Altos estándares.
Notas: Capitulo tres terminado. Nada más para decir, tan solo que el capi que viene trae Lemon… ¡Al fin!.
Fecha: 02/08/2012.
Beta Reader: Pleasy Stay.
Disclaimer: Todo lo referente a Invasor Zim pertenece a Johan Vazquez y Nickelodeon.
Altos estándares.
Capítulo 03: Cambios.
Dib disfrutaba de lo que veían sus ojos, y al mismo tiempo tenía una sensación de vacío dentro de su pecho…
Después de todo, Zim no había respondido como él había pensado, o deseado que lo hiciera.
Recorrió el cuerpo delgado y delicado; era extraño lo fuertes que eran los Irkens en comparación con lo que aparentaban ser. Sintió curiosidad, y un recién descubierto morbo. ¿Sería que… Zim había podido superar el daño que el agua le hacía a su cuerpo?.
—No te muevas, Zim—. Ordenó, mientras se erguía para quitarse la chaqueta y su camisa.
Zim se limitó a asentir mientras veía como el cuerpo de Dib quedaba desnudo lentamente. Apoyaba su cabeza totalmente entre las almohadas mullidas, sintiendo el aroma del humano con cada uno de sus sentidos ultra desarrollados.
—¿Qué tan lejos llegaron tus adaptaciones, Zim?... Siempre quise saberlo. ¿Cuánto has cambiado?—. Preguntó Dib, volviéndose sobre el Irk. —¿Qué tanto te pareces a mí ahora?.
Lentamente pasó su lengua por el largo cuello, notando que apenas la piel se enrojecía ante el camino que dejaba su saliva. Se sintió satisfecho, no sólo por lo que el cuerpo del Irken le mostraba, si no porque también el rostro de Zim parecía hablarle… con una mezcla de dolor y placer.
Desnudó el cuerpo sobre las sábanas de su cama, viendo con sus propios ojos aquello que Zim se había hecho así mismo en los años que estuviera en la ás lo había visto de esa forma, pero ahora conocía la constitución de los Irken como para saber que no debía ser así, no de esa manera.
—¿Por qué lo hiciste, Zim?.
—Por el Imperio Irken…—. De sus ojos comenzaron a correr lágrimas. Aunque no eran como la de los humanos, Dib sabía que eso era su equivalente. —Debía adaptarme si quería que mi misión fuera un éxito, yo sólo…
Zim cerró sus ojos, molesto por el líquido que salía de ellos. A pesar de que lo había creado para que funcionara de esa manera, jamás había sentido la caída de aquello de sus ojos, hasta ese día.
—Nunca quise ser considerado como 'defectuoso'.
Dib simplemente dejó escapar el aire que retenía, casi inconscientemente; liberó el cuerpo de Zim de su peso, sentándose a un lado. Pensó en los años que había visto sólo su espalda mientras se hacía cargo de los monitores de la Inmensa, tan diferente a los demás que cumplían la misma misión.
—¿Tengo que ordenártelo para que me lo cuentes… o puedes hacerlo por tí mismo, Zim?.
Zim lo observó atento; Dib cubría su cuerpo con la sábana, mientras volvía a ponerse su camisa sobre los hombros.
Suspiró, y al mismo tiempo esbozó una sonrisa plena…
Era un corto tiempo, por lo menos si lo medía con los parámetros comunes de los Irk, nada raro; aunque su conquista de aquel planeta demoraba más de lo que le había parecido. Había encontrado a un gran enemigo, por más que no quisiera reconocerlo. Dib era su némesis y su razón por la cual había tomados las cosas con más calma.
Tenía que conocer más cosas de los estúpidos humanos, conocer sus puntos más débiles y las cosas que los atemorizaban. Y en ello trabajó durante meses, meses en los que no salió de su casa, ni un solo minuto. Sólo se podía ver a Gir en el jardín, atado a un árbol cada vez que se volvía muy incontenible dentro de la base.
Estaba aprovechando al máximo ese periodo que los humanos llamaban vacaciones de verano. En cuanto volviera a verse la cara con Dib, le haría sentir el temor y el respeto que le merecía a toda la raza Irken.
Pero apenas salió de su casa en camino a su primer día de escuela vió que las cosas no estaban ni remotamente normales. Todos sus compañeros parecían estar mucho más altos que él… y eso era imposible. Incluso Keef lo superaba en estatura.
