¿Quiénes somos?
«Wow, ¿puedes repetir, por favor?» Matthew, asombrado por esa revelación, parecía ahora completamente abatido. Su madre entonces le había ocultado que tenía un hermano gemelo, que no había dado a luz a uno sino a dos…Pero, ¿por qué nunca se lo había contado? ¿Por qué se sentía excluido y sobre todo, por qué el pasado de su madre, que le era lanzado a la cara de forma tan violenta, le parecía ahora tan extraño? Él que siempre había vivido solo con su madre, se sentía ahora engañado, un engaño tan grave que pensaba que no iba a poder perdonar nunca a su madre por haberle ocultado ese pasado…
«Matthew, somos gemelos y tu madre también es la mía…nos hemos reencontrado…»
Los ojos de Henry, llenos de lágrimas y listas para caer, miraban los de su hermano, esperando una reacción que no llegaba.
«¿Matt? ¿Estás bien?»
«Sí, bien, bien…Es solo que has tenido la noche para hacerte a la idea de que tenías un gemelo…Yo, hace 45 segundos que sé que: uno, tengo un gemelo, y dos: que mi madre con la que pensaba que compartía todo me ha mentido. Es más duro, ¿sabes?»
El tono de Matthew era seco, sarcástico, rayando lo hiriente.
«Comprendo, Matt. Es verdad que es más fácil para mí, pues siempre he sabido que era adoptado. Mi madre nunca me lo ocultó y en cuanto tuve edad de comprender, me explicó de dónde venía. Tú debes digerir todo esto de golpe y no debe ser fácil, lo comprendo. Sin embargo, pienso que si no te lo dijo, seguro que no fue para herirte y creo que ella…»
«Cállate, no la conoces. Todo lo que yo veo es que me ha mentido haciéndome creer que era su único hijo adorado y que compartía todo conmigo»
La mirada de Matthew era oscura y su rostro reflejaba la cólera.
«Matt, no te lo tomes así, estoy seguro que ella y tú…»
«Henry, sin querer faltarte al respeto, no es a ti a quien ella ha mentido durante 11 años. Así que, deja de querer comprenderla, no la conoces…»
Las palabras y el tono de Matthew eran secos y no dejaban ver ninguna comprensión ante el acto de su madre. Rápidamente, un velo de tristeza se abatió sobre el rostro de Henry al escuchar esas palabras. Matthew se sintió inmediatamente culpable. No quería herir a su hermano, pero el hecho era ese, acababa de excluir claramente a Henry de su familia.
«Perdón, no quería…no es lo que quería decir, Henry…»
«En efecto, no la conozco, desgraciadamente…¿Sabes? A menudo pensaba en ella, me preguntaba cómo era, si era alta o baja, lo que hacía en la vida, si tenía otros hijos…y sobre todo por qué tuvo que abandonarme. Pero siempre que lo hacía, me decía que si lo hizo, fue porque tenía una razón y que no lo hizo llena de alegría. Pero ahora, al verte aquí, al ver que a ti si te mantuvo con ella, eso me duele, ¿sabes? ¿Por qué decidió abandonarme y quedarse contigo? ¿Por qué me tocó a mí? ¿Por qué…?»
Henry había dicho todo eso en calma, mientras las lágrimas se deslizaban despacio por sus mejillas. Después, retomó la palabra
«Por supuesto, no me quejo de mi familia. Mi mamá es maravillosa, y siempre le agradeceré el gesto que tuvo al adoptarme. He sido criado con amor y me da la mejor educación posible, pero hubiera querido tanto ver a mi madre biológica solo una vez…»
«Henry, perdóname. No quería decir que Yo conocía a mi madre y tú no, y meter el dedo en la llaga. Solo que no comprendo por qué hizo esto, y por qué nunca me ha dicho nada…»
«Matthew, ¿tienes una foto de tu madre por ahí?» dijo de repente Henry, como si no hubiera escuchado las excusas que acababa de darle Matthew.
