Seguimos con otro capítulo con algo de acción, (¿ya era hora no?), ¡disfrutadlo!


CAPÍTULO 4 - ENFRENTAMIENTO

- ¿Perdón? – Preguntó Matt, algo agresivo ante la orden de su jefe.

- Ya lo has oído. Quiero que luches con él.

- ¿Y con qué fin si puede saberse?

- Quiero ponerle a prueba.

- Para eso puedes hacer que luche con HUNK o con cualquier otro – protestó.

- Nuestro querido amigo HUNK esta fuera en otro trabajo, y no me queda nadie más con el nivel de nuestro amigo.

- ¿Insinúas que este montón de músculos tiene nivel?

- ¿Acaso te da miedo luchar conmigo, esmirriado?

Las palabras de Krausser sonaron vacilantes. Le estaba provocando sin duda, pero Matt no estaba dispuesto a caer en su juego.

- Tengo cosas mejores que hacer que ponerme a pelear, Wesker.

- Ya lo sé… ¿cómo va tu pequeño trabajito?

Matt metió la mano en el bolsillo trasero del pantalón y sacó tres tarjetas plastificadas que tiró sobre la mesa de Wesker. Las tres quedaron justo enfrente suya. Tenían pequeñas manchas rojas, que Wesker dedujo que eran de sangre.

- Tres pájaros más han caído.

- ¿Y qué hacían estos pobres desgraciados? – Preguntó mientras miraba las tarjetas que tenían grabadas las siglas S.T.A.R.S en el dorso y en la parte superior de la misma.

- Meter las narices en Colorado. Alguien los había puesto sobre aviso de las instalaciones de allí.

- Ya veo… - Wesker se giró satisfecho, pero aún le quedaba algo por decir - ¿Y sabes quien fue?

- Chris Redfield.

En un principio no le irritó oír el nombre, pero si que sentía algo de rabiar al recordar los sucesos ocurridos en la mansión Spencer. De no haber sido por Chris, Jill y Barry, los planes de Wesker hubieran salido bien y ahora no tendría que tardar tanto en sus planes.

- No sé lo que le has hecho, pero no deja de preguntar por ti – explicó Matt, sabiendo que su jefe no le hacía mucho caso.

- Olvídate de eso – la silla giro y Wesker apoyó las manos sobre la mesa, inclinando un poco el cuerpo – El dinero te será ingresado como siempre.

- Gracias – Matt se giró para marcharse, pero Wesker le detuvo.

- Aún tienes que hacer este pequeño encargo, Matt.

- ¿De verdad crees que voy a perder mi tiempo con esta montaña de músculos? – Preguntó sin girarse.

- Solo serán cinco minutos, puedes hacerlo.

- ¿Y qué saco yo a cambio?

- ¿Qué te parece un ingreso extra de 5.000$?

Matt suspiró. El dinero era su punto débil. Si el trabajo estaba pagado, no podía negarse. Y esa cantidad por un combate bien merecía la pena. Además, estaba oxidado de tanto tiempo que no usaba las manos y las piernas para defenderse.

- De acuerdo. Pero solo cinco minutos.

Los tres se dirigieron a la sala de entrenamiento, una habitación de más de doscientos metros cuadrados que generalmente estaba llena de aparatos de gimnasia; pesas, cintas de correr, sacos de boxeo… pero ahora estaba totalmente vacía.

- Estamos decidiendo irnos a otra sucursal – explicó Wesker – Estamos trasladando las cosas.

- Mejor, así más espacio para que machaque a este alfeñique – comentó Wesker con tono provocativo, pero Matt no se sintió aludido, solo se dedicó a quitarse la chaqueta y tirarla a un lado.

Krausser se tomo ese pasotismo como una ofensa. Su rival estaba pasando de él, algo que no soportaba que nadie hiciera.

Wesker se sentó en una silla que un empleado le trajo y se puso cómodo, para ver mejor el espectáculo.

- Podéis empezar cuando queráis.

