Los personajes no me pertenecen. La historia es producto de mi imaginación. Modificado.
CAPÍTULO IV
Los días transcurrían demasiado rápido para la joven. No tenía tiempo para pensar en Sasuke y en los sentimientos que albergaba su corazón; su único interés radicaba en ganar a Neji. Se había acostumbrado a la monotonía de la mansión, al piar de los pájaros del jardín, a los cuchicheos de los criados, a respetar el silencio de su profesor.
El murmullo del agua al caer relajaba a la chica, que se quedaba varios minutos contemplando la fuente, mientras alguna que otra rana croaba. La chica siempre se sentaba en el césped y, en cambio, Neji se quedaba rezagado, de pie, observando a la joven y contando los pájaros que volaban por encima de sus cabezas.
Neji estaba aprendiendo a convivir con ella, con una persona parlanchina e inquieta, dándose cuenta de lo poco que la conocía, habiéndola juzgado desde el primer momento en que la vio como un estorbo en cualquier misión "y una tonta, enamorada de un traidor". Por las noches, cuando la joven dormía, ya que dormía en la habitación contigua a la suya, la escuchaba gritar en sueños el nombre de Sasuke; nunca se había atrevido a entrar en su habitación para no invadir la intimidad de la chica. Él no conseguía dormir más de tres horas, estando alerta a cualquier sonido extraño que hubiese en la casa.
La madre de Hinata, la Sra. Hyuuga, fue una de las Geishas más reconocidas de la aldea de la hoja, dejando prendado al Sr. Hyuuga con su belleza. Dejó de ser geisha a los pocos años de haberse convertido en una de las más reclamadas de la aldea. Sus ojos rasgados, con alguna que otra arruga a su alrededor, mostraban los duros años de enseñanza a los que se vio sometida en su juventud. Nadie hubiese pensado que esa joven, sin dinero y con un mediocre estatus social, se convertiría más tarde en la matriarca del clan Hyuuga.
La mujer estaba en una sala con Sakura, preparando a la joven para que se convirtiera en una geisha.
— Sakura, la agilidad mental, el tacto para saber cuándo cambiar de tema, cuándo ofrecer más sake o declinar el convite, cuándo demostrar conocimientos sobre algo o cuándo fingir la más absoluta ignorancia, ésas son las claves para ser una geisha —dijo la Sra. Hyuuga.
— De acuerdo. Sí, ya sé que una geisha es una actriz.
— Exacto. No obstante, tendrás que aprender a jugar con la seducción.
La Sra. Hyuuga le explicaba todos los pormenores de ser una geisha. Sakura asentía, memorizando todos los datos en su mente, no quedaba mucho tiempo para comenzar la misión.
— Bien, veo que has asimilado todo lo que te he enseñado: los bailes populares, a tocar la flauta de bambú, los poemas y las canciones del teatro kabuki. Además, estás demostrando ser una buena alumna y no me extraña que Tsunade esté tan contenta contigo —reveló. Sakura se sonrojó con el comentario de la Sra. Hyuuga. — Hoy te enseñaré como se hace la ceremonia del té.
Estuvieron varias horas practicando la ceremonia del té sin descanso: repasando los múltiples objetos necesarios a la hora de servir el té, la manera en que tenía que servirlo y la forma de limpiar la taza.
— Recuerda que, a la hora de servir el té, tienes que permitirle a un hombre ver una parte de tu cuerpo a la que ningún otro tiene acceso.
— De esta forma —dijo Sakura sirviendo el té y enseñando la piel del antebrazo.
— Exacto. No obstante, esto quedará mucho mejor cuando tengas puesto el kimono. ¡Reika! —llamó la Sra. Hyuuga.
A los pocos segundos, una joven apareció en la puerta e hizo una reverencia a la matriarca del clan.
— Tráeme el maquillaje y el kimono.
La muchacha asintió con la cabeza e hizo otra reverencia antes de marcharse.
— Se me hace tarde y tengo que seguir entrenando con Neji —dijo Sakura al ver como Reika estaba trayendo lo que le había pedido la matriarca.
