Disclaimer: One Piece y sus personajes no me pertenecen bla bla bla...


Capítulo 4: Lo siento (parte II)

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A base de incidentes con el espadachín a Sanji se le iban gastando los días para conseguir lo que Iva-san le había pedido. Dos días completos con sus noches habían pasado desde el 'suceso del sake'. Aquel era el tercer día. Apenas quedaba una semana para que la reina okama llegase y le diese su veredicto. Tenía que reconocer que estaba un poco nerviosa. Se moría de ganas por volver a ser un hombre. La vida era mucho más sencilla sin hormonas femeninas.

Después de lo ocurrido, de aquella disculpa susurrada por parte de Zoro, un muro invisible se había levantado entre ellos. El silencio les perseguía dondequiera que fuesen. No encontraban las palabras adecuadas para entablar conversación. Tal vez simplemente no las hubiera.

Lo que había empezado como un juego orgulloso les había acabado haciendo daño a ambos. Y no sabían que podría ocurrir de seguir por el mismo camino. Lo más seguro era que les llevara hacia la autodestrucción… pero después de todo, no eran más que dos idiotas… dos idiotas luchando por salir de un laberinto en el que ellos mismos habían decidido entrar.

El agradable ambiente de los días anteriores había desaparecido por completo. Toda la tripulación parecía haberse contagiado del silencio de Zoro y Sanji. Los ratos que se reunían todos para comer transcurrían tranquilos; demasiado tranquilos. Sólo Luffy seguía siendo el mismo. Pero el capitán no era estúpido. Sabía que las cosas no iban bien. No había más que echar un vistazo a la cara de sus nakama. Pero no quiso decir nada.

Luffy siempre había sabido que sus amigos no le consideraban una persona seria (y no lo era), y que creían que su comportamiento infantil no le dejaba ver la importancia de las cosas a veces. Pero no era verdad. El moreno era perfectamente consciente de lo que estaba ocurriendo pero también sabía que no había nada que él pudiera hacer para solucionarlo por el momento. Por eso había decidido no hablar de ello.

Creía que lo único que podía hacer para que las cosas volvieran a su cauce era esperar, y era algo que le costaba horrores, pues nunca había destacado por su paciencia. Mientras tanto, él seguía comportándose como siempre. Se hacía el tonto y fingía no saber nada al respecto porque lo único que podía hacer era ser tan alegre y despreocupado como siempre y así intentar animar un poco a sus desanimados tripulantes.

Lo que había empeorado significativamente era el humor de la navegante. Nami estaba tan cabreada con esos dos estúpidos que no podía evitar reflejar su enfado en el resto de la tripulación. A causa de ello, se pasaba el día encerrada con sus mapas y no les dirigía la palabra ni a Sanji ni a Zoro. Ni siquiera aceptaba los aperitivos que la cocinera le preparaba con tanto cariño. No estaba de humor para aguantar a dos hipócritas ciegos.

La tensión general del ambiente contrastaba con el buen tiempo que les acompañaba. Era una tarde para disfrutarla en cubierta, recibiendo el baño del sol en la piel. Pero los ánimos no estaban para algo así. De hecho, el barco parecía estar vacío y en silencio.

Nami seguía encerrada y enfadada con el mundo. Usopp y Franky se habían enfrascado en sus respectivos proyectos; Chopper llevaba todo el día en la enfermería delante de un enorme libro de medicina; a Brook le tocaba turno de vigía, así que estaba en su puesto acompañado de su violín. Robin estaba en la biblioteca como siempre y Luffy mataba el tiempo tumbado cerca del timón, mirando al cielo y preguntándose qué podía hacer con aquella incómoda situación.

Y los dos idiotas hacían todo lo que podían por evitarse. Sanji apenas ponía un pie fuera de la cocina y Zoro machacaba su cuerpo en el gimnasio o fuera de él, pero lo más lejos posible de donde estuviera el otro.

