Tainting the Roses Red
Por Child of the Ashes
Ichigo caminó hacia el borde de la azotea para ver a Chad parado debajo. "Hey, Chad. ¿Qué estás haciendo aquí?"
"Inoue." vino la respuesta monosilábica.
Ichigo ni siquiera podía distinguir los ojos de su amigo bajo el flequillo de perro ovejero que componía la mitad superior de su cara, pero entendió el mensaje. Chad debió haber sentido el pánico en la presión espiritual de Inoue y siempre fiel, el gigante Mexicano había llegado corriendo.
"Ella está aquí arriba conmigo. Está bien." Dijo de vuelta.
"¡Hola, Sado-kun!"
Orihime se asomó al lado para tener una mejor vista y casi cayó por el borde. Sólo algunos reflejos rápidos por parte de Ichigo la salvaron de zambullirse directo hasta el fondo. Él estiró una mano y la agarró por la cintura dejándola balanceándose sobre el lado por un segundo antes de transportarla de vuelta. Razonablemente seguro que él sólo tendría unos pequeños ataques al corazón. No es que ella hubiera siquiera notado que estaba colgando sobre el vacío.
"¡Y ahí está Ishida-kun!" saludó ella. "Oh, está empapado..."
Ichigo suspiró y se agachó alrededor de Orihime, arrojándola sobre su hombro antes de que ella pudiera objetar o peor... insistir en que era demasiado pesada. Él dio un paso sobre el borde y aterrizó en el suelo. Trató de no sonreír cuando ella abrió la boca y empuñó sus manos en la tela de su espalda. Tan pronto como aterrizaron, él la puso sobre sus pies y levantó la mirada para ver a Uryu ejecutando una sofisticada mirada de desdén.
Él arqueó una ceja.
No había manera de que él pudiera dejar esto pasar.
"Hombre, Ishida. Te ves como mierda."
El quincy de cabello negro niveló su mirada con la suya. El efecto de alguna manera se anuló por el hecho de que parecía más una rata medio mojada que el último miembro de una orgullosa raza de arqueros cazadores de poltergeist. Sin mencionar, que Ichigo estaba bastante seguro de que no podía ni siquiera ver a través de sus gafas empañadas.
"Si quieres saber..." replicó, removiendo sus gafas para limpiarlas con un pañuelo que sacó de Dios sabe dónde. "Fui abordado por una tubería de agua que estalló en mi camino para ayudar a Inoue-san."
¿Abordado...? Él parecía medio ahogado. ¿Y quién usaba palabras como abordado, de todas maneras?
La chica en cuestión avanzó hacia adelante, lista para disculparse por cualquier problema que había causado. Pero después de hacer contacto ocular, ella de repente cerró su boca y puso una mano sobre ella. La dejó caer de nuevo.
Orihime arrugó su frente y miró a Uryu con determinación, causándole moverse incómodo con anticipación. Finalmente, con sus labios temblando, ella bajó su cabeza hacia su pecho bloqueando la vista de su rostro por completo.
Ella no iba a llorar, ¿o sí?
Uryu dio un paso hacia adelante a punto de lanzar un discurso sobre cómo no era su culpa que la tubería hubiera estallado, y ella de verdad no necesitaba preocuparse tanto por su bienestar y para el caso, él estaba bastante seguro de que si Ichigo pudiera ser de confianza para manejar esas cosas apropiadamente—
Un resoplido muy distintivo e impropio de una dama lo detuvo en seco. Su mano voló hacia su boca y sus hombros comenzaron a temblar.
Uryu parpadeó.
Incapaz de contenerse más, Orihime estalló en un ataque de risas. Uryu la miró con bastante sorpresa. Ichigo sonrió ampliamente, encantado de que la masculinidad de Uryu estaba siendo comprometida e incluso Chad parecía estar luciendo un sospechoso labio contrayéndose.
Uryu arqueó una delicada ceja, tratando de mantener la mayor cantidad de su dignidad como sea posible ante el rostro de la adversidad. Contó hasta diez.