«Euh, sí, siempre llevo una…¿quieres verla?» le propuso tímidamente
«Me gustaría mucho, sí…»
«Bueno, al final creo que la equitación será aplazada para otro momento, ¿eh?»
Una sonrisa se dibujó en los rostros de los dos hermanos que tomaron tranquilamente la dirección hacia la cabaña de Matthew, con el corazón más ligero.
«¿Estás listo?» preguntó Matthew, con la foto en la mano
«Sí, enséñamela…» el corazón de Henry latía a todo galope. Iba, finalmente a ver el rostro de su madre, después de habérsela imaginado tantas veces en sueños.
Matthew le tendió la fotografía y Henry descubrió a una joven rubia, sentada en una manta de pic-nic, en lo que parecía ser un jardín público, con una gran sonrisa que le cogía toda la cara.
«Es una de las primeras fotos que le hice, acababa de regalarme mi primera cámara de foto y le estuve sacando fotos toda la tarde. Y creo que en esta está muy bonita, por eso me la he traído para pensar en ella cuando me voy a la cama»
«¡Oh, sí, ella es bonita! Matthew, tienes que contarme todo de ella, edad, dónde trabaja, lo que le gusta…quiero saberlo todo, por favor, Matthew…» Henry estaba sobreexcitado.
«¡Bien, de acuerdo! Y tú me cuentas cómo vives en Storybrooke, ¿de acuerdo?»
«¡De acuerdo, trato hecho!»
Los dos muchachos pasaron el final de la tarde hablando de sus vidas y de sus respectivas madres, paseando por el lago. Henry se enteró de que Emma era una apasionada del chocolate a la canela, de las veladas delante de la tele o jugando a videojuegos y que era la sheriff de Boston. Matthew se sorprendió más al saber que la madre de Henry, Regina Mills, era una figura notable de la ciudad y que tenía un papel muy influyente en la comunidad. Tras algunas horas de charla, diseminadas con risas, de «oh» y de «¿Ah sí?» de sorpresa, la charla llegó al padre de los niños. Fue Henry quien lanzó el tema
«Matthew, y…¿qué sabes sobre nuestro padre? Quiero decir, ¿lo conoces? ¿Cómo es?»
«No lo conozco. Todo lo que mamá me ha dicho es que ella estuvo en prisión por su culpa, que la abandonó cuando fue encarcelada y que ni siquiera sabía de mí, perdón…de nosotros. Creo que hemos heredado de él los cabellos castaños»
«¡Es verdad, ella siendo rubia, podría preguntarse de dónde venían estos pelos! Matt…»
«¿Sí?»
«¿Ha rehecho su vida…un marido?» Henry estaba incomodo al hacer esa pregunta, pero tenía que saber
«No. Ha tenido algunas aventuras, pero nada serio. Creo que nunca ha querido volver a confiar en alguien después del golpe de nuestro padre. ¿Y tu madre? ¿Tiene a alguien?»
«Sí, se ve con Graham. Es amable, pero no creo que sea su novia, solo es para no sentirse sola…»
«Sí, mamá me ha dicho eso a veces. Cuando tiene algo con un hombre o una mujer, solo es para pasar el tiempo, dice que…»
«Espera, para, ¿qué has dicho?»
«Bah, ¿que es solo para pasar el tiempo? ¿Te choca?»
«No, eso no…antes. ¿Ha salido con…mujeres?»
«Sí, algunas veces. ¿Por qué?»
«No, por nada. Digamos que Storybrooke es un pequeño pueblo bastante convencional y no estoy acostumbrado. Pero está bien, eh, no voy a desmayarme, ¡no temas!»
«No te preocupes, puedo entenderlo…¿Sabes qué? Me gustaría conocer tu pueblo, ¡sería un cambio con respecto a Boston!»