Esa tarde en concreto el espadachín había decidido hacerlo al aire libre. El buen tiempo y la tranquilidad del barco le hacían sentirse un poco mejor. Estaba

concentrado en sus enormes pesas en la popa del Sunny. No había nadie alrededor para molestarle y así lo prefería. Desde que había ocurrido lo del sake podía sentir que sus compañeros le miraban de manera extraña. Le molestaba. Pero no les culpaba. Sabía que había actuado inconscientemente; había perdido todo su autocontrol y se había dejado llevar por sus impulsos. Al final el cocinero iba a tener razón y era un idiota sin cerebro…

Estaba en plena sesión de entrenamiento cuando un ruido familiar le hizo darse la vuelta. Había aparecido en la pared una mano, claramente de Robin, que señalaba hacia la biblioteca insistentemente. Resopló con fastidio y contuvo las ganas que tenía de tirar las pesas con fuerza contra el suelo. Habría hecho un agujero enorme y Nami se lo habría hecho pagar caro. Se secó el sudor rápidamente con una toalla y se dirigió arrastrando los pies hacia la biblioteca preguntándose qué tripa se le habría roto a la arqueóloga.


- ¿Qué demonios quieres?

La morena levantó la cabeza de su libro y posó sus ojos en los del peliverde. Éste pudo ver que su mirada no era la de siempre. Robin solía tener una expresión serena y calmada cuando hablaba con cualquiera de ellos. Era una de sus formas de dar equilibrio a la alocada tripulación.

Pero en ese momento la mirada de la arqueóloga era dura y seria, cargada de preocupación. Tenía el ceño mínimamente fruncido, lo suficiente para dejar ver que había algo que la molestaba profundamente.

- Eso mismo iba a preguntarte yo.

Zoro alzó una ceja en señal de confusión. Cuando se dio cuenta de que el asunto iba a ir para largo suspiró resignado y se sentó en el suelo con las piernas y los brazos cruzados sin mirar a Robin.

- Eres tú la que me ha llamado.

- Parecías cansado después de tantas horas entrenando, creí que te vendría bien un descanso. – Robin había vuelto a centrar su atención en el libro que había estado leyendo.

- Pues si no quieres nada más, - el espadachín se levantó visiblemente fastidiado y se encaminó hacia la salida- Me voy. No necesito descansar.

- Por mucho que te mates a entrenar no lo vas a sacar de tu cabeza.

- No te metas donde no te llaman, mujer. – la voz de Zoro era dura y amenazante – Lo que hay en mi cabeza sólo es asunto mío.

- Te equivocas.- Robin cerró por fin el libro y lo puso a su lado- Cuando lo que hay en tu cabeza afecta a toda la tripulación deja de ser sólo cosa tuya.

- ¡Mierda! – Zoro golpeó la pared de madera con tanta fuerza que hizo retumbar las paredes - ¡No es culpa mía! ¡Yo no he buscado esto!

- ¿Seguro?

El espadachín se acercó rápidamente a la arqueóloga y la encaró. Estaba tan enfadado que la morena podía ver como una vena palpitaba en su frente. Aquello era verdadera furia.

- No te atrevas. No te atrevas a intentar analizarme. No sabes absolutamente nada así que no me vengas con chorradas. No tienes ni puta idea de lo que pienso o de lo que tengo en la cabeza. ¡Y no tienes ningún derecho a hacer esto! ¡Es mi problema!

-Vuestro.- añadió la morena muy calmada tras escuchar los gritos de Zoro- Vuestro problema.

- …

Entonces se derrumbó. El peso de la verdad pudo más que toda su voluntad. Robin tenía razón y él lo sabía. No iba a servir de nada intentar sacarlo de su cabeza a base de golpes o esfuerzo físico. Llevaba demasiado tiempo en sus pensamientos.

- Sería más fácil si fuera cruel conmigo.- dijo tras un largo silencio. Había vuelto a sentarse en el suelo y miraba a algún punto indeterminado de la pared, intentando bloquear todas aquellas emociones que le habían asaltado de súbito.

- Ella no puede ser cruel contigo…

- No digas eso.- la cortó el espadachín. Al ver que la morena entrecerraba los ojos buscando la razón de sus palabras, añadió – No digas "ella". Es el cocinero.

- Pero ahora es una mujer.

