Capítulos: 4/11.
Próximo capítulo: 4/agosto.
terrible & hermosa, por Angelito Bloodsherry.
IV.
No le costó mucho trabajo.
Tras esa clase en el Bosque Prohibido, la relación entre Leta Lestrange y Newt Scamander cambió completamente. Leta no mantenía una distancia de seguridad, todo lo contrario. No es que de repente se hubieran convertido en inseparables, pero siempre que tenían un rato libre, se les podía ver a los dos juntos.
No hablaban mucho, sus conversaciones eran muy limitadas, pero Leta se conformaba con estar a su lado. Le acompañaba en sus interminables paseos por los terrenos del colegio, en sus visitas a la zona acotada para los animales e incluso veía los dibujos que hacía en ese pequeño cuaderno del que no se alejaba nunca.
...
Fue en marzo, tras la clase de Encantamientos, que también compartían, cuando Newt le respondió a la pregunta del día anterior.
—No quiero cuidar animales.
Leta tardó en comprender lo que le estaba queriendo decir. El chico estaba tan nervioso que tiraba de la manga de su túnica para tranquilizarse. Leta le sonrió divertida.
—¿Y qué quieres hacer?
—Quiero… —tragó saliva y se pasó una mano por la cara, apartando un par de rizos castaños. Ninguno de los dos se percató de que el aula estaba vacía— cuidar a los animales, sí. Pero quiero ayudarles a encajar en nuestro mundo. Quiero que la gente se de cuenta que no hay animales peligrosos, sino incomprendidos. Quiero…
—¿Darles un hogar?
Newt asintió dudoso, como si esa no hubiera sido la respuesta que él habría dado, pero no por ello menos acertada. Leta terminó de recoger sus cosas y salieron del aula en silencio. Era la primera vez que hacían eso. Se sentía natural.
...
—Quiero hacer la maestría en Rumanía.
—¿Por qué tan lejos?
—Nunca es suficiente lejos —comentó medio en serio medio en broma. No miró a Newt en ningún momento—. Y es allí donde están los especialistas en pociones más interesantes.
Newt asintió, sabía lo que quería decir Leta con interesantes porque ya le había explicado sobre sus investigaciones y sus últimos experimentos fallidos, lo interesada que estaba en las propiedades de las criaturas mágicas y en su hipotética aplicación en el ámbito de la medimagia. Leta soñaba a lo grande.
—¿Has terminado la redacción para Historia de la Magia?
—No, tengo una prueba en Transformaciones pasado mañana con los de Gryffindor —le mostró los tratados que había sacado de la biblioteca la hora de antes.
—¡Newt! ¿Por qué no me lo habías dicho antes? —le riñó divertida mientras guardaba su redacción a medio empezar y sacaba su propio libro de Transformaciones—. Deja que te ayude, ¡vamos a practicar!
Newt sonrió.
Era una verdadera sonrisa como las que daba a sus criaturas mágicas.
...
Leta salió para respirar aire fresco tras una clase doble de Historia de la Magia con Ravenclaw, cuando reconoció a Newt al lado de otros dos hufflepuff cerca de los bancos. Estaban discutiendo, bueno, quizá, la palabra discursión no era la correcta. No lo parecía, en realidad; Newt estaba allí alicaído escuchando a sus dos compañeros de Casa sin decir nada y con los puños apretados en los costados.
Era una escena extraña, fuera de lugar. Sabía que esos dos chicos eran de fiar, eran los compañeros de cuarto de Newt, pero no le hizo ni pizca de gracia que estuvieran echándole la bronca. No tenían derecho.
Newton Scamander era suyo.
Y punto.
Con paso firme y en la punta de la lengua un mocomurciélago, se acercó hasta ellos. Gracias a las túnicas del colegio, podía mantener la varita en la palma de su mano que nadie se daría cuenta de ella. Era satisfactorio sentir la madera contra sus dedos tanto como saber que iba a hechizar a esos dos idiotas por molestar a su Newt.
Se relamió los labios y, cuando estaba a punto de alzar la varita y lanzar el maleficio, Newt se volvió hacia ella.
El chico más gordito, no recordaba cómo se llamaba ni si era mestizo o nacido de muggles, negó con la cabeza y tiró de la manga del más alto para irse. Le pareció escuchar algo parecido a es inútil, lo tiene cegado, pero no le dio ni dos segundos de su tiempo. Esos dos segundos fueron para lanzar una mirada asesina.
—¿Todo bien?
—Eso debería de preguntarlo yo —se mordió el labio inferior—. Has pasado dos horas con el Señor Binns.
—Oh, Newt —tomó su mano con la suya, el chico se tensó un segundo, pero Leta no le soltó. Necesitaba recordarle a él y a todos los que estuvieran mirando, que Newt era suyo—, soy slytherin, tengo mis trucos.
El chico rio.
...
—Murió cuando tenía tres años —abrazó con un poco más de fuerza al gato que habían encontrado merodeando por su escondite—. Si no fuera por mi adorada tía, habríamos terminado en la calle.