— Hoy no entrenarás con mi sobrino. Dentro de unas cuantas horas debutarás como una geisha para nuestros invitados —reveló la mujer.
— ¿Cómo? No estoy preparada, es demasiado pronto…
— ¡Tonterías! Tsunade va a venir a verte.
— No me siento capacitada.
— He dicho que esta noche será tu primer debut como geisha y no quiero que me repliques. Soy tu maestra o, en este caso, tu hermana mayor. Siéntate y relájate.
Sakura se sentó en la silla más próxima. La Sra. Hyuuga comenzó a aplicar, con suaves masajes, el aceite al rostro de la joven.
— Reika, mezcla el agua con el polvo blanco. ¡Ten cuidado con la cantidad! —ordenó. Luego, cogió la brocha de bambú, empezando a maquillar la piel con los polvos blancos, y dejó el cuello al descubierto con forma de "V". Más tarde, cuando el maquillaje hubo penetrado en la piel de la joven, pasó una esponja por toda la cara, retirando el exceso de humedad y dando mayor uniformidad al maquillaje.
— Sakura, cierra los ojos. Te voy a remarcar las cejas y los ojos con el carboncillo negro.
La Sra. Hyuuga dio suaves pinceladas, dibujando, como si de un cuadro se tratase, unas cejas muy finas. Su pulso era firme y con un brochazo terminó de trazar los labios de la joven, dándole un color rojizo en estos.
Con ayuda de Shizune la mujer procedió a vestir a la joven, no sin antes haberle hecho el peinado correspondiente: un chingnon aplastado, vendado con una cinta de color verde. El kimono, hecho con la mejor seda de la aldea, celeste y con flores de diferentes colores, se ajustaba a la perfección al cuerpo de Sakura. La mujer, junto con la criada, procedió a atar el obi, de unos ocho metros de longitud, a la cintura de la joven.
— Mírate, Sakura
La chica cogió el espejo que la matriarca del clan Hyuuga le ofrecía. Su boca se abrió con asombro. El reflejo que se proyectaba era el de una mujer de exquisita belleza, no dejando huella del rostro infantil que se escondía bajo aquella máscara de maquillaje.
— No puedo creer que esta…
— Pues créetelo. Sin duda alguna esa eres tú. Te dejaré descansar. Recuerda que a las nueve tienes que ir hacia la sala principal, allí te esperarán los invitados. Mandaré más tarde a mi sobrino para que te recoja. Relájate.
— Puedo ir sola —objetó.
La Sra. Hyuuga la miró fijamente con sus grandes ojos negros.
— Como usted quiera.
Sakura hizo una inclinación y se dirigió cuidadosamente hacia su habitación.
Los nervios de la chica se iban incrementado a medida que el tiempo iba avanzando, quedando una hora para la llegada de los invitados. Poco a poco, el sol iba ocultándose en el horizonte dejando paso a una hermosa luna llena, oscureciéndose el cielo a la vez que aparecían las estrellas, pequeñas luces imposibles de alcanzar.
Neji se quedó parado y, ante la escena que sus ojos estaban presenciando, no pudo articular ningún sonido. Ahí, sentada bajo la luz de la luna, se encontraba Sakura, con los párpados cerrados, vestida con el kimono y cantando. Se veía diferente y sexy, al menos eso pensaba el joven. Siempre había reparado en la belleza de la joven, era difícil pasar por alto ese detalle, pero jamás pensó que le hipnotizaría de tal forma que, aunque quisiera, no podía dejar de observarla.
El ulular del búho sacó de sus ensoñaciones a Neji y se acercó a la chica.
— Siento no haber podido entrenar hoy…
— No tienes que disculparte. Ya me lo ha explicado mi tía.
— ¿Entonces ya es la hora? —preguntó la joven.
— Todavía falta. Mañana tendremos que entrenar desde muy temprano. ¿Te ocurre algo, Sakura?
El joven comprobó que la chica estaba temblando.
— Estoy nerviosa. Nunca imaginé que tendría que aparentar ser algo que no soy. No sé si estoy capacitada para esta misión…hay otros ninjas médicos más preparados que yo; en cambio, yo no sé si podré...
