La Semana del Espíritu Escolar había comenzado en el Instituto de Echo Creek y la emoción se desbordaba por todas partes. Todos los alumnos estaban reunidos en el campo de fútbol americano para dar su apoyo al equipo antes del partido que se iba a jugar esa misma noche. Pero entre todos había alguien cuya emoción hacía que la de los demás pareciera insignificante.
-¡Madre mía, madre mía! -exclamaba Comet desde las gradas- ¡Nunca he visto jugadores de fútbol ni animadoras! ¡Estoy tan emocionado!
-¿Es que hay momentos en los que no lo estás? -preguntó Marcia.
Comet, Marcia y Ana estaban sentados juntos esperando para ver al equipo del instituto, las Zarigüeyas. Antes de que salieran, llegó la directora Skeeves con un micrófono:
-¡Con vosotros, Brandon Wong! ¡Quarterback del equipo por méritos propios y no porque su madre haya hecho una generosa donación!
Tras la presentación, llegó el equipo de animadoras llevando en brazos a un chico con grandes aires de superioridad mientras coreaban para animar. Les seguía el resto de las Zarigüeyas con sus uniformes de color amarillo. Al llegar al lado de Skeeves, las animadoras formaron una escalera humana por la que Brandon bajó. Se quitó el casco mostrando así cómo miraba a la "chusma" de las gradas con sus ojos marrones antes de sacudir la cabeza para soltar el pelo. Luego le quitó de las manos el micrófono a la directora sin mostrar el menor respeto y gritó sonriendo:
-¡Gritad bien alto si os gustan las Zarigüeyas!
-¡ME ENCANTAN LAS ZARIGÜEYAS! -gritó Comet con todas sus fuerzas- ¡Llevan a las crías en la espalda!
-Sabes que se refiere al equipo, ¿no? -le aclaró Marcia antes de que su cara palideciese- Hoy jugamos contra los Guerreros.
-¿Los Guerreros?
-Nuestros rivales del Instituto Silver Hill. -respondió Ana.
-Todos los años masacran a los nuestros.
-Va a ser un baño de sangre. -añadió Espanto que estaba sentado detrás de ellos comiéndose pollos enteros.
-¡Pero eso es horrible! ¡Tenemos que hacer algo!
-Puedes hablar con el equipo a ver si te dejan unirte. Son implacables a la hora de conseguir la victoria. Im-placables.
-¡Gran idea, Marci! Nos harán falta unas cosillas. -dijo mientras la agarraba del brazo.
-Suena muy divertido, pero creo que esta vez puedes ir tú sólo.
-De acuerdo. -dijo Comet mientras se ponía en marcha, pero se paró para preguntar algo a su profesor troll- Eh, Espanti, ¿cuál es tu arma favorita?
-El hacha.
Tras un gesto de aprobación, Comet abandonó las gradas y se dirigió a los vestuarios del equipo sin saber dónde estaban. Marcia y Ana permanecieron sentadas viendo el espectáculo.
-Y ahora, la nueva mascota, que se creyó que podía ser animadora: la Zarigüeya.
Tras ser presentada por Brandon, una chica vestida de zarigüeya salió al campo dando saltos y perdiendo los pantalones en uno de ellos.
-¿Y la zarigüeya de verdad? -preguntó Marcia- ¿La han vuelto a secuestrar los Guerreros? ¡Cómo los odio!
-Por desgracia, la zarigüeya no se estaba haciendo la muerta. -respondió Ana.
La mascota del equipo empezó a hacer su baile de animación. Durante un momento, se abrió la boca de su disfraz, mostrando la cara de quien estaba dentro.
-¡Mira, Ana, es Fiona!
-Sí, ella es la nueva mascota.
-¡Oh, no! Eso significa que los Guerreros intentarán secuestrarla a ella.
-Nah, Marcia, eso es una tontería.
-Ya lo creo que lo es. Verás la cara de tonto que se le quedará a quien intente secuestrar a mi amiga.
Unos minutos después, Comet seguía buscando los vestuarios. Pasó por el pasillo donde estaba la vitrina de trofeos y se detuvo a mirarla. No sólo había trofeos, sino varias fotos de equipos y jugadores que los ganaron. Comet los contempló con tristeza.
-Cuántos jóvenes valientes. Cuántas trágicas pérdidas.
Comet empañó el cristal con su aliento para dibujar una carita triste en él. En ese momento llegó Marcia con pinta de estar en una película de espías vigilando los alrededores. Aunque no parecía muy efectivo, ya que ni se dio cuenta de que Comet estaba ahí.
