Te mataré! Último capítulo.

Shun descansa en su lecho,

esperando su becho

del verdadero amor...

Mil damas bajo techo

se aferran a su pecho

y pellizcan su corazón...

Jabú entonaba despacito la cancioncilla que se había inventado cuando llegaron a las cien postulantes que besaban a Shun y no lograban nada. De eso ya habían pasado cuatro días y más de trescientas mujeres apasionadas. Nadie llevaba la cuenta exacta, ni siquiera Ikki que, sentado en la cabecera, vigilaba que ninguna de las damas besadoras se excediera en su pasión.

(Bueno, sí; Jabú llevaba la cuenta, ya que informalmente cobraba un dólar por el privilegio de besar al astro del cine internacional)

Todas parecían cortadas por la misma tijera: llegaban con los ojos llorosos, aparentando mucha lástima y compasión por el problema de Shun, luego aseguraban ser su verdadero amor y se lanzaban sobre el dormido para darle un apasionado y jugoso beso, aprovechando de manosear un poco. Finalmente eran sacadas por Ikki a la fuerza, gritando que necesitaban otra oportunidad.

June lo contemplaba todo desde una esquina.

Había sido la primera en ponerse a la fila, golpeando cruelmente a Eri y a Sheena que también deseaban probar suerte. Pero, en el momento del beso, se había arrepentido. Estaba comprometida con otro hombre, había dicho, y aunque su marido oficial aseguró que no le molestaba que probara, ella se apartó. Y había pasado la mayor parte del tiempo mirando como otras besaban al que había pensado que fue su gran amor.

La vida nos separó, pensaba para consolarse, aguantando las ganas de lanzarse sobre él y besarlo. Pero tenía miedo, demasiado miedo de que él no despertara.

¿Por qué se habían arruinado las cosas?

Cuando él había vuelto a la superficie, después de la última guerra, le había dicho "he vuelto a ti". De eso ya habían pasado más de quince años, y June aún recordaba las mariposas en el estómago. Pero no eran de pura emoción, sino de miedo. Miedo de no poder amarlo como se merecía.

Se lo dijo, y Shun sonrió tan dulcemente, para luego decirle que él se ganaría su amor. Y continuó de la misma forma, visitándola todos los días, componiéndole canciones, tocando para ella piano y guitarra, a veces todo a la vez, besándola con ternura y mirándola como si ella, y sólo ella, fuera la Diosa para él.

June no se sintió digna de tanto amor. La responsabilidad era demasiada. No era capaz de ser su Diosa , y se lo dijo. Shun sonrió dulcemente, como siempre, y le dijo que se contentaba con amarla sin obtener nada a cambio. Esto desesperó más aún a June, que aunque lo amaba, se sentía incapaz de corresponderle como él se lo merecía.

Un año fue lo que duraron juntos. Hyoga, cuando pasaba el tiempo con ellos, se burlaba de su casta relación; él ya había pasado por tres novias, Fler, Eri y Sheena, mostrándose muy orgulloso de lo que había logrado. Shun lo regañaba, diciéndole que el corazón de una mujer era el tesoro más preciado del mundo.

Todas las otras chicas le envidiaban a June el novio que tenía. Le decían que era tan perfecto, tan amable, tan dulce, tan simpático, tan considerado, que ella tenía tanta suerte en estar con él... así que ella se desesperó más aún y una noche al fin convenció a Hyoga de la conveniencia de pasar más tiempo juntos.

Hyoga era humano, y la tentación, demasiado grande; continuaron el juego por un tiempo, pues June se sentía sumamente feliz de ser tan solo una simple mujer para Hyoga. Hasta que Shun los descubrió.

Casi hubiera preferido que le gritara o la golpeara. En cambio él, con toda la calma del mundo, le preguntó las razones. Y ella, extrañamente tranquila, se las dijo. Claro que ahora, al expresarlas en voz alta, le parecían las peores razones del mundo, y poco a poco se dio cuenta de que había sido una estúpida. Entonces se lanzó a llorar y a suplicarle a Shun su perdón. Hyoga, en un rincón de la habitación, se vestía calladamente, mirándola con compasión.