— Calla. No pienses eso. ¿Crees que si Tsunade no pensara que eres capaz de infiltrarte te hubiese elegido?
— Pero si todavía no he conseguido evadir la técnica ilusoria…
— No es fácil. Te diré un secreto: a la mayoría de los ninjas les cuesta varios meses aprenderla.
— Sí, pero no disponemos de todo ese tiempo. El tiempo se agota y dentro de un par de días tendremos que marchar.
— Cierto, pero sé que lo conseguirás. Tsunade confía en ti, por lo tanto, yo también confío en ti.
Sakura se irguió, quedándose delante del joven, y le miró fijamente a los ojos. Sus labios se curvaron, formando una sonrisa, y susurró:
— Gracias, Neji.
— No tienes que dármelas. Sólo estoy diciendo lo que pienso.
La chica se inclinó más hacia el joven, aproximándose más a él, y beso suavemente su mejilla. Neji se sobresaltó, no esperaba esa reacción por parte de ella, y dio un paso atrás. Se quedó mirándola temeroso y a la vez asombrado, ardiéndole sus mejillas por ese repentino gesto de gratitud, nadie se había atrevido a darle un simple beso en la cara. La chica agachó la cabeza.
— Lo siento. No debí… prometo que no volveré a hacerlo — se disculpó.
Neji estaba perplejo. No podía creer lo que estaba escuchando, ahora se estaba disculpando porque pensaba que le había molestado.
— No es necesario que te…
— De verdad, lo siento mucho.
Sakura corrió por el pasillo, dejando al joven con las palabras en la boca. No sabía en qué momento se le ocurrió besar al joven, nunca se había atrevido a dar ningún beso a nadie, ni siquiera en la mejilla. Lo achacó al nerviosismo de la situación y a la sinceridad de Neji, al decirle que no se preocupara, que todo saldría bien.
— ¡Genial! —exclamó.
Tratándose de una misión secreta los únicos invitados fueron Tsunade y Jiraiya, ambos ataviados con sus kimonos más elegantes. La familia Hyuuga dio la bienvenida a la Hokage y al sannin con una respetuosa reverencia, reverencia que fue correspondida. Tsunade contempló a su alumna, admirando cada rasgo de la joven, y corrió a abrazarla; mientras, Jiraiya observaba embobado la escena, sin poder evitar imaginarse a Sakura en uno de sus libros.
La velada fue transcurriendo con tranquilidad. Sakura tocó la flauta, cantó y entretuvo, como era de esperar de una buena geisha. Todos, y sobre todo el joven Hyuuga, se asombraron del cambio que había dado la joven. . — Sakura, ¿puedes venir? — preguntó la Sra. Hyuuga.
— Disculpadnos, enseguida volvemos — respondió la joven, inclinando la cabeza.
Ambas mujeres se retiraron hasta el jardín, iluminado por la luz de la luna.
— Lo estás haciendo muy bien, pero se te ha olvidado una cosa: tienes que seducir y no lo estás haciendo.
— ¿Pero como voy a seducir a Jiraiya o al Sr, Hyuuga? Me niego a ello…
— No estoy hablando de ellos…
— ¿Neji? — preguntó sorprendida.
— Exacto. El nunca ha tenido ninguna relación, pasa de las mujeres. Si consigues que quede embobado mirándote, te habrás convertido en una verdadera geisha — declaró la mujer.
— ¿Acaso crees que Neji se fijaría en alguien como yo? Además, no quiero engañar a nadie.
— No es engañar, es tu misión. No importa qué es lo que tengas que hacer para cumplirla, lo importante es que salga todo como se ha previsto.
— De acuerdo.
Al regresar, encontraron a Tsunade bebiendo directamente de la botella de sake, Jiraiya hablaba con los hombres de temas triviales e Hinata contemplaba la situación sin articular ninguna palabra.
— Perdonen el retraso —se disculpó Sakura. — ¿Más sake, Neji?
El joven asintió. Sakura comenzó a servir sake, dejando entrever su muñeca, pálida y delicada, y se sentó a su lado. Neji no pudo evitar mirar el trozo de piel que había quedado al descubierto, descubriendo que sólo él podía contemplarlo, sintiéndose feliz de que ninguno otro pudiera ver aquella deliciosa piel.