-Ay, Marci.
-¡Aaah! -gritó sobresaltada.
-¿Cómo podemos evitar otra trágica pérdida para nuestro equipo?
-Bueno, yo no sé mucho de fútbol pero usaría el factor sorpresa.
-Claro.
-Los machacaría con una ofensiva felina.
-¡Sí!
-Incluso lanzaría un par de bombas.
-¡Bombas! Gracias, Marci, esas ideas valen oro. Se lo diré al equipo. -dijo antes de irse.
-Todo despejado, chicas. ¡Vamos, vamos, vamos!
Desde el final del pasillo llegó Fiona que se negaba a caminar mientras era empujada por Ana.
-Este no es el respeto que se merece una chica disfrazada de zarigüeya. -comentó Fiona molesta.
Por fin, Comet encontró los vestuarios y abrió la puerta de golpe.
-¡¿Pero qué...?! -preguntó Brandon.
-¿Esto explota? -preguntó Comet mientras lanzaba un balón y se decepcionaba por la falta de destrucción- Quizás podamos prenderles fuego.
Apuntó a otro balón con la varita listo para hacer magia pero fue interrumpido por Brandon:
-Oye, este vestuario es sólo para el equipo de fútbol.
-Tú eres el líder, ¿verdad? ¿Cuál es el plan?
-Me alegra que lo preguntes. Este año tenemos un arma secreta: vamos a intimidarles mostrándoles nuestros bíceps.
El equipo comenzó una patética exhibición de musculatura poco desarrollada que sólo desconcertó a Comet.
-¿Es que no sabes nada sobre combate? ¡Ningún guerrero se va a intimidar por los bíceps de Charlie!
-¿Qué? -dijo un chico pelirrojo sorprendido y decepcionado a la vez.
-Pero estáis de suerte. Mi padre me puso a dos guardias reales de canguros.
Flashback
Mewni
Castillo Dragonfly
El pequeño Comet de 4 años observaba feliz las demostraciones que hacía una de sus canguros usando unos peluches.
-Sabréis que vais por buen camino, alteza, cuando oigáis que le cruje el cuello.
La guardia cogió al peluche y le retorció el cuello hasta que las costuras se rompieron y el algodón empezó a brotar.
-¡Bieeeeeeen! -gritó Comet de alegría
Presente
-Ah, qué buenos tiempos. -dijo Comet con cara de alegría por recordar uno de los momentos felices de su infancia.
-Mira, puede que en el planeta Grillado, o de donde quiera que vengas, esté bien visto ser un zumbado. ¡Pero a mí ningún extranjero me cuestiona el liderazgo! ¡Nunca entrarás en el equipo, así que largo del vestuario!
-¡Vale! Ahora todo depende de mí.
Comet se fue del vestuario para así buscar lo que le hacía falta mientras Marcia seguía con su operación de proteger a Fiona. Ellas y Ana se encontraban en el aparcamiento del instituto.
-Vale, si un guerrero intenta secuestrarte, tienes que tocar este silbato de emergencia.
-¡Esto es absurdo! Yo sólo quería disfrazarme de zarigüeya para ligar más.
-¡Oye, este silbato puede salvarte la vida! ¡Ahora póntelo en la boca!
-¡No!
-¡Vamos, quiero oír cómo suena!
-¡Quítame eso de delante de la cara!
Como las dos forcejeaban entre ellas mientras Ana contemplaba la escena sin saber si ayudar a una, ninguna se dio cuenta de que Comet estaba a tan solo unos metros detrás de ellas asomándose al interior de un contenedor de basura. Dentro había un grupo de gatos callejeros comiéndose un trozo de tarta rancia.
-¡Hola, gatitos! ¿Listos para participar en mi ofensiva felina?
Uno de los gatos le miró y soltó un maullido. Comet no entendía a los animales, pero eso le sonaba a un "no".
-De acuerdo, entonces será por las malas.
Comet saltó al interior del contenedor causando que los gatos se pusieran en pie de guerra. Un problema que Comet solucionó rápidamente con magia cumpliendo su objetivo al mismo tiempo.
Unas horas más tarde, la paranoia de Marcia seguía aumentando. Ella y sus dos amigas estaban en su habitación con las persianas bajas. Llevaban mucho tiempo ahí dentro y Fiona ya estaba harta.
-Tía, ¿por qué no puedo irme a casa? Que es miércoles de tacos. Comemos las sobras de los tacos del martes.
-Porque será el primer lugar donde los Guerreros te busquen para secuestrarte.
