CUATRO
Una hora encerrada en esas cuatro paredes apagadas y deprimentes, era el peor plan para alguien que se había pasado las ultimas nueve horas de un lado a otro del local bailando con sus amigas, bebiendo, riéndose, criticando el estilo femenino de las presentes y poniendo nota a todos los que parecían solteros, e incluso a los no disponibles.
- ¿Hay alguien ahí detrás?
Nadie. Se sentía más sola que nunca. El detective se había ido y estaba claro que no iba a volver. ¿Por qué? ¿Se sentiría atraído por ella? ¿Le habrían llamado para asistir a otro caso? ¿Puede un detective llevar más de un caso por día? ¿Por que no aparecía nadie por esa puerta que le solucionara las dudas?
Kate corrió la silla hacía atrás extendiendo los brazos hacía delante, estirándose. Agobiada, dejo caer su cabeza entre sus brazos cruzándolos en forma de almohada.
A los tres minutos cambiaba de postura. Levantó la cabeza dejando que su mano sirviera de apoyo para la cabeza. A los dos minutos y medio volvía a cambiar. Ésta vez dejando caer esa mano repentinamente. Sin darse cuenta, con las uñas y las yemas de los dedos había empezado a seguir el ritmo de una canción que no había podido olvidar desde la noche anterior. La sala había dejado el silencio atrás. Sin miedo, sin vergüenza alguna el ritmo se vio acompañado por el tarareo de Kate, en ocasiones con letra.
- No está mal...!
Esposito movió los ojos hacía su compañero.
- Guapa. Buena voz. Valiente. Atrevida. Sexy. Y creo...
- Y creo que si te oyera tu recién – enfatizó – esposa, alguien dormiría en el sofá esta noche. - le interrumpió.
- No te confundas. Amo a mi mujer, por alguna razón hace una semana que me casé con ella.
- Quien lo diría... - dijo el detective con una sonrisa – Por cierto, ¿Qué a sido del viaje? ¿No os ibais a hacer un tour por Europa?
- Rodgers...
- ¡Que novedad! Siempre él.
- No, te equivocas. Fue muy amable con su regalo de boda.
- ¿Qué? Regalo de boda... - le era difícil asociar esas palabras con su capitán-. ¿Hablas enserio?
- Ya lo creo. En una semana estaré disfrutando de Italia, Francia, España...
Esposito entorno los ojos y echó a su compañero de su área de trabajo, si a vigilar aquel peligro andante se le podía llamar trabajar.
- Adiós Wanther.
A la espera del aviso de Ryan de su regreso a comisaría, Javier seguía vigilando a la mujer a través del cristal.
- Esposito.
- ¿Qué? - respondió el detective al ver a Wanther que volvía a entrar después de echarlo.
- Hay un chico que pregunta por la fiera.
- ¿Te ha dicho quién era?
- Un compañero de trabajo.
Javier abandonó la sala para encontrarse con Nick.
- Detective Esposito. - se presentó - Me ha dicho mi compañero que está buscando a la señorita Beckett.
- Si. Vine por saber qué será de ella después de jugársela de esta manera.
- ¿Su amiga no le teme a nada, verdad?
- No. Por desgracia ella es así. Nunca acepta un no por respuesta. - terminó murmurando su amigo.
- Me he dado cuenta... – murmuró Javi.
- ¿No habrá echo nada ilegal, verdad? Quiero decir, después de hacer lo que hizo...
- Lo que haya echo lo pasaré por alto. Del resto se encargará el Capitán Rodgers personalmente. Me gustaría decirte cuando saldrá, pero sigue fuera y hasta nueva orden debe estar retenida.
- ¿Podría verla?
- Lo siento, no puede recibir visitas.
- Ok, entiendo. ¿Le dirá que me llame cuando salga?
- ¿Éste café es para ella? - dijo Esposito, al leer "Katie" en el vaso de cartón.
- Hmmm, si.