La mirada de Matthew se perdió en el lago y se quedó mirando al sol que comenzaba a desaparecer en el horizonte. Estaba inmerso en sus pensamientos, como si intentara imaginar cómo podía ser la vida de su hermano en una ciudad de provincia. Henry se quedó quieto un momento, parecía estar asimilando lo que acababa de decir su hermano. Una idea loca comenzaba a germinarle en la cabeza…
«Matt, acabo de tener una idea»
«¡Suelta, te escucho!»
«Bien…nos parecemos, ¿estás de acuerdo?»
«Como dos gotas de agua, tengo que admitirlo»
«Acabas de decir que te gustaría conocer Storybrooke»
«Bueno, sí, alguna vez, podría estar bien»
«Y yo muero de ganas por conocer a nuestra madre…¿Ves por dónde voy?»
«No realmente, pero tengo miedo de comprender. Continúa….» Matthew comenzaba a estar intrigado. Miraba el rostro de Henry, intentando leer en él alguna señal.
«¿Y si nos intercambiamos?» dijo abruptamente Henry, con el rostro radiante y con una sonrisa de victoria, como si acabara de inventar la máquina para teletransportarse. Matthew se quedó estupefacto algunos instantes. ¿Cambiarse? Pero, ¿cómo podrían hacerlo?
«Entonces, ¿qué piensas? Por supuesto, nuestras madres no sabrían nada, interpretaremos el papel del otro y unos días más tarde, nos cambiaríamos de nuevo, ¡y visto y no visto, cada olivo en su mochuelo!»
«…»
«Por favor, tengo muchas ganas de conocer a nuestra madre…»
«Henry, ¿te das cuenta de que habrá que hilar super fino para no hacernos descubrir? Y si lo descubren, ¿cómo se lo tomarán? Ellas no nos conocen, tendrían miedo…sobre todo tu madre, que no sabe que yo existo…Va a flipar…»
«Por eso, Matt, tenemos toda la semana para hacer que ellas no lo descubran. Tenemos que aprendernos nuestros papeles de memoria y conocer todo de nuestras vidas»
«Escucha, Henry, sí, me gustaría conocer Storybrooke, pero lo decía por decir, un día, me s a visitarte, pero no descubrir la ciudad siento tú, ves…»
«…»
«Déjame al menos la noche para pensarlo, ¿ok?»
«Por supuesto, mañana hablamos, entonces…»
El sol ya estaba casi escondido detrás de la línea del horizonte dibujado por el lago y el aire comenzaba a refrescar. Ya era tiempo de volver para cenar. De camino, se cruzaron con los pequeños jinetes que volvían de su paseo. Liz, la joven monitora, apuró el paso de su caballo y llegó a la altura de los dos muchachos.
«Hey, chicos, os habéis apuntado y no habéis venido. ¿Por qué?»
«Lo siento, Liz, tuvimos un impedimento» respondió Matthew
«Ok, Henry, pero la próxima vez…»
«No, yo soy Henry» respondió el aludido «Él es Matthew»
Liz ya no sabía a dónde mirar. ¿Matthew, Henry? ¿Henry, Matthew? Volvió a hablar
«Sí, bueno, sea quien sea, si os inscribís a una actividad, al menos avisadme si no vais a venir, eh»
«Sí, prometido, ¡lo sentimos!» Y la jinete se marchó al encuentro del grupo, para quitar las sillas y cepillar a los cansados caballos.
«¿Ves, Matt? Todo el mundo se pierde, nadie nos reconoce, ¡puede ser factible!»
«Si, bueno, entre una monitora que nos ha visto dos días y nuestras madres que nos han criado 11 años, hay una pequeña diferencia…De todas maneras, es hora de cenar, y tras esta tarde llena de emociones, tengo hambre»
Los dos hermanos cenaron en compañía de sus compañeros de cabaña que no ahorraron elogios para las actividades del día, tiro con arco para unos, kayack para otros…Algo era seguro, para todos los niños la tarde había estado llena de emociones. Pero mañana lo sería aún más, si Matthew aceptaba la propuesta de Henry.