Siempre encontró injusto que Shun no le hubiera pedido explicaciones a su amigo. Quizás le hubiera gustado saber que Shun dejó de hablarle a Hyoga por varios años.

June no pudo arreglar las cosas con Shun, aunque hizo lo imposible por lograrlo. Poco después Shun se hizo famoso como modelo, después como actor, cantante, empresario, y ya nunca volvió a verlo en vivo y en directo. Bueno, excepto cuando se topaban en la misma fiesta y él pasaba a su lado con una sonrisa indiferente, de la mano de distintas mujeres.

Tal vez nunca dejó de amarla, pensaba, por eso trataba de olvidarla con una y mil chicas que se le ofrecían.

Hizo de tripas corazón, y se acercó a la cama donde ahora Shun reposaba tranquilamente. Le rogó a todos los dioses que le concedieran una nueva oportunidad. Arrojó lejos a la mujer que estaba junto a Shun, tratando de despertarlo, y entonces June vio la luz...

Besó a Shun poniendo en ese acto todo el amor que había guardado para él por tantos años.

Escuchó como en un sueño los reclamos de las mujeres que estaban en la fila esperando pacientemente su turno...

"Hola, hermosa", esperaba que él dijera, pero lo único que se escuchó fue un leve ronquido.

Humillada a más no poder, June se retiró del lugar con su corazón destrozado.

Ikki, sentado a la cabecera del lecho de su dormido hermano, miraba con pena a June, y con más pena a su hermano, pensando que si June, la única mujer que Shun había amado, no logró despertarlo, entonces nadie podría.

-No vale la pena seguir – murmuró. Pero no hizo nada más, porque aún esperaba un milagro y que una de esos cientos de mujeres fuera el verdadero amor de su hermano.

Pasaron tres días más y el flujo de mujeres finalmente se detuvo. Shun seguía durmiendo.

Shunrei, Saori y Miho se reunieron alrededor de la cama de Shun.

-Sólo quedamos nosotras – dijo Saori – Las únicas que no lo hemos besado.

A Ikki comenzó a palpitarle la vena.

-Quizás alguna de nosotras ha logrado despertar en él sentimientos distintos a los de una simple amistad – opinó Miho.

Jabú sintió como la sangre se le subía al rostro.

-Seríamos muy malas amigas si no le damos la oportunidad de despertar – repuso Shunrei.

A Shiryu comenzó a temblarle un párpado.

-Pero bésenlo con cuidado, que tiene la boca muy hinchada – pidió Ikki, dejando de lado sus miedos.

Miho se inclinó y suavemente lo besó. Nada.

Shunrei se acercó a él y rozó sus labios. Nada.

Saori, segura de su poder de Diosa, le dio un beso apasionado. Nada. Sólo un débil ronquido.

Las haditas, que todo el tiempo habían estado mirando lo que pasaba, se manifestaron ante ellos riéndose con ganas.

-¡Nunca dijimos que tenía que ser por obligación una mujer! - dijo una de ellas.

Al momento, todos los ojos se clavaron en Hyoga.

-¿Qué? - preguntó éste.

Shiryu sonrió socarronamente.

-Vamos, todos sabemos... ¿Recuerdas lo que pasó en Libra?

Hyoga se puso pálido.

-No sé de lo que hablas. Nada pasó en Libra.

Shiryu sonrió más aún.

-Estabas congelado y él se quedó para...

-¡Sólo me ayudó a sobrevivir! ¿Acaso es un pecado?

-No, no lo es – dijo Ikki – Y te doy mi bendición, viva la diversidad.

Hyoga se puso más pálido.

-¿Insinúas que yo debería...?

-Sólo insinúo que mi hermano fue capaz de dar su vida por ti – repuso Ikki – Y veo que tú no eres capaz de nada por él. ¿Y además, no contribuiste a romperle el corazón cuando le quitaste a su novia? Creo que es hora de que hagas algo por mi dulce hermano.

-¡Yo no voy a besar a un hombre! - gritó Hyoga.

-Yo creo que él sí lo haría por ti – suspiró Ikki – Mi hermano es muy noble cuando se trata de ayudar a un amigo.