Orihime casi se había arrastrado detrás de Ichigo, causando que el quincy desalineado una vez más, se preguntara qué pasaba entre esos dos. Cuando los interrogaban, juntos o separados, ambos adolescentes pelirrojos negaban cualquier existencia de una relación distinta a la de amigos.
Pero ciertamente se habían vuelto bastante amistosos en su opinión.
Él estrechó sus ojos a Ichigo.
Ciertamente, él era el único culpable. Todos ya sabían del épico enamoramiento de Orihime por el otro chico despistado, sin embargo Ichigo, como de costumbre, no era consciente a los más aparentes actos de lenguaje del cuerpo femenino.
Después de todo, él no sólo había sido testigo del tonto ignorante llevando a Orihime sobre su hombro, como algún bárbaro con carne fresca, ¿cómo lograba lucir más orgulloso que un pavo real pavoneándose? Y la peor parte de todo este lio era que Ichigo ni siquiera parecía ser consciente de cómo actuaba él con la chica. Eso, a los ojos del Quincy, hacia la hecho más cruel, si no infinitamente más peligroso.
Para Orihime al menos...
No era como si el chico de cabello oscuro tuviera sentimientos por la chica, como tal, pero él tenía un gran respeto por ella, y la noción de un corazón tan inocente siendo tan descuidadamente empujado hacia el peligro, lo fastidiaba bastante.
"Podrías haberte cambiado, idiota."
"Para tu información," vino la fría respuesta de Uryu, "Inoue parecía estar en algún tipo de angustia. Lo cual tú sabrías, si fueras ligeramente competente en la detección del reiatsu."
Ichigo abrió su boca por una respuesta mordaz para dejar que el idiota supiera exactamente quién había salvado a Inoue, cuando Rukia vino a la carga a toda velocidad deslizándose para detenerse entre ellos. Ella se dobló con sus manos sobre sus rodillas, jadeando.
"Kuchiki-san," Orihime se inclinó hacia adelante, frotando la espalda de su amiga. "¿Estás bien?"
"Oi, estúpida enana. ¿Qué diablos has estado haciendo?" dijo Ichigo, ni siquiera un poco engañado por su acto dramático.
"Yo...tenía...un...problema..." Ella arrojó entre respiraciones.
Él iba a preguntarle exactamente qué tipo de problema, cuando ella frunció el ceño y sacó su localizador de la Sociedad de Almas.
"Esta cosa anda mal de nuevo." Ella lo golpeó contra su mano, sin un rastro de su anterior fatiga.
Que conveniente...
"Estaba sonando por todo el lugar, terminé por toda la ciudad. La estación del tren, el viejo edificio, incluso en la escuela. Y te haré saber" Ella se volvió hacia él, "Que no aprecio lo que estás implicando..." ella se interrumpió parpadeando con sus enormes ojos violetas, mirando alrededor a cada rostro antes de regresar a Uryu.
Ella arrastró los pies.
"Umm...¿Ishida?" Ella se movió un poco más tratando de no mirarlo directamente. "Tu traje...siempre ha sido tan" Ella hizo un gesto. "¿Apretado?"
Su ceja se torció al mismo tiempo que la pequeña vena azul en su frente. Él utilizó un sólo dedo refinado para empujar sus gafas más arriba de su nariz, reflejando la luz de la calle y escondiendo efectivamente su expresión.
"Se limpia en seco." Dijo a modo de aclaración, y aunque su voz comenzó baja, en algún momento en el medio comenzó a elevarse en intensidad hasta alcanzar el falsete de un niño prepúber.
"De acuerdo," dijo Rukia, tratando de mirar a cualquier otro lugar excepto...abajo. Lo cual estaba volviendo al grupo rápidamente incómodo, ahora que la atención había sido llamada al hecho de que el traje se había vuelto bastante indecente.
Uryu aclaró su garganta.
"Ya que Inoue-san parece estar fuera de peligro mortal, creo que me retiraré." Y con eso, comenzó a caminar renqueando con más dignidad de la que debería haber sido posible.
"Hmm," Chad gruñó su despedida, caminando en la dirección general de su casa.
"Adiós, chicos." Orihime los despidió con su mano. "Lo siento, Ishida-kun, gracias por la ayuda."
