Capítulo 4:

"Trágame tierra, por favor"

Entramos a un populoso Centro Comercial. Era un Mall grande, lleno de tiendas y Seiya parecía hiperventilada, me llevaba corriendo de acá para allá…
Normalmente, yo soy así, pero esta chica se lleva la palma, me dije, avergonzado…

-Oye… le dije.

Me miró un segundo con sus ojos de lapizlázuli.

-¿Nunca habías venido de tiendas?

-Yo… no soy de acá, ¿recuerdas?

-Ah… Supongo que vienes de una ciudad pequeña. ¿Playa o Montañas?

-No creo que lo entendieras, dijo y me miró de reojo con autosuficiencia.

Cuento corto, recorrimos medio Centro Comercial, comprando mi uniforme, algo de ropa de chico… Muuucha ropa de chica para ella.

Se probaba todo y salía del cubículo para que yo diera mi visto bueno.
Yo me ponía colorado.

-¡No necesitas hacer eso! Le grité.

Una señora me quedó mirando, sin comprender mi enojo y sobresalto.

-Este… ¡Es que todo te queda perfecto, cariño! (agregué para disimular)

Cuando Seiya salió estaba sonrojada y molesta.

-¿Me has dicho "cariño"?

Miré de reojo. Nadie nos observaba de momento.

-¡Olvídalo! Escuchaste mal, expresé sintiendo que me ponía como un tomate.

Se puso muy seria.

-Creo que te falta algo… (señalando mi turba de bolsas de compra)

-¿Tengo todo aquí, ves? Uniforme, buzo, poleras, polerones, casaca, pantalones, calcetines, zapatos…

-No creo que puedas seguir usando esa ropa interior… me dijo dubitativa y enrojeciendo en forma gradual… se te marca demasiado.

Toqué disimuladamente el elástico de mi tanga rosa con conejitos y enrojecí también.

-Tal vez…

Saqué mi monedero y decidí armarme de valor para entrar en una tienda de ropa interior masculina. (no iba a permitir que eso me lo comprara Kou, también U.Uº)
Adentro había muchísimos chicos guapos.
¿Con qué excusa iba a entrar ahí yo? De momento eran terrenos ignotos e inexplorados…

Seiya se quedó afuera. Desde lejos guiñó un ojo.

Rebusqué en una caja de madera pintada rebosante de bóxers. ¿Cuál sería mi talla? Los estiré y los probé en mi (ahora reducida) cadera con disimulo. Creo que la M está bien, me dije.
(Alivio)

-Quiero cinco pares de estos, blanco, celeste, azul, amarillo y burdeos… (Adiós al rosa)

-¿Son para Ud o los quiere para regalo? Preguntó el dependiente.

-¡Oh, sólo démelos así, no son para mi novio! (Ay…metí la pata)

Todos los hombres de la tienda y algunas mujeres mayores que compraban algo a sus esposos se volvieron a mirarme con asombro.

Me rasqué la nuca, rojo como amapola… y quise arreglarlo:

-¡Novia, novia, digo novia!
Más miradas de reprobación y extrañeza.

-Eh… sólo déme los condenados calzoncillos, ¿no? Había olvidado que son para mí.

-La juventud de hoy día está cada vez más confundida, le susurró una viejita a otra. La otra asintió meneando al cabeza.

Por fin salí con mi bolsa.

-¿Qué pasó allá adentro? Todos parecían estar alucinando… Preguntó la muchachita con curiosidad.

-Nada que quiera contarte, Kou.

-¿Qué tal si comemos un helado? Le dije, para cambiar de tema.
Sus ojos brillaron como por ensalmo.

-¿Con galletas?
-Sí. (Asentí vigorosamente)

-¿Y chips de chocolate?
-Sí. (Asentí de nuevo)

-¿Y rallado de coco?
-Sí. (Me estaba dando tortícolis)

-¿Y salsa de manjar?
-Sí. (¡Ay!)

-¿Y…?
-¡Bueno! ¡Ya estuvo suave! Pídelo con todo lo que se te antoje… setas, pistacho, pimienta, curry, ¡qué sé yo!

-Pensé que también te gustaba el helado… Dijo mirando el piso, algo contrita.

