Capítulo 3.- Estrategia.

La oscuridad se filtraba por la ventana de la habitación. Aun era de madrugada, pero Edward no lograba conciliar el sueño, solo giraba de un lado a otro en la cama.

Después de varios minutos, cansado de permanecer tendido en su lecho, se incorporó, y al hacerlo sintió un intenso dolor en su brazo derecho. Quizá la adrenalina que desbordaba al estar en casa de los Rockbell le había hecho perder sensibilidad. No recordaba que la herida hubiese sido tan dolorosa, ni tampoco la curación. Más, en ese momento, la lesión dolía como el maldito infierno.

-¡Demonios!- murmuró el muchacho mientras por instinto oprimía su brazo con la mano contraria.

Se levantó por completo una vez que hubo mitigado un poco su malestar. De inmediato comenzó a buscar algo de ropa, al tiempo que se despojaba de su pijama.

Tomó del armario una camisa blanca de manga larga y pantalones negros, junto con unas botas de ese mismo color. En realidad no le importaba mucho como lucía, solo deseaba salir rápido de ese lugar.

Bajó las escaleras y atravesó la estancia, haciéndolo todo cuidadosamente, ya que no tenía intensión de despertar a la poca servidumbre que aun dormía.

Suspiró aliviado cuando logró cerrar la puerta principal, para luego comenzar a caminar, adentrándose al bosque. Necesitaba salir, estar expuesto al aire libre. Empezaba a asfixiarse dentro de aquella habitación.

La visita de la noche anterior le había perturbado. Nunca en su vida había tenido que reprimir tanto rencor, o mejor dicho, nuca había sentido hacía alguien tanto rencor. Y todo era por esa maldita mujer.

Había pensado en eso mientras trataba inútilmente conciliar el sueño. Era increíble como alguien hubiese sido capaz de hacerle daño a una persona como Alphonse.

Él se había caracterizado desde niño por ser amable y dulce. Era un hijo obediente, cariñoso y ejemplar, y no era muy diferente con su hermano, con quien se comportaba como el amigo más leal, aunque, como todos los niños, llegaban a tener peleas algunas veces.

Más con el tiempo y la madurez, el lazo de ambos hermanos se había hecho algo muy fuerte. El apoyo y el cariño que se profesaban eran incondicionales. Podían llegar a dar la vida uno por el otro.

Y era por todo eso, que Edward no encontraba explicación a aquello. Difícilmente podía creer que Alphonse tuviera enemigos, o pudiese ganarse el resentimiento de esa mujer. Pero lo escrito en esa carta era incuestionable. Ella le odiaba y le causo uno de los sufrimientos más grandes, el cual el menor de los Elric no pudo soportar y lo obligó a quitarse la vida.

Ed apretó los puños solo de recordar lo que había leído en esa nota. La rabia volvía a apoderarse de él, pero decidió tranquilizarse. Su mente debía permanecer impasible, ya que planeaba una venganza sutil. Destruiría a esa mujer sin necesidad de la violencia física, eso no era lo suyo. Le parecía un acto de cobardes abusar de una dama. Él concebía acabarla del mismo modo que ella a Alphonse. Al final suplicaría un perdón que Edward no estaba dispuesto a darle. Así terminaría.



Continúo caminando. La sola idea de llevar a cabo su cometido con éxito había logrado regocijarlo. Ahora su semblante reflejaba serenidad.

Mientras continuaba su recorrido por el bosque, el sol comenzaba a aparecer. Fue cuando el joven alquimista optó por regresar. Estaba casi seguro que los empleados que le atendían en la cabaña estaban ya despiertos, y él no había tenido la delicadeza de dejar una nota para avisar de su salida. Probablemente estarían preocupados.

Dio media vuelta para seguir andando, cuando escuchó un ruido que lo hizo alertarse. Eran sigilosos pasos que se acercaban hacia él.

Enseguida, Ed se escondió detrás de un árbol, a la espera de lo que se aproximaba, mientras metía una de sus manos al bolsillo del pantalón para sacar sus guantes especiales con insignias alquímicas, que le permitían realizar transmutaciones sin necesidad de círculo. Si la ocasión lo requería haría uso de ellos.

Edward seguía a la expectativa, aguardando un momento idóneo para mirar. La razón que le hacía sospechar de quien se acercase, era el hecho de que tenía conocimiento de que aquel camino no era muy transitado, y aun era muy temprano para que alguien estuviese caminando por el bosque.

Siguió esperando, aguantando la respiración al escuchar aquellos pasos más cerca.