- ¡Pero sigue siendo Sanji! – su tono de voz, más alto de lo normal, le delataba. Y también el hecho de que hubiera llamado a Sanji por su nombre.

- Volverá a ser un hombre dentro de unos días.- dijo Robin dibujando ya su tranquila sonrisa- Entonces podréis volver a ser los de siempre.

- Tsk…

- ¿No es eso lo que quieres, espadachín-san?

- Claro que si.- su mirada volvía a ser desafiante. No le gustaba que la arqueóloga intentara confundirle – Nunca he dicho lo contrario.

- Bien.

- Bien.- repitió él dando por zanjado el asunto.

- Aún no has contestado a mi pregunta.- la voz de Robin le detuvo de nuevo antes de que pudiera marcharse de la biblioteca.

- ¿Qué pregunta?- gruñó Zoro.

- La misma que tú has hecho. "¿Qué demonios quieres?".

- Je…- Zoro era consciente de que estaba dejando ver demasiado. Sabía que Robin estaba viendo a través de sus palabras y sus actos en ese momento. Lo sabía pero ya le daba igual- Si lo supiera no tendría… no tendríamos este problema.

La morena le dio una sonrisa por respuesta y se enfrascó de nuevo en su libro dando a entender que ya podía marcharse. Ella ya había recopilado toda la información que quería.

El espadachín se agachó junto a la trampilla que daba a las escaleras y antes de levantarla para irse se dirigió a su nakama por su nombre.

- Oi Robin…- tras un breve silencio para asegurarse de que le prestaba atención siguió- lo siento por… lo de antes.

Antes de que ella pudiera siquiera contestar, la trampilla se abrió bruscamente golpeando al peliverde en la cara. No fue un golpe excesivamente fuerte, pero si lo suficiente como para hacerle caer de espaldas.

Una cabeza rubia asomaba por la trampilla con expresión contrariada. Miró a Zoro, miró a Robin, y la arruga de su entrecejo se acentuó más.

Subió por fin con la bandeja que traía con café recién preparado para la arqueóloga.

- Robin, te traigo un poco de café…- dijo dejando la bandeja cerca de la morena y se giró hacia el peliverde que seguía en el suelo agarrándose la barbilla en la zona que había sido golpeado- ¿Qué haces tú aquí?

- ¿No vas a disculparte? – le respondió a su vez con otra pregunta, evitando ya de paso contestar la que le habían hecho a él.

- ¿Disculparme? No he hecho nada por lo que deba disculparme.- le miraba con los ojos entrecerrados, como si fuera ella quien estuviera esperando una disculpa.

Zoro ni siquiera respondió. La miró con expresión enfadada y salió de allí tan rápido como pudo dejando solos a Sanji y Robin.

La morena había observado el accidentado encuentro de principio a fin mientras su cabeza trabajaba a toda velocidad. Estaba buscando algo, esa pieza que le faltaba para terminar el rompecabezas… pero había encontrado algo más interesante.

- ¿Qué hacía él aquí? – la pregunta de Sanji fue tan directa que casi la pilla por sorpresa.

- Nada en especial.- respondió sin darle importancia al asunto- Sólo estábamos hablando.

- Ya… "Hablando"…

Robin ni siquiera intentó esconder su sonrisa. La rubia había dejado más que claro con sus últimas palabras lo que pensaba de la incómoda situación que acababan de vivir.

El ojo visible de Sanji lo reflejaban a la perfección. Lo que ardía en sus pupilas eran celos. Unos celos que le corroían por dentro. Y no por ella precisamente. Era todo un acontecimiento lo que acababa de ocurrir. Robin se había convertido en el objetivo del sarcasmo de Sanji. No era necesario que dijera nada más; ya había visto suficiente.

- Gracias por el café, cocinera-san.- sonrió para calmar el ambiente y aquello hizo que Sanji se sintiera culpable. Culpable de nuevo.

- No es nada.- dijo dispuesta a marcharse- Te dejo, tengo muchas cosas que hacer…

Y desapareció por la trampilla sin dedicarle ni una sola sonrisa, ni una mirada a su compañera.