Krausser se puso en posición. Matt también, pero se dedico a estudiar a su rival. Por su forma de vestir y su corte de pelo estaba claro que pertenecía, o había pertenecido, al ejército, así que en técnicas de combate de cuerpo a cuerpo le habrían enseñado lo básico de la lucha libre, cosa que podía deducir por como colocaba las manos en posición de ataque. Además ese enorme tamaño y esa cantidad de músculos debían hacer de él una persona con mucha fuerza, pero lenta y poco ágil, así que si aprovechaba esa desventaja tenía el combate en el bote.

Como él no atacaba, Krausser fue el primero en mover ficha. Le intentó golpear con un puñetazo en su mejilla derecha, pero Matt lo esquivo apartándose a la derecha, le golpeo un puñetazo en el estómago y, cuando Krausser se inclinó a causa del dolor del impacto, le pegó un fuerte Uppercut en la barbilla, lo que hizo que esa mole retrocediera unos pasos.

Tal y como Matt esperaba, los golpes no le habían hecho mucho daño. Krausser se acarició la barbilla sonriendo y se puso de nuevo en posición de ataque. Esta vez intento un puñetazo por la izquierda, que Matt esquivo de nuevo, esta vez agachándose y dando un paso al frente, hasta situarse frente a Krausser, al que agarró por ambos lados del cuello de la camisa, le golpeó un rodillazo en el estómago y luego se tiró hacía atrás, cayendo al suelo. Antes de caer, situó su pierna sobre el estómago de Krausser y lo lanzo por el aire un par de metros.

Krausser cayó de espaldas, lo que le hizo bastante daño, pero se volvió a poner en pie. Estaba claro que estaba acostumbrado a luchar cuerpo a cuerpo, cualquier se podría haber roto la espalda así al caer en una superficie tan dura.

- ¿Técnicas de kárate? ¿Es qué no sabes golpear con más fuerza, nenaza? – Provocó, mientras sonreía.

- No tengo la necesidad de cansarme con una persona que usa la fuerza física a lo bruto, como un bárbaro.

- Je – rió – Veamos que tal lo haces luchando contra un arma blanca.

El mercenario se subió la pantorrilla del pantalón de la pierna derecha. Y sacó un cuchillo que tenía oculto en la funda que llevaba sujeta a la pierna. Un cuchillo cuyo filo brillaba amenazante, listo para cortar o atravesar la carne de la persona que su dueño quisiera.

- ¿Tan malo eres luchando cuerpo a cuerpo que recurres a armas blancas?

- Usar un cuchillo cuerpo a cuerpo es la mejor manera de pelear. Los puños solo sirven para romper cocos. Ahora veras como te atravieso de lado a lado.

Dicho y hecho, Krausser atacó con la intención de apuñalarle, pero Matt previó el ataque y dio una vuelta de noventa grados a la derecha, esquivando el golpe. Cuando tuvo cerca de Krausser, le agarró el brazo con su mano derecha y con el brazo izquierdo le dio un codazo en el pecho. Luego uso su pierna izquierda para golpear su tobillo derecho, haciéndole perder el equilibrio, y lo lanzó por encima de su hombro hasta estamparlo contra el suelo, levantando algo de polvo.

Debido a la brusquedad del impactó, Krausser soltó el cuchillo, el cual Matt recogió. Cuando Krausser se levantó, estiró todas las extremidades de su cuerpo, haciendo crujir varios de sus huesos.

- Eres sin duda molesto. Pocos pueden presumir de haberme derribado dos veces en un mismo combate.

- Eso quiere decir que te has enfrentado a pocos, ¿no? – Se burló mientras sonreía con malicia, pero Krausser no pareció ofendido ni sentirse provocado. Solo se limitó a levantarse la pantorrilla de la pierna izquierda y sacar otro cuchillo como el anterior.

- Veamos que tal se te da usar armas blancas, amigo.

Esta vez fue Matt quien ataco. Le intentó cortar el pecho, pero Krausser interpuso su cuchillo y un pequeño chirrido resonó en la sala al chocar el filo de ambos cuchillos. Krausser contraataco con un ataque de abajo arriba, pero Matt lo esquivo dando un salto hacía atrás y luego volvió a la carga para intentar apuñalar a Krausser en el pecho, quien se apartó unos pasos.

- Estas acabando con mi paciencia, muchacho.

- Pues ya ves, tengo ese donde gentes.

