba un pequeño bache entre nosotros.
—Dijiste que eras maestra. —soltó de pronto.
—Ah, ¡sí! —suspiré con cierto alivio. —Enseño literatura en la escuela Konoha, pero por ahora solo soy suplente.
—¿Literatura?
—Sí, adoro los libros. —le sonreí. —Los libros y el dibujo, pero no fue hasta que dejé la casa de mis padres que pude dedicarme a ellos. A Mebuki nunca le gustó que hiciera otra cosa que no fuera la música.
—Entiendo.
—Aunque me hubiera gustado aprender a dibujar y a pintar. —suspiré.
—Hazlo.
—¿Eh?
—Dibujar. Aprender. ¿Por qué no lo haces?
—Ehh… no lo sé. No tengo mucho tiempo.
—Mmm…—el desvió la mirada hacia la pared, sin creer mi excusa. Detrás de él, Kakashi miraba el techo, fingiendo demencia. Al parecer él tampoco me creyó.
Apreté los labios. Tenía todo el tiempo del mundo, ¿por qué no me atrevía a aprender a dibujar? Tal vez no tenía talento, pero no lo sabría si no lo intentaba.
—Si lo hago… —cuando regresó a mirarme de nuevo reparé en lo negro de sus ojos. Nunca había visto ese color tan profundo y seguía sorprendiéndome. —¿Te gustaría ver lo que dibuje?
Lo pensó por unos segundos.
—Seguro.
Sonreír cada vez se me hacía más fácil. Era tan extraño.
—Serás el segundo al que le enseñe mi obra maestra. —le aseguré. —Ah, y tú serás el tercero, Kakashi-san.
—¿Solo el tercero? Vaya, gracias por lo que me toca. —bromeó.
Y un par de pequeñas carcajadas escaparon de mi boca ante su comentario.
—Es que si no dejo a mi tía Kushina en primer lugar seguro se molestará y eso sería terrible. Tú debes saber como es ella.
Kakashi se cruzó de brazos y asintió con sabiduría. Eso me hizo reír aun más.
—Tu tía. —la voz de Sasuke llamó mi atención otra vez. —¿Cómo está ella?
Me recargué contra el respaldar de la silla y le sonreí. Si mi tía lo escuchara preguntando por ella seguro se pondría muy feliz.
—Mmm… tiene el tobillo enyesado, pero ya está muy bien. Le dieron un mes de reposo absoluto, pero es imposible para ella quedarse quieta por tanto tiempo. —señalé. —Seguro que ya debe estar en pie, corriendo de un lado a otro.
—Ya veo.
Lo observé por varios segundos, sus ojos negros ahora estaban fijos en la mesa.
—¿Te gustaría… que ella viniera a verte? —noté como su cuerpo se volvió rígido, sus hombros tensos y sus manos apretadas sobre la mesa. —¡Ah, lo siento! No… no creas que quiero imponerte algo. Discúlpame, por favor.
Por un buen rato no dijo nada más y temí en serio haberlo molestado. Sasuke era como un animalito herido y salvaje, debía ir despacio con él, cualquier movimiento en falso podría asustarlo y hacer que se cerrara de nuevo.
—Yo... no me siento cómodo frente a otras personas todavía. —me dijo después de un rato.
—Entiendo, no te preocupes. —traté de sonreírle, aunque en el fondo me sentí un poco nerviosa. Esa declaración significaba que se sentía cómodo frente a mi, o al menos lo suficiente como para querer seguir hablando.
—Menos aun con personas como ella.
—¿Como ella? —fruncí un poco el ceño, no me gustó su comentario.
—Siempre he desconfiado de las personas que se ven demasiado buenas por fuera. —me respondió. —No creo que exista alguien así y hasta ahora me ha resultado. Sigo vivo gracias a eso.
Bajé los hombros, decaída. Tenía razón, toda una vida siendo despreciado por los demás, por personas que decían ser buenas y caritativas, lo habían vuelto desconfiado y receloso.
—Mi tía… ella no es así. —mi voz apenas salió como un susurro. —Podría decirte sus razones, pero no me corresponde hacerlo. Solo sé que si ella te contara sus motivos por querer ayudar a los convictos, tal vez la entenderías.
Podía ver una batalla en sus ojos, un deseo de creer en mis palabras y la otra buscando rechazarlas por completo.
Decidí cambiar el tema.
—Am… ¿tienes un color favorito?
Vi como arqueaba una ceja en mi dirección, probablemente incrédulo del cambio tan brusco de conversación. Incluso Kakashi me miró extrañado.
Aclaré mi garganta y sostuve su escéptica mirada para asegurarles que hablaba en serio. ¿Qué esperaban? Ya se me habían acabado los temas, llevaba hablando más de noventa minutos y era todo un logro.
—Sí... —hizo una breve pausa y desvió la mirada. —Verde.
- o -
Un horrible chirrido a través de los altoparlantes anunció el fin del tiempo de visitas. Kakashi se levantó de su silla y caminó hasta Sasuke, quien se levantó sin decir nada y extendió sus manos hacia el hombre de pelo plateado.
—Bueno, supongo que ha sido todo por hoy. —me dijo Kakashi, terminando de amarrar la cadena que unía sus manos y pies.
Me levanté también.
—Am… ¿está bien que venga la próxima semana? —le pregunté, temerosa de su respuesta. La visita había transcurrido bastante bien, pero no podía darlo por sentado. Era su decisión y cualquiera que fuera la respetaría.
—Sí. —hizo una pequeña pausa. —Si es que aun estoy vivo, claro.