-Pues parece que eres tú la que me quiere secuestrar.
-Cuidadito con lo que dices si quieres volver a ver a tus padres.
-¡Marci!
Marcia miró por el pasillo pero Comet no estaba allí. Su voz no había sonado como si viniera de abajo y todo con él era realmente loco. Por eso no se le hizo raro abrir la persiana y verlo subido a los cables de alta tensión mientras agarraba la cola de una ardilla.
-¡Hola, Marci! ¿Hay algún líquido o polvo altamente inflamable en casa?
-No lo sé, mira en el garaje.
-¡Gracias!
Comet se soltó del cable y Marcia cerró de nuevo la persiana antes de volverse hacia Ana y Fiona.
-¿Sabes qué sería genial para ligar, Ana? Tener una cola prensil de verdad.
-Ya lo creo.
-Imagínate: ¡Eh, chicos! ¿Queréis beber algo?
Fiona trató de usar la cola de su disfraz a modo de látigo para coger una lata de refresco abierta. Pero sólo consiguió derramar el contenido sobre el portatil de Marcia. Normalmente, le mataría por eso. Pero cada vez faltaba menos para el partido y necesitaban una mascota.
La hora del partido llegó y las gradas del campo estaban a rebosar. La emoción por el juego se había apoderado del público, pero no de los jugadores. Mientras que Brandon hacía su pobre exhibición de bíceps en solitario, el resto de las Zarigüeyas temblaba al ver que los del equipo de los Guerreros les duplicaban la distancia entre hombro y hombro y los miraban mientras sonreían maliciosamente. En uno de los laterales de las gradas, Marcia continuaba su vigilancia.
-¿Lo ves? El partido está a punto de empezar y no se te ha acercado ningún guerrero.
Pero eso cambió en ese momento. Comet apareció como de la nada con una armadura y una gran maza en las manos. Se había pintado calaveras en las mejillas que tapaban sus corazones para infundir miedo. Como si la expresión de su cara que mostraba que el hambre de batalla se había apoderado de él no fuese lo suficientemente perturbadora.
-¡¿Preparadas para un sangriento baño de sangre?!
-¿Por qué tienes esa mirada de psicópata?
-¿A qué te refieres, Marci?
-Ana, vigila a Fiona. Yo tengo que ir a hablar con el príncipe chiflado.
Marcia cogió a Comet del antebrazo y lo llevó junto al banquillo. Cosa que posiblemente no hubiera hecho de saber que dos jugadores de los Guerreros se encontraban escondidos tras las gradas. Nada más irse la verdadera vigilante, surgieron cual depredadores y se llevaron a su presa sin que Ana pudiera hacer nada.
-A ver, Comet, ¿qué te traes entre manos?
-Pues lo que tú dijiste. He llenado el campo con trampas. -respondió Comet orgulloso.
-¡¿Qué?!
Marcia dirigió su mirada al campo. Había minas, agujeros trampa e hilos de nailon. ¿Cómo era posible que nadie se hubiera dado cuenta? Entonces pensó en todas las cosas que Comet había oído sobre el fútbol y comprendió aterrada porqué había hecho eso.
-¡Comet! Los Guerreros no van a matar a nuestro equipo, van a vencerlos al fútbol. -al ver que no había reacción añadió algo más- Sólo es un juego.
Eso sí que provocó un cambio en la cara de Comet. Pero era tarde. El silbido que marcaba el inicio del partido sonó en ese instante. Los Guerreros cargaron y dieron la primera patada al balón desencadenando así la primera explosión. El balón cayó en manos del otro equipo, pero ya nadie pensaba en el juego. El panico empezó a cundir tanto en el campo como en las gradas mientras se activaban el resto de las trampas. En el medio del campo apareció un agujero negro que succionaba a todo el que se acercaba demasiado y una de las animadoras salió volando con otra explosión.
-¡Oh, no! -exclamó Comet lleno de culpa y preocupación- Está saliendo todo según lo planeado.
Justo después, el árbitro pisó uno de los cables de nailon de una línea de touchdown y la zona detrás de la línea se abrió como una trampilla. De su interior salieron algunas polillas, ardillas y un pájaro que habían sido transformados en grandes monstruos brillantes. Tras ellos salieron un grupo de gatos enormes de tres ojos y el cuerpo envuelto en llamas.
-A ver si adivino: ¿la "ofensiva felina"? -Comet sólo respondió con una sonrisa culpable- ¡Tenemos que hacer algo!