- Estoy pendiente que mi compañero Ryan me avise de su vuelta. No sé lo que puede tardar en llamarme, un minuto, dos o quizá medio segundo... aprovechalo.
- Claro. Gracias detective.
- De nada. Vamos, te acompañare a su sala.
El estado de aburrimiento siempre le llevaba al de la curiosidad por cualquier cosa que tuviera a su alrededor. Y aunque una silla, una mesa con micrófonos y cámaras de seguridad era lo poco que había, ese cristal ahumado sirvió para preguntarse qué se escondería al otro lado, aún y saber que verlo era imposible.
- Beckett, tienes visita.
La voz del detective le sacó una sonrisa con un único pensamiento "todos vuelven".
Al darse la vuelta su sorpresa fue distinta. Sus ojos veían al agente que la había detenido - ni siquiera sabia si podía llamarse detención de aquello – y a su lado la presencia de Nick.
- Genial. ¡Ya era hora!
- Acuérdese de lo que hemos hablando.
- Gracias detective. - agradeció asintiendo con la cabeza.
Esposito cerró la puerta. Al llegar a los ojos y oídos de esas sala, el ambiente seguía silencioso.
- ¿Le dejas entrar y se queda callado?
- ¿Tú otra vez?
- ¿Crees me voy a perder el show?
- Maruja.
- No menos que tu, amigo.
- En cuanto reciba la llamada te quiero fuera, no quiero problemas con Rodgers.
- A su ordenes detecti...
- Shht...
Javi le hizo callar. El espectáculo del domador y su fiera parecía estar a punto de empezar.
Kate se mantenía apoyada en el cristal con los ojos fijos en su café. Nick por su parte, seguía a pocos metros de la puerta con el vaso entre sus manos.
- No pensé que me dejaran entrar, has tenido suerte. El detective Esposito ha sido muy amable. ¡Toma, tu café! Seguro que ya lo echabas de menos.
Nick se acercó a la mesa acercándoselo al borde de ésta. Kate siguió con curiosidad ese gesto, dejando entender un "¿a que viene esto?" en su rostro.
- Que me hayan arrestado no significa nada, sigo siendo la misma. Aunque no sé si esta bien que utilice la palabra arresto, ni siquiera me han puesto las esposas y he ido al lado del copiloto durante el viaje... Parece que al latino sexy le has caído mejor que yo. ¿Te ha dicho si voy a pasar esta noche aquí, en casa o si van a multarme? Por cierto, no será gay, ¿verdad? Enserio, sería una pena.
- ¡Ya basta, Katherine!
Aquella orden sorprendió a los que estaban detrás y delante del cristal. Incluso al mismo Nick. Nunca solía usar este tono para llamar su atención, pero si Kate seguía con esa actitud aquel capitulo no iba a terminar nada bien.
- Ok, ¿Me vas a contar cual es el problema? Aunque, ¿Sabes? Puede que no haga falta que digas nada.
- Me sorprende que ahora quieras escucharme.
- ¿Qué? Vamos Nick, dime una sola vez que no haya seguido tus consejos o te haya ignorado.
- Hay demasiadas... ¿Pero sabes cual es el problema? - Kate tensó su entrecejo esperando la respuesta - Tu forma de ser.
- ¡Mira, esto es nuevo! Pues siento decirte esto Nick: servidora no va a cambiar porqué haya terminando aquí después de intentar hacer mi trabajo.
- Esta bien. No lo hagas. ¡Estupendo! Supongo que papá podrá sacarte de la cárcel. Tu niñero esta harto de tener que estar alerta de todas tus chifladuras.
- ¿Has dicho niñero? - repitió riéndose por lo estúpido que le parecía todo lo que estaba oyendo - Yo no necesito a nadie que sea mi niñero...
- Perfecto, porque yo no quiero seguir compartiendo piso con una niña de quince años. Antes preferiría compartirlo con mi prima de diecisiete, parece tener la cabeza más en su sitio que tu.
