¡Hola! Antes que nada se que dije que subiría los capítulos los domingos, pero salí todo el fin de semana y las tareas fueron muy pesadas, por lo cual no se me permitió subir el capitulo ayer c: pero no se preocupen, este domingo sin falta lo subo.
Como se darán cuenta no conteste reviews :c eso es porque ahora mismo no puedo, por razones de escuela y esas cosas e.e pero en fin. Una aclaración, Damian es el segundo nombre de Garret, no me había dado cuenta de ese pequeño error gracias a aleprettycat, muchísimas gracias, jamás me habría dado cuenta.
Ahora los dejo con el capitulo c:
LOS PERSONAJES COMO ELSA Y MENCIONADOS SON PERTENECIENTES A DISNEY, LA HISTORIA Y PERSONAJES NUEVOS SON MIOS.
Capítulo IV
El sol apareció como siempre en los cielos de Arendelle, las mucamas estaban listas para llevar a los invitados al desayuno. Gerda personalmente decidió ir a despertar a su majestad la Reina, cuando la puerta blanca con dibujos morados ya estaba frente a ella toco tres veces la puerta y con una pequeña sonrisa dijo;
—Buenos días su Majestad.
Dentro de la habitación solamente se encontraba a Elsa profundamente dormida, sus ligeros ronquidos no dejaron que escuchara los golpes de la puerta.
—¿Su Majestad?
Después de nuevamente tocar la puerta Elsa se levanto de golpe, su cabello, debo decirlo… era un desastre, eso era una pequeña característica que compartía con su hermana. Se froto los ojos tratando de despertar un poco más y observo la puerta.
—¿Qué sucede? —bostezo—. ¿Paso algo malo?
—Ya está el desayuno listo su Majestad, el Rey Fons y su familia la esperan en la mesa.
Elsa abrió los ojos de golpe, fijo su vista en un reloj viejo y pudo observar que ya eran las ocho de la mañana, la hora del desayuno. Se quito las cobijas de encima y salió de la cama a toda prisa, inmediatamente fue a un espejo a arreglar su enmarañado cabello.
—¡Enseguida voy!
Gerda comenzó a reír por lo bajo, inicio el pequeño camino en dirección a la mesa donde la Familia Real esperaba a la Reina.
En tiempo record, Elsa ya estaba lista de pies a cabeza, su cabello estaba suelto con solo una diadema sobre su cabello, traía puesto un vestido marrón acompañada de un calzado negro y altas calcetas blancas, parecía un vestido de campo, muy bonito y elegante. Decidió que la corona no era necesaria en ese instante por lo que la deja en su respectivo lugar.
Salió de la habitación a toda prisa, casi tropezándose con alguno que otro sirviente, Kai apareció cerca de la sala del comedor y pudo ver el largo cabello de la Reina por los aires, sabía que ella ya estaba aquí y llegaba tarde.
Elsa al estar frente a la puerta se arreglo un poco el vestido, quitando las arrugas que este pudiese tener y paso sus dedos por su largo cabello, ya teniendo todo en orden estaba por abrir la puerta pero Kai decidió hacerlo por ella, le murmuro un gracias al hombre regordete, el asintió con una delicada sonrisa.
—Con ustedes, su majestad la Reina Elsa de Arendelle.
Elsa pudo por fin observar al mejor amigo de su padre, un hombre alto, robusto, todo su cabello estaba cubierto por canas grises y tenía una larga barba del mismo color. Su mujer, la Reina estaba junto a él en el comedor. Las dos princesas estaban con sus respectivos esposos y los pequeños monstruitos pelirrojos se encontraban jugando con los cubiertos.
Al verla entrar se levantaron e hicieron una reverencia.
—Es un gusto verla su majestad. —la duquesa, Clarisse, comento.
—El gusto es mío… ¿Duquesa Clarisse? —la rubia confirmo ante la duda de la Reina.
