Todo le pertenece a GRRM.
Cersei
Roca Casterly se alza orgullosa en un risco dorado con Lannisport y otros pueblos menores a sus pies. Cersei sabe que no hay castillo más hermoso, más grandioso que éste; su padre gobernó desde el trono de oro por muchos años con mano dura y en paz. Antes le gustaba recorrer los pasillos con su hermano y visitar los leones en sus jaulas, ahora no sale de su propio cuarto.
Es la única Lannister en todo el castillo. «Al menos la única que cuenta», piensa, recordando a la hija bastarda de su tío Gerion. Los sirvientes le traen comida sin atreverse a mirarla ni de reojo, Cersei casi se siente como en sus días de Reina, cuando Robert se emborrachaba y todos sus hijos aun necesitaban de ella. Las olas chocan contra la pared de piedra y Cersei rememora a Jaime y a ella jugando en aquella misma playa.
«Jaime, Jaime, Jaime». Le había dicho que lo amaba tres veces, que volviese y la ayudase. Cada día soñaba en aquella asquerosa celda con su gemelo, le soñaba con su armadura y con dos manos que la apretaban contra él, con besos que sabían al primero y al último que le dio. Su mano toca inconscientemente los mechones cortos de su cabello y siente la rabia hervir dentro de ella. «Jaime me querrá igual».
Cersei no ha sabido nada de él desde que la Reina Margaery la exilió de "buena voluntad" a su hogar de la infancia. En el camino escuchó sobre Jaime desapareciendo, pero no quiso creerlo; su hermano había matado a un dragón, nadie podría vencerlo.
En su cuarto guarda la mortaja dorada de Joffrey y encima, un prendedor de Myrcella que le regaló hace años; no hay nada de Tommen todavía y espera que así dure muchos años más.