"Que retardado." Ichigo cruzó sus brazos, observando el último destello de una capa blanca aletear en la esquina. "Hablando de eso..." él se volvió hacia Rukia. "¿Cuándo vas a reemplazar esa estúpida cosa?" Él hecho un vistazo al buscapersonas espástico.
"¡D-de ninguna manera!" gritó ella, escondiéndolo a salvo detrás de su espalda. "¡Esta es la primera cosa que obtuve en el mundo humano, y lo he tenido siempre, y funcionaría perfectamente bien si ese escurridizo tendero lo arreglara bien!"
Por su parte, Ichigo sospechaba que en realidad toda la situación tenía mucho que ver con la cara de Chappy en la cubierta, la que la Asociación de Mujeres de la Sociedad de Almas había discontinuado. Ellas lo habían reemplazado con un gatito que se suponía era más femenino. Él lo encontraba espeluznante.
Aun así, Rukia protegía a su precioso Chappy con un celo que era admirable, si es que todavía ligeramente equivocado.
El localizador comenzó a vibrar en su mano antes de que un alto pitido resonara.
"Lo que sea," dijo Ichigo, perdiendo el interés en un debate imposible de ganar. "Tengo que volver a mi cuerpo antes de que alguien llame una ambulancia de nuevo. Puedo llevarte Inoue. Está en el camino."
"Sí, eso está bien..." Ella abrió su localizador estallando. "¿Todo el camino por allí...?" Ella suspiró. "Te veré mañana. Adiós, Inoue."
Orihime le dio una sonrisa deslumbrante. "Muy bien, nos vemos mañana. Ten cuidado."
Rukia movió una mano sobre su hombro mientras se alejaba.
"¿Estás lista?" Él miró a la chica todavía sonriendo, dándose cuenta por primera vez de lo que ella estaba usando. "¿No tienes frío?"
"Ah, tal vez un poco..." Ella se miró a sí misma. "Sabes, estoy segura de que seré capaz de llegar a casa por mí misma. No tiene que pasar por ningún problema. Además, son sólo unas cuadras."
Ichigo apretó la mandíbula.
¿Qué se suponía que dijera a eso?
Él sabía que tenía más sentido ir por caminos separados. Probablemente incluso le ahorraría algo de tiempo.
Pero, si él era honesto consigo mismo, el hecho de que ella en realidad casi moría todavía estaba acosándolo. Se convirtió en un molesto pequeño zumbido en el fondo de su mente, susurrando feos pensamientos sobre lo que él podría haber encontrado si hubiera llegado unos segundos más tarde.
Cerró sus ojos fuertemente, asaltado por la imagen de su madre muerta acostada boca abajo en una piscina de su propia sangre.
Hizo a un lado la imagen con saña.
Abriendo sus ojos la miró, necesitando verla físicamente viva y a salvo. Por un poco más de tiempo, sólo hasta que los pensamientos pasaran, se dejaría ser débil.
La llevaría a casa. Vería que ella llegara allí a salvo. Y no había nada malo con eso. Él debía hacer esto. Era la cosa más caballerosa de hacer. Además, y si era atacada de nuevo en el camino a casa, ¿qué haría ella?
No era como si Orihime mataría para protegerse.
No, no por sí misma...
Él negó con su cabeza, cerrando de golpe la puerta en ese recuerdo. Este no era el momento para estar pensando en eso.
"¿Kurosaki-kun...?"
Miró hacia abajo al objeto de sus pensamientos. Debía haber espaciado.
"No te preocupes por eso, como dije, está en el camino. Además..." le dijo con una mirada de duda. "Has perdido mucha sangre. ¿Estás segura de que no quieres que mi papá te lo arregle?"
"Realmente está bien y puedo sanarlo en cuanto llegue a casa. De verdad, ¡soy dura como una roca!" Ella golpeó el aire mientras interpretaba una linda pequeña patada elevada que probablemente se suponía fuera intimidante.
Él miró fijamente el pequeño charco de sangre formándose abajo de su lado.
"Te llevaré a casa."