—Mama, ¿Quién es la linda niña de allá? —Elsa pudo escuchar a uno de los pelirrojos hablar con su castaña madre.
—Hijo, es la Reina Elsa. —el niño abrió la boca en una perfecta O.
—¡Hola Elsa! —uno de los pelirrojos la saludo—. Yo soy Luuk y ya tengo hambre, ¿ya podemos comer? —su madre casi lo regaña pero Elsa comenzó a reír y se agacho hasta quedar a su altura.
—Por supuesto, también tengo mucha hambre.
Todos se sentaron y los sirvientes trajeron consigo sus platos, un desayuno especial sin duda, pero a los pocos minutos de haber comenzado Elsa pudo ver una mesa vacía al lado suyo.
—¿Es que acaso falta alguien?
Clarisse observo el asiento y comenzó a refunfuñar, a lo que el Rey Fons contesto divertido.
—Al parecer mi hijo, el Príncipe Damian no se ha levantado… suponemos que ha de estar muy cansado.
—Fue un viaje muy largo sin duda. —dijo la Reina al recordar el viaje.
—Oh vaya… Kai. —Elsa llamo al mayordomo principal, el inmediatamente llego a su lado—. Llévenle el desayuno a la habitación al Príncipe Damian, sin hacer ruido por favor.
—Como ordene su majestad.
Cumplió sus ordenes y junto a unas mucamas llevo el desayuno, la Princesa de mayor edad comenzó a reír por lo bajo.
—No se preocupe su majestad, no tiene que molestarse con ello.
—Son mis invitados después de todo, es mi deber hacer que estén bien atendidos. —Elsa le sonrió a la Princesa.
El desayuno paso rápidamente y con la ausencia del Príncipe fue un poco relajado el ambiente del comedor, a excepción de los dos pequeños pelirrojos los cuales estaban bromeando y jugando al comer, lo cual molestaba a su madre.
Fue una mañana estupenda para Elsa sin duda.
Pero mientras en la habitación de Garret, el dormía como un bebe, la desvelada que tuvo anoche junto a la mujer misteriosa lo dejo intrigado y estaba ansioso por saber su nombre. Solo necesitaba esperar a verla nuevamente esa misma noche.
La puerta sonó, Garret refunfuño y sin levantarse murmuro.
—¿Quién es?
—Discúlpeme su alteza, soy Kai, el mayordomo principal de la corona. La Reina le ha enviado el desayuno al ver que estaba usted muy cansado por su viaje.
Garret abrió los ojos sorprendido al oír aquello, ¿la Reina? Vaya, eso no lo esperaba.
Sin más que decir dijo:
—Pasen.
Aun acostado y con los ojos cerrados escucho como algunas mucamas afortunadas reían por lo bajo al verlo dormir, solamente con unos pantalones puestos, dejando al descubierto su buen ejercitado cuerpo. El tal Kai ordeno a las muchachas que se callaran y se fueron, dejándolo solo nuevamente.
Garret abrió los ojos y pudo ver en la mesita de su habitación su desayuno, unos huevos con pan y queso y jugo de naranja estaban a su vista, su estomago rugió al instante. El hambre llamaba.
Sin más que decir se levanto de su cama para sentarse en la mesita y comer el delicioso desayuno, pero a decir verdad lo único en que pensaba era en la hermosa mujer de anoche con la que hablo casi dos o tres horas. No podía despegarse de la imagen donde reía y sonreía con alegría, era algo exquisito de ver. Pero sin darse cuenta ya había pasado una hora… y ni siquiera se había acabado el desayuno cuando escucho unos golpes en la puerta.
Muy familiares por cierto, sonriendo con falsedad permitió que la persona entrase, siendo Loes, su primera hermana mayor.
—¿No has terminado?
—¿Tu qué crees? —le hablo con sarcasmo, ella cerró la puerta al entrar y se sentó en una de las sillas vacías de la mesita—. ¿Qué quieres?
