"Ven a verme"
Aquellas palabras y aquella letra. No necesitaba una firma para saber quién le había escrito esas tres palabras en un mini trozo de papel.
Su hermana.
Andrómeda Tonks le había hecho llegar una nota diminuta en una lechuza diminuta. Aquellos traidores a la sangre se conformaban con cualquier pajarraco.
No supo la razón por la que su hermana, la que había sido borrada del árbol genealógico de la ancestral casa de los Black , la que se había casado con un hijo de muggles ¡Que iba a Hufflepuff! La había llamado.
¿Qué querría?
No dijo nada cuando se fue. No lo necesitaba, era el ojito derecho del Lord, no daba explicaciones, hacia lo que le daba la gana. Sobre todo mortificaba a los nuevos.
Amaba mortificar a los nuevos.
Como los Carrow habían hecho con ella cuando la marcaron.
Se apareció frente a la humilde casa de su hermana con cara de asco. Apestaba a muggle. Llamó a la puerta con urgencia intentando no ser vista y su hermana la hizo pasar.
-Sé tú secreto-no hubo saludos ni preguntas ni nada. Solo aquella frase lapidaria que fue como una cruciatus para Bellatrix.
-Un poco tarde para reconocerlo…
-No creo…
-¿Para qué me has llamado Dromeda?
Su hermana fue a contestar pero de repente se escuchó el suave llanto de un niño a lo lejos ¡Oh dios mío! Bellatrix no estaba para perder el tiempo y menos con su hermana la estúpida traidora de sangre amante de los muggles y con una hija Auror.
-Espera un segundo. Te lo explicaré. Puedes sentarte.
No se sentó, ni se movió. Aquello era todo muy subrealisra. No pensaba posar ni una parte de su cuerpo en aquellos muebles.
No.
Su hermana bajó las escaleras cargando con un pequeño ser en brazos.
Un bebé.
Un bebé que cambiaba el color de su pelo a cada llantina.
-¿Me has llamado para presentarme a tu nuevo hijo?
-No es mi hijo, Bellatrix.
Y de repente todo cobró sentido, Andrómeda sabía su secreto, tenía un nieto, solo tenía una hija y la había llamado a ella.
Yo siempre voy a quererte.
Se imaginó que lo de quererse siempre no incluía lo de tener hijos con otros. O que había superado su obsesión y había encontrado a otra mujer mejor.
Una que no estuviese loca.
-Es…
-Sí, es Ted Rem…
-Ni se te ocurra acabar, Andrómeda.
Se desapareció con aquella sensación en la boca de su estomago. Odio, rencor. Envidia.
Ese niño podría ser suyo.
Solo podría.
Y obviamente se encontraron de nuevo y esta vez no hubo sexo y pasión. Claro que no, el era padre. Hubo palabras.
-Lo sé, lo he visto.
-Me lo imaginaba.
-¿Por qué?
-Fue sin pensar, Nimphadora me recuerda mucho a ti. En algunas cosas.
-Vaya…
-Bella, entiéndeme, estamos en bandos distintos, yo… intenté evitarlo, yo… Joder es complicado, parece que tengo 15 años y has venido a joderme. ¡Dios!
-Yo siempre voy a quererte.
-Lo peor es que no lo he olvidado… Pero, las cosas no son como uno quiere.
Y por dios que en eso tenía razón. Volvió a llorar. Lloro en brazos de Remus. Lloró por su locura, por su odio, por su mala suerte.
Lloró sin parar.
Pero pasó pronto.
Ambos tenían mucho que hacer.
Si Bellatrix hubiese vivido más allá de la batalla de Hogwarts diría que lo había hecho porque era del otro bando pero cuando tuvo a tiro a su sobrina no pensó en el señor tenebroso ni en todos los ideales ni en nada de eso.
No. Su sobrina le había quitado a su hombre.
Su sobrina había tenido un hijo con su hombre.
Con su obsesión.
¡AVADA KEDAVRA! Fogonazo verde y Nimphadora Tonks al suelo. Sí, Tonks porque no quería decir aquel apellido que debería ser suyo.
Suyo, suyo.
En ese momento si que se sintió dichosa y magnifica.
Dulce venganza.
Pero si algo ha ido mal siempre va a acabar mal. Y si eres Bellatrix Black y te has cargado a dos personas de tu familia más a otro gran número de gente seguramente te irá mucho peor.
Lo vio a lo lejos y ella a él.
Yo siempre voy a quererte.
Se miraron.
Yo siempre voy a quererte.
Y él sonrió. Como cuando la sonreía en el colegio, ácidamente, socarronamente. Como solo le sonreía a ella.
Yo siempre voy a quererte.
Ella hubiese sonreído si Dolohov no hubiese aparecido de un lado por sorpresa y hubiese gritado aquello.
El rayo verde dio de lleno en Remus que se desplomó de golpe.
El aire de los pulmones de Bellatrix salió a una velocidad pasmosa y de repente se quiso morir. Se le llenaron los ojos de lágrimas y alzó la varita.
Dispuesta a matar.
El cuerpo de Remus estaba algo más lejos aun con esa sonrisa para ella en la cara.
Crack.
El poco corazón de Bellatrix se fue en ese momento. Con la varita en alto lanzó hechizos a diestro y siniestro sin pensar demasiado en a quien le daban.
¿Qué más daba? Estaba muerta en vida.
Ahora sí.
Ahora ya no tenía nada en lo que apoyarse.
Uno de los hechizos debió llegar a algún alumno pero Bellatrix tenía su propia batalla interna así que no le dio importancia.
Escuchó un "A MI HIJA NO, PUTA" pero tampoco le hizo demasiado caso.
Yo siempre voy a quererte.
Y de lleno y sin que se lo esperase un fogonazo verde le dio de lleno.
Siempre le habían dicho que morías al instante, que no te daba tiempo ni a cerciorarte de que te habías muerto pero Bellatrix descubrió que no era así, que en un segundo toda su vida pasó por delante. La cara de Remus una y otra vez, la marca, su sobrina, aquel niño.
Todo.
Con un grito cayó estrepitosamente en el suelo.
Sin vida.
Yo siempre voy a quererte.
Y FIN.
Sé que no es la tipica pareja, ni la tipica historia que acaba bien. Quería hacer una historia lo más fiable posible obviando algunas cosas como que entre bellatrix y los merodeadores hay como minimo 10 años de diferencia.
Espero que sea de vuestro agrado aunque no acabe bien.
Es mi primer rated T por lo que puede que no sea nada del otro mundo.
Nos leemos :3