Sorpresivamente, el muchacho salió de su escondite y tomó al desconocido paseante por los hombros, para luego girarlo y acorralarlo contra el árbol en el que se refugiaba segundos atrás.

Poco después de actuar, Ed se dio cuenta de que se trataba de una mujer, quien lo miraba aterrada y estaba a punto de soltar un sonoro gritó que fue amortiguado por la mano del alquimista, al posarse en su boca. Fue entonces cuando él la reconoció.

-¡Silencio! No grites.- pidió Edward en un susurró, manteniéndose sereno para transmitirle confianza a la chica, a quien recordaba haber conocido la noche anterior en casa de los Rockbell.

Winry, por su parte, dejo de lado cualquier forcejeo, ya que ella también ubicaba aquel rostro, y las palabras mencionadas hacía unos instantes le corroboraban que él no iba a hacerle ningún daño.

Se miraron el uno al otro durante breves momentos. Luego, la joven suspiró profundamente, dando a entender que ya estaba un poco recobrada de la impresión.

-Voy a soltarte ahora, ¿de acuerdo?- dijo él mientras cedía lentamente el agarre, a lo que Winry solo asintió.

Una vez liberada, la chica soltó una bocanada de aire. La respiración se le había dificultado mientras Ed la tenía sometida.

Al percatarse del poco daño que le había causado, él se acercó a ella, a lo que la rubia reaccionó instintivamente alejándose. Después la joven se recargó sobre el árbol detrás de ella, mientras intentaba recuperar el aliento.

Edward seguía mirándola con preocupación.

-Lo lamento… yo… ¿qué demonios hacías por aquí, en primer lugar?- articuló el alquimista con algo de confusión.



-Vine a buscar algo para el desayuno.- respondió ella con un dejo de miedo en la voz, mientras señalaba una canasta en el suelo, la cual había dejado caer cuando el muchacho la atacó.

-Este no es lugar para hacer eso. ¿Acaso nadie te ha dicho que es peligroso para una niña andar sola en un bosque? Además, esta es una propiedad privada.

-No soy una niña. He andado por donde sea sola desde que tengo memoria. Sé cuidarme por mí misma. Y el hecho de que yo venga a buscar frutos aquí jamás ha representado un inconveniente para nadie.

-Para mí lo es. Estuve a punto de matarte por tus estúpidos descuidos.

Ed volvió a dar un par de pasos hacia atrás y giró, quedando de espaldas a la chica, para luego masajear con delicadeza sus sienes. Fueron pocos los segundos que permaneció así, ya que volvió a darse la vuelta, encontrando a Winry aun recostada sobre el árbol.

-¿Puedes levantarte?- cuestionó Edward mientras se acercaba y le tendía una mano para ayudarla.

-Sí, eso creo.- respondió ella al tiempo que aceptaba la ayuda, ruborizándose al sentir su tacto. Aquella reacción le parecía inexplicable, pero era lo que él le producía desde la primera vez en que se encontraron.

La joven desvió la vista al suelo, avergonzada. La tensión del momento se estaba pasando, y ahora solo podía sentirse intimidada por aquel atractivo militar.

-Lo siento.- dijo la chica en voz baja -De verdad ha sido culpa mía.

-Olvídalo.- contestó el muchacho con desgano -Solo ve y llena la maldita canasta.

Dicho aquello, Ed dio media vuelta para marcharse, más la voz de Winry lo detuvo.

-¡Espera! Tu brazo…- expresó ella con preocupación señalándole su brazo derecho y pudo percatarse de la sangre en su camisa.

-Debe haber sido a causa del forcejeo.- agregó el alquimista sin darle mayor importancia.

-Tal vez se abrió alguna puntada. Lo mejor será que te lleve a donde mi abuela. Ella te ayudará.

Edward frunció el ceño. Definitivamente le desagradaba la idea de volver a esa casa.

-Mi cabaña no está muy lejos de aquí. Seguramente alguien de la servidumbre podrá ayudarme.

-Está bien. Si no quieres ir al consultorio, entonces deja que yo te cure. Sé cómo hacerlo.

El muchacho volvió a mirarla, extrañado. No encontraba explicación para la actitud de la chica. Ella pareció advertir esa expresión, por lo que se apresuró a dar sus motivos.



-Esto ha sido mi culpa, y si no te ayudara me sentiría muy mal. Por favor, déjame hacerlo.

Ed suspiró derrotado. A pesar de su fastidio la dejaría hacer.