Se encerró en la despensa, donde nadie la buscaría. Se sentó a oscuras en el frío suelo con la respiración agitada y el corazón en un puño. Había ido corriendo hasta allí para no tener que encontrarse con nadie. Especialmente con él.

Golpeó el suelo repetidas veces. Lo golpeó hasta que le dolieron los puños. ¿Por qué estaba tan furiosa? ¿Por qué apenas podía contener sus ganas de llorar de rabia? Estaba confusa. Y dolida. Y se sentía terriblemente sola. Intentaba culpar de ello a las hormonas femeninas pero sabía que eso sería un burdo intento de auto-engaño.

¿Cómo un día podía torcerse tanto tan fácilmente?


FLASHBACK

La cocina era un desastre. Sanji estaba horrorizada y enfadada consigo misa. No podía dejar que aquella situación la afectase tanto. No dormía, apenas comía y, lo que era peor, no cumplía bien con sus deberes de cocinera.

No es que su cocina hubiera dejado de ser lo que era. Seguía siendo una maravilla. Simplemente no podía cumplir con los horarios que se había establecido; le costaba ponerse a cocinar y más aún ponerse a recoger. No podía permitir que esa situación continuara. Si le iba a impedir trabajar bien, lo mejor era zanjar el asunto.

Sanji había llegado a esa conclusión. Y eso la animaba un poco. Al menos aún tenía voluntad para algo. En cuanto terminase con sus obligaciones iría a hablar con el marimo. Iba a tragarse su infinito orgullo.

Un poco más contenta, limpió la cocina a toda velocidad y preparó un aperitivo para sus nakama. Dejó la comida en la mesa; ya llamaría a Usopp y Franky para que fueran a por ella. A Luffy no hacía falta llamarle, él mismo acudiría al olor de la comida. Y Nami… era mejor no molestarla. Sabía que estaba muy enfadada así que había dejado su ración guardada celosamente en la nevera.

Puso en una bandeja té para Brook, un trozo de pastel para el doctor y café para la arqueóloga; tras ello, salió de la cocina sintiendo cómo el buen tiempo le mejoraba considerablemente el humor.

Subió a darle su té a Brook y pasó por la enfermería, dónde un agradecido Chopper cogió con ansia el pastel. Sólo le quedaba Robin-chan y podría hablar con el marimo…

Y hablando del marimo…

Sanji se agachó junto a las enormes pesas que Zoro había dejado abandonadas allí en medio. Cogió con dos dedos la toalla blanca y vio que aún estaba húmeda por el sudor de Zoro. Contuvo sus ganas de oler aquel trozo de tela. Se sentía enferma sólo de pensarlo.

Lo raro era que el espadachín hubiera dejado su material allí tirado. ¿Dónde podría estar? Se decidió a buscarlo tras darle el café a Robin-chan. Quizás había tenido que ir al baño…

Pero descubrió lo equivocada que estaba.

Cuando estuvo cerca de la biblioteca pudo oír voces dentro.

¿Es esa la voz de Zoro…?

Subió en total silencio la escalera que daba a la entrada, intentado entender algo de lo que decían.

- Oi Robin… lo siento por… lo de antes.

Casi se le cae la bandeja de la impresión. No podía creer lo que estaba escuchando.

Guiada por el impulso, abrió con fuerza la trampilla y se coló dentro.

Esperaba encontrarles juntos, sentados el uno al lado del otro. Esperaba ver en sus caras un atisbo de miedo por haber sido sorprendidos…

Si era así, sabían disimularlo muy bien.

Tras el accidentado encontronazo en la biblioteca consideró que la mejor opción era salir de allí cuanto antes y esconderse en algún lugar oscuro y silencioso. Así nadie podría ver las lágrimas que amenazaban con escaparse de sus ojos…

FIN DEL FLASBACK


Sanji intentaba calmarse como podía. Intentaba decirse a sí misma que sólo estaba sacando conclusiones precipitadas. ¿Cómo iban a tener algo Robin-chan y el idiota del marimo? Era simplemente imposible.

Pero aquellas palabras… Zoro había llamado a Robin por su nombre. ¿Desde cuándo la llamaba Robin tan despreocupadamente?