—¡Sasuke! —el hombre mayor lo regañó.
Yo solo pude observarlo en silencio por unos instantes. Él se veía tan indiferente a su situación, tan resignado a que cualquier momento podría ser el último y eso se me hacía terrible de presenciar. ¿De verdad no estaba asustado? Escuchar a alguien hablar sobre su inevitable muerte me provocaba un terrible escalofrío y de pronto me puse en el lugar de mi tía Kushina. Si yo me sentía terrible al oír a Sasuke hablar de ese modo siendo que apenas nos conocíamos, ya podía imaginar todo el sufrimiento que le causaba a ella cada vez que le mencionaba sobre mis ganas de acabar con mi vida.
Fruncí el ceño enojada por mi poca consideración y sacudí la cabeza con mucha fuerza. Al abrir los ojos, los dos hombres me miraban con extrañeza.
—Estaré aquí sin falta. —le aseguré, mirando directamente a los ojos negros de Sasuke.
Kakashi sonrió complacido y se apartó de la puerta para dejarme pasar.
—Será mejor que te vayas primero, Sakura. —me indicó. —Nosotros esperaremos un minuto. No podemos salir al mismo tiempo, recuerda que no se supone que estemos en el mismo lado de la habitación.
Claro, lo había olvidado por completo. Recogí mis cosas rápidamente y me dirigí a la puerta.
—Gracias por todo. —incliné mi cabeza y él me sonrió otra vez. Ya estaba fuera de la sala, pero volteé para dirigirme a Sasuke, cuyos ojos negros miraban el piso. —Nos vemos pronto, ¿bueno?
Lo vi levantar la cabeza y asentir.
—Hasta el próximo jueves…Sakura.
Fue lo último que escuché antes que Kakashi cerrara la puerta. Una sensación extraña me recorrió de pies a cabeza y por alguna razón me hizo apurar mis pasos para salir de ahí.
II
Sasuke
Vi la sorpresa en su cara cuando la llamé por su nombre. ¿Había hecho mal? Ciertamente no estábamos en términos de confianza de amigos, pero no pensé que fuera gran cosa. Su nombre era… lindo y le quedaba bastante. Y a la gente le gustaba ser llamada por su nombre, ¿no?
Al menos eso me había dicho Kakashi.
Pero a diferencia de la gente, a mi eso no me importaba. Después que mi hermano muriera, nadie volvió a llamarme por mi nombre y viví mucho tiempo sin que nadie lo supiera. Siempre hay maneras generales para dirigirse a alguien cuya identidad es desconocida y de cierta forma me acostumbré a ello. Y al ir creciendo y ver que cada vez que alguien conocía y mencionaba mi nombre nunca era por algo bueno, fui odiándolo poco a poco.
Al llegar a prisión fue un alivio creer que siempre sería el prisionero número 7237, pero Kakashi se rehusó a llamarme así y tiempo después un par de guardias siguieron su ejemplo. No lo entendía, si fuera yo ni siquiera me interesaría conocer el nombre o entablar plática con los criminales y asesinos de la prisión, pero a él sí le interesaba. Cuando le pregunté por qué, me explicó muchas cosas que no entendí en su momento y algunas que sigo sin entender. Me parecía extraño, pero me convencí que simplemente así era Kakashi. Y ahora, después de todo este tiempo, de cierta forma se lo agradecía. Porque al escuchar "Sasuke" a cada momento, comenzó a gustarme otra vez y el saber que mantenía mi identidad me hacía sentir tranquilo. Me hacía sentir que al menos alguien reparaba en mi existencia, que no era solo un tipo más envuelto en un viejo uniforme gris.
Y también me hacía atesorar algunos buenos recuerdos de un pasado ya muy lejano.
"- Nii-san, ¿qué es lo que significa tu nombre?
- Mmm… no estoy seguro, Sasuke, pero creo que significa comadreja.
- ¿De verdad? ¿Y por qué te pusieron un nombre tan raro?
- Por el personaje de un libro que le gustaba a nuestra madre… trataba de un grupo de amigos que eran ninjas y tenían muchas aventuras.
- ¡Wow!
- El tuyo también viene de ahí, era un niño muy fuerte, talentoso y valiente. Todos lo querían mucho.
- ¿En serio? ¡Eso es genial!
- Sí, ¿y sabes? Creo que tú serás mucho más fuerte que el Sasuke de ese libro. Estoy seguro de eso."
Kakashi aun no regresa, según lo que oí tendría una reunión con otros oficiales y con la directiva de la prisión y tal vez le tome toda la tarde.
Giré sobre mi cuerpo y quedé de lado, mirando hacia la pared. Me cubrí con la sábana y oculté mi cabeza.
No habrá piano hoy.
No habrá alguien que pregunte cómo estoy o que simplemente me llame por mi nombre.
Estoy solo.
"- Quiero aprender a leer ese libro, Nii-san. ¿Me enseñas?
- Seguro, Sasuke. Apenas nuestra situación mejore, conseguiremos una copia de ese libro y te enseñaré a leer.
Pero nuestra situación nunca mejoró.
chan chan! Y bueno, al fin ya hay un acercamiento pacífico entre esos dos. Y Sakura sufrió un mini infarto al escucharlo decir su lindo nombre. * o *
Juro que escribir la perspectiva de Sasuke siempre me deja con un nudo en la garganta. TToTT
Ojalá les haya gustado. Espero tener el otro listo para la próxima semana.
Matta ;)
Pd: Hago publicidad de mis otros fics SS "El siguiente paso" y "Luces y sombras". Por si quieren darle una miradita.
Saludos viajeros..
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