-Me encanta… bajé la voz, sorprendiéndome de lo cansino que sonaba, -pero no ha sido el mejor día de mi vida… Sólo espero que sea una pesadilla y que mañana vuelva a la normalidad.

Ella me observó, y pude ver como un rayo de tristeza partía su entusiasmo y que su boca se ponía mohína.

-Tienes razón… ha sido una pesadilla. Y se quedó silente por un largo período de tiempo.

Mientras a nuestro alrededor la gente pasaba de largo sonriente, y yo era cada vez más consciente de que algo que había dicho, que había herido a la muchachita que estaba sentada a mi lado en la banca.
Suspiré. La miré disimuladamente y luego vi hacia el frente.

-Lun…

-Dime, Seiya…

Tenía la cabeza gacha, las adorables mejillas sonrosadas acariciadas por sus gatitos algo húmedos, y los ojos ocultos en el flequillo.

-Si todo ha sido una pesadilla… Si mañana despiertas y todo lo malo que te ha pasado hoy ha sido un sueño, ¿Querrías volver a conocerme?

Medité. La observé. Maldita la curiosa ternura que experimentaba cuando la contemplaba.

-¡Claro! Podríamos ser amigas.

Su faz se iluminó.
-¡Vamos por esos helados! Me muero de hambre.

Apenas si pude pagar sus antojitos. Parecía que nunca había comido helado.
¿Cómo sería el lugar donde vivía? Su familia no se veía pobre… Cada vez, habían más misterios que soluciones, me dije sujetándome la cabeza y mirándola comer con ganas, mientras yo hacía otro tanto.

De pronto, pasó lo impensable.

Reconocí esa espalda amplia, apenas ligeramente encorvada, el cabello negro azabache, la chaqueta verde que solía ponerse… ¡Darien!

Antes que pudiera razonar sobre todas las últimas 18 horas que habíamos estado separados y que me parecían siglos, había saltado del asiento y estaba abrazándolo…

No adoro a mi novio en exceso, pero anhelaba que le me mirara con su tranquilidad y sobriedad habituales, me tocara la cabeza y me dijera que todo iba a estar bien…

-¡Darien! ¡Mi Darien! Dije con fruición, estrujándolo en mis brazos, recordando nuestros primeros años juntos, los mejores de nuestro romance.

Pero lo que ocurrió fue todo lo contrario.

Se volvió con ojos desorbitados, y me rechazó, empujándome, haciéndome caer al suelo.

Me dolió. Más el alma que el trasero.

-¿¡Qué te pasa!? ¿Estás loco niño?

Su reprobación y confusión eran patentes…

Ahora recordé de golpe que "por fuera" no era una tierna y hermosa muchacha escolar.

-Pero Darien… le dije al borde de las lágrimas.

-No somos amigos, explicó a las personas que pasaban y miraban confusas,

- Yo no lo conozco, no sé de donde sabe mi nombre… casi tartamudeó.
Al ver mi expresión dolida se suavizó un poco.

-Mira, voy a pensar que me has confundido con alguien más, no debes andar arrojándote así encima de la gente o van a pensar que eres un acosador, muchachito…

Me tendió la mano y me ayudó a ponerme de pie. Sin notar siquiera mis ojos arrasados de lágrimas.

-Además… ¡Yo no le hago a esas cosas! Agregó, enrojeciendo con una gran gota de vergüenza casi visible sobre la frente. ¡Me gustan las chicas! Y se fue con un ademán de la mano a modo de adiós.

Me senté de nuevo frente a la mesilla del "Ice Center", aovillándome los brazos en las rodillas, mientras gruesas gotas de sal se deslizaban por mi rostro.
Nada podía ir peor…

Una mano tibia se posó en mi hombro. Luego acarició mi espalda con ternura, haciendo círculos suavemente una y otra vez, mientras mi angustia iba cediendo a medida que las lágrimas comenzaban a agotarse.

-Lo siento, dijo Seiya con voz apenada y enronquecida. Voy a decirte la verdad. Vamos a solucionar esto.

La sinceridad se transparentaba en sus ojos azul mar profundo. Nada quedaba de la ironía y jugueteo de hace unos momentos.

Agradecí su gesto, esperando que esta vez, de una vez, me aclarara de una vez por todas qué pintaba ella en mi actual y compleja situación.

Continuará o.o