La noche fue agitada para Matthew. No había dejado de pensar en lo que Henry le había pedido. Por supuesto, era su hermano y él no tenía el derecho de negarle poder conocer a la que también era su madre, pero sin querer reconocerlo, sentía un pinchazo de celos en el fondo de su corazón. Su querida mamá, la que lo había criado desde hacía 11 años, su mamá, él no quería compartirla, no quería que su hermano recién llegado ocupara el lugar que en el corazón de la joven ocupaba él desde hacía más de una década.
Y aunque lo aceptara, ¿lograrían que no los desenmascarasen? A Emma no le llevaría demasiado tiempo percibir que ese joven muchacho que tenía delante no era su querido Matthew, al que conocía de memoria. Pero por otro lado, a ella ni se le puede pasar por la cabeza que sus dos hijos podrían conocerse en un campamento de verano…y esa Regina, ¿cómo reaccionaría cuando descubriera a un desconocido bajo su techo? Henry había dicho que ella podía ser bastante dura. ¿Y si él se llevara la bronca del siglo? Las cuestiones crecían una tras otra y se multiplicaban en la cabeza del muchacho que, esa noche, no pudo dormir mucho.
A la mañana siguiente la decisión sería tomada.
«¡Buenos días Matthew!» lo saludó con tono jovial Henry cuando llegó a la mesa para desayunar
«Hey, hola, hermano…» le respondió un Matthew aún adormilado.
«¿Has dormido bien?»
«No muy bien, ¿y tú?»
«No, yo tampoco…He pensado mucho en lo que te pedí, ¿sabes? Y finalmente, no creo que sea una buena idea. No puedo obligarte a ir a Storybrooke, a una ciudad, a una casa y a una familia que tú no conoces»
«Espera, Henry, stop. Sí, se me va a hacer raro aparecer un una ciudad nueva y ver a tu madre, pero no tengo el derecho de negarme…»
«Yo…»
«Espera. Lo he pensado durante la noche. No puedo negarte el derecho de ver y conocer a nuestra mamá. Así que sí, te confieso que estoy un poco celoso de que te vayas con mi familia, con mi mamá, pero después de todo, es la tuya también»
Una sonrisa se había dibujado, poco a poco, en los labios de Henry, y una inmensa gratitud brillaba en sus ojos
«Oh, Matthew, si supieras lo feliz que estoy de escuchar eso…»
«¡Hey, Henry, acabo de tener una idea! Mamá y yo tenemos una tradición: damos nombres de misión a todo lo que hacemos, eso vuelve las cosas más divertidas y le da un lado como a agente secreto. ¿Te parece que le pongamos un nombre a nuestra aventura? Será nuestro secreto»
«¡Claro, puede ser divertido!»
«Entonces, te propongo la Operación…espera, euh…¡cangrejo ermitaño! Sí, la Operación Cangrejo ermitaño, ¿sabes? Como el crustáceo que cambia de casa con otros mariscos. ¡Seremos cangrejos ermitaños y vamos a cambiar de casa!»
«¡Vale, me siento muy alegre con la Operación Cangrejo ermitaño!»
«Joder, Henry, ¡pero cómo hablas! A veces parece que no tienes 11 años»
Y Matthew se echó a reír con una sonora carcajada, ante el rostro serio de su hermano
«¿Qué? No te lo tomes a mal, eh…Es solo que tu vocabulario me hace reír, que…»
«No podemos hacer que nuestras madres nos desenmascaren. Tenemos mucho trabajo por delante…Tenemos que trabajar nuestra forma de hablar, de vestirnos, de caminar, de pensar, incluso…»
«Oh, es verdad…Bueno, vamos a tener mucho curro…»
Los dos hermanos hundieron la cabeza en su bol de cereales, aplastados por la amplitud de la tarea que se avecinaba. Solo le quedaban algunos días…