—Lo siento mucho.
—No lo sientas, yo no lo hago —el gato se deshizo de su agarre, gruñó y se alejó corriendo—. No la recuerdo bien, tengo una foto suya y un gorro de punto un poco viejo.
—¿Es por tu tía por lo que quieres marcharte de Inglaterra?
—Es una de las razones —ninguno de los dos estaba prestando atención a los pergaminos que tenían desperdigados a su alrededor. Ya no podían seguir estudiando. Newt no quería hacer otra cosa que conseguir que Leta volviera a sonreír—. Mi tía es odiosa. Mis primos son perfectos. Y mi hermano, a veces creo que no tengo hermano.
Tiró de las briznas de hierba y jugó con ellas. Newt no apartó la mirada en ningún momento ni tampoco la obligó a hablar. Los dos se entendían más de lo que Leta hubiera imaginado hace meses.
—Son jugadores de Quidditch profesional, ¿sabes? —se limpió las manos en la túnica y miró a Newt por primera vez. Los dos tenían los ojos llorosos, Leta quería golpearlo o abrazarlo, no sabía que sentimiento le parecía más extraño— y aunque mi tía odie que se dediquen a eso, paga su frustración con la oveja negra de la familia. ¡Yo! Gracioso, ¿verdad?
No lo era. Negó con la cabeza y desvió la mirada, prefería ver cualquier cosa que la compasión en los ojos miel de Newt.
—Mi hermano está siguiendo los pasos marcados por nuestra tía, es el primero en mirarme mal o en decirme que si madre viviera, estaría… decepcionada.
No iba a llorar.
Newt no pensaba lo mismo porque, con torpeza, tomó su mano y entrelazó los dedos con los suyos. Leta miró sus manos unidas un momento y después, a Newt.
—No estás sola.
—Sí, sí lo estoy. Y no me molesta.
—Me tienes a mí —la cortó y se sonrojó al darse cuenta de que había elevado la voz más de lo normal, pero no se alejó—. ¿Puedo hacerte una pregunta?
—Claro.
—¿Somos amigos?
Leta recuerda que le necesita para sus experimentos, que es la única persona en todo Hogwarts que la comprende y puede ayudarla, así que dice que sí, que por supuesto. Que no quepa la menor duda porque, en realidad, es la pura verdad.
—¿Los dos contra el mundo?
—Los dos contra el mundo.
...
Fue unos días antes de las vacaciones de verano, de despedir el curso, cuando Leta Lestrange le pidió ayuda a Newt por primera vez. Como toda digna slytherin tuvo cuidado con las palabras que utilizó y el momento para decírselo, ya que dependía de la reacción de Newt y su respuesta que su amistad siguiera el camino correcto o acabara para siempre. No quería que terminara. Leta llevaba todo el curso asegurándose que Newt fuese su compañero para las investigaciones y los experimentos que hiciera de aquí en adelante, no podía fallar.
La mirada que Newt le dio no era esperanzadora.
—Es peligroso, Leta, ¿y si…?
—Oh, Newt, no seas tan hufflepuff.
El chico alzó una ceja sorprendido. Leta odiaba que imitara sus gestos. La chica se cruzó de brazos y dibujó un puchero rezando que no hubiera nadie cerca que pudiera verla así. El gesto no afectó a Newt. Suspiró.
—No es peligroso, si vamos con cuidado.
—No vamos a entrar al Bosque Prohibido y menos de noche.
—Es divertido —se quejó, por lo menos su amigo no le había dado un no rotundo, algo era algo—. Y necesito que sea de noche porque será más fácil no ser vistos.
—Leta, por favor.
—Te encantará, lo prometo —tomó sus manos—. Somos amigos, ¿no? Pues los amigos se ayudan. Necesito comprobar una cosa.
—¿Es para tu investigación?
No, esta vez no. Es una prueba de fuego.
—¿Me ayudarías, si lo fuera? —preguntó con fingida inocencia. Newt tardó un segundo, pero asintió disgustado—. ¡Perfecto! Te recojo cerca de las cocinas a las diez y media, ten cuidado con los prefectos, adiós.
Le dio un casto beso en la mejilla y salió corriendo, no sin antes lanzar una mirada a su amigo para ver como de afectado estaba ante la muestra de cariño. Lo estaba y mucho. Sin embargo, ella también.
...
—¿Qué estamos mirando?
—Thestrals.
Newt abre la boca, pero la cierra inmediatamente. No sabe qué decir, así que permanece en silencio, mientras su amiga mira el lugar donde se encuentran esos seres tan especiales e invisibles como son los thestrals. No sabe cuánto tiempo están ahí, lo que sí que, en algún momento, Leta se puso a llorar y Newt la abrazó incómodo.
Leta no le devolvió el abrazo, tampoco lo apartó.
Esa fue la primera noche que Newt Scamander se dejó manipular por Leta Lestrange, la primera noche que fue castigado por su culpa, no la última.
continuará...