-¡Estás loco! ¡Sabes que él tampoco besaría a un hombre!

-Podemos ponerle una peluca rubia para ayudarte – sugirió Shunrei.

Y de pronto, no supo cómo, Hyoga se encontró encaramado en la cama de Shun, mientras los demás le daban ánimos y le hacían porras.

Eso fue demasiado para Hyoga; los encaró y los congeló a todos con un leve polvo de diamantes.

El congelamiento les duró diez minutos; cuando se recuperaron, Hyoga se había marchado a emborracharse, según le explicó a Tatsumi. Ikki, desanimado, se sentó a la cabecera de su hermano y lo contempló, aguantando las lágrimas.

-¿Podrían dejarnos solos? - pidió.

Los demás se retiraron silenciosamente. Ikki se quedó acariciando la frente de su hermano. Se veía tan dulce e inocente así, dormido... de pronto, pensó que quizás era mejor que no despertara. Él lo cuidaría, como cuando eran niños, asegurándose de que su inocencia no fuera mancillada. Sin poder evitarlo, lloró al pensar que como hermano mayor no valía nada.

-Eres lo más importante para mí, hermano, y no cejaré en mi intento de que recobres la conciencia.

-¿Sabes? - le dijo un hadita – Nunca dijimos que tiene que ser un beso en la boca.

-Y hay muchas clases de amor – le dijo otra.

Ikki las miró confundido; luego contempló nuevamente el inocente rostro de su hermano, con las señales de pasión de las mujeres en su boca y su cuello; entonces le embargó una ternura tan grande hacia ese niño descarriado, que se inclinó y besó con dulzura su frente.

Shun se quejó débilmente, abrió sus ojitos y sonrió.

-Una vez más me has rescatado, querido hermano mayor – le dijo deslumbrándolo con su mirada más límpida y pura.

Ikki sólo atinó a abrazarlo mientras las haditas se reían de ellos.

EPÍLOGO

La noticia del restablecimiento de Shun se regó rápidamente y en pocos minutos la mansión estaba rodeada de paparazzi y reporteros que deseaban una imagen exclusiva del verdadero amor del famoso y apuesto rompecorazones. Ikki trató de impedir que se supiera su identidad, hasta le suplicó a Saori que comunicaran a la prensa que ella había sido la del beso, pero Shun dijo que quería que el mundo supiera que el amor de una familia era más importante que todo lo demás.

-Es que aún te necesito, hermano mayor – le dijo, mimoso, poniéndole su mejor cara de cachorrito -. Siempre voy a necesitarte. ¿O es que acaso quieres volver a abandonarme, como antes?

Así que Ikki debió salir al balcón a saludar mientras las cámaras de todo el mundo lo enfocaban. Su hermano sonreía feliz, y Saori estaba muy complacida con la publicidad que les traería todo eso. Ikki, por su parte, sólo podía pensar en las burlas que le dedicarían los miembros de su club de pesas y lucha "todo vale".

Shun no fue el mismo de antes, al menos por unos días; estaba muy callado y no quería salir de la mansión. Ikki pensó que había recuperado a su antiguo hermano dulce e inocente.

-La vida será más fácil de ahora en adelante – sentenció, feliz.

Pero luego Shun se recuperó y se largó a pasar una semana a Hawai, al resort de la Isla de la Reina Muerte, con cuatro chicas desconocidas. Y poco a poco, las cosas volvieron a ser como antes. Bueno, casi, porque Shun ya no volvió a contar historias de terror; contó a los niños historias de decapitaciones, desmembramientos, automutilaciones, raptos y torturas varias.

Es decir, les contó las versiones antiguas y no censuradas de los cuentos de hadas.

FIN

Nota de la autora: Hola! Espero que este último capítulo les haya gustado, chicas, aunque no tuvo nada romántico al final, sino amor fraternal. ¡Qué lindo! ¿Por qué no hay un día del hermano?

Sí, estuve tentada a hacer que June fuera su verdadero amor... pero no se dio en esta historia. De todas formas, ambos tienen varias cosas que aclarar.

Nos vemos!