—Quiero saber por qué no fuiste a desayunar.
—Me dio sueño. —los ojos verdes de su hermana mayor lo fulminaron con ironía, suspiro fastidiado—. Está bien… no concilie el sueño anoche.
—No te creo.
—No me creas entonces.
—Ya dime… ¿Qué hiciste?
Suspiro, una de las cosas que nunca le agrado de su hermana Loes es que es muy entrometida, pero sabía que se preocupaba por él, es como una segunda madre. Resignado decidió confesar lo sucedido anoche.
—Anoche baje a la alacena de la corona y… decidí comer un pequeño pan francés. —ella lo miraba con culpa en sus ojos—. No me mires así, tenía hambre… en fin, después una de las sirvientas personales de la Reina bajo e hizo lo mismo, después fuimos a la biblioteca y comenzamos a hablar… hasta que dieron las seis de la mañana y ella se fue.
Ella sonrió con delicadeza al oír lo último.
—Que tierno… ¡Estas enamorado!
—¡No es cierto!
—Si es cierto, lo estas.
Entonces antes de que el hablase, Clarisse entro a la habitación, una sonrisa enorme se dibujaba en su rostro, Garret paso su mano por el rostro mientras bufo fastidiado, sabía que ella escucho detrás de la puerta.
—¡Por fin! ¡Estas enamorado! —ella corrió ha darle un golpe en el brazo-. ¿Quién es? ¿Cómo se llama? ¿Qué edad tiene?
—Tranquila vieja. —recibió un golpe de las dos—. ¡Auch!
—Te lo merecías. —contestaron al mismo tiempo.
No pudo hacer nada, así que comenzó a hablar sobre lo sucedido en la noche y ellas escucharon atentamente toda la historia. Cuando el llego al final de su relato ambas lo miraban estupefactas.
—Entonces… no sabes cómo se llama.
—No.
—Ni donde nació.
—Supongo que aquí, en Arendelle.
—Quien puede saberlo, puede que te este mintiendo y allá nacido en las Islas del Sur.
—Ella jamás mentiría. —la defendió.
—Ooow, hablas como un todo un hombre. —ambas rieron y Loes lo miro con ternura—. ¿Crees que ira esta noche?
—Por supuesto que sí, debieron verla… —Garret se levanto de su asiento, comenzó a caminar mientras en su cabeza las imágenes de la mujer misteriosa pasaron por su mente—. Ella es… perfecta, su cuerpo es esplendido, su personalidad también, su rostro, su cabello, sus ojos… —comenzó a perderse en sus recuerdos—. Ah… es una diosa de la belleza.
Loes y Clarisse voltearon a verse con sorpresa, jamás pensaron que su hermanito llegase a estar justamente como ellas lo estuvieron cuando conocieron a sus esposos. La rubia fue donde su hermanito y le dio unos golpes en la cabeza.
—Arendelle llamando a Garret. —despertó a su hermanito de su ensueño y este volteo a verla.
—Deberían verla, se que se llevarían muy bien con ella.
—No lo dudo. —contesto Loes, observo el reloj de la habitación y se dio cuenta de que ya eran las diez de la mañana—. Oh, ya tengo que irme.
—¿Ha dónde vas? —pregunto Clarisse curiosa.
—Iré a un pequeño tour por Arendelle, ¿Quieren venir?
—¡Claro! —dijeron los dos.
Garret se puso una camiseta blanca y salió corriendo junto a sus hermanas como cuando eran unos niños y jugaban en los pasillos del palacio de Ámsterdam. Hubo un pequeño momento en el que Garret recordó a sus padres y pregunto dónde estaba, la respuesta que recibió lo impresiono bastante.
Estaban con la Reina Elsa.
Era de esperarse, después de todo su padre deseaba hablar con ella sobre cosas importantes y darle algunos consejos.