-De acuerdo. Solo apresúrate.

La joven esbozó una pequeña sonrisa, para luego comenzar a caminar, guiando al rubio hacia el pueblo.

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No tardaron mucho en llegar a una vivienda pequeña, a las orillas del pueblo, muy cerca de la entrada al bosque. Era una construcción pequeña, posiblemente solo contaba con un par de habitaciones y una estancia. A pesar de esos detalles, la casa era linda, con un suave color celeste.

Una de las ventanas delanteras estaba abierta, por lo que Winry se aventuró a mirar hacia adentro.

-¡Fletcher!- llamó la chica al no ver a nadie cerca.

Enseguida, un jovencito de cabello dorado y ojos azules atendió al llamado

-¡Hola, Winry! No te esperaba tan temprano.- saludó el niño mirando a través de la ventana, apresurándose para ir a abrir la puerta.

-¿Esta Russell en casa?- inquirió la joven, recibiendo una negación con la cabeza por parte de su amigo.

-Ha salido desde temprano, pero no me dijo a donde. Puede que tarde un poco, llevaba sus libros.

-Perfecto.- concluyó la chica mientras entraba a la casa -Necesito tu ayuda.

Dicho aquello, Winry hizo una seña, indicándole a Edward que podía pasar, a lo que él obedeció de inmediato.

-Toma asiento.- pidió ella mientras se apresuraba a reunir en una pequeña mesa todo lo necesario.

Pasaba gran parte de su tiempo en esa casa, por lo que conocía cada rincón, y la ubicación de cada uno de los objetos.

Por su parte, Fletcher miraba extrañado a la chica, ya que esta no le había dado explicación alguna de su presencia, ni quién era el hombre que la acompañaba.

El niño carraspeó un poco, ganándose una mirada fugaz de su amiga.

-Clara le atendió anoche por una herida en el brazo, pero se ha lastimado de nuevo.- comentó la joven, omitiendo el incidente en el bosque.

Había un detalle que retumbaba constante en la mente de Edward, y era que, al parecer, esa muchacha ignoraba el motivo por el que él había visitado su casa la noche anterior.

Hubiese sido normal que Clara le comentara del peligro que él representaba, que le pudiera al tanto de sus intenciones, pero Winry ignoraba aquello. Todo eso solo le hacía sospechar más de la culpabilidad de la mayor de las 

hermanas, y le reiteraba que era casi probable que el resto de la familia ignorara los hechos.

La mente fría y calculadora del joven alquimista hubiese podido seguir cavilando, de no ser por el intenso y agudo dolor que lo invadió.

-¡Maldición! ¿Qué demonios estás haciendo?- se quejó Ed en voz alta.

La chica eludió el reclamo y se limitó a seguir con su trabajo. Edward desvió la vista hacia otro punto, mientras tensaba su mandíbula para no proferir ningún sonido que delatara su malestar. Aquello no pasó desapercibido por la rubia.

-Lo siento. Tengo que deshacer las costuras y aplicar un antiséptico. La herida se hinchó y es probable que tengas una infección.- explicó ella, al tiempo que realizaba su labor.

Winry estaba confusa. Era la primera vez que presenciaba algo así. Su hermana solía ser muy perfeccionista, más en lo que a su profesión se refería. Siempre se esmeraba por hacer lo mejor y por lo general no tenía queja alguna de sus pacientes.

La lesión del muchacho no representaba nada grave ni fuera de lo común, y sin embargo, Clara había cometido un error digno de un principiante. Algo en su interior le insistía en que eso era totalmente intencional, más no tenía sentido especularlo, por lo que dejo de lado el asunto.

La joven continuó, haciendo todo con la mayor delicadeza posible al notar aun la tensión en el rostro de Ed.

-Disculpa si te lastimo, pero es necesario.

-Ignóralo y limítate a continuar. Tengo algunas ocupaciones.

-Es verdad. Eres militar, ¿cierto? Imagino que deben ser personas muy ocupadas.

-Solo cuando las misiones lo requieren.

-Ignoro qué tipo de misiones puedas realizar aquí. Este pueblo no está muy implicado en el terreno de lo militar. Tampoco tenemos muchos conflictos.

-Son asuntos confidenciales.

-Ya veo. ¿Y cuál es tu rango?

-Soy… teniente.- mintió Edward mientras luchaba por esconder una mueca, producto del dolor.

-Vaya. Imagino que tus padres deben estar muy orgullosos.