Y esa disculpa… ¿Qué demonios significaba? Se devanaba los sesos buscándole un sentido mientras sentía que su pecho iba a explotar.

Además estaban los dos solos… en la biblioteca… y la arqueóloga le había dado largas cuando preguntó.

No quería creerlo pero nada más podía darle sentido. No encontraba otra explicación.

Pensándolo bien, no era extraño que Zoro y Robin estuvieran juntos… ella era una mujer más que atractiva y él… desde que lo vio aquella noche en cubierta pudo comprobar lo perfecto que era. Era un poco idiota, pero seguro que una mujer como Robin podría hacerle madurar. Si lo pensaba fríamente, parecían hechos el uno para el otro…

¿Entonces por qué le dolía tanto a ella? ¿Por qué se la estaban comiendo los celos?

Debería alegrarse por ellos… ¿no?

Eso sería volver a mentirse a sí misma.

Lo sabía y por eso estaba tan rota por dentro. Sabía que no podía alegrarse por ellos porque en el fondo ella…

Agitó la cabeza con fuerza. Tenía que alejar esa idea descabellada de su mente. Todo aquel asunto de la conquista había sido una estupidez. Tenía que olvidarlo. Olvidarlo para siempre.

De nuevo… volvía a mentirse.

No podía olvidarlo. Ya era… demasiado tarde.

Cuando pensaba en el marimo no podía recordar nada más que su disculpa susurrada y su suave beso. Era imposible que pudiera sacar eso de su mente.

Ahora era su cabeza la que se golpeaba contra el suelo. Era todo culpa suya. Ella había comenzado el juego sin ser consciente de las consecuencias. Debería haber sabido que algo así podría pasar. Tendría que haberse dado cuenta de que corría el riesgo de quedar atrapada en el juego.

Se sentía tan confusa y contradictoria… hacía apenas un par de días; justo después de escuchar aquel suave "lo siento" saliendo de los labios de Zoro se había planteado muchas cosas. Se sintió tan culpable al verle así, al ver esa expresión de derrota en sus ojos… después de ver en Zoro la melancolía personificada se sintió terriblemente mal. Porque quería ser egoísta y no podía. Quería volver a ser un hombre y para ello tenía que utilizarle, engañarle, jugar con él. Pero no se sentía capaz de ello. No podía elegir entre su propio bienestar y el de Zoro. Era como estar entre la espada y la pared, con dos alternativas igualmente malas.

Eso había estado sintiendo Sanji… hasta esa misma tarde. Había creído que se sentía culpable pero tuvo que aparecer una tercera persona para que se diera cuenta de que en realidad no era la culpabilidad la causa de esa angustia en su pecho. Y eso lo hacía todo mucho más difícil. Es muy fácil herir a una persona cuando no te importa pero, en cambio, si lo que sientes es…

Al ser consciente de la verdad no pudo menos que echarse a llorar como una niña pequeña. Lloró de dolor y de rabia; de inseguridad, de confusión… lloró hasta quedarse sin lágrimas; hasta quedarse sin fuerzas.

Lloró hasta que una voz la llamó suavemente desde el otro lado de la puerta.

- Cocinero, ¿...estás ahí?


Jujujuju... soy consciente de que lo dejo en el mejor momento, pero así es más divertido :P

Este capítulo me ha llevado mucho más tiempo del que pensaba. Por más que lo escribía y reescribía no acababa de convencerme. Terminé teniendo tres versiones diferentes del capítulo cuyo resultado ha sido esto. No me matéis por favor, sé que es un capítulo que no aclara demasiadas cosas pero bueno, paciencia ^^

Intentaré ser rápida para actualizar pero estoy a apenas dos semanas de los exámenes y, sinceramente, no los llevo muy bien xD Además tengo que actualizar también el otro fic que tengo empezado "Marimo de Navidad"... si es que no sé como me meto en estos líos xD

En fin, ojalá la espera haya merecido la pena y hayáis disfrutado del capítulo. Espero vuestras quejas/opiniones/lo que queráis, como siempre, en los reviews ^^

Besos a todos y feliz navidad! :D

Aiko.