La Sra. Hyuuga observó todo, sintiéndose satisfecha con su alumna, descubriendo que su sobrino no sólo le atraía Sakura sexualmente, sino que detrás de esa máscara escondía algo más profundo por la chica.
— Hinata, si eres tan amable retírate a tu habitación —ordenó el Sr. Hyuuga.
— De acuerdo. Con vuestro permiso me retiro a descansar —se inclinó sutilmente y salió de la habitación.
— Tenemos que adelantar la misión. Mañana por la noche tendréis que salir de aquí, hemos descubierto que hay espías en Konoha —declaró la Hokage.
— ¿Y no sabéis quien puede ser el espía? —preguntó la chica.
— Naruto y Kakashi están investigando. Tenemos varios sospechosos, pero no hay pruebas que puedan demostrarlo.
— ¿Cómo va tu entrenamiento, Sakura? ¿Crees que estás lista para infiltrarte?
— Creo que podré hacerlo. No debo de fallar.
— Si fallas no sólo tu vida estará en peligro, sino la de Neji también —reveló el Sr. Hyuuga.
— Soy consciente de ello, Sr. Hyuuga. Por eso mismo, estoy poniendo todo mi empeño en aprender lo más rápidamente que pueda.
— ¿Tienes algo que decir, Neji? —preguntó Tsunade.
— Supongo que para mañana estará lista. Ha aprendido con rapidez.
— Esa es mi alumna —sonrió Tsunade
— Ya esta todo preparado para vuestra marcha. Tenéis que tener mucho cuidado por el camino, está lleno de espías del sonido…
— Y de la Akatsuki —interrumpió Neji a Jiraiya.
— Cierto, Neji tu te encargarás de dejar a Sakura en el lugar acordado. Nos han llegado noticias importantes: Sasuke ha matado a Orochimaru. —reveló Tsunade mirando a Sakura.
La joven sonrió. Se sintió feliz al saber que Sasuke volvería a Konoha, a su hogar, al equipo siete, a su lado. Tsunade la contempló seriamente, Neji se sintió triste al ver la alegría de la joven, Hiashi desaprobó la actitud de Sakura y la Sra. Hyuuga comprendió la felicidad de la joven.
— No deberías alegrarte por la suerte de un traidor. Él desertó, dejó a Konoha, muchos fueron heridos de muerte por intentar traerlo de vuelta. ¿Acaso lo has olvidado? Intento matar a Naruto y Neji casi muere —aclaró Hiashi.
— Lo sé, pero él es mi amigo.
— Menos mal que es tu amigo, porque Naruto también lo creía y estuvo a punto de morir en sus manos.
Hiashi no podía tolerar la actitud que tenía la joven.
— Él no volverá. Él sólo busca vengarse de Itachi, de su hermano —dijo Neji.
— Eso no es cierto, ¿acaso no ha eliminado a nuestro peor enemigo, aquel que mató al tercer hokage? Deberíamos darle la oportunidad…
— No te preocupes, Sakura. Tienes razón, ha eliminado a uno de nuestros peores enemigos, pero no sabemos que intenciones tiene con Konoha. Debemos tener mucho cuidado. Si él vuelve le daremos la oportunidad que se merece —declaró Tsunade.
— Gracias, Tsunade. ¿No crees que deberíamos evitar que se enfrentara a Itachi?
— De momento no vamos a intentar nada, sólo sabemos que Sasuke está reclutando un ejército para atacar a Akatsuki. Todo esto nos da mucha ventaja, porque si atacamos todos a la vez lograremos derrotar a Akatsuki. Tenemos que localizarle y proponerle una alianza.
— Pero no podemos garantizar nada. No sabemos si estaría dispuesto a colaborar con Konoha y con la Arena…
— Estoy segura que volverá —declaró Sakura.
Notas de la autora: Modificado unas cuantas frases para dar mayor coherencia. Revisado y corregido faltas de ortografía, pero si véis alguna avisadme.
Muchas gracias a todos, en especial a PAME. :P