Marcia fue corriendo a salvar a unos guerreros que huían de una ardilla monstruo. Dio un pisotón en su cola para hacerle caer y ponerse delante suyo. Cuando el enorme roedor se levantó sobre sus cuatro patas, Marcia le dio una serie de patadas en la cara con los que la derribó.
-¡Hala! ¡Eres un hacha! -dijo uno de los guerreros a los que acababa de salvar.
-Gracias, tío.
Luego llegó el pájaro y se llevó volando al mismo chico que la acababa de felicitar. En el instante en el que Marcia se quedó paralizada de la sorpresa, la ardilla de antes se abalanzó sobre ella.
-¡Marci!
Al ver a su mejor amiga en peligro, Comet soltó al jugador que estaba siendo tragado por un agujero negro para correr a salvarla. Levantó su maza para convertirla de nuevo en su varita y apuntó a la ardilla:
-¡Rayo reparador!
Cuando el rayo alcanzó al monstruo, lo devolvió a su antigua forma: un grupo de ardillas corrientes. Tras volver a la normalidad, salieron corriendo.
En ese momento, Brandon intentaba escapar sacrificando a algunos de sus compañeros de equipo:
-¡Salid de en medio! ¡Soy demasiado rico para morir!
Perdió el equilibrio cuando algo que se movía bajo el suelo movió la tierra bajo sus pies. Una serpiente-dragón surgió de debajo de la tierra para comérselo. Lo agarró por la camiseta, lo zarandeó un poco en el aire y luego se lo tragó antes de que Comet repitiese su hechizo con él.
-¡Rayo reparador!
Aunque el reptil se había vuelto a transformar en un conjunto de orugas, Brandon aún estaba cubierto de babas y tuvo que escupir las que casi se había tragado.
Por su parte, Marcia volvió a salvar a unos jugadores, esta vez de los felinos en llamas. Pero después vio que estaba rodeada por ellos y por las otras ardillas. Comet dio un gran salto para aterrizar junto a ella y lanzar una versión diferente del hechizo de antes:
-¡Huracán nuclear de rayo reparador!
En lugar de un rayo, una onda expansiva surgió de la varita y afectó a todas las bestias que les rodeaban para atacarlos. Ya sólo faltaban las que se encontraban volando.
Mientras, en el otro extremo del campo, Fiona intentaba razonar con sus secuestradores:
-Venga, ¿y si lo hablamos de hombre a zarigüeya?
Pero los dos guerreros que se la llevaban pisaron un par de minas diminutas que los hicieron salir volando dejando libre a su cautiva. Tras eso, Fiona empezó a correr hacia Marcia quien sujetaba a una de las polillas para que Comet la transformara.
-¡Eh, Marcia, tenías razón! ¡Sí que me han intentado secuestrar!
-¡Fiona, sal del campo!
-¡¿Qué dices?! ¡No oigo nada con tantas explosiones!
La advertencia de Marcia fue inútil. Fiona acabó pisando una mina. Cuando el humo se disipó, ella yacía inmóvil en el suelo. Su amiga fue corriendo y la abrazó:
-¡No, Fiona! ¡Lo siento, te he fallado!
Pero ella abrió los ojos y con una sonrisa le dijo:
-Tía, que me estaba haciendo la muerta. A lo zarigüeya.
-¡Estás viva! -gritó Marcia llena de alegría antes de agarrarle por el disfraz y sacudirle con furia- ¡Por cosas así sólo tienes dos amigas!
Todo parecía haber terminado. Los animales monstruo habían vuelto a la normalidad y ya no había más trampas de las que preocuparse. Pero Comet vio que el campo estaba destrozado y que Brandon seguía en el mismo sitio traumatizado por haber sido devorado.
-Esta vez sí que he metido la pata.
-No, la hemos metido los dos. -le dijo Marcia- Debería haber estado a tu lado. Después de todo, se supone que soy tu guía.
-¡Hay que largarse de aquí! -gritó uno de los Guerreros mientras todo el equipo subía corriendo a su autobús.
-¡Eh! Se acaban de retirar. -dijo uno del otro equipo- ¡Hemos ganado!
Las Zarigüeyas y el público que se había refugiado en las gradas, comenzaron a gritar celebrando que era la primera vez que derrotaban a los Guerreros. Corrieron hacia Comet y Marcia y dos de los jugadores les subieron sobre sus hombros. Pero Comet aún tenía una cara pensativa.
-¿Sabes, Marci? Tengo la extraña sensación de que se me olvida algo.
Nada más terminar esa frase, el pájaro monstruo atrapó y se llevó a Marcia volando.
-Oh, era eso.