- ¡Voy a acabar contigo!

Krausser se lanzó a la desesperada atacando con mandobles, lo que no los hacía fáciles de esquivar y mucho menos parar, ya que tenía mucha más fuerza física que Matt. Para alejarse de él, Matt dio una voltereta hacía atrás, lo que le permitió golpear a Krausser en la barbilla con un puntapié. Tras dos volteretas más, se puso de nuevo en posición de ataque, pero de manera precavida.

El soldado se acarició la zona de la barbilla. Parecía estar ya impaciente por acabar con el combate, o quizás solo por matar a su rival, quien sabe.

- Ven aquí – Matt le provocó con un movimiento de su mano, para indicarle que se acercase.

Provocado, Krausser atacó. Le intentó rebanar el la garganta, pero Matt se agachó a tiempo y pudo golpear con el hombro a Krausser, quien se inclinó al sentir la presión del golpe en su estómago. Matt intentó darle con un rodillazo en la barbilla, pero la mole adivino su movimiento le hizo perder el equilibrio con una patada baja.

Cuando cayó al suelo, Matt tuvo el tiempo suficiente para apartarse antes de que Krausser le clavase el cuchillo en pleno corazón. Estaba claro que estaba luchando a matar.

- No tengo tiempo para esto, musculitos. Así que acabemos de una vez.

- Bien… ¡pues ven aquí!

Ambos corrieron en dirección al otro, esta vez dispuestos a acabar con la vida de su rival. Cuando estaban a punto de apuñalarse mutuamente, una silueta cayó desde el tejado y aterrizó entre ellos. Con un ágil y grácil movimiento dio una voltereta que desarmó a los dos a la vez. Cuando la figura se reincorporó, agarró en el aire los dos cuchillos y los situó amenazantes en la gargante de ambos hombres.

Los tres miraron a la intrusa. Una mujer de pelo corto, de color negro, y que vestía una vestido rojo. Krausser no sabía quien era, pero si Matt y Wesker. Este último ni siquiera se inmutó por la intromisión.

- ¿Qué pasa chicos? ¿No sabéis resolver vuestras riñas de otra manera?

Ambos se separaron de ella, quien se limitó a dejar caer los cuchillos. Sonriendo y caminando con la elegancia provocadora que la caracterizaba, se acercó hacía Wesker.

- ¿Para qué me has llamado?

- Me alegra que hayas acudido con tanta rapidez, Ada.

Matt y Krausser se acercaron también.

- Quiero que realices un trabajito con nuestro nuevo miembro.

La mujer miró de reojo a Krausser. Este le lanzó una mirada furtiva, casi asesina.

- ¿Y de qué se trata?

- En España ha aparecido una extraña secta llamada "Los iluminados". Quiero que os infiltréis y los investiguéis. Tienen una muestra de unas extrañas plagas.

- ¿Extrañas plagas? – Preguntó Krausser.

- No sé exactamente lo que son, así que quiero que me traigáis una muestra de las plagas.

- Entendido – dijeron ambos a la vez y se marcharon.

Matt recogió su chaqueta y se preparó para irse, pero Wesker le detuvo.

- ¿Qué te ha parecido?

- Es demasiado violento. Si pelea así en el campo de batalla lo matarán enseguida.

- ¿Eso piensas?

- Es lo que me ha demostrado hoy.

- Ya veo… bueno. ¿Estás preparado para eso, verdad?

- ¿Eh?

- Dentro de tres días comenzaremos la operación Nova. Más te vale sacar a la niña de allí – explicó al comprobar la ignorancia de su subordinado - ¿Sospechan algo?

- Nada. Sus padres adoptivos no saben que trabajo para Umbrella. Los únicos que lo sabían eran Annette y William.

- Y ahora ambos están muertos – añadió Wesker con una sonrisa.

- Así es. De modo que no me van a descubrir cuando me lleve a la niña.

- Está bien. Pues ya sabes lo que hacer.

- Si.

Matt se marchó, dejando a Wesker con una agradable y aterradora sonrisa. Era un hombre muy calculador, y esta situación la llevaba calculada desde hacía meses. Seguramente todo iría bien. O eso pensaba él.