Buscó con su mirada por todo el salón de clases, Dib aún no había entrado en su rango de visión. O aun no lo había visto, lo cual era imposible… Podía verlo a un campo de distancia, su enorme cabeza lo hacía resaltar entre la multitud.
No dejó de buscarlo, mientras se acercaba a su pupitre. Al parecer las cosas cambiaban ahora que habían cambiado de establecimiento escolar; nada era como antes. Tenía en su mano el itinerario escolar, y aunque las horas en el laboratorio humano le podían servir para aprender algo más, todo lo demás le resultaba altamente aburrido.
Quizás por eso no lo vió entrar en el aula, ni sentarse detrás suyo, ya que era uno de los bancos que estaban vacíos aun.
—¿Cómo pasaste tu verano, Zim?.
La voz lo hizo girar, para encontrarse con los ojos marrones del que era su peor enemigo. Dib lo miraba desde arriba, con demasiada autosuficiencia; lo que sacó de quicio al Irken, haciendo que lo mirara con odio, aun sin comprender la razón de tal cambio.
Trató de ignorar a Dib lo que le restaba de clase, a pesar de lo mucho que el humano insistía en susurrar cosas cerca de sus antenas.
—Después de todo, Gaz tenía razón, eres un pésimo invasor… Pase mucho tiempo preocupándome por nada, al parecer. ¿No tienes ningún plan nuevo en el que trabajar, Zim?.
Sólo estaba jugando con él, forzándolo como otras veces a hablar de sus planes, pero esa vez no sería igual. Antes de verle la cara a Dib en una batalla, debía averiguar ciertas cosas.
Acabó en la biblioteca de la secundaria, entre una pila de libros. Estaba seguro que encontraría la manera de no despertar sospechas, y para eso debía mejorar su disfraz de humano.
Con poco respeto hacia el material educativo perteneciente al establecimiento, Zim arrancó las hojas con la información que necesitaba; estaba seguro de que su no crecimiento como un ser humano normal llamaría la atención hacia su persona, y aun debía conquistar aquel asqueroso planeta.
Se salteó las siguientes horas, logrando salir de edificio; se comunicó con Gir, avisándole que debía tener todas su cosas en orden y listas, ya que debía estar en su laboratorio hasta encontrar lo que necesitaba.
2
No podía ser tan complicado, pensó al desplegar la lámina que le mostraba los órganos del cuerpo humano; jamás se había molestado en ver tal información, ya que sería de poca ayuda. Después de todo… los eliminaría a todos. Bueno, quizás salvara a algunos científicos para el Imperio, como al padre de Dib.
Pero másallá de ello era muy estúpido, en vez de hacer mejoras tendría que ir hacia atrás en la evolución de los Irken, y en los implantes estándar de los soldados. Nada demasiado radical, su SqueedlySpooch seguiría en su lugar, pero debía hacer algunos ajustesnecesarios.
Al principio no fue como él creyó, dolía mucho y picaba mientras las heridas de su cuerpo cicatrizaban, ya no se curaba tan rápido… pero podía soportar el agua sin la necesidad de estar protegido por algo.
Volvió a los libros humanos, buscando algo más que hacerse, tenía una cierta curiosidad acerca del aparato reproductivo de esos seres fétidos y horribles, pero esa información la había dejado en la biblioteca; así que sólo teníala imagen de cómo era, pero no para quéservía. Por ahora no haría eso, no podía saber cómo iba a terminar.
Acabó con los ajustes ya muy tarde, el viernes, y sólo allí se dio cuenta de que había estado en la base por una semana entera, sin salir. Y lo más extraño de todo, era que Gir no había estado a su alrededor, o provocado ningún tipo de problema para llamar su atención.
—¡Gir!... ¿Gir, donde estás?.
Entró en la sala, donde el televisor seguía emitiendo los programas que Girsolía mirar; no podía estar seguro de eso, ya que sus ojos ardían como nunca. Trastabilló al querer acercarse a la puerta.
—¿Qué viste?...
—Todo… diferente a como lo ví el primer día en que llegue a la tierra.
¿Podía ser eso posible?. Los implantes Irken le daban a sus invasores una visión extraordinaria, pero sin ellos… Zim había visto todo de forma distinta.