El día nuevamente fue rápido para los dos, ambos esperaban con ansias a que la lunas e posara en el cielo nocturno y cuando eso sucedió, esperaron a que ya fueran las doce, cuando eso ocurrió los dos salieron corriendo de su habitación –sin hacer el mayor ruido posible- hasta llegar a la biblioteca.
Elsa al llegar no vio a nadie, pensó que lo más probable llego demasiado temprano y entro para esperarlo sentada en el sofá de la ventana. Pero cuando entro a la biblioteca escucho como alguien cerraba la puerta, asustada giro su vista para encontrarse con el joven al que deseaba ver todo el día.
Le mostro una sonrisa picara.
—Tranquila, no te hare daño, no soy de esos hombres… primero las invito a cenar. —ella comenzó a reír, engatusándolo aun mas con su hermosa risa.
—Nunca pensé que hicieras algo parecido.
Los dos fueron a sentarse al sofá y comenzaron a hablar sobre algunas trivialidades, esta vez ella comenzó hablando sobre algunas cosas que le gustaban.
—¿Qué golosina te gusta más? —Elsa lo pensó un poco.
—Pues… —abrió sus ojos al recordar el manjar—. El chocolate.
Garret comenzó a reír dejando a una Elsa muy confundida, pensó que se estaba burlando de ella pero al darse cuenta de su mirada confusa, comenzó a murmurar cosas para llamarle su atención y aclarar.
—N-No me malentiendas, es solo que… —se rasco la nuca un poco tímido al decir lo siguiente—. El chocolate… también es mi golosina favorita.
—¿Enserio? —ella comenzó a reír.
—¡No te rías! —le siguió con las risas y Elsa paro inmediatamente.
—Perdóname, no es común que a un hombre le guste el chocolate.
—Lo sé, por eso no te lo quería decir. —Elsa pudo divisar un pequeño sonrojo en su rostro, sabía que estaba avergonzado.
—Me parece algo adorable. —le mostro una pequeña sonrisa.
Garret al oír eso fijo su vista en los hermosos ojos azul que lo hipnotizaban, ambos se observaban fijamente, no decían nada pero ninguno deseaba dejar de observase. Cuando Elsa se dio cuanta se sonrojo como un tomate y desvió la vista para que no se diera cuenta.
Para la suerte de Elsa pudo darse cuenta de que ya eran casi –de nueva cuenta- las cinco de la mañana. ¿Cómo podía pasar el tiempo tan rápido?
—Me… tengo que ir.
Se levanto de su asiento y le observo un tanto sonrojada.
—¿Otra vez?
—Lo siento… son… deberes. —no sabía cuánto más tendría que hacer esto, pero le agradaba quedarse con él hasta la madrugada.
—Por lo menos… —le tomo con delicadeza la mano, nuestra Reina sintió que su corazón se hacía más pequeño, era la primera vez que sentía algo parecido—. ¿Nos veremos mañana?
Sintió tristeza, no como aquella vez que casi pierde a su hermana, fue una tristeza completamente diferente al de cariño familiar.
Sin más que decir, asintió.
—Me alegro. —le mostro una media sonrisa.
Elsa ya se estaba por ir cuando escucho por parte del joven.
—Se me olvido preguntarte… ¿Cómo te llamas?
No supo que decir.
—Eso… te lo digo mañana. —le sonrió y salió corriendo de allí, dejando a un Garret muy impaciente.
Ahora nuestro Príncipe tenía más material exclusivo para contarles a sus hermanas, la cual irían a verlo después del desayuno.
¿Qué les pareció? Ciertamente me encanto escribir la escena con Loes y Clarisse, les estoy tomando cariño xD en fin, espero les haya gustado.
Una recomendación antes de irme, les recomiendo crearse una cuenta de FF, así las cosas para responder los reviews seria más fácil uwu, bueno. ¡Nos vemos!
.
.
.
¿Dejaran un Review?