-No tengo padres.- se apresuró a contestar el muchacho, su semblante se notaba sereno. -Aunque… tal vez lo estarían si vivieran.

Winry se sintió algo perturbada. Su comentario le había hecho sentir una punzada de culpabilidad.

-Yo… tampoco tengo padres, ¿sabes?- comentó la chica con la intención de no hacer pesado el ambiente. -Ellos murieron durante la guerra.

Ed arqueó una ceja sin que ella lo notara. "¿Verdades a medias? Parece que sabe jugar el juego" pensó el alquimista tras oír la declaración.



Todo se sumió en el silencio, hasta que la muchacha concluyó su trabajo. Una vez que hubo asegurado los vendajes, ella le indicó a Edward que podía ponerse de pie.

-¿Y bien? ¿Se siente mejor?- preguntó Winry

-Sí, bastante.- contestó él flexionando un poco su brazo.

Fletcher, quien había permanecido apartado en uno de los rincones de la estancia, hizo una discreta seña con la cabeza a su amiga, con la cual le insistía a "despedir a su invitado". Ella lo ignoró. No lograba entender por qué le agradaba tanto la presencia de ese hombre.

Volvió su atención hacia Ed, solo para descubrir que él le miraba, con ese rostro serio e impasible que a ella le parecía agradable. Se ruborizó sin darse cuenta.

-Gracias por la ayuda.- dijo él.

-No es nada.- respondió la chica casi murmurando.

Sin más, el joven alquimista dio media vuelta para marcharse. Apenas había logrado abrir un poco la puerta cuando la voz de ella lo detuvo.

-¡Espera! Quisiera… saber tu nombre.- pidió la rubia de repente. Se sentía algo aturdida, como si hubiese despertado de un trance.

-Edward. Edward Hughes.- respondió el muchacho con naturalidad. Comenzaba a parecerle increíble su reciente habilidad para mentir, aunque aquella respuesta no había sido tan meditada. Maes se convirtió en su tutor poco antes de que él ingresara a la milicia, por lo que la idea de compartir el apellido no le resultaba tan anormal. - ¿Y tú eres...?

-Winry Rockbell.

Dicho aquello, Ed se apresuró a extender su mano, recibiendo la de la joven como respuesta.

Se estrecharon durante breves instantes. El suavizó el agarre, disolviéndolo. Luego una sonrisa de autosuficiencia se mostró en sus labios.

-Supongo que te veré después. Hasta luego.- se despidió Edward, mientras ella solo asentía con la cabeza. Al parecer esa sonrisa le había dejado cautivada.

La muchacha lo miró marcharse, embelesada. En tanto, Fletcher rodaba sus ojos con algo de fastidio.

-Si mi hermano y Clara saben que lo ayudaste…

-No tienen porque enterarse, Fletcher. ¿Me lo prometes?

-No diré nada, lo sabes de sobra. Es solo que… me parece extraño, e injusto.

-¿Por qué lo dices?

-Ni siquiera tu abuela sabe que tienes ciertas habilidades para la medicina, aunque quieras negarlo. Nunca quieres ponerlas en práctica para ayudar a alguien, y sin embargo, con ese hombre… lo hiciste.

-Tenía que ayudarlo.

-¿Por qué?



-No lo sé.- concluyó Winry, mientras otro sorpresivo sonrojo se hacía presente. Aun no comprendía con exactitud qué era lo que le inspiraba ese misterioso militar.

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Desde que había abandonado la casa, la sonrisa en el rostro de Edward se mantenía intacta. Aquel encuentro había resultado bastante conveniente. El destino y la justicia estaban a su favor.

Una estrategia comenzaba a formularse en su mente. Winry Rockbell parecía ignorante de sus planes, y mientras fuera así, ella podría serle útil. Involuntariamente, ella le ayudaría a encontrar la verdad.

Sonrió con mayor satisfacción. La venganza estaba por completo en sus manos.

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¡Les pido una gran disculpa! No tengo una excusa válida para este retraso. Las ideas de mi otro fic no me dejaban tranquila, y ahora que lo he interrumpido en un momento crucial, me dedicaré a actualizar esta historia.

Ojalá puedan comprenderme un poco.

En fin, agradezco a quienes leen y a quienes dejan reviews:

Leiram, MIICAA, PuLgA (¡perdóname! Intentaré no retrasarme tanto), Blue-Bird07, Biak Songkey, Juana, Genesis-ahome, Isuzu.92, chiby-alchemist, Bianjie y Raven-Vidaurreta.

¡Gracias! Y ojalá me sigan apoyando.