Dib lo observó, aun no se había movido de su lugar, tendido sobre la cama, aunque sostenía la sábana con fuerza, cubriendo su cuerpo de manera manifiesta. No había revelado mucho en realidad, sólo divagó sobre sus sentimientos y dudas; no que eso no le importara, pero seguía sin saber lo que más quería.
—¿Tienes un estómago, Zim?.
Zim lo miróextrañado, antes de negar.
—No mi Altísimo, por dentro sigo siendo Zim… Únicamente cambié por fuera.
Bien, pensó Dib, eso significaba que seguía teniendo su SqueedlySpooch como órgano principal. Sus ojos se parecían más a los de los humanos, y tenía una pequeña cicatriz que intentaba asemejarse al ombligo.
—¿Sabes cuánto mides?—. Dib volvió a preguntar, alejándose de la cama.
Zim volvió a negar, mientras tomaba una posición más cómoda sobre el mullido colchón. Vió en el suelo su ropa rasgada y pensó que no podría salir de la habitación de Dib sin vestir nada.
Podía ver la espalda de Dib, ancha y llena de cicatrices. Parecía estar buscando algo, mientras arrojaba cosas de un lado al otro.
—¿Tienes en mente la relación de tus 'mejoras', con el hecho de que hayas cambiado tu forma de pensar, Zim?.
¿Qué clase de pregunta era esa?.
Dib se volteó para ver la confusa mirada que le devolvía el ó con la cabeza, para que no le diera importancia, quizás él había tenido muchos años para pensar en cosas que no venían al caso.
—Párate, Zim. No te preocupes: con todo y sábana.
El Irken se puso de pie, envuelto en la tela blanca, sintiéndose extraño frente a Dib. Se suponía que su Altísimo le había preguntado si haría todo, hasta incluso matarlo… ¿Acaso ya no debía hacer eso?.
Dib estiró una cinta métrica a su lado, obviando las antenas de Irk, no estaban mal sus 156 centímetros, comparados con la mitad de los que alcanzaban los Irken comunes. Aunque para él con sus 187, no había comparación.
—¿Cómo lo conseguiste?.
—¿Crecer?—. Dib asintió, ayudándolo a envolverse entre la sábana. —Sólo expuse a mi cuerpo a una medida de radiación terrí ía que mis células se estiraran, aunque no tenía mucha estabilidad, así que tuve que agregar algo así como un esqueleto dentro de los músculos.
—Fascinante… ¿Y dolió?.
Zim asintió, aunque en verdad no recordaba si había sentido o no dolor alguno. Sintió las manos de Did recorrer su hombro lentamente, hasta encontrar la dureza entre los músculos. Quizás no tenía la misma densidad de los huesos, pero era lo bastante resistente al parecer.
Le dió la vuelta al cuerpo, teniendo la espalda frente a sus ojos, hasta donde la sábana cubría su parte baja, allí pudo ver una cicatriz un tanto grande muy cerca de su hombro izquierdo, quizás fruto de la conquista pasada. Y junto a esta, otras tantas más pequeñas y esparcidas por la piel.
No quiso preguntar, sabía que a los Irkens no les quedaba cicatriz alguna, así que eso era propio de los humanos.
—¿Cuál es la verdadera razón por la que quiere a Zim… Mi Altísimo?.
Dib lo observó, los ojos bajos y las manos fuertemente apretadas a la sábana. Se acercó hacia su propio guardarropa, mientras pensaba en las palabras justas, para contestarle. Tenía ganas de contarle la verdad, tal vez Zim lo entendería si le era sincero; pero la verdad era que así todo era más aburrido.
—No tienes por qué saberlo… Nada más necesito que me digas si harás todo lo que te pida, sin importar qué.
Zim lo vió volver hacia él, con una bata en sus manos. Ya había dicho que lo mataría si lo pidiera, convirtiéndoseasí en un traidor para el Imperio. ¿Cuánto más debía decir, para que lo creyera digno de su confianza?.
Aceptó las palabras de Dib, como ley máxima para sí. Dejó caer la sábana antes de estirar su mano hacia la bata que Dib le ofrecía.
—¿Qué demonios?.
La puerta del cuarto de Dib se abrió en un sólo segundo; no pudieron prever que aquello pasaría… y ambos quedaron con expresión perdida hacia la puerta, viendo el rostro desencajado, confundido.
Continuará.