- ¡JA! Ya les gustaría a muchas estar como yo a mi edad...
Era inútil. Era como hablarle a una pared. Por más que él le dijera todo lo que pensaba de ella, sólo con el único fin de conseguir un cambio, ni que fuera diminuto, en su comportamiento. Cada vez veía más claro que necesitaba un milagro para conseguirlo.
Nick se giró caminando hacia la pared con una mano enredada el su pelo. Éste se giró de repente preso por un impulso mirado a Kate a los ojos.
- ¿Porqué siempre tienes que arriesgarte?
- Es mi trabajo, ¿recuerdas? Bueno, nuestro en realidad, pero creo que a partir de hoy va a ser solo mio.
- Te dije que no lo hicieras.
- ¿Y quedarme sin exclusiva?
- ¡Katherine, no quería hablar! ¿No le viste la cara?
- ¡Nick, se detuvo! Di en el clavo, ¿no te das cuenta? Para mi eso significa mucho más que unas palabras de él.
- Nunca te ha importado lo que te pasara. Ni siquiera lo que sufren los demás haciendo el trabajo que haces. La cuestión es llegar dónde Beckett se propone.
- Si. Y creía que me apoyabas.
- Tres años. El primer año pensé que sería temporal, pero con los meses vi que no. Cada vez que intentaba detenerte, ya te habías ido. He ido detrás de ti porque temía que acabaras en un lío de los grandes. Siempre al borde de un ataque cardíaco y... lo siento Katie.
Katherine cruzo los brazos a la vez que, nerviosa, comenzó a morderse el labio.
- Siempre he tenido la esperanza de ver a la otra Kate, pero ya no puedo esperarla más.
- ¿Ésta es tu razón por la que te quedaste cuándo tuviste la oportunidad de irte? Si te quedaste por ser mi niñero, te equivocaste. Soy la Kate que soy, no pienso cambiar sólo porque alguien quiera...
- ¡Me quede por ti! - su tono de voz se fue elevando – Sabía como eras, te había visto correr por los pasadizos del instituto y sabía que eras buena en tu trabajo. Me preguntaron dos, tres, incluso seis veces si estaba seguro de querer ser tu acompañante y no me cansé de repetir que si. Todos me dijeron que estaba loco, que no sabia dónde me metía, pero me daba igual. Quise confiar en ti, lo hice. Sabes más cosas de mi que nadie que haya pasado por mi vida. Has hecho que los días más duros parecieran una simple tormenta de verano, que lograra levantarme y decir hoy voy a comerme el mundo. Creía que mi hermana había vuelto sabiendo que de dónde me despedí de ella hace dos años no puede volver... - Kate separó sus labios para decir algo, pero Nick la detuvo. - ¡No, escuchame! Ni te imaginas como has hecho que te quisiera, y ni te imaginas... Estaba equivocado. ¿Y sabes? Quizá tienes razón. Me equivoque cuándo elegí quedarme. Tú nunca cambiarás. Nunca dejarás de ser egoísta. Nunca te he importado, ni yo ni nadie que se cruce por delante de ti.
Nick no quiso esperar su respuesta. En silencio se acercó a la salida para irse. Antes de traspasar la puerta Kate volvió a oír su voz.
- Si quieres irte a dormir a casa será mejor que por unos minutos seas quien nunca serás. Buena suerte Katherine.
La llamada había llegado cuándo el chico pronunciaba las palabras "Quise confiar en ti, lo hice". Viendo todo lo que estaba sucediendo Esposito se había arriesgado a no decir nada y esperar que Nicholas se fuera antes de encontrarse con Rodgers.
Al salir de la sala, el detective se cruzó con él quién le dio las gracias sin fuerzas para pronunciar la palabra.
Fuera del edificio, sin ver más allá de sus pensamientos y el recuerdo más reciente, Rodgers pisaba el mismo arcén que Nicholas acababa de dejar atrás.
